El desafío de los desechos electrónicos

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El teléfono inteligente promedio pesa alrededor de ciento cincuenta gramos; una tableta, algo menos de 1 Kg. Sin embargo, en 2014, el mundo se deshizo de 41,8 millones de toneladas métricas de productos electrónicos. Esa cifra incluye algo más que los teléfonos inteligentes y computadores portátiles, por supuesto. Los desechos electrónicos, o e-waste, se componen no sólo de teléfonos, computadores, tabletas, televisores, impresoras, escáneres y todo lo digital; también incluye “casi cualquier artículo doméstico o empresarial con circuitos o componentes electrónicos movidos con energía o batería” —todo, desde lámparas a secadoras de ropa— según el informe de la Universidad de las Naciones Unidas, “Global E-Waste Monitor de 2014“. Estados Unidos y China juntos generan cerca de una tercera parte del flujo de desechos a nivel mundial (7,1 millones y 6 millones de toneladas métricas de EE.UU. y China, respectivamente).

¿Qué pasa con toda esta basura electrónica? Sólo el 16% de los desechos electrónicos del mundo fueron reciclados por empresas oficialmente aprobadas por el Gobierno o empresas comerciales en 2014, dice el informe de la ONU. El resto siguió uno de estos tres caminos en el mundo desarrollado:

  • Algunos de los desechos electrónicos acabaron en la basura y terminaron en un vertedero o una incineradora.
  • Algunos fueron recogidos por particulares o empresas privadas fuera de los sistemas oficiales de reciclaje (una parte de esta basura electrónica fue manipulada para su venta o su transformación en materiales separados).
  • Gran parte de lo que quedaba entró en un mercado secundario de electrónica y de materias primas utilizadas en el mundo en desarrollo.

Los detalles de este mercado secundario son turbios. Si bien existen normas internacionales que regulan el reciclaje de residuos electrónicos (se señala en este informe), también hay una gran dosis de actividad ilegal. De hecho, el 90% de la basura electrónica mundial, valorada en casi US$ 19.000 millones, se comercializa ilegalmente o se vierte cada año, según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP). Cuando los agentes de la Interpol comprobaron los contenedores que salían de la Unión Europea en 2013, por ejemplo, encontraron que casi uno de cada tres contenía electrónica ilegal. Ese mismo año, una empresa de reciclaje con sede en Colorado recibió una multa de US $ 4,5 millones, dos de sus ejecutivos fueron encarcelados y se les ordenó el pago de multas y restituciones por el envío ilegal de desechos electrónicos fuera del país entre 2005 y 2008. La mayor parte de lo que enviaron, lo que incluye más de 100.000 tubos de rayos catódicos con un promedio de alrededor de 1,13 Kg de plomo cada uno, fueron a China.

Otra ruta que la basura electrónica puede tomar en el mundo en desarrollo se conoce comúnmente como el reciclaje informal. “En la mayoría de los países en desarrollo, hay un enorme número de personas que trabajan por cuenta propia dedicadas a la recogida y el reciclado de los desechos electrónicos”, señaló el informe de la ONU. “Por lo general trabajan puerta a puerta para comprar desechos electrónicos de los consumidores en el hogar, y luego lo venden a los restauradores y los recicladores. Estos tipos de actividades de recolección informales proporcionan los medios necesarios para que muchos trabajadores no cualificados sufraguen su medio de vida”.

Según John Lingelbach, director ejecutivo de Sustainable Electronics Recycling International (SERI), un grupo sin fines de lucro que gestiona los patrones de reciclaje electrónico R2, el reciclaje informal es un término vago que incluye alguna actividad potencialmente generadora de valor. Él señala que el término se refiere a las actividades que presentan riesgos medioambientales y de salud graves, pero “también se utiliza para las empresas, en la India, por ejemplo, que tienen un edificio en el que están desmantelando la electrónica y luego se envía al sector formal, a las empresas establecidas”. Lingelbach explica que estas empresas se denominan “informales”, ya que son medio clandestinas: no tienen permisos reglamentarios, o permisos de negocios y probablemente no están pagando impuestos”. Citando el potencial de estos recicladores informales para extender la vida de los productos electrónicos usables, Lingelbach dice que SERI ha hecho de la mejora del rendimiento del sector informal parte de su misión.

