El estilo de liderazgo de Obama, en entredicho

Ya han transcurrido más de seis meses desde la toma de posesión de Obama. Son muchos los temas de la agenda del Presidente que siguen sin resolver mientras se empieza a cuestionar la efectividad de su estilo y estrategia de liderazgo. Sus detractores sostienen que su agenda es demasiado amplia y que está cediendo demasiada autoridad al Congreso. Pero expertos en liderazgo de Wharton sugieren que, dada la magnitud de los retos heredados por el Presidente al jurar su cargo, este enfoque no sólo podría ser adecuado sino también necesario.

Intentando poner en marcha una reforma general del sistema sanitario y financiero, gastando miles de millones de dólares para estimular la economía y simultáneamente reducir su impacto sobre el medioambiente o criticando una guerra mientras cada vez se tiene más presencia en otra, muchos detractores temen que el Presidente esté abordando demasiados problemas al mismo tiempo. Así, Obama está ignorando el legado dejado por los antiguos presidentes de Estados Unidos, los cuales solían prestar toda su atención a unos pocos temas; ese fue el caso por ejemplo de Ronald Reagan, que en su primer año se centró exclusivamente en su plan de recortes fiscales y medias relacionadas, mientras dejaba en un segundo plano otros asuntos, como es el caso de los relacionados con la Guerra Fría.

Son muchas las voces conocidas que sostienen que durante este primer año de presidencia Obama debería centrarse en la recesión económica; otros asuntos clave pueden esperar. Una de estas voces es la del multimillonario y gurú de inversiones Warren Buffett, simpatizante de Obama, que ha hecho declaraciones tales como: “No puedes esperar que los ciudadanos te apoyen unánimemente mientras estás intentando hacer que traguen a la fuerza un montón de cosas”. Obama y sus asesores obviamente no están de acuerdo, y creen que una crisis económica es una oportunidad única para realizar grandes retos en el ámbito político. “No podemos permitirnos el lujo de elegir entre hacer que nuestra economía funcione ahora o reconstruirla a largo plazo”, explicaba el Presidente hace unos meses.

Atención centrada durante cortos periodos de tiempo

“Sabemos que el periodo de tiempo durante el cual prestamos toda nuestra atención es limitado; en cuanto nos centramos en un tema [desviamos nuestra atención] de otros objetivos o temas”, sostiene el profesor de Gestión de Wharton Adam M. Grant. “Pero los líderes pueden evitarlo desarrollando un concepto amplio y unificador” y luego mostrando como cada parte de su programa encaja dentro de un objetivo bien comprendido.

Michael Useem, profesor de Gestión de Wharton y director del Center for Leadership and Change Management, sostiene que un criterio clave de liderazgo presidencial es osadía a la hora de enfrentarse a problemas más complicados; y en eso Obama obtiene una nota muy alta por el momento. Cualquiera que quiera tener éxito en la presidencia de Estados Unidos “debe estar dispuesto a adoptar grandes decisiones, meterse en el juego, abordar esos temas controvertidos que a menudo implican grandes conflictos y presiones y además aceptar toda clase de consejos. Pero también es fundamental que no tome decisiones precipitadas ni se quede totalmente paralizado”.

Useem cree que el enfoque adoptado por Obama ante el sistema sanitario –cediendo al Congreso un papel fundamental en el diseño del plan y adoptando una postura bastante laxa en cuanto a los detalles-, es ejemplo de otra de las importantes características de liderazgo que posee el nuevo Presidente: Pragmatismo. “Si miras hacia atrás y observas el proceso electoral verás que el sistema sanitario fue un tema relevante en muchos de los estados donde consiguió la mayoría de los votos; y eso es algo que el Presidente no ha olvidado. Pero escasea en ideología y abunda en pragmatismo”. Useem sugiere que el estilo de gestión de Obama es de naturaleza prácticamente militar, comparable a recurrir a los conocimientos y experiencia de los comandantes de campo de primera línea para desarrollar tácticas necesarias para lograr una estrategia más general.

Stewart D. Friedman, profesor de Gestión de Wharton que asimismo dirige Wharton Work/Life Integration Project, sugiere que aquellos que sostienen que Obama está abordando demasiados temas ignoran la realidad de los problemas –no sólo de la economía, sino también de las guerras de Afganistán e Irak-, a los que hizo frente desde el mismo momento en que juraba su cargo. “En pocas palabras, si observas la magnitud de los retos a los que nos enfrentamos en este país, Obama no tuvo elección. ¿Cómo rechazar alguno de ellos? ¿Cómo dejar a un lado el sistema sanitario o asuntos de política exterior? Creo que su reto es que cada pieza de su agenda de liderazgo encaje dentro de un paquete unificado”.

El propio Obama ha citado a dos ex-presidentes como modelos de liderazgo: Abraham Lincoln, que impulsó el proyecto de la línea de ferrocarril transcontinental incluso durante la Guerra Civil, y Franklin Delano Roosevelt, el cual, con la excusa de luchar contra la Gran Depresión, abordó temas tan importantes como la red eléctrica (fundando la Tennessee Valley Authority) o los problemas de los ciudadanos de edad avanzada (creando la Seguridad Social).

