Del altar a la OPV: Los altibajos de las parejas socias de empresas

Para Julia Harz, presidente y una de las fundadoras de Eventbrite, plataforma de eventos y venta de entradas, empezar una empresa con su marido, Kevin, no formaba parte de su plan maestro.

"Parte de mí, en realidad, había bloqueado el proceso de toma de decisión por el que tuve que pasar antes de hacerme socia de mi marido —en aquella época, mi prometido—", dice ella con una pizca de humor. "Habíamos sido novios en la distancia durante dos años; nos habíamos prometido y yo estaba meditando la posibilidad de aceptar un empleo que me habían ofrecido en San Francisco. Kevin me propuso entonces que, en lugar de eso, me fuera a trabajar con él. Su optimismo eterno, que a veces sobrepasa el sentido común, explica, en parte, su éxito como empresario […] Recuerdo que pensé: 'Tal vez no sea una buena idea vivir juntos, oficializar el noviazgo y abrir una empresa todo al mismo tiempo en sólo tres meses'".

Pero seis años después, Eventbrite es una fuerza poderosa en la industria de venta de entradas online. La empresa, con 200 empleados, captó más de US$ 78 millones en capital riesgo y ha registrado más de US$ 1.000 millones en ventas brutas de entradas. "Éramos muy pragmáticos", dice Hartz. "Desde el principio, conversamos sobre lo que podría suceder si la asociación no salía bien: 'Vamos a tomárnoslo mes a mes'. Vimos, entonces, que las cosas iban bien".

Las empresas gestionadas por parejas son frecuentes en el medio empresarial. Aunque buena parte de las iniciativas gestionadas por marido y mujer suelen ser pequeñas empresas —de tiendas modestas, a decir verdad— algunas, sin embargo, como Eventbrite, son iniciativas muy conocidas. Gary Erickson y Kit Crawford, marido y mujer, son consejeros delegados de Clif Bar & Company; Andy y Kate Spade abrieron una empresa de bolsos que lleva el nombre de ambos. Lynda y Stewart Resnick son propietarios de Fiji Water. Genevieve Thiers y Dan Ratner son fundadores de Sittercity, servicios de localización de niñeras.

Así como hay muchas parejas en el mundo de la política y de las celebridades, la sociedad empresarial de marido y mujer también tiene su fascinación. Para algunos, la idea de trabajar con el marido o con la esposa todo el tiempo en la construcción de una empresa es una hipótesis bienvenida tanto en el plano personal como en el profesional. La idea de separar juntos la ropa de la tintorería y, a continuación, conversar sobre la estrategia de medios sociales de la empresa, tal vez sea la mejor manera de equilibrar la vida personal y profesional. Para otros, sin embargo, la perspectiva de trabajar al lado del cónyuge no es nada atractivo. No importa lo que se prefiera, es natural mirar a dos cónyuges, que son también socios, y preguntarse: ¿cómo lo consiguen?

Para muchos empresarios, estar casado con el socio es una ventaja tanto para el éxito profesional como para la relación personal, observa Stewart Friedman, profesor de Gestión de Wharton. "La confianza que alguien tiene en la mujer o en el marido que administra la empresa, es mayor que la confianza que normalmente se tiene en los demás socios comerciales […] Es formidable poder compartir las alegrías de la realización profesional. Como profesional del área de negocios, podemos aprender más, y más deprisa, así como analizar lo que pasa bajo diferentes perspectivas dada esa mutua vulnerabilidad".

Pero los dolores de cabeza propios de la apertura y de la gestión de una empresa son una constante, y pueden ser mayores aún cuando los socios también son marido y mujer. La presión financiera aumenta: no sólo el dinero de la pareja está vinculado al negocio y a una renta (a veces, inexistente), también es con frecuencia más difícil para la pareja de empresarios conseguir dinero de los inversores externos. La contratación de un nuevo profesional también es un desafío, ya que muchos de ellos temen formar parte de empresas familiares. Todo eso sin hablar del estrés emocional. Algunas parejas encuentran difícil separar lo que sucede en la empresa de lo que se pasa en la relación.