Robin Ingenthron, consejero delegado de Good Point Recycling en Burlington, Vermont, está trabajando con ese mismo objetivo. Su firma exporta computadores portátiles usados a Ghana. “La gente en Occidente tiende a olvidar que si envía algo a Ghana, el producto tiene un historial de uso mucho mayor que en su país de origen”, explica. “De donde yo vengo, eso es considerado bueno para el medio ambiente”.

El problema, ampliamente documentado en el programa de CBS News “60 Minutes” en 2008 (y citado en numerosas ocasiones desde entonces), es que todo lo que estos recicladores informales no pueden vender por lo general termina en lugares como Guiyu en el sur de China, donde “las mujeres calientan placas de circuitos en una hoguera de carbón, sacan chips y lo vierten en soldaduras de plomo. Los hombres utilizan, literalmente, una receta de ácido medieval para extraer el oro”.

Este tratamiento primitivo de la electrónica del siglo XXI dio lugar a un incremento por seis de los abortos involuntarios entre las mujeres de Guiyu, a niveles poco saludables de plomo en el 70% de los niños y los más altos niveles de dioxina contaminante en el mundo. Trágicamente, escenas similares se pueden encontrar en África —Agbogbloshie en Accra, Ghana, ha aparecido con frecuencia en la prensa— y en otras partes del mundo en desarrollo.

Es complicado

Se han logrado algunos avances. En un momento dado, se estima que el 70% de los desechos electrónicos del mundo pasa a través de Guiyu, pero un informe reciente de Bloomberg BNA, reveló: “lo que en su momento álgido era una bulliciosa ciudad muy contaminada, con 5.000 o más talleres informales de desechos electrónicos y el desmantelamiento de las instalaciones, se ha limpiado como parte de la “guerra china contra la contaminación‘”.

Aunque “aliviado de que la limpieza haya comenzado finalmente”, Jim Puckett, director ejecutivo de la Red de Acción de Basilea, ha expresado su preocupación acerca de donde está yendo toda la basura electrónica del mundo en desarrollo ahora, si ya no va a Guiyu. Según algunos informes, la basura electrónica también está siendo vertida en Taiwán, Hong Kong, Tailandia y otros destinos asiáticos.

Agbogbloshie también parecía estar avanzando en la dirección correcta. El 25 de junio de 2015, Pure Earth, una organización internacional no lucrativa, dio buenas noticias sobre la primera fase de un proyecto piloto destinado a mejorar las condiciones en el lugar sin la eliminación de puestos de trabajo. Se abrió una planta de reciclaje de residuos electrónicos moderna, capaz de extraer cobre de los cables y alambres sin emitir gases tóxicos. Los lugareños seguirán siendo capaces de ganarse la vida como recicladores informales, pero con mucho menor riesgo para su salud.

Pero a pesar de la nueva iniciativa, ese mismo año, el Gobierno de Accra, al parecer, nervioso por la atención internacional sobre el problema de los desechos electrónicos, actuó de forma violenta para cerrar todo el mercado de Agbogbloshie, destruyendo un centro infantil de la zona.

Los residuos electrónicos y la seguridad nacional

El reto de los residuos electrónicos va más allá de las preocupaciones medioambientales y de derechos humanos. En los últimos meses, un enfoque en la seguridad nacional ha despertado el interés en los desechos electrónicos por parte de nuevos públicos. En el pasado, ha explicado John Shegerian, co-fundador, presidente y consejero delegado de Electronic Recyclers International (ERI), la preocupación por los vertidos ilegales tendía a estar dividida de manera “casi ideológica”. Pero cuando el vertido ilegal de desechos electrónicos pone en peligro la seguridad nacional, todo el mundo toma nota. “Nadie quiere que nuestra seguridad interna sea violada”, dijo Shegerian.

