¿Deben las empresas estadounidenses hacer una pausa en Cuba?

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El Gobierno del presidente Trump no ha revelado aún qué va a hacer acerca de la reconciliación con Cuba. Se produjo un gran avance mediante la ampliación de las relaciones con el país después de la apertura promovida por la administración Obama en diciembre de 2014; se firmaron algunos acuerdos de cooperación, particularmente en el sector de la aviación y las comunicaciones, y ahora Google y Airbnb tienen presencia en la isla. Sin embargo, sólo alrededor de dos docenas de compañías estadounidenses dieron los primeros pasos en ese sentido; además, hubo pocos avances en otros frentes, como la reconciliación entre los cubano-americanos y el pueblo cubano.

Aunque el presidente Trump haya apoyado la expansión de las relaciones con Cuba en el pasado, justo antes de las elecciones presidenciales cambió de opinión. Como consecuencia de esto, las empresas no saben qué esperar en el futuro.

El punto principal es la persistencia del embargo económico de Estados Unidos, dijo el abogado cubano-americano Gustavo Arnavat en un reciente Congreso Latinoamericano de Wharton en 2017 [2017 Wharton Latin American Conference]. Arnavat, actualmente asesor senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, jugó un papel importante en las negociaciones políticas entre EE.UU. y Cuba como asesor del equipo del presidente Barack Obama que trató el tema. También representó a EE.UU. en 2009 en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el mayor proveedor de fondos para el desarrollo de América Latina.

“Sería una locura que alguien en este momento pensara en invertir en Cuba, incluso en aquellas áreas en que se puede invertir, porque en cualquier momento, el Gobierno Trump puede decidir revertir totalmente lo que se ha hecho con anterioridad”, dijo. Además de toda esta incertidumbre, Raúl Castro, presidente de Cuba, debe dejar el poder en febrero de 2018 sin que haya un sucesor claro a la vista.

Arnavat comentó el progreso de la situación entre EE.UU. y Cuba en una conversación con Knowledge@Wharton en la reciente conferencia de Wharton sobre América Latina.

A continuación, la versión editada de la entrevista.

Knowledge@Wharton: Vivimos un momento histórico en el invierno de 2014, cuando el Gobierno de Estados Unidos llegó a la conclusión de que la política establecida hace 50 años ya no funcionaba y que era hora de volver a pensar cómo deberían relacionarse Estados Unidos y Cuba para normalizar las relaciones bilaterales entre ambos. ¿Podría decir por qué y de qué manera se involucró en las relaciones entre EE.UU. y Cuba antes del cambio implementado por Obama el 12 de diciembre de 2014?

Gustavo Arnavat: La variable que más peso tiene en mi interés por Cuba tiene que ver con el hecho de que yo nací en la isla. Crecí en un hogar republicano y conservador en Hialeah, Florida, y no pasaba un día sin que un miembro de la familia, un amigo o visitante, criticara algún detalle de la revolución cubana o hablara de Cuba. Por lo que era imposible que no me interesara por Cuba y las relaciones entre EE.UU. y la isla mientras crecía. Más tarde, comprendí que el mundo no era blanco y negro, y la comprensión de esta complejidad hizo que me interesara aún más por el tema.

Después de graduarme como abogado, me especialicé en finanzas soberanas y corporativas. Por último, empecé a trabajar en bancos de inversión de Wall Street. Trabajé en varios acuerdos, pero ninguno tenía nada que ver con Cuba por razones obvias. Sin embargo, siempre tuve el deseo de involucrarme de alguna manera con la isla. Acabé participando en varios proyectos que analizaban la política de Estados Unidos hacia Cuba, pero todo terminó cuando fui a trabajar con el Gobierno de Obama, porque yo trabajaba en el BID, y Cuba no era miembro del BID, y cuando trabajé en la administración Obama, en general, no participé en la elaboración de la política sobre Cuba.

Knowledge@Wharton: El cambio político principal tuvo lugar en diciembre de 2014. ¿Qué cree que provocó que el presidente Obama hiciera un cambio tan significativo?

