Análisis del precio de los medicamentos genéricos y de marca en Estados Unidos y otros ocho países

Un nuevo estudio de Wharton, que compara los precios medios de los productos farmacéuticos en nueve países –Estados Unidos, Canadá, Chile, Francia, Alemania, Italia, Japón, México y el Reino Unido- muestra que Japón tiene los precios medios más altos, mientras que los precios en otros países se sitúan entre un 6% y un 33% por debajo de los de Estados Unidos. Los precios en Canadá son los más bajos.

La investigación también muestra que las diferencias de precios son por norma general consistentes con las diferencias de renta entre los países. En otras palabras, los altos precios de los medicamentos en Estados Unidos son un reflejo de su mayor renta per cápita. Las excepciones son México y Chile, donde los precios son mayores en comparación con su renta per cápita media y el consumo de medicamentos es mucho menor que en otros países.

El estudio contiene ramificaciones muy interesantes para los fabricantes de medicamentos, los  consumidores y también para los reguladores, ya que en estos momentos el Congreso de Estados Unidos está considerando conceder la cobertura de medicamentos recetados para aquellos ciudadanos de la tercera edad pertenecientes a Medicare. De hecho, últimamente los medios de comunicación han empezado a difundir artículos en los que se describe como ciudadanos de la tercera edad se suben en autobuses con destino a Canadá para aprovechar las ventajas de los menores precios de los medicamentos recetados. Algunas ciudades y estados también han admitido haber intentado recortar sus presupuestos adquiriendo cantidades considerables de medicamentos a menor precio en las farmacias canadienses.

Es más, el sector farmacéutico ha sido criticado por algunas asociaciones de consumidores por los exorbitantes precios de los medicamentos patentados y por su conducta legalmente agresiva para prevenir que otras empresas ofrezcan genéricos más baratos.

Curiosamente la investigación también muestra que Estados Unidos tiene uno de los índices más altos de utilización de medicamentos genéricos en relación con el volumen total de medicamentos recetados, y que los precios de los genéricos son menores en Estados Unidos que en el resto de países a excepción de Canadá, donde existe una diferencia del 6%.

El estudio apunta a las fluctuaciones del tipo de cambio como uno de los principales factores explicativos de las diferencias de precios de los medicamentos. Por ejemplo, la caída del dólar canadiense en los 90 supone 19 puntos porcentuales del diferencial de precios entre Canadá y Estados Unidos, estimado en un 33%. Además, cuando se comparan los precios de los medicamentos utilizando el PIB ajustado por la paridad del poder de compra –que refleja las diferencias en el nivel de vida-, el diferencial entre Japón y Estados Unidos desaparece, y el existente entre Canadá y Estados Unidos se reduce: del 33% pasa al 14%.

La profesora de sistemas sanitarios de Wharton Patricia Danzon y el estudiante de doctorado en Wharton Michael Furukawa son los autores del estudio, titulado Prices and Availability of Pharmaceuticals: Evidence from Nine Countries (Precios y disponibilidad de productos farmacéuticos: Evidencia de nueve países). La investigación fue subvencionada por el gigante farmacéutico Merck y se hacía pública la semana pasada a través de la prestigiosa revista Health Affairs.

Estos dos investigadores estudiaron los precios en 1999 de 249 componentes (moléculas) -y también de todos los productos genéricos y de marca (patentados) que incluían tales ingredientes en su composición-, lo cual hace que su análisis sea una de las comparaciones más exhaustivas jamás realizadas para los precios de medicamentos recetados.

Pagar lo que se puede considerar justo

La investigación intenta dar respuesta a la pregunta “¿Qué podemos decir sobre el precio medio de los medicamentos en Estados Unidos en comparación con otros países?, explica Danzon, “y también intenta evaluar si otros países están pagando lo que se puede considerar justo”. Con respecto a la primera cuestión, “cuando examinamos una cesta completa de productos, en promedio las diferencias son mucho menores que las señaladas por otros investigadores. Y respecto a la segunda, cuando comparamos esas diferencias de precios con las diferencias de renta, encontramos que los precios en otros países son acordes a su renta. Si queremos evaluar si, en relación con la renta, el precio es justo, entonces la mayoría de los europeos están pagando un precio justo”.

