El negro horizonte de los planes de pensiones en España

“Los planes de pensiones son la mejor herramienta de ahorro a largo plazo” o deje que un experto gestione sus fondos”, son algunas de las frases publicitarias que utilizan los fondos de pensiones españoles. Pero a la vista de los resultados de un reciente estudio llevado a cabo por Pablo Fernández, profesor titular de la Cátedra PricewaterhouseCoopers de Corporate Finance del IESE, y Vicente J. Bermejo, Research Assistant del IESE, los inversores no deberían dejarse seducir por lo que aparentemente son sólo palabras.

 

El estudio titulado “Rentabilidad de los Fondos de Pensiones en España 1991-2007 deja en evidencia la rentabilidad de este tipo de productos frente a la inflación, los bonos del estado y la bolsa española. En concreto, señala que, en los últimos 10 y 17 años, la rentabilidad media de los planes de pensiones fue inferior a la inversión en bonos del estado. “Sólo dos de los 170 planes con 17 años de historia tuvieron una rentabilidad superior a los bonos”. La comparación con el Índice de la Bolsa de Madrid es igual de “decepcionante”, ya que ninguno de los 170 planes con 17 años de antigüedad la supera en rentabilidad. Tan sólo, “tres de los 511 planes con 10 años de historia; dos de los 1597 con cinco años de historia y dos de los 2007 planes con tres años de historia tuvieron una rentabilidad superior” al selectivo español.

 

A pesar de estos resultados, los españoles no parecen muy preocupados por los escasos beneficios que les proporcionan estas inversiones y cada vez son más los que confían en que los planes de pensiones les permitirán disfrutar de sus “años dorados” con cierto desahogo económico. Las razones que los llevan a invertir en estos fondos son, en un 60% de los casos, acumular ahorro para la jubilación, un 32% lo hace por la desgravación fiscal y un 31% por la rentabilidad financiera, explican los profesores en el estudio. Tanto es así que, el 31 de diciembre de 2007, 10,4 millones de personas, cuatro veces más que hace 10 años, tenían un patrimonio de 86.600 millones de euros en 3185 planes de pensiones.

 

Y es que, tal y como comenta el profesor del IESE a Universia-Knowledge@Wharton, aunque algunos inversores ya conocían los resultados de este estudio por experiencia propia, algunos se sorprenden al conocerlos, sobre todo por cómo se publicitan estos fondos. Éste es el caso de una persona que envió el siguiente comentario a los autores tras leer la versión anterior de este trabajo: “Me han sorprendido mucho los resultados; pues creía que la rentabilidad obtenida era muy superior a la real. Los contribuyentes se centran en las ventajas fiscales (asociadas a tener un plan de pensiones) sin realizar un estudio previo en profundidad de los rendimientos de dicha inversión”. En este sentido, Fernández dice que, “salvo pocas excepciones, invertir en estos planes de pensiones se trata de una inversión muy poco afortunada”.

 

Comisiones, distribución de la cartera y gestión activa

¿Pero a qué se debe el pobre resultado global de estas inversiones? En primer lugar, “se cobran elevadas comisiones que, de media, son entre un 1% y un 2% y, en algunos casos, incluso alcanzan el 2,5%. Esta cantidad, año tras año, es un dineral”, explica Fernández. Según datos de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones, en 2007, un 36% de los fondos cobraban comisiones de gestión comprendidas entre el 2% y el 2,5% del patrimonio y un 24% de los fondos cobraban comisiones de entre el 1,5% y el 2%. Las comisiones de los fondos llegaron a alcanzar, en 2007, 1.000 millones de euros.

 

En opinión del profesor del IESE, los datos de rentabilidad obtenidos en el estudio indican que la mayoría de los gestores no se merecen las comisiones que cobran, ya que, “cuando un inversor entrega su dinero a una gestora de fondos para que se lo gestione, espera obtener una rentabilidad superior a la que obtiene él sin conocimientos especiales” y de ahí que esté dispuesto a pagar ciertas cantidades por ello.

 

Pero contratar a un gestor no es garantía de nada. En los últimos 10 años, el 66% de los fondos del sistema individual (promovidos por una o varias entidades financieras, de crédito o compañías aseguradoras y contratados por personas físicas) obtuvo una rentabilidad inferior a la inflación y el 95% obtuvo unas ganancias por debajo del 5,76% (la de los Bonos del Estado a 10 años). Entre los propios fondos, las diferencias de rentabilidad son notables. Por ejemplo, de los 128 fondos de renta variable mixta (hay seis categorías: renta fija a corto plazo, a largo plazo, mixta, etc.) con cinco años de historia, el fondo más rentable obtuvo un 17,22% mientras que el menos rentable obtuvo un 0,13%.

 

Y es que las comisiones son sólo culpables, en parte, de la pobre rentabilidad de esto planes. En el trabajo, los autores llaman la atención sobre los activos en que están invertidos los fondos de pensiones. “No se explica que más de la mitad (el 64,6%) de los fondos (en 2007) estén invertidos en renta fija y tesorería”, dice Fernández. ¿Qué sentido tiene que una persona con menos de 60 años tenga un fondo de pensiones en renta fija a corto plazo? ¿Y en renta fija a largo plazo?, escriben.