Arnavat: La razón principal fue que el presidente Obama lo deseaba desde hace mucho tiempo. Cuando era senador por el estado de Illinois, habló sobre la inutilidad del embargo. En el banquete anual de la Fundación Nacional Cubano-Americana de Florida, en mayo de 2008, dijo que si Cuba decidiese abrirse, empezando por la liberación de los presos políticos, comenzaría un diálogo que podría dar lugar a la normalización de las relaciones entre los dos países. Fue un gesto sorprendente y sin precedentes de un candidato presidencial nunca visto en ningún partido. Cualquier persona de Miami sabe que defender la “normalización” de las relaciones y el “diálogo” con el Gobierno cubano era algo peligroso hace 15 o 20 años.

Él también se enfrentó a la presión de otros países de América Latina, particularmente en el contexto de la Cumbre de las Américas [Summit of the Americas]. Los presidentes de varios países dijeron a Obama durante la Cumbre de Cartagena, Colombia, en 2012, que si Cuba no era invitada a la próxima reunión (en la Ciudad de Panamá en 2015), ellos tampoco participarían. Eso también pesó en la decisión de la Casa Blanca.

Además había un consenso creciente en la región ─y en la política exterior de EE.UU─ de que los principales problemas que afectaban a América Latina no eran los mismos que hace 20, 30 o 40 años, es decir, la existencia de Gobiernos inestables y no democráticos, el tráfico de drogas, la corrupción, etc. En lugar de eso, ahora se había puesto la atención en el desarrollo comercial y económico a través de la integración. Para EE.UU. es difícil defender la integración económica mundial y sin duda también la integración económica regional, cuando a los cubanos se les impide integrarse plenamente desde el punto de vista económico. Por último, desde las elecciones de 2014, Obama sintió que no tenía nada que perder desde el punto de vista político, y que era el momento perfecto para hacer lo que siempre quiso hacer.

Así todo, poco se podía hacer mientras Alan Gross permaneciese bajo custodia de Cuba, y los cubanos lo sabían. [Nota: Alan Gross, el contratista empleado del Gobierno de Estados Unidos en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), fue detenido en Cuba en 2009] .

Knowledge@Wharton: ¿Cuál fue su reacción al cambio de política y qué pasos dio?

Arnavat: Me sorprendió. Después de que dejara el banco, me di cuenta de que un número cada vez mayor de cubano-americanos, especialmente en Miami, que eran abogados, hombres de negocios y banqueros exitosos deseaban promover las relaciones entre EE.UU. y Cuba en un intento por ayudar de forma más directa a los cubanos. Pensé, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos tratar de convencer a la Casa Blanca para tomar otro rumbo? Sin embargo, hubo un gran pesimismo en el aire porque habíamos presenciado muy poco interés por parte de la Casa Blanca, sobre todo debido a la situación de Gross.

Con la perspectiva de las elecciones presidenciales de 2016 en el horizonte, pensamos que la política de EEUU hacia Cuba volvería a ser víctima de consideraciones políticas internas. Esto a pesar del hecho de que Hillary Clinton en su libro ‘Decisiones difíciles‘, publicado en 2014, criticara el embargo de manera abierta e inesperada. En retrospectiva, algunos de nosotros pensamos que era su señal para que la Casa Blanca se animara a buscar esta interacción.

Cuando se realizó el anuncio, la idea era que finalmente seríamos capaces de sentarnos con los cubanos y hablar con ellos, como dos países normales hablan sobre cosas en que les gustaría participar juntos, sus áreas de interés común. Poco sabía yo de que, en realidad, la negociación llevaba 18 meses en marcha, pero esta era la oportunidad de probar el terreno y ver hasta qué punto tenía sentido interactuar desde el punto de vista diplomático y comercial de manera que beneficiase a los dos países.

Por tanto, muchos comunicamos nuestros puntos de vista a la Casa Blanca, aunque pocos tuviésemos expectativas de que se produjeran efectos a corto plazo que pudieran conducir a una apertura de Cuba, especialmente en cuestiones de jurisdicción política.

Knowledge@Wharton: ¿Cómo evalúa el progreso de esta relación desde el invierno de 2014? ¿Se produjo algún avance o, como alguien dijo, fue el triunfo de la esperanza sobre la experiencia?

Arnavat: Yo clasificaría la situación de tres maneras. Vamos a llamar a la primera de ellas relaciones bilaterales oficiales entre Cuba y Estados Unidos. La segunda sería las relaciones comerciales entre EE.UU. y Cuba. Y la última, cuestiones de reconciliación entre Cuba y EE.UU.

