Dietas de adelgazamiento para los trabajadores y las empresas

Tal vez el desencadenante fuese las declaraciones del Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Atlanta afirmando que más del 30% de los adultos en Estados Unidos son obesos, una cifra que se ha más que duplicado desde 1980. Tal vez fuese el nuevo informe que estima que la obesidad podría causar unas 365.000 muertes al año en un momento en que los estadounidenses gastan más de 40.000 millones anuales en libros, productos y programas que les ayuden a perder peso. O tal vez fuesen las terribles predicciones del CDC afirmando que “los datos actuales muestran que la situación, lejos de mejora, está empeorando”. Cualquiera que sea el motivo, las últimas estadísticas destacan la obesidad como un serio problema de salud que las corporaciones no pueden ignorar por más tiempo.

No obstante, según expertos de Wharton y otras entidades, el espectacular aumento de la obesidad no es el verdadero motivo por el que, a lo largo y ancho de todo el país, los empleadores están empezando a atajar el problema. Según estos expertos, el pasado año las empresas parecen haber declarado la guerra a la gordura por un simple motivo: la obesidad ahora está reconocida como una verdadera gotera en los costes sanitarios de las empresas. “No creo que el aumento de la obesidad, las tremendas cifras, sea el motivo por el que las empresas se hayan tomado en serio el problema”, dice Peter Cappelli, director del Center for Human Resources de Wharton. “El verdadero motivo son los costes sanitarios que las corporaciones tienen que soportar”.

“Sabemos que la obesidad es un buen pronosticador de los gastos médicos”, añade Mark V. Pauly, profesor de Sistemas Sanitarios, Empresa y Políticas Públicas de Wharton. “En el caso de las empresas, el motivo para hacer algo para reducir la obesidad no hay que buscarlo en un posible aumento de productividad de los empleados, sino en la reducción de los gastos para la empresa, concretamente de los seguros sanitarios”. La tendencia general de la mayoría de los empleadores, dice Pauly, “es que tarde o temprano el acuerdo sanitario que consigan depende de lo caros que sean sus trabajadores. Y en lo que respecta a la obesidad, la mayor importancia que ha cobrado se debe a que se ha convertido en algo más habitual. La obesidad en los empleados y familiares a su cargo está empezando a acaparar la atención de los empleadores”.

93.000 millones de dólares en la factura médica

Ahora los grupos y asociaciones empresariales nacionales llaman a la obesidad una “condición prevenible”, una elección de palabras que reconoce el problema y asimismo recuerda que es necesario esforzarse para hacer algo al respecto. Según informes elaborados en los lugares de trabajo, la amplia mayoría de organizaciones con 200 o más empleados parece ofrecer programas diseñados para ayudar a mejorar la salud de sus empleados; entre las empresas de menor tamaño, un tercio también ofrece este tipo de programas. Las iniciativas más destacadas para conseguir un buen estado físico incluyen gimnasios en la propia empresa, o programas de fitness patrocinados, así como herramientas basadas en Internet para recabar información sobre temas relacionados con la salud y el bienestar.

No obstante, expertos sanitarios también afirman que muchos de estos programas no consiguen mejoras significativas a largo plazo. La atención que acapara hoy en día la obesidad en el lugar de trabajo surge en un momento en que las empresas están empezando a darse cuenta de que tienen que hacer algo más que ofrecer a los empleados acceso a programas de incentivos para perder peso, acceso a gimnasios y a seminarios educativos. En consecuencia, corporaciones como Home Depot y Dow Chemical están uniendo sus fuerzas con las principales universidades y los institutos nacionales de la salud (The National Institutes of Health) para desarrollar intervenciones que ayuden a la gente a gestionar su dieta y peso, no simplemente introducir en la empresa un montón de modernos equipamientos de fitness.

Tomando como base las estadísticas, el objetivo es desalentador. Según estudios revisados por National Business Group on Health (Grupo empresarial nacional sobre salud) -una organización sin ánimo de lucro con sede en Washington que representa a grandes empresas-, la obesidad y el sobrepeso contribuyen con 93.000 millones de dólares al año a la factura médica nacional. De dicha cantidad, el coste total de la obesidad para las empresas estadounidenses se estima en más de 13.000 millones de dólares al año, una cifra que incluye 8.000 millones en costes adicionales del seguro sanitario, 2.400 millones por bajas laborales por enfermedad, 1.800 millones en seguros de vida y 1.000 millones de dólares en seguros por minusvalía. Según estudios recientes sobre el coste económico de la obesidad en el lugar de trabajo, esto se traducen en 39 millones de días laborales perdidos, 239 millones de días en que la actividad laboral está limitada, 90 millones de días de enfermedad o en la cama y 63 millones de visitas al médico.

