¿Es la Alianza del Pacífico la nueva niña bonita de América Latina?

Últimamente le llueven los elogios a la Alianza del Pacífico (AP), el bloque comercial conformado por México, Colombia, Perú y Chile, y que reúne a un mercado de unos 216 millones de personas. En palabras del presidente colombiano, anfitrión de la VIII cumbre de la AP, que acaba de tener lugar en la ciudad caribeña de Cartagena de Indias, “es la niña bonita y codiciada de la región”. Santos no escatimó en alabanzas hacia el bloque que su país preside pro témpore yañadió que “ya no somos nosotros los que vamos a tocar las puertas de ellos, es el mundo que quiere venir a hacer negocios con nosotros” porque, según dijo, estamos ante el nuevo motor económico y de desarrollo de América Latina y el Caribe”.

Más allá de las palmaditas en la espalda de los mandatarios reunidos, lo cierto es que la cumbre ha dado un nuevo brío al debate que existe en la región sobre los diferentes enfoques latinoamericanos en materia de integración regional. El propio Wall Street Journal publicó el pasado 6 de enero un artículo titulado La historia económica de dos Latinoaméricasen que se dividía al continente en dos bloques de países: los del Pacífico, unidos en la AP y valedores del libro comercio, y los bañados por el Atlántico, como Brasil, Argentina y Venezuela, socios en la unión aduanera Mercosur y que otorgan al Estado el peso del manejo de la economía.

Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, coincide con este punto de vista y explica que la conformación de la AP en 2011 supuso una reformulación bastante profunda de lo que venía siendo en los últimos quince años el proceso de integración regional. De alguna manera, su creación ha supuesto que el foco de atención haya vuelto a los temas comerciales y económicos, en lugar de la concertación política que trajo consigo la emergencia del ex presidente venezolano, el populista Hugo Chávez, y la creación del ALBA (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, que quería servir como contraposición al modelo neoliberal que George W. Bush intentó imponer con el ALCA en el continente)y posteriormente la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

Malamud añade que la AP ha sido un revulsivo para el proceso de integración regional hasta tal punto que “desde los países del ALBA se criticó abiertamente el proyecto como algo que buscaba dividir al continente, mientras que, por ejemplo, en Brasil se trató como una operación meramente de marketing sin profundidad estratégica”. Lo cierto es que, en sus pocos años de vida, la AP ha consolidado su modelo de integración con la reciente firma de adhesión de Costa Rica, así como con la firma en la cumbre de Cartagena del protocolo para liberar el 92% de aranceles de los productos comercializados en el interior del bloque a partir del próximo mes de junio, lo que le acerca enormemente a su meta de lograr el libre comercio dentro de sus fronteras. El porcentaje restante se irá desgravando de manera paulatina. Panamá, una economía en franca expansión, ya aparece en las quinielas como el próximo integrante del grupo, y una importante lista de países cuentan con estatus de países observadores (ya lo son, por ejemplo, Canadá, España, Nueva Zelanda, Australia, Uruguay y Japón).

Esto es aún más relevante si se tiene en cuenta que, en opinión de Malamud, más allá de las dificultades que atraviesa Mercosur, en situación de estancamiento por problemas internos y falta de voluntad de sus propios miembros, “la integración regional está pasando por un momento complicado”. Prueba de ello, dice, es la existencia de dos instituciones con proyectos más o menos similares -la CELAC y Unasur- que explicitan el problema: “no se sabe claramente qué se quiere integrar, si America Latina o America del Sur. La creación de la AP plantea la solución por la vía de los hechos: en ella está presente México, un país norteamericano; Chile, Perú y Colombia, tres de América del Sur; y Costa Rica, país centroamericano cuya futura incorporación se acaba de aprobar”. Lo que se quiere integrar tendría solución desde el punto de vista de la Alianza, asegura, “pero pensar que la AP va a integrar a toda America Latina es bastante utópico”.