En la primera, se hizo mucho. Después de más de 50 años de resentimiento entre los dos países, se restablecieron las relaciones diplomáticas. Las embajadas se volvieron a abrir. Como parte de este proceso, el país fue retirado de la lista de países patrocinadores del terrorismo sobre la base de un análisis realizado por el Departamento de Estado con información de nuestra comunidad de inteligencia. El servicio postal regular volvió a funcionar entre los dos países.

Los debates sobre la migración se regularizaron y se hicieron más importantes y significativos. Se realizaron acuerdos de cooperación para la aplicación práctica de la ley para casos de desastres medioambientales y la cooperación en otros sectores. Creo que se cerraron alrededor de dos docenas de tales acuerdos. Se logró mucho teniendo en cuenta la relación que tenían los dos países. Sin embargo, sé que funcionarios de la administración Obama se sentían frustrados por no haber hecho más en cuestiones de derechos humanos, aunque se considera que la sociedad civil en general se ha beneficiado por la nueva estrategia política.

Por otro lado, la principal dificultad es el embargo, que sigue en vigor. Otra cuestión tiene que ver con las reivindicaciones de propiedad que los ciudadanos americanos tienen en relación con las propiedades en Cuba que fueron expropiadas en los primeros años de la revolución. Estas son preguntas que todavía no han sido resueltas y que están lejos de tener una solución. Hay que tener en cuenta que esta era la razón principal por la que EE.UU. rompió relaciones diplomáticas con Cuba. Así que, en ese sentido, hubo muy poco progreso.

Con respecto a las relaciones comerciales, la evaluación depende de la persona con la que hablemos: los cubanos creen que hubo muchos avances si tomamos en cuenta que el embargo persiste. En el aspecto bilateral, los vuelos comerciales entre EE.UU. y Cuba se han restaurado. Las aerolíneas estadounidenses, como parte del proceso dirigido por el Departamento de Transporte, compitieron por los destinos disponibles, y seis o siete de ellas salieron ganadoras.

Varios operadores móviles, como AT&T y Verizon, alcanzaron un acuerdo de roaming con el Gobierno cubano. Para muchos puede que no sea gran cosa, pero hay que recordar que antes de que hubiera un acuerdo de este tipo era muy difícil comunicarse por teléfono móvil. Airbnb tiene presencia en Cuba, lo cual es bueno para los que visitan el país y no quieren pagar los precios relativamente caros de los hoteles de La Habana. Google también está en el país y hay cruceros que van a La Habana con estadounidenses a bordo.

Sin embargo, se podría haber hecho mucho más. Hemos perdido la oportunidad de alcanzar muchos acuerdos. Esto es malo por varias razones. En primer lugar, las empresas estadounidenses han perdido oportunidades. También el pueblo cubano y el Gobierno cubano lo han hecho al renunciar a grandes productos y servicios de Estados Unidos. Mientras el Gobierno Trump está revisando esa política, en lugar de tener cientos de empresas posicionadas a su favor, sólo tenemos 25 o 30 que apelan a sus representantes en el Congreso diciéndoles que ahora hacen negocios en Cuba.

El Gobierno cubano admite que recibió muchas propuestas. La resistencia se produjo por varias razones. En algunos casos, las empresas eran demasiado pequeñas o de nueva creación. Ellos desean lidiar con las grandes empresas. El problema de los acuerdos propuestos por las grandes empresas globales era que no encuadraban de forma necesaria en alguna de las áreas prioritarias del plan cubano de desarrollo económico.

En ese caso, incluso con el tipo correcto de empresa en un área prioritaria, la cuestión del embargo salía a relucir. Incluso si quisieran llevar adelante un proyecto, ellos dirían que no es posible, porque de ninguna manera una empresa estadounidense podría pagar por un servicio o viceversa. Tienen razón en cierta medida debido a las restricciones que persisten sobre las transacciones financieras. Sin embargo, más importante que eso es cómo estas restricciones y regulaciones han sido interpretadas por los asesores legales y el personal de conformidad de las grandes instituciones financieras del mundo, especialmente en EE.UU.. Estos sectores son muy conscientes de que si una empresa no cumple con ciertos requisitos, será multada con mil millones de dólares como ha ocurrido en el pasado, incluso recientemente.

