El impacto social, político y económico del terremoto en Chile

Varias comunidades costeras, puertos y grandes ciudades devastadas fue el saldo del terremoto de 8,8 grados en la escala de Richter y posterior tsunami que azotó a la zona centro-sur de Chile, la madrugada del pasado 27 de febrero, dejando un saldo de más de 479 personas fallecidas y 497 desaparecidos, según las últimas cifras oficiales.

Al día siguiente de la catástrofe, el Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet reconoció públicamente que se había cometido un error y que no se entregó información oportuna que advirtiera de un posible tsunami tras el terremoto, por lo que no se generó la respectiva alerta a las autoridades marítimas y acabo cobrándose cientos de vidas. Se trata de un serio revés para la gestión de la primera mandataria, quien mañana 11 de marzo traspasará su cargo al Presidente electo, Sebastián Piñera, poniendo fin a los 20 años de liderazgo político de la coalición de centro-izquierda, denominada Concertación.

Pero eso no fue todo. El devastador sismo y la fuerza de las gigantescas olas -que en algunas localidades costeras alcanzaron los 20 metros de altura-, hicieron colapsar las comunicaciones -tanto de red fija como celular-, al igual que los servicios de agua, luz y gas, en el centro y sur del país por varios días. Los sobrevivientes de las zonas más afectadas tuvieron que esperar días para que arribaran los equipos de rescate y de atención médica con agua, alimentos y ropa.

Errores de gestión

El caótico escenario inmediatamente generó una lluvia de críticas por parte de la sociedad civil hacia la autoridad, por su tardía respuesta frente a la emergencia nacional. “Los chilenos pensábamos que las instituciones estaban mejor preparadas que lo que pudimos ver. La gestión del manejo de la crisis fue peor de lo que hubiésemos esperado”, asevera Juan Sebastián Montes, profesor de Estrategia y Sociología Económica de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Si bien el académico aclara que ningún país está lo suficientemente preparado para enfrentar un terremoto de 8 grados, “sí hay naciones que están mejor preparadas que otras, como lo demuestra la gran destrucción en Haití, tras haber experimentado recientemente un terremoto de menor magnitud que el de Chile”. El sismo en Haití tuvo una intensidad de 7 grados en la escala de Richter, según el Servicio Geológico de Estados Unidos.

Y aunque a juicio de los especialistas chilenos, el daño estructural en el país fue menor respecto al registrado en Haití, Chile aún tiene mucho que avanzar en lo relativo a medidas de prevención ante episodios de este tipo. “No hay un sistema seguro de prevención contra tsunamis”, comenta Hans Niemeyer, profesor del Departamento de Ciencias Geológicas de la Universidad Católica del Norte, añadiendo que “fue más valiosa la sabiduría de algunas personas, que supieron correr a tiempo hacia los cerros en los sectores costeros, una vez ocurrido el terremoto”.

La titánica tarea de la reconstrucción

El consenso entre los expertos consultados es que el cambio de Gobierno no tendría por qué afectar el manejo de la crisis en las próximas semanas. De hecho, Sebastián Piñera ha sostenido varias reuniones de trabajo con Bachelet, y ya nombró a los nuevos intendentes -autoridades regionales con un perfil más técnico que político- de las regiones más impactadas por el terremoto. No cabe duda de que a la nueva administración de Piñera le espera una tarea titánica y deberá transformarse en un Gobierno de “reconstrucción nacional”, tal y como lo describe Niemeyer.

Y afirma que “siendo un país de larga geografía, la nueva autoridad política deberá reforzar la conectividad norte-sur, a través de nuestra columna vertebral que es la carretera 5 Sur y que resultó con serios daños. Definitivamente, se deberá poner el énfasis en construcciones antisísmicas. No puede ser que Chile se quedara sin tráfico aéreo, porque se colapsó el aeropuerto internacional de Santiago. Esas situaciones no deben volver a repetirse a futuro, ni con las carreteras, ni con los hospitales, ni con los aeropuertos”.