"El problema principal tiene que ver con los límites, ¿en qué medida, de forma consciente y deliberada, la pareja maneja esos límites, y cuál es el grado de atención que confieren a los diferentes papeles que ejercen?", se pregunta Friedman. "Es importante que, en el día a día, la pareja tenga tiempo para estar junta sin pensar en el trabajo. De lo contrario, las exigencias de los negocios sofocarán todo lo demás. Cuando alguien entra en un juego así, es preciso darse cuenta de que el trabajo nunca tiene fin, principalmente si la empresa tiene éxito.

¿Quien va a despedir al marido o la esposa?

Según la Federación Nacional de Empresas Independientes, un 43% de las empresas pequeñas son familiares (es decir, empresas en que dos o más miembros de la familia administran una iniciativa en que, por lo menos, un miembro de la familia es el propietario). De ese total de empresas, un 53% de los gerentes comparten la administración diaria de la empresa con el cónyuge.

Las empresas gestionadas por parejas podrían volverse más frecuentes en el futuro. El índice de creación de nuevos empleos continúa siendo bajo, lo que lleva a un número mayor de personas a la iniciativa empresarial. En consecuencia, algunas de esas personas, por deseo o necesidad, formarán una sociedad con el cónyuge, o con otra persona próxima. (Según Ewing Marion Kauffman Foundation, que mide la actividad emprendedora en los EEUU, un 0,32% de los adultos americanos abrieron una empresa en 2011. Ese porcentaje representa una caída del 5,9% respecto a 2010, pero todavía es uno de los más elevados en el ámbito de la actividad emprendedora en los últimos 16 años. Las estadísticas de 2010 todavía no se han divulgado).

"Suponemos que las empresas gestionadas por marido y mujer son maravillosas porque hay numerosas parejas sofisticadas por ahí que hablan de sus empresas y de su familia y cómo consiguen armonizar las dos cosas", dice Laura Huang, profesora de Gestión de Wharton. "En general, sin embargo, tal vez no sea una buena idea empezar una empresa con el cónyuge".

Muchas parejas no tienen una conversación seria de cómo deberían ser las cosas antes de dar ese paso, dice Huang. "Ellos no han discutido en profundidad qué sucederá cuando sea preciso hacer cambios en el modelo de negocio, o cuál debe ser la estrategia adecuada de salida de una empresa. Nada de eso se discute porque ellos creen que ya conocen o entienden a la otra persona, por eso no tienen dudas sobre la perspectiva del compañero. Cosas así acaban destruyendo muchas empresas emergentes, estén sus socios casados o no".

Las cosas pueden ponerse feas. Ejemplo: Tory y Chris Burch, fundaron en 2003 el imperio de la moda adolescente Tory Burch, y se divorciaron en 2007. La pareja está metida actualmente en disputas legales terribles basadas principalmente en cosas que uno dijo del otro. La cuestión se resume en que Chris Burch, al crear una tienda propia, C. Wonder, habría copiado la imagen y ciertos detalles del diseño de las tiendas de Tory Burch.

Las parejas que abren empresas juntas deben hacerlo con extrema cautela. El dinero, por lo menos al principio, suele escasear. Steve Broad recuerda los primeros tiempos de Annie Chun, empresa asiática de productos alimenticios cien por cien orgánicos, fundada junto con su esposa, Annie. Broad se graduó de la escuela de negocios a principio de la década de los 90 y planeaba seguir una carrera en el área de finanzas o biotecnología, sin embargo las perspectivas de empleo en aquellos años de recesión eran sombrías. Cuando no estaba buscando empleo, ayudaba a su esposa a vender sus salsas asiáticas en los mercados locales de productos agrícolas en el norte de California.

"Al principio, el negocio tan solo daba para mantenerse", dice. "Íbamos a los mercados de productos agrícolas de dos a tres veces por semana y coloreábamos manualmente las etiquetas de los embalajes. Durante los diez primeros años, no ganamos nada de dinero. Pedíamos un préstamo, lo empleábamos en el negocio y vuelta a empezar".

