Cómo los recortes del gasto sanitario pueden esparcir la incertidumbre a toda la industria

El mundo no sólo se constipa cuando Estados Unidos estornuda. Los últimos recortes del gasto sanitario propuestos por el Gobierno español, que en total suman 2.800 millones de euros a través de la aprobación consecutiva de dos reales decretos –ya en vigor-, contagiarán también a una docena de países europeos que, como Francia, Italia, Portugal o Grecia, utilizan a España como referente a la hora de fijar el precio de los medicamentos. En España es el Estado quién fija los precios de los medicamentos a las farmacéuticas, al contrario de otros países donde los laboratorios tienen libertad para fijar sus precios, entre otros motivos, porque es el Estado, y no el paciente, quien paga la mayor parte de los fármacos, llegando a financiar el 100% en el caso de los jubilados. Los países europeos que no tienen definido un sistema para fijar estos precios, lo que hacen es utilizar como referencia a otros países, generalmente a España, ya que es la región de la Unión Europea con los precios más bajos.

Aunque finalmente el recorte sanitario para los medicamentos con patente se ha fijado en España como un descuento en la factura y no como una rebaja en los precios (que oficialmente siguen siendo los mismos), el problema para la industria farmacéutica es que otros países podrían copiar las ideas del presidente español José Luis Rodríguez Zapatero. Tampoco ayuda a crear marcos estables no saber en qué terminará la reforma sanitaria de Barack Obama en Estados Unidos, ni que China o Brasil estén sentando las bases de sus sistemas de salud. Reino Unido, donde los precios de los fármacos se fijan de forma libre y no por intervención del Estado, también ha anunciado un recorte del gasto sanitario. Alemania también estudia medidas similares. Según los expertos, Grecia es, junto a España, uno de los países donde más fuerte está siendo el recorte, lo que incluso ha llevado a algún grupo farmacéutica a anunciar la retirada de alguno de sus medicamentos del país, ya que allí han dejado de ser rentables.

“En Europa, la situación financiera de las empresas farmacéuticas está volviéndose cada vez más complicada, lo que les deja menos margen para la investigación y, por consiguiente, surgen menos moléculas”, señala Julián Zabala, profesor del programa de Política Sanitaria y Relaciones Institucionales de IE Business School. “Si los Gobiernos anteponen la balanza pública a la investigación, esto tiene consecuencias”, advierte.

Aunque ambos decretos están aprobados y sus medidas ya han entrado en vigor, el problema es que están a la espera de que se aprueben otras leyes que expliquen cómo se concretan los recortes, ya que el Gobierno no ha explicado cómo se hará el descuento ni quién asumirá los costes (a repartir entre farmacias, distribuidores y fabricantes), los laboratorios afrontan 2010 con incertidumbre, un ejercicio que ya han calificado como la crisis más dura de su historia, lo que deja en el aire muchos proyectos de inversión.

Un poco de historia

El primer susto llegó en marzo de este año, cuando la ministra española de Sanidad, Trinidad Jiménez, pactó con las comunidades autónomas un recorte de 1.500 millones de euros. La decisión se materializó en abril en un Real Decreto que puso en marcha una reforma del sistema de precios de referencia, que hace especial hincapié en la rebaja de los medicamentos más antiguos, algo que la industria de fármacos genéricos no veía con buenos ojos. La medida tampoco contentaba a los fabricantes de marca, ya que, según Farmaindustria, tendrán que asumir un recorte de 900 millones de euros en su cuenta de resultados.

La Aeseg, patronal de los genéricos, calculó el impacto del Real Decreto en unos 600 millones de euros, que tendrán que asumir los laboratorios de marcas blancas en las cuentas de 2010, lo que podría poner en peligro unos 2.000 puestos de trabajo. Para garantizar su crecimiento, y aprovechando el compromiso de Trinidad Jiménez de potenciar los genéricos para luchar contra el déficit sanitario, Aeseg propuso medidas alternativas para ganar cuota de mercado y asegurar un volumen de ventas suficiente para garantizar su rentabilidad. A cambio, la asociación ofrece un ahorro adicional de 320 millones de euros a los 1.500 millones que Sanidad necesita recortar.