Al mismo tiempo, las condiciones de inversión en Cuba son todo un desafío para las empresas estadounidenses que no están acostumbradas a trabajar con Gobiernos extranjeros en transacciones en las que suelen estar involucradas empresas del sector privado. Sin embargo, la realidad es que hacer negocios en Cuba significa necesariamente hacer negocios con el Gobierno, y no todas las empresas de Estados Unidos están dispuestas a hacerlo en este momento.

Por lo tanto, estas son las dos primeras alternativas. En la tercera, de reconciliación, los cubano-americanos tendrán algún papel que desempeñar, tal y como tuvieron un papel importante en la formación de políticas entre Estados Unidos y Cuba en el pasado. Sé que muchos funcionarios del Gobierno cubano no se sienten cómodos con esta participación, pero cuanto antes puedan tener interacciones con base a esta perspectiva y promover la reconciliación, tanto mejor para los cubanos en EE.UU. y para los que están en Cuba. Muy poco se ha hecho, o se ha producido en este apartado debido a la falta de confianza mutua.

Knowledge@Wharton: Acaba de regresar de Cuba. Mirando la situación en este momento, ¿cuáles son las principales oportunidades en Cuba y cuáles son los principales desafíos o riesgos?

Arnavat: Imagine que ha descubierto un país que no sabía que existía. Usted se da cuenta a continuación de que está a 160 km de Estados Unidos es un país que, si se tratara de un Estado de Estados Unidos, sería el octavo en cuanto a población poco después de Ohio, por ejemplo. Hay 11 millones de habitantes con un nivel educativo excepcional, a pesar de los desafíos que enfrenta el país y la falta de recursos. El país cuenta con ingenieros de software, por ejemplo, entrenados en algunas de las mejores universidades tecnológicas locales, pero trabajando en trabajos de baja categoría. Por lo tanto, desde la perspectiva del capital humano, es un país de enormes recursos, lo que representa una gran oportunidad para las empresas estadounidenses que invertirán cuando puedan hacerlo.

Desde la perspectiva de los recursos naturales, es una isla muy grande del Caribe, por lo que será un importante destino turístico, o un segundo hogar para muchos estadounidenses, en el momento en que exista la posibilidad de que esto ocurra. El sistema de salud local tiene pocos recursos, pero el nivel de formación del personal médico local es excelente, y también hay acceso al conocimiento y la tecnología. Algunos presidentes de los países latinoamericanos miembros del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América, compuesta de 11 países), cuando están gravemente enfermos, van a la Habana. El turismo médico sería un área interesante para la inversión si fuera accesible.

También es un país con enormes necesidades desde el punto de vista de las infraestructuras. Las carreteras son mucho mejores que en muchos lugares de los que he estado en el Caribe, y desde luego en América Central. La cuestión es cómo pagar estas infraestructuras. Esto nos lleva a algunos retos. No hay acceso al capital. El sistema legal local fue diseñado para proporcionar respaldo a un modelo económico socialista, que es anacrónico y extraño para los inversores estadounidenses. Están empezando a darse cuenta de esto y están luchando para salir de esta situación y evolucionar hacia otro. Sin embargo, incluso aquellos que reconocen la necesidad de cambio no quieren que este cambio sea forzado desde fuera. Este es un punto clave a tener en cuenta.

Los cubanos se sienten cada vez más libres para referirse a los empleados no estatales o empresarios como el sector privado, aunque oficialmente el nombre sea el sector no estatal. Estoy seguro de que cuando el país se abra, y los incentivos adecuados estén disponibles, el capital humano será de tal orden que el país estará bien situado como un mercado para la inversión de los americanos.

No sé hasta qué punto el poder judicial es independiente para remediar la disputas entre, por ejemplo, una empresa extranjera, un inversor extranjero y una entidad en la que el Gobierno cubano pueda tener interés. Así que, obviamente, se trata de un riesgo para cualquier empresa estadounidense. Es un riesgo en cualquier país, pero especialmente en un país donde el Gobierno juega un papel tan importante en la gestión de la sociedad. También existe el riesgo político asociado con el hecho de que el presidente Raúl Castro debe dejar el poder el 24 de febrero del próximo año, y no se sabe con certeza quién asumirá el poder y en qué dirección debe seguir el país.

Si tuviera que hacer una apuesta, diría que Cuba probablemente continuará con su trayectoria socialista durante algún tiempo. También está el riesgo inmediato del Gobierno Trump y de lo que pueda hacer. Por lo tanto, sería una locura que alguien tratara de invertir en Cuba ahora, incluso en aquellas áreas en las que están dispuestos a invertir porque, en cualquier momento, el Gobierno Trump puede revertir completamente lo que se estaba haciendo.