Así, en opinión de los expertos, Piñera tendrá que olvidarse de las promesas económicas hechas durante su campaña electoral -mejores sueldos y menos delincuencia, entre otras-, y atender de forma urgente ciertas prioridades, como la gran cantidad de personas que quedaron sin casas, especialmente en las áreas más golpeadas por la catástrofe. “Como muchas personas perdieron sus viviendas, se va a producir una situación de hacinamiento importante, que tiene que ser resuelta en el corto plazo”, señala Rodrigo Morrás, profesor de Dirección Organizacional de Servicios de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Pero el terremoto no sólo produjo un significativo impacto económico en la infraestructura del país, también han habido repercusiones sociales importantes, tales como la pérdida de la calidad de vida de los ciudadanos, a raíz de la destrucción de propiedades y bienes materiales. Incluso, ya se habla en Chile de un “terremoto social”. Morrás dice que “el daño en los bienes de las personas, particularmente aquellas que habitaban en las zonas costeras de mayor desastre, es de difícil recuperación, ya que hay que considerar que éstos son grupos sociales más modestos, con menos recursos y que tienen menor acceso a redes de influencia para recuperar sus activos”.

Además, en esas localidades costeras -regiones sureñas de O`Higgins, El Maule y Bío Bío-, había muchos microempresarios que ahora tendrán que partir de cero, agrega el profesor. “Estamos hablando de pescadores, transportistas y comerciantes que perdieron lanchas, camiones, hoteles, restaurantes, etc. En otras palabras, desapareció el progreso conseguido tras varios años de explotar una zona con interesantes atractivos turísticos. A estos microempresarios les va a costar tiempo recuperarse, por lo menos unos dos o tres años”.

A pesar del poco alentador panorama, Morrás no descarta la posibilidad de que en el corto plazo, dichas regiones sean el destino de inversiones más eficientes y de mayor envergadura, debido a su atractivo turístico.

Los efectos económicos de la catástrofe

Algunos analistas internacionales han planteado que el terremoto podría retardar la marcha de la economía chilena durante 2010, que inicialmente contaba con una proyección de crecimiento del 5,5% para este año, y que Piñera prometía acelerar mediante un contundente programa de Gobierno.

Para Montes un sismo de 8 grados es sinónimo de pérdida de capital, inventarios y productividad, en síntesis “una pérdida neta, cuyo impacto es aún prematuro de cuantificar y que, con seguridad, se irá reflejando en las cifras trimestrales. Además, es muy probable que aumente el gasto fiscal, con lo cual será muy difícil predecir cual será el efecto de la catástrofe en los índices de crecimiento económico”. Por eso, aunque las primeras estimaciones señalan que los daños ocasionados por el terremoto podrían costarle a Chile cerca de 30.000 millones de dólares, lo que equivale a cerca del 15% de su PIB, en su opinión, la cifra podría llegar a ser aún más elevada.

En cambio, Matías Braun, profesor de Mercado Financiero y Desarrollo Económico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez tiene una visión bastante menos alarmista del costo monetario del sismo. “Aunque las pérdidas generadas por la catástrofe son cuantiosas, generalmente se exagera a la hora de estimar su valor”, dice el profesor. “Yo situaría la estimación en un máximo de entre 4.000 y 8.000 millones de dólares, y mi estimación estaría dividida de la siguiente manera: 2.500 millones de dólares en construcciones habitacionales -equivalentes a la destrucción del 20% de los hogares en las zonas más afectadas-; 1.500 millones de dólares en construcciones comerciales e industriales; 2.000 millones en infraestructura vial y portuaria; 500 millones de dólares en maquinaria y equipos; y otros 500 millones en inventarios perdidos”.

Incluso, Braun adelanta que el terremoto tendría un impacto positivo en el empleo – fruto del proceso de reconstrucción- y en el crecimiento del país “debido a un mayor crecimiento porcentual del PIB de entre un punto y un punto y medio, durante dos años y como efecto neto de la pérdida de capital y la consecuente reconstrucción”. Aunque aclara que, por el lado monetario, se tendría que registrar un aumento transitorio en los precios de alrededor del 2% en los siguientes meses, “mientras que las repercusiones en el tipo de cambio, debieran ser bastante menores”.

Rafael Romero, profesor de Finanzas Corporativas y Valorización de Empresas de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, comparte la proyección de Braun, señalando que “es necesario reconstruir, por lo que la actividad económica debería remontar, liderando el crecimiento las actividades de construcción e inversión en obras públicas. El mercado financiero ya ha reaccionado, mostrando alzas en las acciones de las empresas abocadas al rubro de la construcción y de insumos para la construcción, como por ejemplo, las compañías productoras de cemento”.

El mejor ejemplo es Cementos Melón, que experimentó una ganancia de hasta un 251% en el valor de sus acciones durante las últimas jornadas en la Bolsa de Valores de Santiago, seguida del Grupo Polpaico (44%), una de las principales compañías fabricantes de cemento y hormigón del país.