Esa historia tiene un final feliz: durante el undécimo año de funcionamiento de la empresa, se facturó US$ 777.000 en ventas. Después del lanzamiento de las sopas envasadas, las ventas llegaron a US$ 2,5 millones. En 2008, en una transacción muy exitosa, Broad y su esposa vendieron con éxito a Annie Chun a CJ, la mayor empresa alimenticia de Corea. Hoy, la marca se puede encontrar en Trader Joe's, Whole Foods, Target y Walmart.

Pero abrir una empresa con el cónyuge como socio deja las finanzas de la pareja expuestas, dice Jeff Reid, director de estudios empresariales de la Escuela de Negocios McDonough de la Universidad de Georgetown. "En general, cuando uno de los cónyuges participa en la fase inicial de una empresa, la pareja recurre a la renta, al plan de salud y a la seguridad del empleo del otro que está fuera de la iniciativa", dice Reid. "Pero cuando los negocios no van bien, y ambos cónyuges participan en él, se crea una dinámica interesante. En ese caso, el matrimonio se ve sometido a un fuerte estrés".

Elevar el capital de inversión suele ser difícil para parejas que son socias. Muchos capitalistas de riesgo e inversores ángeles "trabajan con una norma inflexible de jamás invertir en un equipo del cual forman parte marido y mujer", dice Reid. "El argumento es que ya han tenido experiencias malas en el pasado. Toda empresa emergente se enfrenta a desafíos, al igual que todo matrimonio. El inversor siempre quiere minimizar el riesgo. Invertir en una iniciativa en que los socios son marido y mujer parece arriesgado".

Además, la contratación puede volverse un obstáculo para los equipos formados por marido y mujer. A muchos candidatos a un empleo —principalmente gerentes con amplía experiencia— no les gusta trabajar para parejas. "El profesional sabe que no formará parte de todas las discusiones sobre el futuro de la empresa", dice Reid. "Sería difícil para ese gerente, tercero en lo alto del escalafón de la empresa, tener que lidiar con una decisión delicada. A fin de cuentas, ¿quién despediría al propio cónyuge?"

Las asociaciones formadas por parejas muchas veces no presentan la misma dinámica de fuerzas, lo que puede llevar a situaciones de tensión tanto en la oficina como en casa, observa Meg Cadoux Hirshberg, autora de "En la alegría y en el trabajo: Una guía de supervivencia para emprendedores y sus familias" [For Better or For Work: A Survival Guide for Entrepreneurs and their Families]. Además del libro, Hirshberg tiene experiencia personal en el asunto: ella está casada con Gary Hirshberg, presidente y ex consejero delegado de Stonyfield Farm, empresa de yogurorgánico comprada por el Grupo Danone en 2001. Meg Hirshberg trabajó para Stonyfield durante muchos años.

"Las asociaciones entre marido y mujer suelen comenzar así: uno de ellos se siente atraído por un negocio cualquiera, entonces el cónyuge se adhiere a la idea. El cónyuge es aquella persona disponible, capaz, además de ser mano de obra barata. El raciocinio, entonces, es el siguiente: "La empresa es familiar. Está claro que voy a ayudar", dice Hirshberg. "Sin embargo, a medida que la empresa va creciendo, de pronto marido y mujer se ven desempeñando un papel que, en cualquier otra empresa, para ocuparlo, la persona tendría primero que hacer una entrevista, decir cuáles son sus objetivos y expectativas, discutir salario, etc. En consecuencia, el cónyuge no siempre es la personas más indicada para el trabajo que hace, ya sea a causa de sus intereses, o a causa de la preparación que recibió".

Las cuestiones de jerarquía pueden también insinuarse en la relación. "Teóricamente, en la boda, marido y mujer son iguales", añade Hirshberg. "En el lugar de trabajo, sin embargo, una persona sólo da las órdenes. Aunque un cónyuge no reporte al otro, aun así hay una relación de sumisión. Esa relación desigual puede ser un foco de tensión".