A pesar de aquellos que critican que lo que realmente importa es los precios que tienen que pagar los consumidores en las farmacias por los medicamentos recetados, el estudio –explica Danzon-, está basado en los precios de los productores en lugar de los precios de mercado. Además, sostiene Danzon, los precios de mercado “incluirían el margen de los mayoristas, el margen de la farmacia y posiblemente algún impuesto sobre el consumo. Si lo que intentamos saber es qué papel juegan los productores en este sistema, no podremos evaluarlo utilizando el precio de los minoristas”.

En lo que respecta a la relevancia del estudio para los responsables del diseño de las políticas, Danzon sugiere que contribuye al debate sobre los diferentes enfoques de la regulación y sobre como las políticas reguladoras afectan a los precios. “Lo que encontramos es que efectivamente en Estados Unidos el precio de los medicamentos patentados es mayor que en la mayoría de países incluidos en el estudio, pero el precio de los genéricos es menor”, afirma. “Los dos están relacionados. El precio de los genéricos es menor porque tenemos un mercado más competitivo”. En Estados Unidos, a diferencia de muchos otros países, no se regulan los precios de los medicamentos.

Sin embargo –añade-, una de las ventajas de la regulación -los bajos precios de los medicamentos de marca durante la vigencia de la patente-, se transforma en desventaja en forma de altos precios en cuanto la patente expira. “Es por ello que la mayor parte del gasto total en medicamentos se asigna a medicamentos innovadores”, explica.

“Nuestra investigación sugiere que en Estados Unidos, el modo en que los precios se distribuyen a lo largo del tiempo fomenta la innovación”, sostiene Danzon. “Bajo nuestro sistema de mercado, en los primeros años en los que el producto está en el mercado los precios son relativamente altos. Esos primeros años tienen un gran efecto sobre los incentivos de los productores farmacéuticos a realizar actividades de I+D, ya que las decisiones sobre I+D están basadas en el valor actual descontado de los ingresos esperados a lo largo del ciclo de vida del medicamento. Lo que ocurra después de que la patente expire no es muy relevante. Los medicamentos de marca pierden entonces cuota de mercado en favor de genéricos más baratos, y los medicamentos se vuelven más accesibles para el consumidor. Pero eso no tiene una gran influencia sobre los incentivos a realizar actividades de I+D”.

En mercados regulados, como los de muchos países europeos, “los incentivos para invertir en I+D son escasos ya que los ingresos obtenidos al comienzo del ciclo de vida del producto son menores y además una mayor parte del gasto total en medicamentos se destina a genéricos costosos”, dice Danzon. “En Europa algunas voces se han alzado a favor de la liberalización del techo presupuestario para la innovación. Lo que quieren decir es que se debería gastar menos en productos antiguos para así poder gastar más en productos nuevos y fomentar la innovación. Sin embargo, políticamente en muchos países es bastante difícil conseguirlo”.

Pagar por I+D

Una de las críticas al sector farmacéutico estadounidense es que los productores de medicamentos ganan demasiado dinero al fijar precios muy altos para los consumidores, en especial para la tercera edad, cuyos ingresos fijos y necesidad de una variedad de medicamentos les hace especialmente vulnerables. No obstante, en opinión de Danzon “cualquiera que haya seguido Wall Street últimamente –en concreto los rendimientos de las acciones-, puede ver que algunas de las empresas farmacéuticas ya no están en la cresta de la ola en la que se situaban a finales de los 90”. Un considerable número de empresas se enfrenta a la caducidad de las patentes de sus principales medicamentos, y a pesar de haber gastado miles de millones en I+D, no tienen nuevos medicamentos con qué sustituirlos. “El argumento de que la rentabilidad total es todavía extraordinariamente alta tiene que ser revisado”, dice.

