El objetivo lejano de la medición del impacto y éxito de los microcréditos

¿Es el microcrédito una herramienta eficaz para sacar a las personas de la pobreza? Mucha gente con poca experiencia objetiva del sector creía que sí, principalmente después de que Muhammad Yunus, fundador de Grameen Bank de Bangladesh, ganara el Premio Nobel de la Paz en 2006. De forma más reciente, sin embargo, las instituciones de microcrédito han sido objeto de críticas por no cumplir con las expectativas iniciales.

Durante los últimos años, David Roodman, que habló en la conferencia sobre Microcrédito 2013 de la Universidad de Pensilvania [2013 Penn Microfinance Conference], ha defendido esa idea según una serie de pruebas matemáticas rigurosas cuya conclusión es que los parámetros de medición del éxito del sector son más complejos, sutiles y difíciles de evaluar de lo que mucha gente imagina. Roodman, autor del libro "Due dilligence: una investigación impertinente sobre el microcrédito" [Due Dilligence: An Impertinent Inquiry into Microfinance], estudió matemática teórica en Harvard antes de ingresar en el Centro de Desarrollo Global, donde hoy trabaja como investigador.

"Desafío la conclusión original" de la investigación que vinculó de forma incontestable el microcrédito con la reducción de la pobreza, dijo Roodman al auditorio de la conferencia de Wharton. "No creo que se hayan sorprendido con mis conclusiones, pero creo que sitúo en bases más sólidas un consenso que se ha estado gestando en torno al microcrédito". ¿Qué papeles importantes desempeña el microcrédito más allá de la reducción de la pobreza? ¿Por qué es tan difícil medir los múltiples impactos del microcrédito? ¿Qué consejo ofrece Roodman a las instituciones financieras deseosas de ofrecer beneficios sociales a los pobres?

Asumir el control de la propia vida

"Veo el microcrédito a través de un número mayor de perspectivas que jamás, en mi opinión, se tomaron en consideración", y no sólo desde el punto de vista del cliente, sino también desde el punto de vista de la historia y de la investigación académica, dijo Roodman. La idea de ayudar a los clientes ofreciéndoles servicios de microcrédito es algo "muy antiguo", añadió, observando que el "árbol genealógico" de la historia del microcrédito se remonta a un tiempo anterior a Yunus y Grameen Bank. La idea se le ocurrió a innovadores como el satírico anglo irlandés Jonathan Swift (alrededor de 1720), Priscilla Wakefield, autora inglesa de libros sobre educación (alrededor de 1800), Friedrich Raiffeisen (década de 1860), pionero de la cooperativa de crédito, Alphonse Desjardins (1900), pionero de la cooperativa de crédito en Canadá, y el abogado americano Arthur Morris (1910).

El personaje favorito de Roodman en esa larga historia es Wakefield, un cuáquero que vivía en las inmediaciones de Londres y que vislumbró la idea de crear una caja de ahorros para los indigentes de aquella región. Su objetivo era ayudar a las personas a desarrollar el hábito del ahorro, "de manera que no gastaran todo su dinero en ginebra". Las cajas de ahorro que hoy existen en todo el planeta "proceden del trabajo pionero de Wakefield", dijo.

De forma muy reciente, dijo Roodman, la larga controversia académica acerca del impacto del microcrédito sobre la pobreza se ha vuelto a activar por un estudio de los profesores Mark Pitt y Shahidur Khandker en el Journal of Political Economy. El estudio llegaba a la conclusión de que los microcréditos reducían, de hecho, la pobreza, sobre todo cuando se les concedía a mujeres. Aunque tal conclusión fuera aceptada sin discusión por la comunidad de microcrédito de la época, Jonathan Morduch, economista de la Universidad de Nueva York (NYU), aplicó los mismos datos a un estudio que había hecho y llegó a la conclusión de que el microcrédito no estaba disminuyendo la pobreza. Aunque Murdoch cuestionara algunos de los fundamentos originales de ese análisis, él jamás envió su estudio a ninguna revista académica para que fuera evaluada por sus pares, dice Roodman. "Hay tantos puntos de vista académicos como académicos. Ellos tienen muchas preguntas sobre el microcrédito, quieren saber si es bueno o malo, y tienen también una enorme influencia sobre la discusión mundial en torno al microcrédito".

