Consecuencias del crecimiento de la población hispana en la sociedad y fuerza de trabajo de Estados Unidos

Las últimas cifras disponibles de población hispana en Estados Unidos han sorprendido incluso a los demógrafos: según el censo de 2010 los hispanos superan los 50 millones y medio de personas, esto es, uno de cada seis estadounidenses. Desde el año 2000 a 2010, los hispanos han sido responsables de más de la mitad del crecimiento poblacional de Estados Unidos. En todos y cada uno de los Estados la población hispana aumentó.

En opinión de demógrafos sociales y economistas de Wharton, la floreciente población hispana supone tanto retos como oportunidades para el futuro. A corto plazo los hispanos podrían estimular la actividad empresarial, animar el debilitado mercado de la vivienda, reponer una envejecida fuerza de trabajo o revitalizar las comunidades agonizantes. Pero a medida que aumentan los bebés hispanos y la población blanca no hispana se reduce, también empieza a surgir una verdadera brecha étnica generacional. Según los expertos, a riesgo de perder su liderazgo competitivo, a largo plazo el país debe encontrar el modo de educar una generación de niños cada vez más diversa y menos privilegiada.

“El futuro de Estados Unidos está cada vez más vinculado a sus grupos poblacionales minoritarios”, afirma Steve Murdock, ex director de la oficina del Censo de Estados Unidos (en inglés US Bureau of the Census) y profesor de sociología en la Universidad Rice en Houston. Por ejemplo, en Texas, hogar de más hispanos que cualquier otro Estado a excepción de California, en la última década, el 95% del crecimiento de la población infantil ha sido hispano. Y a medida que ha ido aumentando el número de estudiantes hispanos, la cifra de estudiantes con dificultades también ha crecido, explica Murdock. Por primera vez en la historia, más de la mitad de los niños que estudian en escuelas públicas de Texas son hispanos.

“Tenemos que modificar el futuro educativo de estos niños. No sólo por ellos, sino también en nuestro propio beneficio”, dice Murdock. “Es un hecho: si no ponemos los recursos, si no invertimos en estas poblaciones desde edad temprana… podríamos acabar siendo más pobres y menos competitivos. Si invertimos podríamos obtener ventajas”.

No se trata de una situación exclusiva de Texas. Aunque la mayoría de los hispanos se concentran en nueve Estados –Arizona, California, Colorado, Florida, Illinois, Nuevo México, Nueva Jersey, Nueva York y Texas-, el resto están dispersos por todo el territorio, dice Mark Hugo López, director asociado del centro Pew Hispanic en Washington DC. El crecimiento más rápido de la población hispana ha tenido lugar en el sur, donde la expansión industrial y el boom de la vivienda atrajeron inmigrantes en busca de trabajo. Estados como Arkansas, Alabama, Tennessee, Kentucky, Carolina del Norte y del Sur y Georgia “vieron como su población hispana (prácticamente) se duplicaba en la última década”, señala López. “Georgia ahora es el décimo estado en población hispana del país”.

No todos los cambios tienen su origen en la inmigración. “A diferencia de las dos décadas previas, en esta última década la mayoría del crecimiento ha sido debido más a los nacimientos que a la inmigración”, dice López. Entre los años 2000 y 2009 los hispanos nacidos en Estados Unidos han supuesto el 70% del incremento en la población hispana según análisis de Pew Hispanic Center.

Ya no son inmigrantes

El rápido crecimiento de la comunidad hispana es tanto una bendición como una maldición para el mundo empresarial, el cual observa como el mercado hispano crece pero sin embargo se vuelve tan grande y diverso que es difícil cubrir. Estos hispanos proceden de más de 20 países diferentes y hábitos muy diversos en cuanto a alimentación, forma de hablar o de celebrar sus fiestas. También varían muchoen cuanto a edad, ingresos, nivel educativo o acceso a una vivienda en propiedad.

