Al mal tiempo, buena cara… por el incremento de la productividad

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La tempestad que golpeó el nordeste de EEUU fue más suave de lo que se preveía en muchas regiones, y el impacto negativo sobre el trabajo se debió más a la interrupción preventiva de un volumen de tráfico muy grande. A pesar de eso, las malas condiciones meteorológicas, provocadas por lluvias y tempestades, pueden acabar aumentando la productividad, observa o Bradley Staats, profesor visitante de Gestión de las Operaciones y de la Información de Wharton.

Staats habló del “efecto de distracción”, en que la falta de distracciones externas a causa del mal tiempo obliga a los trabajadores a concentrarse más en las tareas que tienen entre manos, lo que tiene como resultado un mejor rendimiento. “El ser humano percibe algo que puede distraerlo y quiere participar en ello, es algo innato”, dijo. “Si pudiéramos encontrar medios para limitar eso, podríamos mejorar la productividad”.

Esas observaciones son resultado de un estudio realizado por Staats en asociación con las profesoras Jooa Julia Lee y Francesca Gino, de la Universidad de Harvard. El estudio, “Productores de lluvia: por qué el mal tiempo tiene como resultado una buena productividad” (Rainmakers: Why Bad Weather Means Good Productivity), fue publicado el año pasado en el Journal of Applied Psychology. Staats habló sobre la investigación detrás del estudio y los resultados para las empresas durante el programa de Knowledge@Wharton en Wharton Business Radio, channel 111 de SiriusXM.

Staats dijo que, en general, las personas asociaban el mal tiempo a la baja productividad. Él decidió entonces, junto con las coautoras del estudio, desafiar esa hipótesis cuestionando si el mal tiempo, en realidad, no aumentaba la productividad. Eso hizo que observaran si no habría menor cantidad de distracciones durante el mal tiempo.

“Cuando estamos en la oficina y miramos al exterior un día en que la temperatura ronda los 26ºC, es muy probable que se nos pase por la cabeza la idea de pasar tiempo ahí fuera”, dice Staats. Sin embargo, “en un día muy lluvioso, o durante una nevada, es muy probable que pensemos lo siguiente: ‘¡Vamos a ver! ¿No será mejor que me concentre en el trabajo que tengo que hacer?”.

Esa hipótesis fue comprobada en tres estudios realizados por los autores de la investigación. En uno de ellos, Staats y sus compañeros analizaron los datos de productividad de un banco japonés a lo largo de varios años. En este caso, ellos descubrieron evidencias de que el mal tiempo (lluvia, en este caso) indicaba una productividad mejor. En su segundo estudio, los autores formaron dos grupos con estudiantes de Harvard expuestos a días de sol y con lluvia, respectivamente, y analizaron su productividad. “Queríamos aislar el efecto de distracción”, dijo Staats. “Una manera de probar eso consiste en tomar un día de mal tiempo y proponer algunas distracciones. La persona tal vez no esté pensando en playas bonitas y soleadas, pero si colocamos esas cosas delante de ella un día de mal tiempo, ¿perderíamos los resultados positivos que podíamos obtener?” El tercer estudio consistió en una investigación online con personas de varias partes de EEUU.

Staats percibió que la investigación en que participó podía ofrecer herramientas útiles para las empresas. “La adjudicación de tareas es un desafío para la mayoría de nosotros”, dijo. “Tenemos que decidir qué hacer y cuándo hacerlo”. Por ejemplo, los gerentes podrían decidir, un día de mal tiempo, que tal vez fuera el momento óptimo de “realizar algunas tareas tediosas”, añadió. Aquí, Staats observó que los aviones son un excelente lugar para hacer las cosas. “Si restrinjo lo que llevo a bordo de un avión, no me queda otra elección que realizar el trabajo que tengo ante mí. Es como si me impusiera limitaciones a mí mismo”.

Según Staats, muchas empresas están atentas a las condiciones climáticas de los lugares donde pretenden instalarse. Él reconoce que el tiempo no es el único factor decisivo en el momento en que una empresa decide escoger donde instalarse. Pero Staats dice que las empresas tendrían mucho que ganar si tomaran en cuenta el “argumento de la distracción” asociado al mal tiempo. Las empresas harían bien si “tomaran en cuenta el hecho de que, a veces, es posible que el tiempo sea bueno en Seattle, con días soleados, pero también que allá donde estemos, nuestro rendimiento tiene lugar en un ámbito de restricciones”.

Distracción frente a ruptura

Los trabajadores podrían usar el efecto de distracción de otras maneras a la hora de establecer las prioridades para sus tareas, observa Staats. Por ejemplo, en días de mal tiempo, ellos pueden tener en mente que las cosas van a mejorar y decidir “subirse las mangas y seguir adelante, por lo menos en parte, con el trabajo árido, resistiéndose de ese manera al deseo de dejarlo para más tarde”. O entonces, tal vez decidan ponerse a trabajar duro durante algunas horas para disponer de un tiempo” que les permita divertirse en la nieve con los hijos”, dijo. Eso también combina bien con el ritmo diario de trabajo, necesitamos pausas”.

El mal tiempo, está claro, no es una bendición en todas las situaciones, señaló Staats, destacando que las empresas deben analizar el aspecto de “distracción frente a ruptura”. Las empresas que dependen de cadenas de abastecimientos creen que el mal tiempo entorpece y constatan un declive en la productividad, a diferencia, por ejemplo, de un bufete o de una empresa de contabilidad con clientela local, observó. En el caso del banco japonés estudiado por los autores de la investigación, ellos constataron que todo centímetro cúbico extra de lluvia estaba relacionado con diversos puntos porcentuales de mayor productividad. “Pero si usted está intentando trabajar al aire libre y hay una nevada, el resultado sería diferente”, dijo.

En este punto, Staats hizo referencia a la investigación sobre ruptura en el trabajo realizado por Gérard Cachon, profesor de Gestión de las Operaciones y de la Información de Wharton, y sus compañeros. La investigación analizó una producción del sector automovilístico con “mayor grado de interacción con los elementos” [atmosféricos] como, por ejemplo, las actividades de expedición y recepción y de camiones que transportan piezas de stock. Fue constatado que rupturas a gran escala provocadas por el tiempo eran responsables de un impacto del 5% al 10% sobre la productividad motivado por trabajadores ausentes o por equipos no entregados, dijo Staats. De igual manera, profesionales autónomos —como fontaneros— tienen menos control sobre su trabajo en malas condiciones climáticas que quienes trabaja en una línea de producción, añadió.

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