Sin embargo, el 12 de mayo llegó el segundo susto, con el anuncio del Gobierno de recortar los precios de los medicamentos innovadores todavía protegidos con patente, que habían quedado al margen del Real Decreto de Sanidad. La respuesta de Farmaindustria no se hizo esperar: “Carece de coherencia que se quiera atajar el déficit público poniendo en recesión al sector que representa más del 20% de la I+D industrial”, señaló en un comunicado.

Lo único que puede hacer la industria en esta situación, señala Zabala, “es seguir investigando, no se puede hacer otra cosa. La industria farmacéutica es el sector líder de investigación en todo el mundo”. En paralelo dice que habría que luchar para que la sociedad entienda que el gasto farmacéutico se llama gasto, pero en realidad es una inversión “que hay que cuidar entre todos por un doble motivo: porque es un bien, el medicamento, que redunda en nuestra salud y calidad de vida, y por tanto es difícil encontrar algo mejor en que invertir el dinero público que en el gasto de los medicamentos; además, una industria innovadora en el ámbito de los medicamentos es el mejor ambiente para fomentar la innovación”.

El coste de las fusiones y adquisiciones

Este recorte no llega en el mejor momento para los laboratorios, concentrados en rentabilizar las últimas adquisiciones que han hecho para afrontar, entre otras cosas, la merma de sus ingresos por la pérdida de patentes. Para minimizar el impacto de la falta de nuevas moléculas en sus cuentas de resultados, las diez principales multinacionales del sector se gastaron el año pasado 148.665 millones de euros en fusiones y adquisiciones, según se desprende de sus memorias anuales.

Hasta ahora, la concentración sectorial había sido la mejor arma para mantener el crecimiento. A principios de esta década, se produjo la primera oleada, con la fusión de Astra, de Suecia, y Zeneca, de Reino Unido; las británicas Glaxo y Smithkline; o la francesa Sanofi y la franco-alemana Aventis. El año pasado, el interés por las adquisiciones se volvió más intenso, registrando un año récord. En total, más de cuarenta grandes operaciones sólo entre las principales cotizadas, a las que habría que sumar las fusiones entre pequeños laboratorios y las compras de los gigantes asiáticos para entrar en mercados tan maduros como el europeo o el estadounidense.

La americana Pfizer, con la adquisición de su compatriota Wyeth, protagonizó el año pasado la operación más cara, valorada en 68.000 millones de dólares (55.149 millones de euros), aunque son GSK (GlaxoSmithKline) y Sanofi Aventis quienes se disputan, con ocho compras, el liderazgo en número de operaciones. Sin embargo, algunos directivos, como el nuevo responsable de la estadounidense Lilly en España, Eric Patrouillard, o el presidente de la filial española de la multinacional americana Abbott, Esteban Plata, reconocen que las fusiones no han servido para crear valor y, por tanto, no son una alternativa para afrontar la caída de ingresos en 2010 como consecuencia del recorte sanitario. El último anuncio de Pfizer, de despedir 6.000 personas hasta 2015 para completar la integración con Wyeth, es un ejemplo del coste que tienen este tipo de operaciones.

Por ese motivo, algunos grupos, como Lilly, han apostado por el crecimiento orgánico, lo que les obliga a afrontar el recorte español y sus consecuencias en el resto de países europeos, con la paralización de contrataciones y la incertidumbre planeando sobre las inversiones de la multinacional comprometidas para España, según Patrouillard. El recortazo, como se denomina en España a las medidas del plan de ajustes del Gobierno, ha creado tanta incertidumbre en el sector, que no hay unanimidad a la hora de definir una nueva estrategia, aunque las primeras cifras de las consecuencias ya empiezan a llegar al mercado.