'Cuatro chicas estupendas'

Rafael Pampillón, profesor de Economía del IE Business School, señala que, efectivamente, hay dos bloques que se unen en torno a ideas contrapuestas sobre temas políticos y económicos en la región. “Fundamentalmente los miembros de la AP son países abiertos al comercio internacional frente a los otros países populistas como Venezuela o Argentina, cuyas economías son más cerradas e intervenidas. Y todos ellos cuentan con tratados de libre comercio con la Unión Europea o EEUU”.

El profesor del IE añade que “los miembros de la AP coinciden en que tienen buenas instituciones respecto a esos otros países. Todos tienen en común no el tipo de Gobierno, porque unos tienen gobiernos de derechas y otros de izquierdas, sino el respecto a los derechos de propiedad, el cumplimiento de los contratos, bancos centrales independientes, cuentas económicas equilibradas y, como consecuencia de ello, una inflación muy estable”. Por ejemplo, la de Chile en 2013, dice, se situó en torno al 3%, mientras que la de Venezuela está descontrolada y supera el 50%, hasta el punto de que hay una situación de escasez de productos, como el papel higiénico, en sus comercios.

Además, añade que la corrupción entre los miembros de la AP es menor que en Argentina o en Brasil, lo mismo que la pobreza como consecuencia de su elevado crecimiento en los últimos años. “Y comenta que es cierto que México no está creciendo de modo espectacular, ya que apenas se expandió un 1,3% en 2013, pero ha sentado las bases al acometer importantes reformas en sectores clave que le van a dar un plus de crecimiento muy importante”. El promedio de crecimiento del bloque en 2012 fue del 5% y según previsiones de Morgan Stanley, en 2014 crecería un 4,25%, principalmente por los altos niveles de inversión extranjera y la baja inflación.

El grupo del Atlántico, por su parte, se expandiría apenas un 2,5 % con Brasil, potencia económica de la región, registrando un discreto 1,9%. El principal problema que están experimentado estas economías, aparte de la inflación, es la caída de las monedas en Argentina, Venezuela y Brasil durante 2013, destaca Pampillón. “El caso más grave ha sido el del peso argentino que pasó de un tipo de cambio de 4,9 pesos el dólar a 8,01 pesos el dólar en el mes de enero [interanual]”, comenta. El Banco Central de Brasil, por su parte, se ha visto obligado a subir los tipos de interés recientemente hasta situarlos en un 10,5 % por temor a la inflación.

Por otro lado, el precio de las commodities, fuente importante de ingresos para Sudamérica, ha caído como consecuencia de la desaceleración de la economía China, principal consumidora de sus materias primas. La cuestión, según los expertos, es que no todos los países están igual de preparados para hacer frente a este cambio de escenario. En opinión de Pampillón, las economías del Pacífico tienen mucho futuro a pesar de su fuerte componente exportador de materias primas, como es el caso de Chile con el cobre. “Van a sufrir un poquito este año porque su crecimiento será menor como consecuencia de la caída de los precios de las materias primas, pero no por falta de demanda mundial, porque el mundo va a crecer más este año que el pasado, sino por la gran oferta que se ha generado debido a las grandes inversiones en prospecciones, por el propio fracking o las nuevas minerías en Perú, que han aumentado mucho la oferta”, dice.

El PIB conjunto de la AP representa el 36% del total de América Latina y el Caribe, los cuatro países mueven cerca del 50 % del comercio exterior de la región y reciben el 41 % de los flujos de inversión extranjera dirigidos a la zona. A la vista de estas cifras, Pampillón no se sorprende de la repercusión que está obteniendo el bloque. “Se han juntado cuatro 'chicas estupendas' y han formado un grupo que gusta mucho a los que creen en el mercado, la competencia, la estabilidad macroeconómica y la liberación del comercio. Todo esto genera confianza para la llegada de inversiones”.

¿Impacto comercial limitado?