El enfoque tradicional para abordar el mercado hispano “ha estallado en mil pedazos” con los recientes datos del censo, dice José Villa, presidente de Sensis, una agencia de publicidad multicultural en Los Ángeles. Durante los últimos 30 años las empresas estadounidenses han considerado a los hispanos un mercado diferente, una minoría que hablaba en español. Pero hoy en día la mayoría de los hispanos ha nacido en Estados Unidos, habla inglés y no depende de los medios de comunicación en castellano. “Los grandes titulares serían: Los hispanos ya no son inmigrantes”, dice Villa. La paradoja: cómo cubrir un mercado creciente de latinos orgullosos de su herencia pero que no hablan español. “¿Son la corriente dominante?”, pregunta Villa. “¿Tenemos que considerarlos un grupo diferente o no?”

Villa predice que las agencias de publicidad especializadas en la población hispana están condenadas a la desaparición a medida que las empresas empiecen a considerar a los hispanos como parte del mercado general en lugar de un segmento para el cual se necesita una publicidad diferente. El pasado año marcas como Home Depot, la cadena de supermercados Publix de Florida y Burger King consolidaban sus esfuerzos publicitarios dirigidos a los latinos, plantando a sus agencias de publicidad hispanas y trasladando el trabajo a agencias generales de publicidad. Villa también ha notado una mayor publicidad en lengua inglesa dirigida a la población hispana. Por ejemplo, un anuncio de Bud Light que inicialmente fue encargado para el mercado hispano en el que aparece Carlos Mencía tuvo tanto éxito entre el público en general que fue emitido durante la Super Bowl. “Lo que estamos diciendo es que la principal audiencia para Bud Light se está haciendo latina”, dice Villa.

El crecimiento de la población hispana en esta última década ha sido positivo para la economía, en especial en aquellas zonas del país que han perdido población, explica el profesor de Activos Inmobiliarios de Wharton Fernando Ferreira. “Implica más gente, más demanda de vivienda, más crecimiento”, afirma señalando que si los latinos migran hacia las zonas más despobladas, podrían hacer subir los precios de la vivienda al aumentar su demanda. A diferencia de algunos países europeos que están perdiendo población, en Estados Unidos las cifras de población se mantienen más o menos constantes gracias al crecimiento de la comunidad hispana. “Es un plus para Estados Unidos, un amortiguador frente a la recesión generalizada del mercado inmobiliario”.

La creciente población hispana también contribuye a programas como la seguridad social, dice Samuel Preston, profesor de Sociología en la Universidad de Pensilvania que ha estudiado el impacto de la fertilidad sobre el sistema de seguridad social. “La población puede cambiar de tres modos: a través de los nacimientos, de los fallecimientos y de la migración”, señala. En Estados Unidos la población hispana está creciendo como consecuencia de los tres factores. La migración se ha reducido considerablemente desde la recesión, pero todavía es relevante a la hora de explicar el incremento de la población hispana. Es un hecho poco conocido, pero los hispanos en Estados Unidos disfrutan de una esperanza de vida más elevada que el resto de la población (en promedio dos años más).Y en Estados Unidos la tasa de fertilidad de la población hispana es elevada, con un promedio de 2,5 nacimientos por mujer, cifra que entre las no hispanas se sitúa en 1,9 por mujer. Según Preston, esto ha contribuido al aumento del dato de fertilidad para el conjunto del país, que pasaba de 1,8 niños por mujer en los 80 a 2,1 antes de la recesión. La fertilidad en Estados Unidos es elevada en comparación con Europa, con cifras promedio alrededor de 1,6 nacimientos por mujer.

Las elevadas tasas de fertilidad de los hispanos son “una gran ventaja para el equilibrio actuarial del sistema de seguridad social”, explica Preston. A medida que descienden las tasas de fertilidad y no hay suficientes trabajadores jóvenes para cubrir las pensiones de los jubilados, en todas las partes del mundo se observan dificultades para mantener los sistemas de jubilación públicos. Los nacimientos ayudan más a contrarrestar la situación, ya que los trabajadores inmigrantes normalmente empiezan a contribuir al sistema de seguridad social en mitad de su trayectoria laboral pero sin embargo se quedan en el país tras la jubilación. Por otra parte, los bebés crecen y desempeñan toda su trayectoria laboral en el país antes de beneficiarse del sistema. “Lo realmente bueno son altas tasas de natalidad”, sostiene Preston.

