El soborno y la corrupción, cáncer del mercado global

En Turquía, a los edificios de apartamentos que se derrumban durante los terremotos se les conoce como “edificios del soborno”. En África, el paisaje está lleno de puentes sin carreteras que los comuniquen entre sí.

Sin lugar a dudas la corrupción, endémica en las economías emergentes de todo el mundo, conduce el desarrollo económico a un estado de caos. Afecta a las decisiones que toman los burócratas, degrada la calidad de aquellos que están en el poder y desanima la inversión extranjera. Asimismo, se está convirtiendo en un tema clave para los negocios, con un número creciente de influyentes empresas y líderes políticos de todo el mundo señalando repetidamente a la corrupción como una de las mayores amenazas para el desarrollo económico global.

“La corrupción y el soborno son temas ahora de primera plana en los negocios”, afirma el profesor de Derecho de Wharton Philip M. Nichols. “La lista de países que se han visto perjudicados política o económicamente por la corrupción continúa creciendo, y los negocios en el exterior con intereses en el largo plazo se verán afectados por cualquier plan que incluya algún tipo de soborno”.

Nichols, autor de más de diez estudios y artículos teóricos sobre las implicaciones y los mecanismos de la corrupción, ha dedicado la última década al estudio de la corrupción en países como Francia, Belice, Rusia, Kazajistán y Bulgaria. Más recientemente ha examinado como se percibe el tema de la corrupción en Mongolia, donde vivió un año mientras estudiaba y daba clases gracias a una beca Fulbright. En septiembre Nichols explicó en una conferencia nacional en San Petersburgo, Rusia, una serie de estrategias anti-corrupción para empresarios. El mes pasado dirigió un congreso sobre corrupción de una semana de duración en Tashkent, Uzbekistán, organizado por Resource Network of Economic and Business Education (Red de recursos para la educación económica y empresarial). “Hace diez años la corrupción no era un tema adecuado para académicos educados o para los que diseñan las políticas”, escribieron Nichols y otros autores en un reciente artículo de investigación. “Hoy en día la creación y la investigación de regímenes anticorrupción es un sector en expansión”.

Desde luego, el soborno es la forma más común de corrupción, y las estrategias empresariales para hacer frente a las peticiones difieren mucho. Según Nichols, algunas empresas optan por pagar, a veces causando daños a su imagen pública y haciendo que sea más difícil rechazar futuras peticiones. Otras sin embargo, tienen el suficiente peso e ingresos como para poder negarse con éxito y de una manera consistente. Por ejemplo, la gran empresa petrolífera Texaco cuenta con tal reputación por rechazar el pago de sobornos que a menudo sus jeeps cruzan fronteras entre países, incluso en los lugares más remotos de África, sin pagar un centavo.

Para Nichols, la clave es incluir esta filosofía de “no soborno” en la cultura de la compañía, empezando por crear un código empresarial entre directivos y empleados, empresas afiliadas y posibles socios. Pero intentar luchar contra lo que parece un mar internacional de corrupción no es una tarea simple. Nichols cree que desenmarañar y explicar los mecanismos de la corrupción es clave para que las organizaciones gubernamentales y empresariales puedan luchar contra ella.

Por ejemplo, su investigación en Mongolia comparaba la visión que se tenía de la corrupción en Mongolia y en Bulgaria, dos países situados justo en el extremo contrario del antiguo bloque soviético. El estudio reveló que los estudiantes universitarios de ambos países prácticamente compartían las mismas ideas y percepciones acerca de la corrupción, algo que Nichols encontró sorprendente. “Esto no corrobora la idea de que la corrupción es algo cultural”, dice. Para aquellos que están estudiando el tema y que intentan controlar la corrupción es interesante contemplar como puede haber un “entendimiento compartido”.

Llevado a la práctica, ¿qué implicaciones tiene para una empresa el incremento de la corrupción internacional? “El hecho de que un número elevado de funcionarios de muchos países, incluyendo algunos de los potenciales grandes mercados, reclamen sobornos es algo de extrema importancia para cualquier empresa que tenga presencia internacional” afirma Nichols. “Luego nos encontramos con datos de que más de 20 países, incluyendo a los más ricos y a los que más comercian, consideran ilegal el pago de sobornos, pero que a pesar de ello aún hay competidores dispuestos a cumplir con las peticiones”.