Falta de visión clara

No obstante, Alvin Felzenberg, profesor de la Escuela de Comunicaciones Annenberg de la Universidad de Pensilvania y autor de un libro sobre los presidentes estadounidenses titulado The Leaders We Deserved -and a Few We Didn’t-, (Los líderes que nos merecimos –y los que no-), afirma que Obama hasta el momento aún está bastante lejos de los presidentes más admirados por su liderazgo; así, Felzenberg sostiene que la falta de una visión clara para su administración ha sido el principal motivo.

Felzenberg –que ha trabajado como asesor de varios republicanos moderados, incluyendo el ex gobernador de Nueva Jersey Tom Kean-, cree que la decisión de Obama de conceder al Congreso un papel más activo en la redacción y el debate de cuestiones clave de su plan para los servicios sanitarios ha provocado cierta confusión difícil de explicar a los escépticos contribuyentes estadounidenses. “El Presidente necesita tomarse unas largas vacaciones, y necesita coger un cuaderno, sentarse fuera de la vista del público y preguntarse a sí mismo… si quiere que la historia recuerde su presidencia después de cuatro años o después de ocho”. Teniendo presente que el Presidente Dwight Eisenhower aún es aclamado por haber puesto en marcha el sistema interestatal de autopistas en los años 50, Felzenberg señala que el paquete de estímulo económico de 787.000 millones de dólares destina únicamente el 11% a financiar proyectos como carreteras y puentes, dedicándose el resto a recortes fiscales, gobiernos locales y otros objetivos.

No obstante, el profesor Grant cree que existen grandes oportunidades para Obama, pero sólo si el Presidente se esfuerza en demostrar que problemas como el sistema sanitario y la economía están interrelacionados, y cómo estos programas surgen de valores más elevados que él comparte con el pueblo estadounidense. “Es muy difícil cambiar los valores y actitudes de la gente”, dice Grant, “pero es posible conseguir cambios conectándolos a valores y actitudes que la gente ya posee”.

Grant añade una advertencia: Es más fácil llegar a esos valores abstractos –nociones de libertad y justicia por ejemplo-, empleando ejemplos muy concretos del día a día con los que los estadounidenses se puedan identificar. De hecho, en esto Reagan fue todo un pionero, invitando a soldados o a abogados sin hogar a asistir al State of the Union Address (discurso anual pronunciado por el Presidente y dirigido al Congreso) y haciendo alusión a sus logros.

El liderazgo se adquiere fuera

Grant sugiere que Obama debería trabajar públicamente con expertos para que sus programas ganasen confianza; por ejemplo un general para que hable sobre la situación en Afganistán o respetables doctores que respalden su reforma sanitaria. “Existen estudios que muestran que el liderazgo puede adquirirse fuera”, señala Grant añadiendo que los estadounidenses han demostrado responder mejor a los mensajes de gente que “cuenta con experiencia de primera mano o experta en el tema”.

No obstante, al comprar en el exterior también podría desaparecer lo que los expertos consideran una de las mayores fortalezas de Obama como líder: su propia capacidad para hablar largo y tendido sobre temas complejos de un modo inteligente, racional e incluso tranquilizador. El profesor Friedman cree que la naturaleza “balsámica” de Obama como orador podría explicar su atractivo más que cualquier otra capacidad para simplificar el mensaje. “Su sentido de la competencia, su calma y sus modos pragmáticos -gracias a los cuales hasta hoy ha conseguido hacer muchas cosas-, han proporcionado a la gente mucha confianza”, dice Friedman mientras describe a Obama como “imperturbable”.

Useem señala que, según David Gergen, que ha asesorado a cuatro presidentes, uno de los elementos más importantes del liderazgo presidencial es la ambición, no de tipo personal, sino ambición por tu país. “Como presidente, Barack Obama es muy ambicioso. Conocemos la lista, la letanía de objetivos que intenta abordar, como el sector sanitario, la recuperación económica, poner fin a dos guerras o modificar el funcionamiento del sistema legal y del Congreso”.

Atacar tantos frentes durante estos seis primeros meses no deja de ser, en opinión de Useem, un emblema de otra cualidad esencial de liderazgo: la adopción de riesgos. Obama no oculta haber estudiado a los antiguos líderes –en especial a Roosevelt y Lincoln-, pero debe tener cuidado para no ser acusado de intentar copiar o imitar a alguno de los ex–presidentes. “Si da la sensación de estar intentando emular a otra persona a la gente no le va a gustar”.

Pero tanto Useem como Friedman creen que la autenticidad de Obama –y esa apariencia de estar a gusto con su persona-, ha sido hasta el momento uno de sus puntos fuertes.

Friedman -autor de Total Leadership (Liderazgo Total), un libro sobre cómo integrar trabajo y vida familiar-, también está impresionado por el modo en que Obama se presenta a sí mismo como padre y marido normal que todavía sale con su mujer Michelle a cenar. Según Friedman, esa imagen de verdadero hombre de familia podría ayudarle a conquistar a la opinión pública. “Tiene humanidad; es capaz de reírse de sí mismo. Esta es una cualidad fundamental para generar confianza, ya que el único modo que tienen los líderes para conseguirlo es trasmitiendo autenticidad”.

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