En octubre, Adam Gilden Tsai, instructor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania, fue aún más allá y redefinió los costes financieros asociados con el sobrepeso por persona. En una conferencia sobre obesidad, Tsai señalaba que al comparar una persona obesa con una persona de peso normal, se observaba que la persona obesa suponía cada año 1.034 dólares más en visitas al médico, medicinas y procedimientos médicos. “No creo que nadie se atreva a cuestionar que la obesidad contribuye significativamente a los costes sanitarios”, dice.

Para los adultos, la diferencia entre sobrepeso y obesidad puede determinarse a partir de datos como el peso y la talla calculando un indicador llamado “índice de masa corporal” (IMC), que es indicador del nivel de grasas en nuestro organismo. Por ejemplo, según CDC, una persona que mide 179 cm. y pesa entre 55 y 73 kg. se considera que tiene un peso normal; si esa misma persona pesa entre 74 y 88 kg. tendría sobrepeso; y si pesase más de 89 kg., entonces se consideraría obesa. Cuando se emplean las estadísticas para mostrar cuántos estadounidenses son obesos o tienen sobrepeso, en la actualidad más de la mitad caen dentro de una categoría u otra.

Número uno en gordura

Según Jean Lemaire, profesor de Seguros y Ciencia Actuarial de Wharton, entre los países desarrollados, Estados Unidos tiene la población más obesa o con sobrepeso. “Los americanos están mucho más gordos que hace 10 años y que el resto de ciudadanos del planeta”, dice Lemaire. “La esperanza de vida en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo, se sitúa sin embargo en el puesto 48. Tener sobrepeso es comparable a tener diabetes o alta presión arterial. Es una enfermedad diagnosticable que afecta a la esperanza de vida”.

Según las estadísticas recogidas por National Business Group on Health a través de su Institute on the Costs and Health Effects of Obesity (Instituto de costes y efectos sobre la salud de la obesidad), en estos momentos la obesidad se considera el principal detonante de varios problemas de salud y del incremento del gasto sanitario superior, superior a los efectos de fumar o beber. En base a estadísticas de un informe de 2002 titulado “The Effects of Obesity, Smoking and Drinking on Medical programs and Costs” (“Los efectos de la obesidad, fumar y beber en los costes y programas médicos”) publicado en el Journal of Health Affairs, los individuos que son obesos tienen más problemas médicos crónicos (entre 30-50% adicional) que aquellos que fuman y beben mucho.

Concretamente, el CDC señala que tener sobrepeso o ser obeso aumenta el riesgo de muchas enfermedades y condiciones de salud, incluyendo la hipertensión (alta presión arterial), la dislipidemia (colesterol alto o altos niveles de triglicéridos), diabetes tipo 2, cardiopatías, apoplejías, problemas con la vesícula biliar, osteoartrosis, apnea y problemas respiratorios durante el sueño, y algunos cánceres (de endometrio, pulmón y colón).

A medida que la obesidad aumenta, las condiciones de salud asociadas con la obesidad han contribuido a disparar los costes sanitarios. El National Business Group on Health señala que la obesidad supone cada año aproximadamente el 9% del gasto total médico, y que el 8% de las reclamaciones médicas de los empleadores privados son debidas al exceso de peso y la obesidad.

Todo esto nos conduce irremediablemente a la siguiente cuestión: ¿Qué parte del incremento de los costes médicos puede atribuirse a la obesidad? En 2004, último año para el que se disponen datos, la National Coalition on Health Care (NCHC) declaraba que el gasto total en cuidados sanitarios había crecido 7,9%, alcanzando dicho gasto la asombrosa cifra de 1,9 billones de dólares. Cuando se analizan los incrementos en el gasto médico desde 1987 a 2001, un informe de 2004 titulado “The Impact of Obesity on Rising Medical Spending”, estimaba que la obesidad había sido responsable del 27% de ese aumento en costes.

Sin lugar a dudas, el incremento en los gastos sanitarios aumenta a su vez el coste y los seguros sanitarios de empleadores y trabajadores. La NHCH señala que en 2005 “las primas de seguros sanitarios de los empleadores aumentaron un 9,2% -prácticamente tres veces la tasa de inflación”. En un esfuerzo por compensar estas estadísticas y ayudar a los empleados a adoptar estilos de vida más saludables, los empleadores están ofreciendo una variedad de programas y beneficios. Por ejemplo:

  • La empresa de software SAP, en cuyas oficinas centrales de Newton Square, Pensilvania, trabajan 1.400 personas, “cree que es importante asociarse con tus empleados en temas relacionados con su salud y bienestar financiero”, dice Brian Shay, gestor en SAP de retribuciones y recompensas. Utilizando un programa software especialmente diseñado, SAP analiza a sus empleados para determinar “el mayor uso de medicamentos con receta” y las enfermedades médicas más habituales. “Luego dirigimos nuestros programas de bienestar hacia esas áreas. Encontramos que la obesidad aparece como la primera enfermedad en la que podríamos trabajar o mejorar”.