Hasta hace poco, varios académicos usaban "métodos estadísticos diferentes muy complicados y difíciles de entender", dijo Roodman. Para quien estaba fuera, era como oír a físicos nucleares hablar sobre cuestiones desconocidas y muy complejas. "Simplemente no había manera de saber lo que estaba pasando". En vez de confiar en las conclusiones de los demás, Roodman analizó los datos originales del estudio de Pitt-Khandker, reprodujo todos los métodos matemáticos originales y llegó inclusive a escribir un código de software para analizar los datos. El momento decisivo tuvo lugar cuando analizó los resultados. "Llegué, por fin, a un punto en que ya no creía en el estudio".

Pero cuando Roodman estaba "inmerso" en el intento de comprender las matemáticas complejas necesarias para llegar a una conclusión que fuera sólida, visitó a algunos clientes de los programas de microcrédito para ver in situ como funcionaba el proyecto. En aquel momento, el instinto del autor —tanto como su preparación matemática— comenzó a influir en la evaluación que hacía de la situación.

Roodman vio una multitud de mujeres egipcias en El Cairo que esperaban para recibir un préstamo. La fila era tan larga que salía fuera de la recepción. Con la ayuda de un intérprete, él preguntó a aquellas mujeres qué harían con el microcrédito. Aunque muchas dijeron que planeaban usarlo para comprar artículos básicos como ropa de cama, vestuario, maquillaje y telas —en vez de usarlo para la financiación de microempresas—, Roodman quedó impresionado con lo que vio. "Sentí que algo bueno estaba sucediendo. Aquellas mujeres estaban usando el microcrédito para adquirir un cierto control sobre la vida tan limitada que llevaban. ¿Quién era yo, apoyado por una enorme cantidad de números, para decirles cómo debían vivir su vida?"

Montañas de deuda

A pesar de las numerosas historias de éxito, Roodman reconoce que hay muchas historias verdaderas de gente pobre que usó el microcrédito para contraer una montaña de deudas que no consigue pagar. Lo peor es que tienen que lidiar con el desafío de las tasas de interés, que son astronómicas para los patrones convencionales. ¿Por qué esas tasas son tan altas? "No es fácil conceder préstamos a tantas personas pobres sin acabar en suspensión de pagos. Se puede gastar fácilmente más de US$ 100 para recuperar un préstamo de US$ 100. Esa realidad básica del negocio tiene una influencia enorme sobre la forma en que se manejan", dijo Roodman.

¿Cuál es la definición de éxito en el mundo del microcrédito? Incluso esa pregunta tiene numerosas respuestas complejas y varias. Al analizar en profundidad el fenómeno del microcrédito, Roodman llegó a tres definiciones de éxito, cada una de las cuáles combina con una definición diferente de "desarrollo". En primer lugar, tenemos la proposición de que el microcrédito saca a las personas de la pobreza, en una correlación con el concepto de desarrollo económico como forma de escapar de la pobreza. Aunque todo el mundo admita que eso sucede, la cuestión más espinosa es la siguiente: ¿con qué frecuencia ocurre? ¿Ese proceso es común?

Una segunda definición de éxito dice que el microcrédito lleva a una realización mayor o "capacidad mayor de colaboración", lo que incluye los derechos civiles y un mayor control sobre la vida del prestatario. Una tercera definición tiene que ver con la idea de que el microcrédito lleva al desarrollo de la industria. Roodman observó que esa teoría está relacionada con el célebre modelo de "destrucción creativa" del economista austríaco Joseph Schumpeter. Según ese concepto, el desarrollo económico exitoso es un proceso constante de "actividades fabriles" que, aunque muy destructivo, reduce la pobreza. ¿Pero el microcrédito hace eso realmente? ¿Con qué frecuencia? Se trata de un impacto difícil de medir.