Integrar trabajo y hogar

Tal vez aquello más difícil para una pareja que crea y gestiona una empresa sea el hecho de que hay muy poco tiempo o espacio en el matrimonio para otra cosa que no sea el trabajo. Para algunos empresarios que prosperan en medio de la presión constante, eso no es un problema. Otros pierden la capacidad de crear en casa un ambiente romántico. "Después de trabajar todo el día juntos, es difícil recobrar nuevamente el clima de intimidad", observa Hirshberg. "Esa reanudación se vuelve aún más difícil por el hecho de que, en el lugar de trabajo, la conversación tiene un ritmo más rápido y un tono más abrupto. En casa, la pareja usa un tipo de comunicación más sutil y matizada que pasa del cálculo frío a la ternura".

Huang, de Wharton, llama a ese fenómeno "proximidad dolorosa", que se traduce, a grueso modo, en una sensación incómoda de proximidad. "En la empresa, siempre habrá problemas", dice ella. "Cuando se está casado con el socio, no existe la posibilidad de la distancia y de desestresarse".

Matt y Kate Jennings son dueños de Farmstead, restaurante y tienda fina de especialidades gourmet de Providence, Rhode Island. Matt es el jefe del establecimiento, y Kate, jefe de la confitería. Como Matt trabaja por la noche, mientras Kate se queda en casa con su hijo, ellos no tienen mucho tiempo para los dos solos. "No queremos pasar el tiempo que tenemos a finales de semana discutiendo de trabajo. No es fácil. Llega un momento en que es preciso separar el trabajo del matrimonio. Y ahí entra nuestro hijo, que aún es muy pequeño, y las cosas se complican. Se lleva el estrés del trabajo a casa".

Nancy Rothbard, profesora de Gestión de Wharton, investigó hasta qué punto las personas incorporan la familia al ambiente de trabajo. Ella explica que las asociaciones exitosas entre marido y mujer suelen estar constituidas por parejas "transparentes, bastante integradas" y que cruzan con tranquilidad la línea divisoria entre el trabajo y el hogar.

Rothbard creció en una familia de emprendedores, sus abuelos tenían una tienda de muebles y de productos para oficina que acabó pasando a manos del padre y de un tío. "Las parejas que administran con éxito un negocio en general tienen bases y un matrimonio bien sólidos", dice ella. "Puede ser algo fantástico, porque las parejas están tan cerca. Ellos comparten el mismo entusiasmo y tienen mucho en común. Ellos tienen también mucho sobre lo que conversar. Aún pasando todo el tiempo juntos, los dos están realmente interesados en lo que pasa con la empresa. Con eso, el matrimonio se fortalece de forma increíble, lo que también puede tener como resultado una familia igualmente sólida".

Muchas veces, esos matrimonios suelen ser muy tradicionales, dice Kathy Marshack, psicóloga empresarial que aconseja a muchos equipos formados por parejas. Marshack hizo una investigación a principios de los años 90 con 30 socios casados y constató que muchas de esas "relaciones de iniciativas conjuntas" son menos igualitarias que las relaciones de parejas que trabajan en empresas distintas. Por ejemplo, un 83% de las esposas que trabajan con los maridos son enteramente responsables del trabajo doméstico, frente a un 49% de las esposas que tenían carrera propia. Cerca de un 65% de las esposas socias de los maridos eran responsables de todas las compras del hogar, frente a un 36% de las otras esposas. En el trabajo, las mujeres socias solían realizar tareas más próximas al día a día: se ocupaban de las nóminas y de la facturación.

"Aunque la investigación se hiciera hace 20 años, no creo que las cosas hayan cambiado mucho", dice Marshack, autora de "Parejas emprendedoras: Exitosas en el hogar y en la empresa" [Entrepreneurial Couples: Making It Work at Work and at Home]. "Las parejas que trabajan juntas tienden a desempeñar papeles más definidos. El marido es el fundador, consejero delegado y presidente. La mujer le ofrece apoyo.

