El dilema energético de Brasil

A principios de septiembre, el consorcio formado por Petrobrás, Repsol y British Gas anunció el descubrimiento de un nuevo yacimiento de hidrocarburos frente a las costas de Brasil. Analistas del sector estiman que el yacimiento podría contener hasta dos millones de barriles de recursos recuperables. Se trata de la última buena noticia acerca de la bonanza petrolífera de Brasil, que ayudará a este país de América Latina a prácticamente duplicar su producción actual de petróleo hasta los 3,8 millones de barriles al día, lo que le convertirá en una potencia energética.

Pero la Cuenca de Santos y la serie de descubrimientos realizados a lo largo de la costa brasileña han suscitado un debate espinoso sobre el papel del Estado en el petróleo y el gas del país, así como las inversiones necesarias para desarrollar plenamente la industria. También está aumentando la preocupación sobre si la creciente importancia del gas y del petróleo en la economía brasileña afectará de alguna manera a los programas de combustibles renovables y alternativos que el Gobierno ha venido desarrollando en los últimos años.

Sin embargo, los expertos coinciden en que el petróleo y el gas proporcionan una gran cantidad de oportunidades económicas en un momento crítico en el desarrollo del país latinoamericano. “Brasil aspira a convertirse en el líder y motor económico de América Latina, y una de las bases de ese liderazgo, sin duda, será la energética. Un parte sustancial del crecimiento del país estará sustentado con el petróleo”, explica Xavier Mena, profesor del departamento de Economía de Esade, en Barcelona, quien sitúa a Brasil como la economía con mayor potencial de las BRIC (siglas de Brasil, Rusia, India y China).

Una oportunidad

Por su parte, Carrillo apunta a que los yacimientos presentan “una oportunidad para el desarrollo” del país latinoamericano. Con los últimos descubrimientos, Brasil tendría unas reservas, según las estimaciones, de unos 100.000 millones de barriles, convirtiendo al país en uno de los principales productores, al nivel de Venezuela y Arabia Saudí y superando a Libia y Nigeria. A través de Petrobrás, el Gobierno brasileño ha decidido tomar el control de la explotación y prospección de petróleo. La estatal brasileña será la única que operará en todos los yacimientos ‘presal’ (los más profundos), pero no cierra la puerta a las compañías extranjeras, aunque en caso de asociación, Petrobrás tendrá una participación mínima del 30%. El motivo por el que Brasil ha decidido tomar el control de sus yacimientos es que pretende invertir los ingresos procedentes de este sector en su propio desarrollo, siguiendo el modelo que Noruega emprendió cuando se convirtió en productor petrolífero. Según el plan del Estado brasileño, parte de los beneficios generados en este sector serán destinados a un fondo de desarrollo, con el objetivo de reducir la pobreza, mejorar los sistemas de salud y educación e implementar la investigación en ciencia y tecnología. 

Desde muchos sectores se espera que en este país comiencen los mismos cambios que en los países del Golfo Pérsico, que vieron su desarrollo impulsado exponencialmente gracias a los hidrocarburos. No obstante, diversificación es una de las prioridades del país. Según Anita Kon, profesora del departamento de Economía de la Universidad Católica Pontificia de Sao Paulo (USP), Brasil no corre el riesgo de convertirse en un país dependiente del sector petrolífero porque “el parque industrial y de servicios brasileño está muy diversificado, así como las exportaciones agrícolas y minerales”. En este punto coincide con Javier Carrillo, director del departamento de Economía del IE Business School, quien reconoce que “como muchos países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Brasil orientará los ingresos procedentes del petróleo a otros sectores”. De hecho, el propio presidente del país ya ha anunciado que Brasil no se convertirá en un mero exportador de crudo, sino que se centrará en los derivados, gracias a importantes inversiones en el sector químico.

Uno de los principales problemas es la inestabilidad política de la región. Mena afirma que “Brasil despertó muchas dudas con la llegada del izquierdista Lula da Silva al poder (en 2003), pero con el tiempo, ha demostrado llevar una política económica muy ortodoxa”, y le reconoce el mérito de haber “institucionalizado mucho” la economía de su país. La inversión en energías renovables se ha convertido en bandera de su política, pero también ha sabido sacar provecho de los recientes yacimientos”.

El profesor del departamento de Economía de Esade compara esta situación con la ocurrida en México, en relación a Pemex, y destaca la importancia de la presencia internacional en Petrobrás: “La nacionalización de la petrolera mexicana en tiempos de Lázaro Cárdenas (1938) fue la primera que se realizó unilateralmente, cancelándose las concesiones a empresas extranjeras, a cambio de una indemnización. Pero, por sí sola, Pemex y el Estado Mexicano no han podido hacer frente a las costosas inversiones que requieren las exploraciones en capas profundas”. Por este motivo, Carrillo vaticina de aquí a diez años, México dejará de producir, aunque reconoce que “el Gobierno está intentando cambiar esta situación”.

