Estirar los ahorros: Los baby boomers preparan su jubilación

Setenta y siete millones de baby boomers, la generación de americanos nacida entre 1946 y 1964, fueron protagonistas de eventos que van desde el movimiento de liberación de la mujer hasta la revolución sexual. Fueron cinco décadas de grandes avances. Ahora que marchan hacia su jubilación, también prometen redefinirlos, pero no del modo en que esperaban hacerlo. Aunque quieran continuar trabajando para seguir activos y manteniendo una buena renta, no están preparados para financiar las décadas posteriores a una carrera construida de forma tradicional.

Sin esta preparación, la trayectoria a su jubilación tal vez sirva a las futuras generaciones sólo como ejemplo de qué no se debe hacer. Los boomers se convertirán en una "generación de cobayas", observa Richard Marston, profesor de Finanzas de Wharton y director del Centro Weiss de Investigaciones Financieras Internacionales de Wharton [Weiss Center for International Financial Research]. "Aprenderemos de sus malas experiencias".

Los americanos, en general, no se preocupan excesivamente por su jubilación, es decir, no piensan mucho sobre cómo van a sobrevivir con lo que van a recibir y cómo pretenden pasar el tiempo cuando no estén trabajando de forma regular. Una investigación hecha en marzo del año pasado por el Employee Benefit Research Institute (EBRI), de Washington, D.C., constató que menos de la mitad de los entrevistados habían intentado calcular cuánto necesitarán para vivir en su jubilación.

Esa falta de planificación no es de ninguna manera exclusiva de EEUU. Algunos estudios publicados en 2008 por MetLife constataron una falta semejante de preparación en otros países. En Australia, un 58% de los entrevistados dijeron que no tenían ningún plan de jubilación, salvo el programa de pensión patrocinado por el Gobierno. Esas cifras fueron aún más altas en India y en México, donde un 80% y un 81% de los entrevistados, respectivamente, dijeron que no tenían plan de jubilación a parte del concedido por el Gobierno.

¿Cuánto necesita un jubilado para mantenerse? En EEUU, donde la edad media de los que se jubilan es de 62 años y la esperanza de vida es de 90 años, la mayor parte de las personas debería ahorrar para vivir de la jubilación durante 30 años, pero muchos no lo hacen, dice Marston, que trata la cuestión de las inversiones para la jubilación en su próximo libro, Portfolio design. "Creo que es preciso mejorar de forma urgente la educación financiera", dice él. "Esa mejora tendrá lugar cuando conozcamos las historias dramáticas de baby boomers que intentan estirar lo que les quede después de jubilarse y con lo que tendrán que vivir el resto de sus días".

Más vida que dinero

"Estirar" es realmente la palabra clave aquí. Más del 47% de los boomers nacidos entre 1946 y 1955 corren el riesgo de quedarse sin dinero después de jubilarse, de acuerdo con datos de un estudio del EBRI de julio de 2010. Los nacidos después de 1955 están un poco mejor preparados y sólo un 43,7% deberían tener problemas. La Generación X, que viene tras los boomers, no está mucho mejor, ya que un 44,5% de ellos corren el riesgo de quedarse sin dinero después de jubilarse.

Esta situación crítica se explica por el distanciamiento que ha habido respecto a los planes de beneficios establecidos —que otorgan al empleador la responsabilidad de acumular activos destinados a la jubilación del trabajador—, y una adhesión cada vez mayor a planes como el definido por el 401(k), que convierte al trabajador en el responsable de su jubilación por medio del ahorro y de las inversiones sujetas a los riesgos propios del mercado. En 2005, solamente un 10% de los trabajadores del sector privado dependían exclusivamente de los planes de beneficios específicos, mientras que, en 1979, ese porcentaje llegaba al 62%, de acuerdo con el EBRI.

Pero, en vez de ahorrar más para la jubilación, los americanos han ahorrado menos. Desde los años 50 hasta principios de los años 80, ellos ahorraron del 8% al 11% de su renta personal, según datos de la Oficina Americana de Análisis Económicos. Los ahorros personales comenzaron a descender en los años 90 y cayeron hasta menos del 2% durante 2007; después, en 2010, oscilaron entre un 5% y un 6%.

Sin la seguridad de los ahorros o de una pensión del empleador, los tres pilares básicos de la jubilación, una combinación del ahorro, de la pensión del empleador y de la seguridad social, se han vuelto cada vez más precarios. El americano medio no tiene conocimiento financiero para crear por cuenta propia un porfolio sólido de jubilación, dice Marston. Esto quedó muy claro cuando el mercado bursátil quebró en 2008 y arrasó con las cuentas de jubilación. Cerca uno de cada cuatro trabajadores con edades entre 56 y 65 años tenía más del 90% de sus saldos en cuenta aplicados en acciones a finales de 2007, según datos del EBRI; y más de dos de cada cinco tenían cerca de un 70% de su capital invertido en acciones. La mayor parte de los especialistas aconseja a las personas invertir cerca de un 50% de su porfolio en acciones después de jubilarse.