Tanto el presidente como el director general de la patronal Farmaindustria, Jesús Acebillo y Humberto Arnés, respectivamente, se han mostrado públicamente a favor de buscar el consenso político para emprender una reforma sanitaria, pero consideran que las propuestas realizadas, así como las medidas que han entrado ya en vigor, no ayudan a corregir el déficit público crónico y han estimado que los laboratorios podrían verse obligados a recortar 5.000 empleos directos y otros 15.000 indirectos. Por su parte, el presidente de la patronal de los fabricantes de medicamentos genéricos Aeseg, Raúl Díaz-Varela, ha manifestado que las medidas, tal y como están planteadas actualmente, tendrán como consecuencia “la desaparición de las empresas más pequeñas e, incluso, de algunos medicamentos genéricos”, cuya fabricación ha dejado de ser rentable a los precios actuales.

Laboratorios nacionales

Los más damnificados serán los pequeños laboratorios nacionales, que no tienen recursos suficientes para hacer compras ni su cartera de medicamentos es atractiva para las grandes multinacionales. Farmaindustria calcula que dos tercios de las 250 farmacéuticas que existen en España entrarán en pérdidas este año, y de ellas, un tercio incluso podría llegar a desaparecer. El laboratorio vasco Faes descarta compras, pero apuesta por los genéricos, mientras que el catalán Almirall ha sido el primero en plantear una concentración del sector, en el que ya tiene experiencia tras su fusión con Prodesfarma en 1997.

Sin embargo, esta nueva estrategia va a obligar a estos laboratorios nacionales a posponer algunos de sus proyectos de internacionalización más ambiciosos, a la espera de saber el impacto que el recorte del Gobierno tendrá finalmente en su cuenta de resultados, mientras que otros grupos, principalmente las multinacionales, estudian deslocalizar no sólo sus proyectos de I+D hacia otros países europeos jurídicamente más estables, sino también sus plantas de producción hacia latitudes más económicas, como Latinoamérica o Asia.

Zabala asegura que “los países del sudeste asiático, con China a la cabeza, son los que están captando masivamente las inversiones de la industria farmacéutica, fundamentalmente porque son los países que más están entendiendo la necesidad de apostar por la innovación”. Y añade que “puntualmente algunos países en Europa, o EEUU, adoptan políticas alineadas con la innovación. En general, todo país que apueste por este tipo de políticas será capaz de captar inversiones”.

El director general de Pharmamar (filial de biotecnología de Grupo Zeltia), Luis Mora, asegura que, “afortunadamente, sólo el 10% de nuestras ventas se realizan en España, por lo tanto este recorte sanitario, que en el caso de los medicamentos huérfanos (fármacos cuya comercialización necesita medidas de estímulo porque van destinados a un reducido grupo de pacientes) es del 4%, no nos afecta demasiado. Si es muy preocupante que en lugar de racionalizar y hacer más eficiente toda la sanidad en España, sólo y como siempre sea vía reducción de precios o descuentos como se intente reducir el déficit sanitario, cuando hay medidas más efectivas y que al final redundan en beneficios para el paciente”. Sin embargo, y aunque reconoce que la compañía no ha paralizado ninguna inversión que ya estuviera en marcha, Mora asegura que, “de cara a nuevos proyectos empezaremos a evaluar la conveniencia o no de que sea España el pivote de la inversión”. En su opinión, “es preocupante el continuo incumplimiento de los plazos de pago por parte de las diferentes administraciones y es paradójico que los plazos de pago se extiendan en España a una media de casi 300 días, aunque a partir del día 61 empiezan a pagar interés de demora, así que si las administraciones pagaran en fecha puede que no hubiera hecho falta el último decretazo de rebaja de precios”.

El presidente de Laboratorios Rovi, Juan López-Belmonte, asegura que “no compartimos que los proveedores tengamos que soportar el déficit sanitario e igualmente no compartimos que, una vez más, se aplique el café para todos. Las empresas que tenemos activos y fabricamos los productos en España, que mantenemos un nivel de empleo, que exportamos y hacemos I+D, somos muy diferentes a otras dentro del sector que sólo tienen oficinas en España y comercializan sus productos”. Ante sus accionistas, López-Belmonte ha defendido que “continuaremos fabricando en España y por ello con los objetivos primordiales de diversificar y reforzar el área de fabricación a terceros y asegurar la renovación de nuestra cartera de productos, principal preocupación de toda compañía farmacéutica”.

