En Sudáfrica, las malas condiciones de salud pueden acabar con pequeños negocios

En Durban, Sudáfrica, proliferan los pequeños negocios: tiendas que venden harina, azúcar y otros artículos, costureras, reparadores de chapa y puntura, fabricantes de ladrillos, bares y restaurantes donde apenas pueden sentarse un puñado de personas.

“Si llamas a la puerta y preguntas a la gente si tiene un negocio que genere algún tipo de ingresos, la respuesta será Sí, coso ropa en mi casa”, explica Li-Wei Chao, que vive en Sudáfrica y es investigador asociado del Centro de Estudios de Población de la Universidad de Pennsylvania. 

Según algunas estimaciones, en Sudáfrica la contribución de las empresas pequeñas y microempresas supone casi el 50% del empleo total y el 30% del PIB del país. Sin embargo, el impacto de una mala salud, en particular el virus del SIDA o VIH, sobre estas empresas ha sido un tema prácticamente inexplorado por los investigadores. Las cuantificaciones del impacto económico de la enfermedad suelen centrarse en la economía formal –empresas ya establecidas de mayor tamaño-, en lugar del sector informal, constituido por muchas empresas formadas por un solo propietario-trabajador y negocios que suelen tener unos pocos empleados.

Pero Chao, el profesor de Sistemas Sanitarios de Wharton Mark V. Pauly y otros estudiosos han intentado cubrir este vacío con un nuevo estudio que examina el impacto de una mala salud sobre las empresas pequeñas y microempresas de la zona de Durban. Después de realizar informes sobre la salud de los propietarios de los pequeños negocios y luego observar la marcha de los mismos entre 2002 y 2004, los investigadores encontraron que “una mala salud de base y un empeoramiento de la salud con el paso del tiempo son hechos que están asociados con un cierre posterior del negocio”. Su estudio, titulado Poor Health Kills Small Businesses: Illness and Microenterprises in South Africa (La mala salud acaba con los pequeños negocios: enfermedades y microempresas en Sudáfrica), fue publicado en la edición de Marzo-Abril de la revista Health Affairs.

El resto de investigadores que participaron en el proyecto con Chao y Pauly fueron Helena Szrek y Nuno Sousa Pereira de la Universidad de Porto, Portugal, Frances Bundred de ECI-Africa en Sudáfrica, Catherine Cross del  Human Sciences Research Council en Sudáfrica, y Jeff Gow, profesor de la Universidad de Nueva Inglaterra en Australia. Aunque no se centraron exclusivamente en los efectos del SIDA/VIH, según los investigadores sus resultados subrayan la vulnerabilidad de los pequeños negocios ante la epidemia del SIDA y destacan la necesidad de que el gobierno ponga en marcha más servicios sanitarios y realice un mayor esfuerzo a favor de este sector informal de la economía. El SIDA/VIH es la mayor amenaza para la gente que vive en el África Sub-Sahariana, y se estima que la frecuencia del VIH en algunas zonas urbanas de Sudáfrica supera el 30%.

“Una mala salud tiene efectos sobre la economía”, dice Pauly. “Para nosotros resultaba evidente que la desaparición de muchos de estos pequeños negocios no sólo perjudicaba a los propietarios sino también a sus vecinos”.

Chao, que además de médico se doctoró en Wharton en Economía de la Salud en 2002, empezó a interesarse por las interrelaciones entre la salud y la economía cuando trabajaba entre 1996 y 1997 en un proyecto de Sudáfrica para los US Centers for Disease Control and Prevention (Centros estadounidenses de control de enfermedades y prevención). Los sudafricanos le sorprendieron enormemente, porque “tienen tan poco pero aún así siguen luchando para vivir, trabajar y ganar lo suficiente para no irse a la cama con hambre cada noche”. Las numerosas microempresas (hasta 5 trabajadores) y pequeñas empresas (hasta 100 trabajadores) que abundan por todo el país no sólo proporcionan los bienes y servicios básicos, sino también un ansiado empleo, señala Chao. El desempleo es alto en Sudáfrica; según estimaciones oficiales se sitúa en el 30%, pero de acuerdo con las cifras no oficiales supera el 40%.

“La gente no tiene empleo … Necesita ganarse la vida, así que tienen un montón de habilidades que explotan”, explica. “Ponen en marcha su propio negocio para cubrir determinado nicho”. Las pequeñas tiendas que salpican los vecindarios y municipios de los alrededores de Durban son establecimientos improvisados frecuentemente instalados en contenedores marítimos vacíos. Las tiendas de reparación de chapa y pintura también son muy populares.

“Básicamente todas estas empresas empiezan gracias a la idea de una persona y funcionan gracias a su esfuerzo individual”, señalan los investigadores en su estudio. “Por tanto, cualquier cosa que afecte la energía de esa persona podría limitar o destruir la empresa. Muchas pequeñas empresas cierran cada año –y otras no acaban de despegar-, por todo tipo de razones, pero un motivo importante que además no ha sido bien estudiado podría ser la mala salud de un individuo clave: el propietario o el manager. De hecho, la mortalidad de la empresa o un escaso desarrollo de la misma podrían estar íntimamente relacionados con la mortalidad o enfermedad de la persona clave”.

Servicios “perdidos”

Los investigadores decidieron centrarse en Durban para su estudio porque en dicha zona se observan muchos casos de SIDA/VIH y los ingresos, niveles educativos y diferentes estadios de desarrollo de los negocios son enormemente variados. Empezaron observando 653 hogares principalmente en los municipios alrededor de Durban preguntando a sus residentes si habían tenido o tenía en la actualidad un negocio. El 31% de los hogares entrevistados tenían un negocio en activo, frecuentemente una tienda, restaurante o bar. Un 10% había tenido un negocio en el pasado que había cerrado, y el 59% nunca había tenido uno. Entre los negocios en activo el 45% eran empresas formadas por una sola persona.