 

Fernández hace referencia, por otro lado, a la gestión activa como un factor más de los escasos beneficios que proporciona este producto financiero. Es decir, aquella en la que el gestor realiza frecuentemente compras y ventas de manera que cambia la composición de la cartera. “Andar comprar y vendiendo cosas te da menos rentabilidad al fondo porque se generan más comisiones”, comenta. El estudio señala, además, que con los datos que proporcionan la mayoría de los fondos españoles “es imposible saber si la gestión activa ha generado valor para sus partícipes (titulares de los planes de pensiones), aunque sí que ha generado valor para los departamentos de bolsa que realizaron las compras y ventas de valores (cobraron comisiones que pagaron los partícipes)”.

 

Los autores recomiendan que los fondos de pensiones informen a sus partícipes de las transacciones efectuadas y la cuantía de las comisiones que se pagaron, ya que la mayoría no lo hace. Por otro lado, también consideran interesante que los fondos proporcionen el dato de la rentabilidad que habrían obtenido si no se hubiera movido la cartera: “así sí sabríamos exactamente qué valor aportó (más bien, restó en la mayoría de los casos) la gestión activa”.

 

Pero España no es el único país que exhibe unos datos tan pobres. En el trabajo, los profesores del IESE comparan el caso español con otros estudios sobre fondos de inversión realizados en otros lugares, como EEUU o Inglaterra, en los que se llegan a conclusiones similares salvo por dos grandes diferencias: “en casi todos los países, los fondos quedan de media un poquito peor que lo que sería invertir directamente en bolsa, etc., pero la diferencia suele ser más pequeña de la que hay en España. Por otro lado, el porcentaje de fondos que lo hacen mejor que las referencias que tomamos es más elevado que en España”, comenta Fernández.

 

Este mejor desempeño que en España podría deberse, según explica, a que “los gestores en estos países hacen un mejor trabajo, hay una mayor concentración de inversión en renta variable. Y, además, supongo que habrá más personas mirando lo que hacen los gestores, protestando”, dice.

 

Los profesores del IESE no dejan pasar la oportunidad de hacer referencia a los consejos que los autores de otros países dan a los inversores de fondos. Entre ellos, que éstos inviertan en fondos con comisiones y gastos pequeños que replican a los índices. Por otro lado, les recomiendan evitar fondos con gestión activa, “especialmente, si muestran un pasado poco glorioso”.

 

La responsabilidad del Estado

Por otro lado, los autores del estudio señalan que el resultado global de los fondos no justifica en absoluto la discriminación fiscal a favor de los mismos. Puesto que “en muchos casos los inversores han perdido la desgravación fiscal con la que el Estado les indujo a invertir en fondos de pensiones en menos de 5 años (vías comisiones e ineficiencias en inversión y gestión)”, parece obvio, añaden, “que el Estado tiene que tener alguna responsabilidad en las pérdidas que millones de contribuyentes han sufrido y siguen sufriendo”.

 

Fernández comenta que el Estado lo que está haciendo es “animar” a los inversores implícitamente “a que inviertan su dinero en estos productos que han sido claramente negativamente para el inversor, en el sentido de que si hubiera invertido en acciones o bonos del Estado le habría ido mucho mejor que con esta inversión que (el Estado) está de alguna manera animando a hacer”.

 

En este sentido, un lector dejaba entrever una cierta frustración en el siguiente comentario enviado a los autores: “Mientras haya ese tratamiento fiscal a favor de los fondos de pensiones, no se me ocurre qué se puede hacer aparte de mirar los rankings y elegir el menos malo (o el que regala el DVD más chulo, que puestos a no fiarte de ninguno, por lo menos te llevas algo seguro a casa)”.

 

Y es que dado que invertir en planes de pensiones desgrava, explica Fernández, el Estado te puede animar a hacer una inversión a largo plazo, pero, por un lado, “tendría que haber la posibilidad de que un inversor por su cuenta constituyese un fondo e hiciera esa cartera sin la necesidad de tener que recurrir a otras personas que cobran unas comisiones muy elevadas”.

 

Por otro lado, Fernández añade que, “el Estado podría -cuando se iniciaron los fondos, no, pero ahora que hay bastante historia, sí,- sugerir invertir en unos fondos que cumplen ciertos criterios y a los que inviertan en estos fondos sí les podría aplicar la deducción y a los que inviertan en otros, no, basado en su marcha anterior. Eso, o no primar únicamente la inversión en estos fondos. A mi me parece bien que el Estado prime el ahorro y la gente ahorre para su jubilación, pero si lo haces a través de otros que te están cobrando y luego, en media, pierdes la desgravación en 4 o 5 años, no tiene mucho sentido”.

 

De cara al futuro, otra persona, tras leer el estudio, hacía la siguiente reflexión: “El tema del fondo de pensiones interno para los empleados es uno de los frentes que tengo abierto en la empresa y por la rentabilidad que tenemos parecía poco atractivo. Ahora toca qué hacer en el futuro con ese dinero: invertir en un fondo que se dedique al capital riesgo; aumentar la renta de los empleados y que éstos decidan; darles un curso de bolsa a los empleados y que se gasten el dinero. Por lo menos se divertirán; cambiar a uno de los fondos donde parece que sí hacen un trabajo serio (lo más prudente).”

 

Fernández se suma a este último consejo y recomienda “ver qué tal lo ha hecho el fondo históricamente (5 a 10 años) y decidir no invertir quizás en fondos y hacer algo por su cuenta. Es decir, invertir en lo mismo, pero no a través de un fondo sino individualmente”.

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