La estrategia de las multinacionales

Elvira Sanz Urgoiti, presidenta de Pfizer España, asegura que “estamos todavía estudiando cómo nos afectará este nuevo escenario, pero las medidas contempladas en los dos decretos del Gobierno con rebajas y descuentos en los medicamentos para reducir el gasto sanitario obligarán a la industria farmacéutica a una reestructuración. No cabe duda de que este tipo de ajustes impactarán de manera directa sobre el desarrollo de la investigación en España y las consecuencias serán también visibles en términos de empleo. Por tanto, ante esta situación la industria farmacéutica no puede garantizar mantener los niveles de empleo e inversión en innovación habituales”.

En cuanto a las posibilidades de deslocalización, Sanz Urgoiti no descarta nada, ya que “no cabe duda de que cuando una compañía tiene que decidir dónde invertir en I+D+i o dónde desarrollar su actividad industrial, considera el marco económico del país y su estabilidad, como parámetros de gran influencia. Medidas como las recientemente adoptadas limitan el atractivo de nuestro país”.

Desde Sanofi-Aventis apuntan que “el recorte sanitario nos coloca en una complicada situación a la hora de defender nuestras inversiones en el país. Inversiones que desde el 2006 has superado los 100 millones de euros sólo en operaciones industriales. Sanofi-Aventis como compañía farmacéutica europea líder ha apostado tradicionalmente por España, donde se ubican dos plantas de fabricación (Alcorcón, Madrid; y Riells, Gerona), un centro de investigación básica, un centro de distribución en Leganés con oficinas en Madrid y Barcelona. A pesar de todo ello somos probablemente una de las compañías que sufrirá un mayor impacto económico”.

De momento, fuentes del laboratorio francés aseguran que no van dejar “de seguir apostando por nuestros productos y por el desarrollo de negocio en España. Aun así, reconocen que “obviamente estos recortes bruscos, inesperados y desproporcionados nos han hecho replantear todos aquellos proyectos de grandes inversiones de futuro que teníamos para nuestras fábricas y centros de investigación en España”.

Menos positivo se muestra Martín Sellés, presidente, consejero delegado de Janssen-Cilag, división farmacéutica de Johnson&Johnson. En su opinión, “la nuevas medias introducidas por el Gobierno tendrán consecuencias dramáticas para el sector. Algunas se podrán objetivar de forma inmediata pero otras sólo se verán pasados dos o tres años, lo que dificultará más aún la reparación del daño producido. En nuestro caso el efecto inmediato es un impacto anual de más de 65 millones de euros”.

Sellés reconoce que todavía es pronto para saber cuál es el alcance total, pero ya se empiezan a tomar las primeras decisiones: “A día de hoy estamos intentado salir del shock que esto nos ha provocado y evaluando cuál sería la mejor forma de manejar esta situación tan grave en el corto y medio plazo. Está claro que a corto plazo esto se traducirá en una importante reducción de todos los niveles de gasto e inversión que nuestra compañía hace en España”. El presidente de Janssen-Cilag pone de relieve la importancia que están tomando otras localizaciones, como Latinoamérica o Asia, como destino de las inversiones de las multinacionales farmacéuticas respecto a algunos países europeos, especialmente España. “Hoy por hoy, la desconfianza en nuestro país es notable y durante años no nos vamos a atrever a pedir más inversiones para España. De hecho, el reto al que nos enfrentamos es mantener lo que tenemos en la actualidad, que es mucho. Haremos todo lo posible pero a fecha de hoy lo vemos muy poco probable”.

Zabala prevé que las empresas, para asegurarse la supervivencia a corto plazo, “recurrirán a la reestructuración en términos de fusiones y adquisiciones, con el objetivo de aumentar su cartera de productos y optimizar los que hay actualmente en fase de desarrollo”.

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