Luego examinaron en profundidad una sub-muestra de 279 hogares y pidieron a los encuestados que calificasen su estado general de salud con respuestas que podían ir de “mala” a “excelente”. Los participantes también debían responder un cuestionario con 12 items sobre su estado de salud que proporcionaba una medida objetiva de su salud mental y física.

Los investigadores encontraron que la probabilidad de que aquellos que en la actualidad llevaban un negocio disfrutasen de una mejor salud física era mayor que la de aquellos que no tenían ningún negocio o había cerrado. La gente que tenía negocios con varios empleados eran especialmente proclives a disfrutar de una mejor salud física. Los resultados sobre salud mental no eran significativamente diferentes entre los que tenían negocios y los que no.

Los investigadores también preguntaron qué pasaría si hipotéticamente el propietario del negocio se tuviese que ausentar por ejemplo debido a problemas de salud. En los negocios formados por una única persona, el 70% afirmaba que no podía contar con nadie que le sustituyese. Sin embargo, cerca del 88% de los negocios donde trabajaban varias personas respondieron que alguien podría cubrir la situación si el propietario se ponía enfermo. Sólo el 29% de los negocios unipersonales afirmaba que podría seguir abierto si el propietario se ausentaba.

Asimismo, durante dos años los investigadores siguieron observando estos negocios para ver si sobrevivían o cerraban, y también la salud de sus propietarios. De los 164 negocios identificados en el primer año del estudio, el 44% (72 negocios) sobrevivió. La probabilidad de permanencia de los propietarios que inicialmente habían obtenido las calificaciones más altas en salud física era mayor que la de aquellos con bajas calificaciones al comienzo del estudio. Además, los investigadores encontraron que los negocios de aquellos propietarios que a lo largo del estudio sufrían algún deterioro en su salud también tenían mayor probabilidad de cerrar.

“Nuestros resultados transmiten un mensaje muy importante para los poderes públicos: las enfermedades son dañinas para la salud económica de un gran segmento económicamente relevante pero a menudo olvidado de la población”, escriben. “Nosotros hemos descubierto que la mala salud de los propietarios de los pequeños negocios provocan el cierre de los mismos y que estos negocios no se sustituyen por nuevos. Así, estos servicios pueden considerarse perdidos en cada comunidad en la que previamente existían”.

El cierre, por ejemplo, de la tienda de la esquina no sólo perjudica al propietario y su familia, sino también a los vecinos que dependen de la misma para adquirir sus provisiones diarias, tal vez porque no tienen transporte para acudir a una tienda más lejana.

“En muchos vecindarios aislados, estas empresas tienen una función muy útil”, dice Pauly.

Los investigadores añaden que sus descubrimientos destacan la necesidad de que se dediquen más recursos gubernamentales a prestar servicios sanitarios. “Podría justificarse por tanto la inversión de recursos en la prevención y tratamiento de enfermedades en el sector informal de bajos-ingresos de los países en desarrollo … Prevenir una mala salud ayudaría a evitar el cierre de negocios, y un tratamiento permitiría que el enfermo continuase llevando las riendas de su negocio”.

Luchando contra el SIDA/VIH

Aunque el estudio no se centró específicamente en el SIDA/VIH, Chao cree que, además de una terrible mortalidad, esta enfermedad “tiene consecuencias sobre los resultados de las empresas”.

Sudáfrica cuenta con un sector sanitario tanto público como privado. Las clínicas financiadas por el gobierno, de las que dependen la gente con bajos ingresos, cuentan con recursos limitados, las colas para ver al médico son interminables y sufren escasez. Cada vez se dispone de más medicamentos anti-retrovirales para tratar infecciones por VIH en estas clínicas, pero aún hay muchas cosas que mejorar, explica Chao. “Se necesitan más clínicas, menores listas de espera, más personal y más medicamentos anti-retrovirales. Es complicado cerrar una tienda, acudir a la clínica y esperar entre tres y cinco horas”.

Dado el alcance de la epidemia del SIDA, es inaplazable mejorar los servicios sanitarios para todos los niveles de la sociedad. Según un informe de ONUSIDA de 2006, cerca de dos tercios de todos los casos mundiales de VIH se encuentran en el África Sub-Sahariana. La organización estima que hay 5,5 millones de personas en Sudáfrica que están infectados con VIH, incluyendo 240.000 niños. Los estudios realizados en clínicas de cuidados prenatales sugieren que en algunas áreas el 30% de las mujeres embarazadas son seropositivas. Según un informe realizado en Sudáfrica en 2005, el 13% de los hogares en los que ser realizaron las pruebas de VIH por primera vez dieron positivo.

Chao señala que en Sudáfrica algo se ha progresado en lo que se refiere a convencer a las grandes empresas de que deben hacer algo para prevenir el VIH y hacer pruebas a sus empleados, ya que reemplazar a los trabajadores enfermos o fallecidos no es tan fácil como parece. Pero poner en marcha una estrategia de cuidados sanitarios para llegar a la economía más informal es un reto mucho mayor.

“El gobierno puede presionar a las grandes corporaciones para que proporcionen cuidados preventivos y tratamiento, pero no existe ninguna entidad a la que los gobiernos puedan presionar en el caso de estas pequeñas empresas y microempresas”, dice Pauly.

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