Para contribuir a dichos esfuerzos, la empresa ahora ofrece un gimnasio en sus propias instalaciones y descuentos en varios gimnasios a través de su programa de salud, así como programas adicionales de bienestar. En 2007 SAP pondrá en marcha lo que Shay llama “evaluaciones de riesgos para la salud” y luego trabajará en el diseño de programas a medida para atajar directamente problemas como la obesidad o la alta presión arterial. La empresa tiene pensado conceder incentivos monetarios a aquellos empleados que acepten ser evaluados, y tal vez ofrecer recompensas financieras en 2008 a aquellos cuya evaluación de riesgos para la salud haya mejorado.

Aunque SAP no dispone de estadísticas específicas sobre cómo sus programas han podido reducir los costes sanitarios, Shay afirma que confía en los estudios analíticos existentes, que predicen unas tasas de retorno entre 3 y 5% para los programas de bienestar. “En el largo plazo, digamos un periodo entre tres y cinco años, esperamos ver un significativo descenso de nuestros costes médicos”, dice.

  • A lo largo de la pasada década, la División de Recursos Humanos de la Universidad de Pensilvania ha proporcionado una serie de programas de salud y bienestar para sus académicos y empleados, incluyendo descuentos en las cuotas mensuales de gimnasios, la celebración de ferias de la salud en el campus en primavera para ofrecer información y chequeos médicos, y de seminarios sobre salud y bienestar a lo largo del año sobre nutrición, ejercicio y cómo dejar de fumar.

En el año académico 2006, la División incorporó varios programas para tratar la obesidad. Uno de ellos es un programa de mantenimiento de la actividad física y del peso para las vacaciones llamado “Maintain, Don’t Gain” (“Mantente, no subas”), en el que los participantes consienten en ser pesados antes del Día de Acción de Gracias y de nuevo después de Año Nuevo para animarles a no ganar peso durante las vacaciones. Otras iniciativas incluyen un programa de Weight Watchers (Vigilantes del Peso) en el campus, que da comienzo en la segunda semana de enero, o un programa de paseos en primavera que comienza en Marzo.

Terry Ryan, director de comunicaciones de recursos humanos, también señala que “los planes médicos de la Universidad están muy comprometidos con temas relacionados con la obesidad”. Los planes médicos que se ofrecen a través de la Independence Blue Cross incluyen cobertura de bypasses gástricos, y promete devolver 200 dólares a aquellos miembros que participen con éxito en los programas aprobados de control del peso. Asimismo, el plan HMO Atnea de la Universidad tiene pensado añadir un nuevo programa (Weight Management Discount Program) en sus iniciativas de salud y bienestar, el cual permitirá a los miembros y familiares a su cargo disfrutar de descuentos en los programas y productos Jenny Craig para perder peso.

·         Lorrie Reynolds, director de salud y bienestar de la población en la Independence Blue Cross, señala que los 9.500 empleados de la región posiblemente estén reflejados en las estadísticas nacionales, lo cual significa que más del 50% de la fuerza de trabajo de la empresa de seguros sanitarios tiene sobrepeso o es obesa. Aunque Reynolds afirma que la empresa no ofrece incentivos financieros para que los empleados pierdan peso, existen numerosos programas de reducción de peso (similares a los que la empresa ofrece a sus clientes); grupos de apoyo; chequeos médicos voluntarios para controlar peso, presión arterial y colesterol; recursos online y asesoramiento telefónico para gente que esté intentando perder peso.

“Intentamos de veras adoptar un enfoque integral y no demasiado radical”, dice Olry. Luchar contra la obesidad “es muy difícil. Ofrecemos programas de descuento por participar, pero no están basados en objetivos. Somos conscientes de que supone todo un reto; no es algo en lo que la gente va a tener éxito de la noche a la mañana”.