"Muchas esposas que trabajan con el marido dirán que no es tan así", añade Marshack. Pero en varios reportajes de revistas de gran circulación, dice ella, marido y mujer son presentados en situación de igualdad en la empresa. Esas personas, añade, suelen hacen afirmaciones genéricas e incorrectas sobre la empresa familiar. "Pero cuando se profundiza en la cuestión y se descubre cuánto gana la mujer, cuál es su título y a quién recurren las personas en la empresa para tomar una decisión final, se descubre que "las asociaciones son más complicadas y menos igualitarias de lo que parecen.

Nick Zappia, propietario, junto con su esposa, de The Blues Room, Central Bottle y Belly, un conjunto de restaurantes y de tiendas de alimentos y bodegas de vino en Cambridge, Massachusetts, tiene una opinión interesante sobre el asunto. "En el restaurante, cada uno de nosotros hace de todo un poco. Yo diría que un 90% son cosas que yo o mi mujer podemos hacer. Sin embargo, hay un total del 10% que es exclusivo de cada uno", dice.

"El hecho es que en el matrimonio, la división de tareas y de responsabilidades nunca es la misma todo el tiempo, y lo mismo sucede en la administración de la empresa", dice Zappia. "A veces, la proporción es de 70 a 30, otras veces de 60 a 40. Hay ocasiones en que uno de los dos hace todo el trabajo pesado, mientras que el otro toma la parte más ligera. Es preciso ser flexible. A veces, tenemos que conformarnos con llevar al otro, y concordar también en que el otro nos lleve en ciertas ocasiones".

Cuando funciona, es una maravilla

Cuando la personalidad y las habilidades de la pareja encajan bien y se complementan, el trabajo conjunto puede añadir riqueza y romance al matrimonio. Los cónyuges pasan a admirarse y a respetarse de nuevas maneras, explica Hirshberg, autor de la investigación. "Cuando la cosa funciona, es una maravilla. Un consejero delegado que entrevisté me dijo que no pasaba por su cabeza realizar el sueño de su vida con otra persona. Marido y mujer no sólo constituyeron una familia, también concretizaron la visión que tenían en otro campo".

Trabajar juntos da a los cónyuges la oportunidad de ver al socio, tan estimado, hacer algo en que es muy bueno y que lo llena de entusiasmo. Eso puede profundizar y dar nuevo vigor a la relación. "Hay situaciones en que esos equipos de emprendedores, cuando ven al compañero en acción, se sienten orgullosos, lo que hace que se sientan orgulloso del cónyuge", dice Friedman, de Wharton. "Eso, en general, no sucede —por lo menos no exactamente así— cuando los cónyuges trabajan en áreas completamente distintas".

No hay matrimonio que sea igual a otro, así como las empresas no son todas iguales. Pero según especialistas y parejas que trabajan juntas, son numerosas las prácticas para que las asociaciones empresariales entre marido y mujer sean exitosas.

En primer lugar, dividir para conquistar. Aunque sea imprescindible que haya fluidez en el flujo de trabajo en la fase inicial de cualquier negocio, la mayor parte de los compañeros exitosos divide las tareas según sus habilidades e intereses. Está claro que los compañeros pueden conversar sobre las decisiones importantes o preguntar la opinión del otro en caso de duda. En última instancia, sin embargo, el trabajo en conjunto fluye mejor cuando cada uno tiene su propio espacio. Hartz, de Eventbrite, dice que ella y el marido "jamás trabajan en la misma cosa al mismo tiempo. Con eso, se gana en rapidez y se preserva la relación".

En segundo lugar, busque orientación de fuera. Puede proceder de consultores empresariales, organizaciones profesionales, coaches, consejeros matrimoniales, amigos y mentores. Tal vez hasta haya una comunidad de parejas que son compañeros en los negocios en un segmento semejante con quien la pareja podrá  compartir sus disputas y comparar opiniones e ideas. "Administrar una empresa en asociación con el cónyuge puede ser comparado a un sistema cerrado", dice Marshack, profesional del área de psicología empresarial. "Su función, en la boda, es apoyar a su cónyuge. Pero si en su vida profesional usted sólo interacciona con él, eso acaba reforzando la opinión del otro. Por eso, siempre aconsejo a las personas a participar en organizaciones profesionales distintas, a unirse a personas de fuera del círculo familiar".