Perspectivas lejanas

Aunque se le ha dado mucha importancia en los medios de comunicación a estos descubrimientos, lo cierto es que están lejos de comenzar a ser explotados. La profundidad a la que se encuentran hace muy complicada la extracción para la que se necesitan enormes inversiones. Según Kon, “la creación de riqueza gracias a este sector es una cuestión muy compleja, ya que las expectativas de producción son para dentro de 10 a 15 años”. En este punto coincide Xavier Mena, quien reconoce que “la difícil situación de las bolsas de petróleo encontradas hace que, como muy pronto, sea comercializado dentro de 7 u 8 años”.

La inversión necesaria en tecnología, ya anunciada por el Gobierno brasileño, ha sido criticada ya que, como explica Anita Kon, “lo que está siendo altamente cuestionado por los especialistas en Brasil, es el hecho de que el plan de explotación del petróleo ‘presal’ deberá estar acompañado de altos costes debido a las inversiones en la construcción de una infraestructura energética específica, que deberá traer resultados dentro de 10 años y, hasta entonces, el mundo tal vez ya haya estructurado el consumo energético a través de otros tipos de energías renovables y la base de la producción energética de los distintos países, para entonces, puede no estar basada en el petróleo”. Por este motivo, Kon apuesta por destinar esas gigantescas inversiones (estimadas en unos 210.000 millones de euros para los próximos 10 años) para el fomento de las energías renovables. Sin embargo, Javier Carrillo discrepa con la profesora de Economía de la USP, y declara que “los hidrocarburos está llamados a ser la principal fuente de energía durante mucho tiempo”.

Para que estos yacimientos sean rentables, Mena establece un mínimo de 70 dólares el barril en el precio del petróleo. Aunque con la llegada de la crisis, que produjo una contracción de la demanda, y por tanto un descenso en el precio del petróleo, se prevé un aumento con la llegada de la recuperación económica. Javier Carrillo establece que con el ascenso del consumo en Estados Unidos y China, el barril volverá a superar ampliamente los 100 dólares.

Al contrario de lo que sucede en los países vecinos, la estabilidad política y económica convierten a Brasil en un potencial exportador de petróleo neto y fiable. En opinión de Carrillo, “parece poco probable que Lula decida nacionalizar los recursos naturales del país, ya que se ha logrado una gran estabilidad regulatoria”. Aunque no se presenta a la reelección el año que viene, ninguno de los candidatos parece firme detractor de la explotación de los hidrocarburos, aunque Xavier Mena afirma que la candidata del Partido Verde (Marina Silva), antigua ministra de Medio Ambiente, está ganándose el favor popular.

Medio ambiente

Independientemente de quién gane la elección, la política de hidrocarburos no será el único centro de atención del Gobierno. La boyante industria de energías alternativas del país despierta atención. De hecho, este país también es uno de los principales productores de bioetanol del mundo, mediante la caña de azúcar. Buena parte de su parque automovilístico emplea este combustible como carburante, un sector muy competitivo a nivel mundial. Para este año, se prevé una producción récord de biocombustible, que rondará los 28.600 millones de litros.

Pero no solamente en este campo el país está a la vanguardia mundial. El 70% de su producción eléctrica proviene de fuentes de energía hidroeléctrica. Por este motivo, Carrillo no cree que el descubrimiento de los nuevos yacimientos de petróleo y gas perjudiquen la política energética de Brasil en lo que respecta a las llamadas energías limpias: “la capacidad instalada en energías renovables y en biocombustibles hace muy improbable que el petróleo tome el papel que hasta ahora tienen las fuentes alternativas. De ser así, se verían comprometidas inversiones multimillonarias”.

El presidente brasileño ya ha anunciado una futura ley que prohibirá la plantación de caña de azúcar, materia prima del bioetanol, en zonas protegidas como la Amazonia. Sin embargo, grupos ecologistas muestran su preocupación en los medios ante la futura actividad petrolífera del país. Como afirma Carrillo, Brasil no está sometido a unos límites en la emisión de dióxido de carbono a la atmósfera, debido a su condición de país en vías de desarrollo. Pero la actividad de extracción y refino del crudo de la capa ‘presal’ supone un reto para el gobierno de Lula, abiertamente defensor del ecologismo.

Por el momento, han decidido continuar con los planes previstos de inversión y explotación de los yacimientos. No obstante, parte de los ingresos generados irán destinados a mitigar los efectos perjudiciales para el medioambiente, derivados de esta actividad. Petrobrás, por su parte, está invirtiendo en proyectos para inyectar el CO2 en el subsuelo, evitando la contaminación de la atmósfera, una tecnología que, por otro lado, tardará años en resultar viable. Si el legado de Lula permitirá que ambos lados de la industria energética se desarrollen en armonía está por ver, pero dados los beneficios potenciales para el país, muchos creen que vale la pena intentarlo.

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