Zanahorias y palos

Es muy complicado obtener datos fiables para comprobar si estos programas funcionan. Pauly de Wharton advierte que “en los programas para ponerse en forma (fitness) y de bienestar (wellness) que he revisado, en general sus resultados en términos de efectividad son muy diversos”. De hecho, en 2004 dos tercios de las empresas entrevistadas por el National Business Group on Health declaraban que sólo el 25% de sus trabajadores participaban en los programas de fitness existentes; además, no estaba muy claro si los participantes ya estaban antes de participar en buena forma o si su baja forma era crónica. Pauley también advierte que los programas que ofrecen incentivos financieros para animar a los empleados a estar en buena forma frecuentemente son “un tema delicado. Incluso si los presentas como una zanahoria, se suelen transformar en el palo”.

Esto podría ayudar a explicar por qué empresas como Dow Chemical están adoptando un enfoque diferente. Como parte de un estudio elaborado a lo largo de cuatro años financiado por National Institutes of Health, Dow está promocionando el control de peso y la actividad física entre aproximadamente 10.000 empleados en 12 lugares de trabajo localizados en diferentes partes del país. El estudio, titulado “LightenUP” (Aligérate), adopta enfoques e intervenciones medioambientales para complementar los esfuerzos realizados por los programas individuales existentes.

En coordinación con el investigador principal Ron Z. Goetzel de la Universidad de Cornell y el equipo de estudio, Dow quiere trabajar con las empresas de catering y alimentación para reducir la cantidad de productos con alto contenido en grasas y azúcares; poner carteles para animar a la gente a subir por escaleras en lugar de usar el ascensor; ofrecer programas de seguimiento del peso e implementar recorridos y senderos para caminar alrededor de los edificios. “Proporcionar oportunidades para que los empleados desarrollen un estilo de vida saludable en el lugar de trabajo se ha convertido en un objetivo estratégico de la empresa”, dice Goetzel, director del Instituye for Health and Productivity Studies de la Universidad de Cornell.

Karen Tully, responsable de la promoción de la salud integral en Dow, señala que más del 60% de los empleados de Dow en Estados Unidos tienen bien sobrepeso o son obesos. Sin dar datos específicos, Tully afirma que el aumento en Dow del 20% en los costes sanitarios debidos al sobrepeso de sus empleados es similar a la media nacional. Participando en programas como LightenUP, Dow no sólo está “tratando temas de sobrepeso y obesidad”, sino además anticipando retornos significativos de su inversión, sostiene Tully. En opinión de Goetzel, los informes preliminares del estudio indican que, si el programa tiene éxito reduciendo los factores de riesgo de los empleados, la consiguiente disminución de los costes sanitarios corporativos supondría más del doble de la inversión inicial de la empresa en el programa, lo cual según Tully “sería un rendimiento extraordinario”.

Aunque los beneficios potenciales para los individuos y empresas resultan obvios, debajo de la lucha contra la obesidad en el lugar de trabajo subyacen otros factores sobre los que Cappelli considera es necesario reflexionar. ¿Por qué? “Se trata de otra frontera más que se ha cruzado entre la vida de los empleados y los intereses de los empleadores”, dice Cappelli. Que la obesidad sea el centro de atención es particularmente incómodo porque “a diferencia de fumar –que obviamente es malo, no sólo para los individuos que fuman sino también para los que les rodean-, la obesidad no tiene efectos sobre la gente que está a tu alrededor. Sólo te concierne a ti mismo”.

A partir de esta reflexión, señala Cappelli, “se abre la puerta para que los empleadores puedan pensar sobre toda clase de temas relacionados con los empleados que les estén costando dinero. Esta cuestión aún no ha sido examinada formalmente. La gente que trata temas relacionados con la salud [considera que las iniciativas para perder peso]son una cosa buena. Y el reciente interés en luchar contra la obesidad posiblemente permanezca porque no hay nadie criticando las iniciativas desde el lado de los derechos de los trabajadores. Pero si empiezas a meterte en otros aspectos de la vida de la gente, tal vez aparezcan grupos en contra de tales medidas”.

Por ejemplo, en opinión de Cappelli “el próximo paso [en este proceso de intervención corporativa]será la puesta en marcha de actividades que podrían afectarte a ti personalmente y a tus resultados en el trabajo. Algunas profesiones ya prohíben a sus ejecutivos practicar deportes extremos”. Cappelli también señala que de hecho las empresas podrían ya en estos momentos estar influyendo en silencio sobre el tamaño de las familias ofreciendo beneficios en la cafetería que modulan los costes de acuerdo con el número de hijos que reciben prestaciones. “De hecho acabas de crear un incentivo para tener pocos hijos”, sugiere Cappelli. “Nadie ha delimitado aún las fronteras en estos temas porque aún sigue siendo para la gente básicamente un problema abstracto”.

Y añade Cappelli: “Siempre y cuando los empleadores continúen adoptando medidas y nadie ponga objeciones, otras empresas les seguirán”.

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