Actualmente, inversores sin orientación especializada cometen el error opuesto invirtiendo en títulos y otras inversiones de renta fija, dice Marston. Si, por un lado, se evita la volatilidad a corto plazo, esas personas pueden acabar también "con un porfolio que no va a durar toda la vida". Marston aconseja al inversor buscar la ayuda de empresas que cobran tasas sobre el porcentaje de activos, en vez de empresas que reciben una comisión por la venta de productos financieros. "La vida de jubilado es simplemente demasiado larga para que las personas la planeen por cuenta propia", dice.

Para los baby boomers y para las demás personas, la hora de comenzar a pensar en la jubilación es ahora mismo, dice Jean Stezfand, director de seguridad financiera de AARP, grupo que asesora a los ancianos americanos. "Es un primer paso importante". Quien intenta calcular cuánto va a necesitar ahorrar para jubilarse suele contribuir más a su cuenta de jubilación y a gestionar mejor sus deudas. Es como perder peso, dice Stezfand: para alcanzar sus objetivos, "hay que subirse a la balanza".

Planear ayuda mucho, observa Olivia S. Mitchell, profesora de Seguros y Gestión del riesgo de Wharton y directora ejecutiva del Consejo de Investigaciones sobre Pensión de Wharton [Wharton Pension Research Council]. En un estudio de 2008, Mitchell constató que las personas que decían haber pensado "mucho", "más o menos" o "un poco" sobre la jubilación tenían un índice de riqueza mayor que las que dijeron no haber pensado "casi nunca' sobre el asunto. A parte de la vivienda, la riqueza media de quien había planeado era un 32% mayor que la de aquellos que no lo hicieron.

Otros países tienen una variedad de programas que ayudan al ciudadano a prepararse de forma financiera. Los trabajadores daneses cuentan con un sistema de pensiones públicas y con planes de beneficios en todo tipo de industrias. Los trabajadores de Reino Unido entran de forma automática en planes de contribución definida que fija con cuánto debe contribuir el empleador; a la hora de jubilarse, el trabajador recibirá una cuantía fija el resto de la vida. Nueva Zelanda da de alta de forma automática al trabajador en un programa de contribución definida conocido como KiwiSaver, y promueve la educación financiera en la web del programa. Los estudios muestran que el registro automático en planes de contribución definida aumenta significativamente el índice de participación. De acuerdo con Stezfand, las mujeres, minorías y trabajadores de baja renta aumentan su índice de participación de menos de un 20% a más del 80% en el momento en que el empleador intercambia el plan 401(k), en que el trabajador decide si quiere o no darse de alta en el programa, por el plan en que es automáticamente dado de alta y puede optar, si quisiera, a salirse de él.

La regla del 4%

¿Por dónde deben comenzar los trabajadores que desean mejorar su educación financiera? Una de las primeras cosas que necesitan entender es el funcionamiento de los intereses compuestos, según explica Keith Weigelt, profesor de Gestión de Wharton. "Esto significa que hay que comenzar a ahorrar lo más pronto posible", dice Weigelt, responsable de iniciativas de educación financiera en las escuelas públicas de Filadelfia. "Es imprescindible que se tenga una visión de largo plazo, y yo no creo que exista esa visión".

Las personas necesitan pensar en los gastos básicos que tendrán después de jubilarse y de qué manera van a cubrirlos. Especialistas en finanzas siempre recomiendan a quienes van a jubilarse que acumulen cantidad suficiente de activos para cubrir del 70% al 80% de sus ganancias anteriores a la jubilación. Otro precepto siempre muy citado es el de la norma del 4%, según la cual los futuros jubilados deben guardar sus recursos evitando retirar más del 4% al año sobre sus activos iniciales siempre tomando en cuenta la inflación.

Los críticos dicen que esta directriz no debe seguirse ciegamente. La norma del 4% "simplemente no funciona" cuando las inversiones están cayendo, dice Stezfand, de la AARP. "Cuando hay retornos negativos del 20%, una retirada del 4% significa que el jubilado no tendrá recursos garantizados hasta el final de sus días", dice él. Una estrategia mejor consiste en que el individuo compre una anualidad con parte de los activos cuando se jubile, dice ella. La anualidad es una inversión que proporciona un flujo de renta mensual, ya sea por un tiempo o durante toda la vida, y que puede ser usado para cubrir los gastos básicos. "Si la persona consigue cubrir sus necesidades básicas", dice ella, "estará mucho más tranquila".