“La combinación de todos estos hechos causan que el tema se convierta en terreno pantanoso. Los funcionarios esperan que pagues los sobornos, y si éste no es el caso alguno de tus competidores los pagará, y en caso de que tú te decidas a hacerlo puedes acabar en la cárcel”.

El “índice de percepción de corrupción”

La mayoría de la evidencia comparativa sobre sobornos es anecdótica, aunque mismamente Nichols pueda citar numerosos ejemplos. En Kazajistán varias empresas extranjeras han informado a Nichols de que las cantidades habituales a pagar en concepto de soborno para poder conseguir los permisos en un proyecto de construcción de determinado tamaño se encuentra entre el 15 y el 20% del precio del contrato, lo cual a menudo significa que el soborno por sí mismo asciende a cientos de millones de dólares. Asimismo, en Rusia el gerente de una cadena de tiendas al por menor le contó a Nichols que un soborno de 4.000 dólares podría reducir los aranceles de una carga de cartuchos de impresoras de 20.000 a 4.000 dólares.

Hombres y mujeres de negocios de todo el mundo afirman que el número de países en los que esperan que exista una gran demanda de sobornos ha aumentado asombrosamente. Un reciente estudio llevado a cabo por Transparency International, una empresa con base en Berlín, concluyó que en setenta de los ciento dos países evaluados era más que probable que los ejecutivos sufriesen sobornos. El “índice de percepción de corrupción” de Transparency International incorpora información procedente de investigaciones, votaciones y otros medios sobre el número de sobornos a los que se han visto sometidos los hombres y mujeres de negocios que habitualmente operan en un país determinado. Una puntuación de diez significa que la gente percibe que en ese país no se producen sobornos, mientras que cero muestra que se cree que siempre hay sobornos”.

En el índice de 2002 Finlandia obtuvo una puntuación de 9,7; el Reino Unido 8,7; y EE.UU. obtuvo un 7,7. Sin embargo, de ciento dos países setenta obtuvieron 5 puntos o menos, hecho que muestra como las personas del ámbito de los negocios creen que los sobornos se producen en más de 2/3 de los países examinados. Entre estos países se encuentran algunos de los mayores del mundo: China, que obtuvo una puntuación de 3,5; India 2,7; Indonesia 1,9; y Pakistán 2,6. La menor puntuación la fue para Bangladesh, con 1,2.

En un futuro cercano dos tratados de aplicación en ambos hemisferios darán lugar a un sistema legal que prohíba el pago de sobornos a funcionarios de gobiernos extranjeros. Países como Austria, Bélgica, Canadá, Alemania, Japón, Corea y el Reino Unido están obligados por la convención de la OCDE a condenar los sobornos transnacionales. Hace tres años EE.UU. penalizó el pago de sobornos en el extranjero. Hoy en día por lo menos 20 países han adoptado leyes similares, y más de 14 lo harán en breve. La convención interamericana contra la corrupción de la Organization of American States -firmada por la mayoría de los países del continente americano en 1996-, también impone la penalización del soborno transnacional.

Nichols especula que una vez que las protestas públicas contra el pago de sobornos sean tan populares como los temas medioambientales, aumentará considerablemente el riesgo para aquellas empresas dispuestas a acceder a los sobornos. En la actualidad las condenas ya son bastante estrictas. En EE.UU. incluyen el encarcelamiento, multas, y la descalificación para hacer negocios con el gobierno estadounidense. Una propuesta francesa contempla sentencias de 15 años de cárcel para ciertos tipos de sobornos transnacionales. Incluso en Noruega, que ha adoptado las leyes menos estrictas sobre el tema, sobornar a funcionarios de los gobiernos extranjeros se puede castigar con un año de cárcel.

Nichols afirma que el riesgo de ser acusado es bastante real. Tanto las investigaciones directas del gobierno como los informes elaborados por los competidores pueden poner a una empresa en el punto de mira. Se cree que Estados Unidos –añade- está ya utilizando informes de agencias de inteligencia de América Latina y del Medio Oriente para detectar sobornos. Es más, los competidores que desean elevar los estándares éticos cuentan con los suficientes motivos para denunciar a otras empresas por no hacer lo mismo.