Ahora bien, el intercambio comercial en el seno de la Alianza representa unos modestos 40.000 millones de dólares, por lo que los expertos consideran que el bloque vale más por lo que promete a largo plazo que por lo representa hoy en día. En particular, muchos valoran la voluntad manifiesta de ampliar las relaciones económicas con la región de Asia Pacífico. Sin embargo, Malamud pone algo de freno a las expectativas. En su opinión, la Alianza surge con el objetivo de crear una gran zona de libre comercio y potenciarlo dentro de estos países y, eventualmente, en nuevos mercados como el de Asia, “lo que serviría para minimizar los riesgos de una posible complicación de la coyuntura a nivel internacional, pero el objetivo de la emergencia de la Alianza es otro: el desarrollo de los países implicados”.

En este sentido, Hugo Macías Cardona, profesor de director científico del Centro de Investigaciones Económicas, Contables y Administrativas de la Universidad de Medellín de Colombia, afirma que Perú es el país de la AP que ha construido mayores vínculos con Asia. El país cuenta con una importante colonia asiática instalada en Lima desde hace varias décadas, como demuestra el hecho de que el ex presidente Alberto Fujimori sea hijo de inmigrantes japoneses. El comercio peruano siempre se ha hecho por el Pacífico, dice, “y tanto los productos de exportación como los de importación tienen mayor concentración en el mercado asiático para Perú que para los demás países del bloque”.

Desde el punto de vista de su país de origen, Cardona destaca que los miembros de la Alianza no son nuevos socios comerciales para Colombia, siempre lo han sido, “pero los otros intentos de integración no han logrado mayor profundidad”.El profesor minimiza la relevancia de la AP en estos momentos, ya que “cada uno de estos países representa menos del 5% del comercio exterior de bienes y servicios para Colombia, con una participación reciente destacada de México y un comercio estable con Perú desde una década atrás”.  Según explica, “Los colombianos ya podían viajar sin visa a Perú y a Chile desde antes de la Alianza. Sin embargo, ya no la necesitan desde hace un año para viajar a México. Los empresarios colombianos ya no requieren visa de negocios, lo que supone un avance de la Alianza”.

En cambio, donde sí están experimentando mayores cambios es en las inversiones, tanto hacia Colombia como desde Colombia. “Hacia Colombia han ingresado importantes capitales desde Chile, especialmente a los sectores de transporte aéreo de pasajeros, de tiendas por departamentos y financiero, al tiempo que se ha incrementado de manera visible la participación de México en el sector de telefonía móvil. Desde Colombia se han hecho recientemente nuevas inversiones en los tres países, especialmente en las industrias de alimentos procesados, pequeñas cadenas de restaurantes y pequeñas tiendas de confecciones; hacia Perú y Chile, se ha dado recientemente una importante expansión del sector de energía eléctrica”, relata.

En su opinión, los avances se han dado más por los intereses empresariales específicos que por los avances de la Alianza y se han dado más en el terreno de las inversiones que en el del comercio. “En todos los casos las relaciones se han construido de tiempo atrás y en todos los casos el tamaño de los negocios ha sido modesto con respecto a las relaciones comerciales de cada uno de los países. Ninguno de los últimos países con interés en sumarse al grupo de observadores (Finlandia, Marruecos, Israel, India y Singapur) tiene relaciones comerciales con Colombia superiores al 1% del comercio exterior colombiano”.

En cualquier caso, Malamud destaca que se han dado pasos significativos en los dos o tres últimos años que no se limitan tan solo a la reciente liberalización del comercio para el 92% de los productos, entre ellos: la integración de los mercados bursátiles, la libre circulación de personas y capitales, además de “un hecho esperanzador desde la perspectiva de la proyección Latinoamérica como es la creación de oficinas comerciales compartidas en algunos países asiáticos o que se otorguen becas de estudio a los ciudadanos de los países implicados. Son pasos en una buena dirección”, dice. “Habrá que ver si los países son capaces de consolidar su proyecto, de crear instituciones adecuadas y evitar que esto sea un mero sarpullido primaveral”, concluye.

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