En su estudio, Danzon y Furukawa reconocen que los precios de los medicamentos patentados están muy por encima de sus costes marginales, pero sin embargo sugieren que, teniendo en cuenta la naturaleza de la investigación farmacéutica, son apropiados. “Las farmacéuticas que investigan soportan altos costes fijos en I+D que tienen que ser recuperados en algún momento si se quiere que tal actividad en I+D continúe”, escriben. “El I+D farmacéutico es un coste global compartido, es decir, una vez que se incurre en dicho gasto, todos los consumidores del mundo pueden beneficiarse con tan sólo soportar unos modestos costes marginales de producción”.

“El dilema es: ¿cómo debería distribuirse ese coste compartido en I+D entre todos los países? Desde el punto de vista económico, la respuesta… es que si el objetivo es maximizar el bienestar social, entonces los costes globales compartidos deberían recuperarse a través de precios superiores a los costes marginales, los cuales, suponiendo que la renta es el principal determinante de la verdadera elasticidad-precio, tendrían que ser diferentes dependiendo de los niveles de renta. Así, los diferenciales de precios justificados por los diferenciales de renta serían consistentes tanto con la eficiencia como con la equidad económica”, escriben los autores. Tal y como muestran sus investigaciones, esto es de hecho lo que está ocurriendo: los precios de los medicamentos (para los productores) normalmente se corresponden con las diferencias de los niveles de renta entre los países, con la excepción de México y Chile.

La preocupación por los altos precios de los medicamentos en Estados Unidos –añade Danzon-, “en realidad está centrada en la gente que no tiene seguro, en especial los ancianos. Pero se trata de un problema con los seguros. Debería atajarse proporcionando prestaciones farmacéuticas que les protejan contra gastos extraordinariamente altos, pero siempre y cuando se utilice la fórmula del co-pago. Una vez que estos ancianos se adscribiesen a un plan farmacéutico gestionado –similar al que cubre a la población menor de 65 años-, entonces obtendrán descuentos sobre los precios de los medicamentos y cuotas farmacéuticas. El coste total de los medicamentos es menor para aquellos incluidos en planes farmacéuticos gestionados. Efectivamente se necesita resolver el tema de la capacidad de pago de los ancianos, pero debería solucionarse a través de la cobertura de los seguros, no regulando los precios”.

Y con respecto a si deberíamos importar los medicamentos, “en nuestro estudio consideramos los precios medios, y por tanto no puede ser utilizado para estimar cuando se podría ahorrar importando”, dice Danzon. “Pero supongamos que en Estados Unidos se permite la importación de medicamentos más baratos. Entonces los mayoristas empezarían a investigar sobre cada medicamento, país a país, para intentar encontrar el mejor precio. Con la mejor de las opciones siempre se obtendría un diferencial superior que el que hemos obtenido utilizando los precios medios. Si la diferencia media con Canadá es 33%, para ciertos medicamentos el diferencial será superior al 33%. Pero esto no significa que el consumidor estadounidense vaya a ahorrar muchísimo si se importan. Se desconoce qué parte de ese ahorro repercutiría en los consumidores y qué parte sería capturada por los intermediarios. Incluso si se produjese algún tipo de ahorro a corto plazo, no es una buena política tener los mismos precios en todos los países, ya que al preguntarnos ¿cuál es la forma adecuada de compartir los gastos en I+D?, la respuesta en términos de eficiencia y equidad económica seguiría siendo, tal y como se señalaba previamente, que los países de mayor renta deberían pagar más”.