Estrategias para decir no

Nichols cree que las empresas deben crear una cultura corporativa que rechace con tenacidad todo soborno y que establezca códigos empresariales claros a los que firmemente se puedan adherir los empleados. También se debe asegurar a los directivos el respaldo por parte de la empresa cuando éstos se nieguen a pagar. “Sería estúpido que una empresa no desarrollase dos estrategias generales: una para actuar frente a las demandas de soborno y otra para tratar con los competidores que están dispuestos a ser sobornados”, dice Nichols. “El potencial en términos de responsabilidad criminal, relaciones desiguales, contratos perdidos, descalificaciones en contratos gubernamentales, pérdida de reputación y demás, es simplemente demasiado elevado como para ignorarlo”.

“Quizá lo más útil que una empresa pueda hacer es comprender en profundidad qué es la corrupción, así como crear y articular una respuesta general ante la corrupción antes de verse involucrada en situaciones complicadas”, dice Nichols. “También es útil para los negocios trabajar conjuntamente para crear garantías que cada uno adoptará a determinado nivel de comportamiento acordado”.

Nichols comenta como las empresas que sucumben ante los sobornos han de hacer frente a otros riesgos y costes. Como los sobornos son ilegales normalmente se realizan a puertas cerradas, con grandes gastos por parte de los implicados para mantener el secreto. “Por razones obvias realmente no hemos podido estudiar la calidad de las relaciones de corrupción. Pero aquellos que a menudo se han visto involucrados las suelen describir como insanas, inestables y sin posibilidad de hacerse cumplir”. Nichols añade que la reputación de las empresas sufre cuando se filtra información, como ocurrió con aquellos que gestionaban los negocios de la familia de Suharto, antiguo presidente de Indonesia. Inmediatamente antes y después de la dimisión de Suharto en 1998, el antiguo líder, sus hijos y asociados fueron acusados de aprovecharse de monopolios o de exenciones arancelarias para amasar una enorme riqueza personal.

Las empresas también se enfrentan a la posibilidad cierta de ser presionadas a pagar más y más sobornos en cuanto su reputación de aceptar sobornos se difunda. “Un hombre de negocios europeo me contó que después de que su empresa efectuase los primeros pagos, los sobornos se convirtieron en algo habitual porque los burócratas de todo el mundo esperaban un tratamiento similar”, explica Nichols. “Esto es algo bastante usual”.

Últimamente se han producido algunas consecuencias para el comercio internacional derivadas de los sobornos. Los sobornos degradan los mercados. En el artículo Corruption and Growth, el economista Paolo Mauro encuentra una relación directa entre altos niveles de corrupción y bajos niveles de inversión directa en el extranjero. Pese a que las investigaciones de Mauro no explican los resultados, Nichols sugiere tres posibles explicaciones: “En primer lugar, en la actualidad la corrupción incrementa el tiempo que una empresa ha de dedicar a temas de burocracia; en segundo lugar, la corrupción hace que sea más difícil obtener información, lo cual aumenta los costes de transacción; y en tercer lugar, las relaciones de corrupción son poco predecibles y difíciles de hacer cumplir.

Probablemente exista un cuarto motivo, que es que la mayoría de las personas del mundo de los negocios son buena gente y muestran aversión por ambientes endémicamente corruptos” afirma.

“La corrupción también afecta drásticamente al desarrollo económico al provocar una mala asignación de los recursos. Así es, ya que África está abarrotada de puentes, en vez de hospitales. Pero aún más dañino es el hecho de que en sistemas endémicamente corruptos la gente normal no está obteniendo servicio alguno del gobierno; no confían en el gobierno así que no se relacionan con él”, explica Nichols. “Pero la gente sigue necesitando ciertas cosas. Así pues crean su propio sistema para hacer las cosas, como por ejemplo resolver disputas o hacer cumplir los contratos o incluso tener policía de barrio”.

Sin embargo estos sistemas “no son gratuitos”, añade Nichols. “Cuestan dinero. Cierto dinero se destina a apoyar el sistema público y otro para apoyar el sistema en la sombra; para temas burocráticos se destina el doble del dinero que se debería. Esto significa que el dinero no se emplea en incrementar la producción de alimentos o para los servicios sanitarios o para hacer crecer la economía. Y eso es terrible”.

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