Una tercera persona puede ser útil, añade Friedman. Si sólo intercambia ideas con su cónyuge, su perspectiva será demasiado estrecha. "Una iniciativa inteligente exige una cultura de aprendizaje rápido", dice Marshack. "Para eso, las parejas pueden contar con la ayuda del coaching, además de un consejero o asesor que los ayude a definir los objetivos de la empresa o de la familia. Tener un feedback sobre su rendimiento en el trabajo no es lo mismo que decirle cuánto ama a su cónyuge".

En tercer lugar, comuníquese de manera franca y abierta, incluso cuando esa comunicación tenga como resultado sentimientos heridos. Las parejas conocen bien los puntos fuertes y débiles de cada uno. Profesionalmente, eso sería útil, pero pésimo para la relación. "Dada la importancia de la relación, es posible que las partes prefieran no hacer críticas que puedan herir al compañero", dice Matt Allen, profesor de Iniciativa Empresarial de Babson College. "Si yo hablo demasiado, mi esposa podrá sentirse incómoda, pero si con eso las ventas se vieran perjudicadas, entonces tendríamos un problema".

El equilibrio es delicado, añade Allen. "La pareja no desea dar prioridad a la relación en detrimento de la empresa, pero lo contrario también es desastroso".

En cuarto lugar, cultive un espacio propio fuera de la empresa. Si la relación en el trabajo provoca tensiones en casa, la pareja debe buscar medios de asumir otras responsabilidades o cambiar la estructura de prestación de cuentas. "En casa, se debe buscar establecer fronteras que limiten la incursión de asuntos del trabajo en la vida familiar", dice Hirshberg. "Una buena medida inicial sería expulsar el móvil y el portátil de la mesa de cenar y del cuarto".

Susan Stern es presidente y fundadora de Stern + Associates, empresa de relaciones públicas de New Jersey fundada por ella en 1985. En 2002, su marido, Danny, migró a la empresa de la esposa después de trabajar durante algún tiempo en una empresa de un segmento semejante. "El secreto del trabajo conjunto exitoso consiste en respetar la necesidad mutua de espacio y de independencia, y jamás permitir que los negocios se vuelvan el tema predominante de la relación", dice. "Aunque estemos felices de trabajar juntos, creemos que es mejor no hablar sobre trabajo todo el tiempo. Son numerosas las decisiones que tomamos a diario sin la necesidad de consultarnos entre nosotros".

Por último, disfrute de la experiencia. Natasha y Chris Ashton, una pareja británica, se conocieron en la facultad y estudiaron en la misma escuela de negocios en EEUU. Los dos habían creado pequeñas empresas en Reino Unido, pero estaban en busca de un negocio en que pudieran participar juntos. "Como amantes de los animales, habíamos experimentado de primera mano las dificultades financieras derivadas de pagar cuentas inesperadas del veterinario, así que el negocio de seguros para animales nos venía como un guante", dice Natasha.

Después de graduarse en 2003, la pareja alquiló un pequeño apartamento en Filadelfia y montó una empresa de seguros para animales [Petplan] en el baño de la casa. La bañera estaba repleta de archivos. "Nuestros primeros 'inversores' fueron Visa y MasterCard", dice Chris en tono de broma.

Hoy, Petplan tiene 78 trabajadores y fue reconocida por Inc. Magazine como una de las 500 empresas privadas que más crecen en EEUU. "Nos gustaba mucho estar juntos y resolver problemas juntos. Amamos lo que hacemos, y no pensamos en ello como trabajo. Nos realiza de forma increíble", dice Natasha.

"Hay muchos altibajos", añade. "Pero no me gustaría tener otra persona a mi lado, excepto la persona que más amo y en quien más confío en el mundo. No hay nada comparable, no hay nada mejor".

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"Del altar a la OPV: Los altibajos de las parejas socias de empresas." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [20 febrero, 2013]. Web. [21 February, 2018] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/del-altar-a-la-opv-los-altibajos-de-las-parejas-socias-de-empresas/>

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