Y esto nos hace pensar en por qué los precios de los medicamentos en México y Chile son mayores en comparación con su renta per capita media, mientras que para el resto de países del estudio las diferencias de precios eran consistentes con sus diferenciales de renta. “Los precios son altos por dos motivos”, dice Danzon. Uno es que los responsables del diseño de las políticas en Estados Unidos suelen tomar como referencia los precios en México para sus comparaciones. Esto provoca que las empresas farmacéuticas se resistan a fijar precios menores en México, ya que si lo hacen algunas personas en Washington pueden empezar a preguntarse por qué los consumidores estadounidenses no pueden también disfrutar de esos bajos precios. Además, también animaría a los consumidores a adquirir los medicamentos en México.

“En segundo lugar, en México la clase media y alta es bastante rica y el porcentaje de gente que se podría considerar clase baja es muy alto. Pero los seguros no permiten que los fabricantes ofrezcan medicamentos a dos precios diferentes: un precio de descuento para las rentas bajas y un precio superior para las rentas altas. Esto es algo que también ocurre en otros países de renta media como Sudáfrica. Como uno de los fundamentos de la política es no permitir la existencia de precios diferentes, las empresas farmacéuticas son más reticentes a fijar sus precios a un nivel accesible para las clases más bajas”. Así, lo que suele ocurrir es que la gente de renta más baja no puede permitirse comprar los medicamentos, en especial los nuevos, de precios muy altos.

Genéricos: grandes volúmenes, bajos precios

En su análisis del mercado de genéricos, Danzon y Furukawa encontraron que el grado de utilización de los genéricos en proporción con el volumen total de medicamentos recetados es bajo en mercados en los que se regulan los precios, como Francia (28%) e Italia (34%), y alto en países con mayor libertad en la fijación de precios, como Estados Unidos (58%), Alemania (61%) y el Reino Unido (49%). El porcentaje canadiense, un 59%, refleja entre otras cosas la existencia de políticas que fomentan el uso de genéricos, como es el caso de incentivos para que los farmacéuticos sustituyan los medicamentos de marca por genéricos.

“Dentro del sector de genéricos –escriben los autores- existen genéricos de marca y sin marca; los primeros compiten parcialmente con los medicamentos de marca, mientras que los segundos compiten principalmente en precios. Así, en Estados Unidos, donde el sector de los genéricos está dominado por productos sin marca, los genéricos suponen un 58% del número total de unidades vendidas, pero tan sólo el 18% en ventas, lo cual refleja su relativamente bajo precio. Por el contrario, en Alemania, donde la mayoría de los genéricos tienen marca, el 61% de los medicamentos vendidos son genéricos y suponen el 34% de las ventas, porcentaje que es reflejo de sus mayores precios relativos”.

Danzon no espera que los precios de los genéricos aumenten en Estados Unidos. “Aquí tenemos un mercado muy competitivo, en parte debido al modo en que las farmacias pueden apropiarse de la diferencia entre lo que obtienen por los genéricos y lo que pagan por ellos. Los productores de genéricos tienen un fuerte incentivo a disminuir el precio al que venden los genéricos a las farmacias, ya que éstas suelen comprar a la empresa con la que consigan un mayor diferencial… Siempre y cuando se recompense a las farmacias de este modo”, los precios de los genéricos se mantendrán bajos.

Un apunte sobre el patrocinio

En un momento en el que se critica a las universidades por permitir la existencia de demasiada investigación financiada por empresas o sectores, Danzon señala que en el caso de las investigaciones sobre los precios farmacéuticos en diferentes países tan sólo existe una fuente de datos: IMS Health, una empresa de estudios de mercado con sede en Plymouth Meeting, Pensilvania. La empresa recoge datos sobre ventas farmacéuticas en más de 70 países tomando como referencia las auditorias de las farmacias y otras fuentes. “Como estos datos son caros, una empresa farmacéutica tiene que patrocinar el estudio”, dice Danzon, señalando que la metodología utilizada en su investigación se basa principalmente en el cálculo de índices de precios estándar, y es similar a la utilizada por el Bureau of Labor Statistics. Los términos bajo los que hemos obtenido la financiación –continua Danzon-, nos conceden el derecho a publicar nuestros descubrimientos, independientemente de los resultados que obtengamos.

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