Knowledge@Wharton: ¿Cómo piensa que va a evolucionar la política de Estados Unidos hacia Cuba con el Gobierno Trump? Usted alabó a la administración Obama, se mostró muy optimista acerca del libro de Hillary Clinton y lo que decía sobre Cuba. ¿Cuál es su evaluación de lo que Trump puede hacer y lo que significará para las relaciones entre Cuba y Estados Unidos?

Arnavat: La verdad, no tengo ni idea. No creo que nadie lo sepa. Los cubanos no tienen ni idea. Puede pasar de todo. Parece que Trump no se pronunciará pronto para decir que vamos a seguir relacionándonos sin que los cubanos hagan “concesiones”.

El actual presidente dijo pocas cosas acerca de Cuba a lo largo de su carrera. Parece que tuvo la idea de lanzar una posible campaña en los años 90, creo que en Miami dijo que era un firme partidario del embargo y nunca haría negocios con Cuba mientras los hermanos Castro estuvieran en el poder, etc.

Dos años más tarde, como sabemos, envió a un consultor a Cuba, un consultor pagado para encontrar la manera de hacer negocios con Cuba. Desde hace seis años, e incluso en un momento dado del año pasado, empleados de la organización Trump visitaron Cuba explorando oportunidades en sectores vinculados al golf y los hoteles, la hostelería, etc. Por lo tanto, sabemos que desde el punto de vista comercial está realmente interesado en hacer negocios. Y tiene sentido, teniendo en cuenta sus inversiones en China y otros países que no suscriben los estándares de derechos humanos y de democracia de EE.UU.

Cuando el presidente Obama anunció el cambio de política, en algunas pocas ocasiones, Trump dijo que estaba a favor. Una vez más, creo que fue en un debate en Miami, una primaria, cuando dijo algo así como “vamos, gente, han pasado 50 años. Tenemos que seguir adelante. Tenemos que intentar otra cosa”. Sin embargo, unos seis meses antes de las elecciones, empezó a dirigir su mensaje más a los conservadores y a las personas de línea dura de la comunidad. El dijo: “A menos que los cubanos den pasos”, creo que estas fueron sus palabras, “hacia una mayor libertad política y religiosa, voy a tener que revertirlo todo”. Mike Pence también dijo lo mismo justo antes y tal vez después de las elecciones.

Así todo, las políticas de Trump hacia Cuba no están claras. Hay varias personas que trabajaron en el equipo de transición de Trump, y que están involucradas con el Gobierno, que se dedicaron en los últimos 15 ó 20 años a fortalecer el embargo, fortaleciéndolo, haciendo la vida dura y difícil para el Gobierno cubano. Estas personas sin duda tienen un gran peso en la política del Gobierno. Hay una reevaluación de esa política, pero nadie sabe a ciencia cierta cuándo se completará y cuál será su posible resultado. Creo que una consideración importante es el cambio de Gobierno que he mencionado anteriormente.

Knowledge@Wharton: Cuando conversa con la gente en La Habana, ¿qué esperan que sea la relación de Estados Unidos con Cuba?

Arnavat: Poco después del anuncio del cambio de política, aproximadamente el 97% de los cubanos estaban a favor de la interacción, del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, etc. Tiene sentido, ya que a medida que más estadounidenses viajen a Cuba e inviertan en el país, mayores serán los beneficios económicos para la población cubana en general.

Todos están realmente preocupados por la reversión de la política, es decir, con la disminución del número de personas que visitan Cuba, un menor número de personas invirtiendo como resultado de la disminución de las remesas que se utilizan como capital semilla para iniciar nuevos negocios en la isla. Incluso si usted no se hospeda en un hotel estatal, tiene que utilizar los taxis privados, comer en restaurantes privados cuyo funcionamiento está permitido por la ley cubana. Así que muchas personas, la gente común, en realidad se está beneficiando del aumento de los viajes entre EE.UU. y Cuba y están preocupados por el posible final de los mismos.

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"¿Deben las empresas estadounidenses hacer una pausa en Cuba?." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [09 mayo, 2017]. Web. [24 November, 2017] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/deben-las-empresas-estadounidenses-darse-una-pausa-cuba/>

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