Es preciso decidir también cuando hay que comenzar a sacar los beneficios de la Seguridad Social, ya que los montantes varían con la edad. Cerca de un 42% de los hombres y un 48% de las mujeres comienzan a rescatar los beneficios a que tienen derecho inmediatamente después de jubilarse, a los 62 años, informa la Oficina de Estadísticas de Trabajo de EEUU. Pero si prorrogaran la jubilación hasta los 65 años, los beneficios mensuales aumentan cerca de un 20%, dice Andrew G. Biggs, ex-miembro interino de la comisión de la Administración de la Seguridad Social y resident scholar del American Enterprise Institute favorable a que la edad mínima de jubilación sea de 65 años.

Otra cuestión a considerar es la posible necesidad de cobertura médica para los casos en que el individuo ya no pueda realizar tareas cotidianas como vestirse y comer solo. Setenta por ciento de los americanos que llegan a los 65 años acaban necesitando asistencia para tales tareas, según datos de un estudio de la Universidad Provincial de Pensilvania, Universidad de Georgetown y del Lewin Group, necesitando un 20% asistencia médica durante más de cinco años. En esos casos, la financiación podrá venir de fuentes como planes de salud particulares, generalmente caros, y de Medicaid, que condiciona la aceptación del candidato a su volumen de activos. Una sección de la ley de la reforma del sistema de salud, aprobada por el Congreso en marzo, crea un programa que permite al individuo desvincularse del programa y optar por una cobertura de salud que implica deducciones a largo plazo sobre su salario.

Mucha gente comete el error de creer que la casa propia puede ser una fuente de ingresos durante la jubilación, dice Todd Sinai, profesor de bienes inmuebles de Wharton. "Insisto a las personas en que no hagan eso", dice él. "Realmente una casa es una vivienda. Tan solo hay que recordar que después de jubilarse la persona tendrá que continuar pagando los costes de vivienda", dice él. "Por lo tanto, es equivocado pensar en la casa como dinero disponible', ya que las personas van a continuar necesitando un lugar donde vivir.

Muchos boomers quieren seguir trabajando, y no sólo debido a las cuentas de 401(k) que encogieron. "Ellos dicen que todavía pueden contribuir a la sociedad, que tienen valor y que no se sienten inútiles", observa Marcie Pitt-Catsouphes, directora del Centro Sloan de Envejecimiento & Trabajo de la Universidad de Boston. En un reciente congreso con cerca de 150 mujeres próximas a la edad de jubilación, recuerda Pitt-Catsouphes, las participantes dijeron que habían entrado al mercado laboral después de hacerse adultas y que planeaban ahora un nuevo tipo de vida después de jubilarse. "Ellas dijeron que estaban pensando a diario en nuevas posibilidades para la vida de jubiladas", dice Pitt-Catsouphes. "Si no quisiéramos jugar al golf todos los días", dijeron, "¿a qué vamos a dedicar esos años? ¿Cómo podemos prepararnos para una jubilación en la que no falte un trabajo que sea significativo?"

Algunas sugerencias en ese sentido fueron elaboradas por Civic Ventures, un grupo de estudios sin fines de lucro que ayuda a las personas a encontrar una carrera en la madurez. "La mayor parte de las personas, cuando concluyen con sus actividades profesionales, aún piensan en hacer alguna cosa en su vida personal y profesional", observa Marci Alboher, vicepresidente del grupo con sede en San Francisco. Ella propone la creación de "Cuentas Individuales con Propósito", a las que las personas recurrirían en busca de ayuda a la hora de hacer la transición del trabajo regular a una carrera después de jubiladas. A mucha gente le gustaría volver a la escuela para adquirir nuevas habilidades; hay quien le gustaría abrir un negocio o mudarse a nuevos lugares, dice Alboher. Quien planea la transición tendrá menos sobresaltos que aquellos que no lo planean, añade. "La planificación de una carrera para la madurez se volverá tan común como la planificación para la jubilación", evalúa Alboher.

Desde varios puntos de vista, el nuevo escenario de jubilación indica una vuelta al pasado. "Cien años atrás, no existía el concepto de jubilación", dice Mitchell, profesora de Wharton. "Las personas tenían que seguir contribuyendo al sostén de la familia hasta cuando pudieran. El futuro muestra que la definición de jubilación debería y debe cambiar", dice ella. "Debe cambiar a causa de las dificultades financieras, y debería cambiar porque es mejor para las personas que no se jubilen completamente".

Hay numerosas evidencias al respecto. Sin trabajo, "las personas pierden la capacidad mental, se quedan sin contactos y amistades y caen en una depresión", dice Mitchell. "Para la mayor parte de las personas no existe la posibilidad de dejar de trabajar totalmente, y yo diría que no conviene hacerlo".

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