Acciones de inmobiliarias y constructoras por el suelo

Las acciones que cayeron en picado tras el terremoto, fueron las de las inmobiliarias y constructoras, después de que el mercado fuera testigo de la destrucción de edificios nuevos y el daño estructural en otros tantos de no más de tres años de antigüedad y que ahora hay que evacuar por riesgo a un derrumbe.

Algunos expertos se han sorprendido por los derrumbes de edificios modernos y han cuestionado los controles a la norma chilena antisísmica, que de acuerdo con la Cámara Chilena de la Construcción, asociación gremial de la industria en el país, parte de la base de que los edificios deben construirse considerando la eventualidad de un terremoto de grado 8.

“Algunas compañías están logrando evitar dichos controles”, afirma Felipe Aguilera, profesor del Departamento de Geología de la Universidad de Atacama, en el norte de Chile, “de lo contrario no se explica este grado de destrucción en edificios nuevos, a diferencia de otros que están en excelente estado después del terremoto”. El caso más emblemático es el del edificio Milenium, emplazado en pleno corazón de negocios de Santiago y que con sus 30 pisos, soportó hidalgamente los embates del sismo.

Ante esta realidad, las empresas aseguradoras tendrán que desembolsar una considerable suma de dinero para compensar los daños. Recientemente, el presidente del gremio chileno de las firmas aseguradoras, Mikel Uriarte, declaró a través del diario chileno El Mercurio que, hasta el momento, el monto total a pagar ronda los 4.000 millones de dólares.

En tanto, la principal industria exportadora de Chile, la cuprífera, habría salido ilesa del mortal sismo que se prolongó por casi tres minutos. Si bien a los pocos días de ocurrido el terremoto, el precio del cobre alcanzó los US$3,32 la libra -lo que representa una alza del 4% comparado con los US$3,20 la libra registrados antes del terremoto-, impulsado por rumores de mercado que aseguraban que Chile no iba a ser capaz de cumplir con sus compromisos de exportación, los académicos han descartado por completo este escenario.

“La producción de cobre no se verá afectada, debido a que las principales minas de este metal se encuentran en el norte del país, a las cuales el terremoto no ha afectado”, comenta Niemeyer. Y añade: “Chile está en perfectas condiciones de cumplir con sus obligaciones de exportación”. Aunque varios puertos en el sur del país resultaron con daños estructurales, el complejo portuario de Valparaíso –desde donde salen las exportaciones de este material- está operando sin problemas, según ha informado la prensa local.

En cambio, Montes afirma que hay otras industrias exportadoras que sí resultaron con serios daños en su producción, tales como la agrícola y la pesquera, debido a la destrucción de cosechas y la flota pesquera, respectivamente.

Las lecciones que deja el terremoto

Ante todas las repercusiones del terremoto, hoy Chile saca varias lecciones del lamentable episodio, siendo a juicio de Morrás una de las principales, la importancia de la rapidez en la detección de tsunamis y posterior alerta, junto con la educación a la población sobre cómo debe comportarse ante un terremoto, “ya sea se esté en casa, dentro del auto, en la calle, en la costa o en un departamento a gran altura”.

“También hay que mejorar las redes sociales y comunitarias, como juntas de vecinos en comunidades, edificios y barrios, con el fin de que se puedan constituir en una red de comunicación y contención. Esto porque la larga geografía de nuestro país hace muy probable que las localidades queden aisladas, después de un sismo de gran envergadura”, indica.

“Hay que destacar que el terremoto produjo un deterioro moral en la ciudadanía, fruto de la tardía respuesta de la autoridad frente a la catástrofe. La lenta respuesta generó un escenario de desorden y caos, que potenció acciones como robos y saqueos a supermercados y centros comerciales, y que a su vez se legitimaron frente a la necesidad de alimentos, agua y otros productos básicos. En consecuencia, la rápida y efectiva respuesta por parte de las instituciones, es otra gran lección que hay que rescatar”, concluye Morrás. 

Al cierre de esta edición las principales empresas del país se habían unido junto a instituciones de gobierno, bancos, ONG`s, medios de comunicación, artistas y ciudadanos, en una campaña nacional de solidaridad, llamada “Chile ayuda a Chile” que incluyó la participación de la Presidenta Bachelet y Sebastián Piñera. Tras una jornada de 25 horas se logró recaudar 30.200 millones de pesos (unos 59 millones de dólares), que serán destinados a la construcción de viviendas de emergencia y escuelas, una prueba de que la nación puede sobreponerse aún más rápido de lo que jamás imaginó.

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