La primera amenaza tiene que ver con los datos. Shegerian dijo que representantes tanto del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. y del FBI le han dicho que el Gobierno de Washington hoy en día no tiene forma legal de eliminar sus activos electrónicos. Y cuando la electrónica se elimina de forma indebida, suele ser enviada a China y otros países, donde un gran porcentaje de las veces, dijo Shegerian, “los mejores postores son las personas que son contrarias a los intereses de la patria aquí en Estados Unidos. Y ellos sacan los discos duros de este material, hacen una ingeniería inversa que les permite extraer nuestros secretos y dejan las carcasas en desiertos, océanos y ríos en Afganistán, África, India y otras partes del mundo”.

La segunda amenaza para la seguridad nacional hace referencia a los componentes electrónicos de mala calidad fabricados a partir de la basura electrónica propia de los Estados Unidos. De acuerdo con un informe del Comité de Servicios Armados del Senado de Estados Unidos, hay “pruebas abrumadoras de que un gran número de piezas falsificadas están introduciéndose en sistemas de defensa críticos”. La mayor parte del material utilizado para fabricar estos componentes “es la basura electrónica o ‘ewaste’ enviada de Estados Unidos y el resto del mundo a China”, explica el informe.

A diferencia de los componentes originales, que se fabrican a partir de materiales aprobados bajo estricta supervisión en salas acondicionadas, las piezas falsificadas están hechas de materiales extraídos en lugares como Guiyu en la provincia de Guangdong. “Una vez en la provincia de Guangdong, la basura electrónica puede ser desmontada con la mano, lavada en ríos sucios y secada en las aceras de la ciudad”, señaló el informe. Las partes pueden entonces ser lijadas para ocultar la identificación de números y marcas, y “en un proceso conocido como ‘relleno negro’, las partes superiores pueden ser recubiertas para ocultar las marcas de lijado”.

Los chips de computadores y otros componentes fabricados en estas condiciones han escapado incluso a la detección de observadores entrenados, y han terminado “en los sistemas militares, incluyendo en los visores térmicos entregados al Ejército, en los computadores de misiones para la Agencia de Defensa Terminal de Área a Gran Altitud (THAAD ) y de misiles en los aviones militares incluyendo los SH-60B, AH-64 y los helicópteros CH-46 y los C-17, C-130J, C-27J y P-8A Poseidon”.

La solución a tales falsificaciones, argumenta Shegerian y otros, es la legislación federal que prohibiría la exportación de desechos electrónicos sin procesar, una posición que se detalla en un artículo de opinión en The Wall Street Journal titulado, “Basura fuera, amenaza a la seguridad nacional dentro“. El artículo de opinión, del que es coautor Allen Hershkowitz, científico senior en el Consejo de Defensa de Recursos Naturales y cofundador y presidente de Green Sports Alliance, señaló que la Ley de Reciclaje Electrónica Responsable (RERA), introducida por primera vez en la Cámara en 2013, “prohibiría la exportación de dispositivos no testados, de aparatos electrónicos defectuosos, de manera que los recicladores tendrían que demostrar que los dispositivos están en buenas condiciones de trabajo antes de que pudieran ser enviados al extranjero para su reutilización o donación”. RERA, lamentaba Shegerian y Hershkowitz, “ha avanzado muy lentamente desde que la última sesión del Congreso terminara en 2014”.

No hay una solución simple al problema de los desechos electrónicos. La mejora de reciclaje de EE.UU. es parte de la respuesta, pero se necesitará un esfuerzo internacional para acabar con el comercio mundial no regulado de los desechos electrónicos. La exposición y la erradicación de las terribles condiciones en lugares como Guiyu y Agbogbloshie puede ayudar a salvar vidas, pero tal y como prueba la experiencia reciente en Ghana, las respuestas simplistas pueden ser más nocivas que saludables. Y mientras que las preocupaciones de seguridad nacional están generando un nuevo apoyo a la regulación federal de los desechos electrónicos, RERA ni siquiera ha tenido una audiencia en el Congreso.

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