A lo sumo, el "microcrédito contribuye al desarrollo cuando se asocia desde varios aspectos con la economía receptora", dijo Roodman, dotando así a la economía "no sólo de capital extranjero, o de préstamos a la población local", sino de préstamos a una amplia gama de prestatarios. El microcrédito proporciona no sólo crédito, sino también ahorro.

Para evaluar correctamente el impacto del microcrédito, Roodman dice que los investigadores necesitan comprender la "realidad tal y como es", así como "la realidad como sería sin el microcrédito"; después, "destilar la compleja variedad de diferencias" entre las dos. Hay todo tipo de resultados cuando las personas contratan préstamos en las instituciones de microcrédito, pero los folletos promocionales de las instituciones tienden a destacar sólo una serie reducida de resultados. Si, por ejemplo, oímos hablar de una mujer que recibió un préstamo y le está yendo bien, y oímos hablar de otra que no contrató ningún préstamo y no le está yendo bien, la conclusión que sacamos es que el préstamo es la variable principal del aumento de la riqueza de la primera mujer. En realidad, sin embargo, "hay muchas historias capaces de explicar ese resultado", dijo Roodman.

Él identificó varias fuentes de sesgos ocultos que hacen "difícil decir lo que causó qué", cuando se evaluaron los impactos del microcrédito. Un factor de parcialidad oculto puede ser una diferencia significativa en la condición financiera del prestatario. La mujer que alcanzó un éxito mayor puede, en realidad, estar en mejor situación financiera desde el principio, dice Roodman. O tal vez a la mujer más exitosa le hubiera ido bien sin el microcrédito, porque tenía más "perspicacia", dijo. Esa variable no cuantificable es omitida por las fórmulas matemáticas usadas para evaluar el impacto de los microcréditos sobre el éxito financiero.

Una tercera fuente de distorsión consiste en el hecho de que un número mayor de sucursales de microcrédito tiende a abrir sus puertas en las áreas geográficas con mejor situación económica. En algunas regiones, las tasas de éxito son más elevadas porque los prestatarios tienen más recursos, o, quien sabe, más años de educación o conocimiento financiero. Por último, una cuarta fuente de distorsión se refiere a las personas con muchas dificultades: ellas suelen abandonan los programas de microcrédito, elevando así las tasas de éxito entre los supervivientes de los mismos, pero no prueban nada en cuanto a la eficacia de los programas de reducción de la pobreza, dijo Roodman.

Recomendaciones para las instituciones financieras

Por último, Roodman hizo las siguientes recomendaciones:

• Trabaje en conformidad con los puntos fuertes de los individuos "construyendo instituciones dinámicas que produzcan servicios útiles de forma masiva para los pobres", en vez de centrarse sólo en los esfuerzos de reducción de la pobreza. En ese sentido, Roodman citó las historias de éxito de BancoSol, de Bolivia, que se dividió en dos instituciones diferentes: una se concentra en el microcrédito —con un total de 169.000 prestatarios—, mientras la otra se dedica al ahorro y cuenta con 485.000 clientes desde 2012.

• No anime la concesión de préstamos para los más pobres de la comunidad, ya que no serán capaces de pagar el préstamo contraído.

• No ponga énfasis en el crédito; de prioridad a los depósitos de ahorro, seguros y los servicios de transferencia de dinero para los pobres.

• Enfatice las nuevas tecnologías, Internet móvil, por ejemplo, para disminuir las ineficiencias y aumentar el acceso a una gama más amplia de servicios en un número mayor de comunidades.

Roodman llamó la atención sobre el hecho de que "los mercados de crédito son intrínsecamente inestables, sobre todo cuando lidian con una clientela pobre. Es fácil sobrestimar el número de personas que desean contraer préstamos". En realidad, él estima que "solamente un 10% de las personas están dispuestas a contraer microcréditos, mientras un número mayor prefiere las cuentas de ahorro".

Por último, Roodman señaló que aunque las instituciones de microcrédito lleguen a la conclusión de que el microcrédito es un éxito, "el hecho es que ellas no llegarán a todos los pobres. Pero debemos esforzarnos en construir instituciones sólidas, confiables y que puedan mantenerse en el tiempo".

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