¿Brecha generacional?

No obstante, la creciente población hispana también implica retos para el futuro del país. Las disparidades económicas y sociales cada vez son más pronunciadas a medida que los hispanos crecen de un modo relativamente más rápido que el resto del país. El pasado año casi la mitad (48,6%) de los nacidos en Estados Unidos pertenecían a alguna minoría étnica, señala Kenneth Johnson, demógrafo y profesor de Sociología en la Universidad de New Hampshire. Sin embargo, entre los individuos de más de 65 años las minorías apenas suponen el 20%. El resultado en una brecha étnica y generacional que podría tener importantes implicaciones políticas en el futuro.

“Este tema tiene una doble dimensión”, dice Johnson. Estados Unidos está siendo testigo del “crecimiento de una población minoritaria mientras la población no hispana disminuye”. Johnson se pregunta: Una envejecida población blanca no hispana, ¿será capaz de responder a las necesidades de una generación más joven tan diferente desde el punto de vista étnico o cultural? Existe una “relación bastante complicada entre la población blanca no hispana de cierta edad y una joven población minoritaria”, explica Johnson. “Una de las grandes preocupaciones para el futuro es si el país está dispuesto a comprometerse a educar esta población del modo en que ha educado a su población en el pasado”.

Teniendo en cuenta las diferentes edades y las tasas de fertilidad es fácil comprender que la diversidad del país va a seguir en aumento. Los blancos están envejeciendo más rápidamente que otros grupos, dice William H. Grey, demógrafo de Brookings Institution en Washington DC. La edad media de la población hispana es 27 años, mientras que la de la población blanca es 41 años, lo cual implica menos mujeres blancas en edad fértil.

Entre el año 2000 y 2010 la población de niños blancos disminuía en 4,3 millones mientras en los hogares hispanos había 4,8 millones más de niños. En la actualidad un tercio de la población hispana tiene menos de 18 años; entre la población blanca no hispana apenas se supera el 20%.

“El hecho de que tengamos una población joven que incluso es más diversa que nuestra población trabajadora de menor edad dice mucho sobre lo que deberíamos hacer para preparar nuestra fuerza de trabajo para el futuro”, dice Frey. “Resulta evidente que necesitamos tener en cuenta todos estos aspectos de la vida de la gente. Necesitan viviendas a precios razonables, necesitan servicios sanitarios, necesitan diversos servicios públicos…. Estas personas van a ser el pilar de nuestra fuerza de trabajo”.

También van a suponer más votantes que nunca: según un informe publicado recientemente por el centro Pew Hispanic, más de 6,6 millones de latinos votaron en las elecciones del pasado año, todo un récord. “Gracias a su rápido crecimiento poblacional, los latinos también fueron un mayor porcentaje del electorado en 2010; del 5,8% en 2006 al 6,9% del total de votos en 2010”, señalaba el informe. Pew y otras entidades han señalado que los hispanos suelen votar casi unánimemente al Partido Demócrata.

Mientras, uno de los mayores retos en el futuro será asegurarse que la población hispana en Estados Unidos no acabe socialmente estratificada, explica el profesor de Activos Inmobiliarios de Wharton Albert Saiz. Sus investigaciones sobre el mercado de la vivienda muestran que cuando los inmigrantes se mudan a barrios blancos y de elevado nivel de renta, la población nativa a menudo se traslada a otro sitio. Datos del censo de 2000 muestran “una creciente segregación de los hispanos”, dice Saiz. “No es una buena tendencia”.

Saiz no sabe si dicha tendencia ha continuado, ya que los datos detallados sobre la vivienda del censo 2010 aún no se han publicado. Pero comparte opinión con aquellos que sostienen que la educación es la clave para eliminar las disparidades. “Uno de los mayores retos es asegurar que los hispanos en este país forman una fuerte clase media; o incluso mejor, un fuerte grupo de alto nivel educativo”, sostiene Saiz. “Esto es lo que va a crear o a dividir la comunidad”.

“Los países latinoamericanos ya están por sí bastante estratificados”, añade Saiz. “No queremos que esos patrones de estratificación social se reproduzcan aquí”.

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