¿Cuál es el futuro del TLCAN?

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Con el fin de la ronda de conversaciones entre EEUU, Canadá y México la semana pasada, cuyo objetivo era renegociar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pero que acabó en un callejón sin salida, dos cuestiones se convirtieron en los principales puntos de discordia.

Uno de ellos tiene que ver con las exigencias del Gobierno Trump para las llamadas “normas de origen” de los autos. El Gobierno de Estados Unidos quiere que el contenido de componentes estadounidenses en los coches sea de, al menos, el 50% para que puedan encuadrarse en las tarifas cero del TLCAN. Otra medida concomitante consiste en elevar el valor mínimo de los componentes de automoción adquiridos en los tres países del actual 62,5% al 85%. Otro punto de conflicto son las exigencias de EEUU en el caso de la “sunset clause”, según la cual los tres países deben renovar su acuerdo de 23 años después de cinco años, de lo contrario, caducará. Las exigencias tienen como objetivo contribuir a que los empleos en el sector manufacturero vuelvan a Estados Unidos, además de corregir el déficit comercial del país, dijo Robert Lighthizer, representante comercial de Estados Unidos en una declaración realizada tras la última ronda de conversaciones.

Sin embargo, las exigencias de Estados Unidos amenazan con subvertir una economía responsable de décadas de planificación y de inversiones por parte de las compañías automovilísticas, y los empleos que han salido al exterior no deberían volver a Estados Unidos, según dicen expertos de Wharton, de McGill University, de Canadá, y de Fordham University.

“En vista de los otros acuerdos de libre comercio de los Estados Unidos, y dada la ventaja comparativa de la mano de obra en otros países, Vietnam es uno de los que nos vienen a la mente, no está claro en modo alguno que estos empleos volverán un día a Estados Unidos, ya sea renegociando el TLCAN, o no”, dijo Andrea Bjorklund, profesora de Derecho de la Universidad McGill en Montreal. Bjorklund fue también anteriormente miembro del equipo de arbitraje del TLCAN en el Departamento de Estado de Estados Unidos.

“La cláusula sunset es una exigencia absurda para mucha gente”, dijo Matt Gold, profesor adjunto de Derecho de Fordham University que sirvió en 2012 como asistente interino del Representante del Comercio de Estados Unidos para América del Norte, función en que era el principal negociador y asesor de políticas del país para el comercio norteamericano. “Las empresas deben realizar planificaciones a medio y largo plazo. Nadie podrá hacerlo si hay una cláusula sunset según la cual el acuerdo puede expirar en cinco años, a menos que los países voten de nuevo para revalidarlo. La industria estadounidense y los demás negociadores comerciales de EEUU involucrados en las conversaciones se quedaron “perplejos” cuando Estados Unidos planteó tal exigencia, añadió.

Bjorklund y Gold discutieron sobre las implicaciones de las exigencias de Estados Unidos para el TLCAN y sobre las perspectivas de las futuras rondas de negociaciones durante el programa de Knowledge@Wharton en Wharton Business Radio, canal 111 de SiriusXM.

La posición de EEUU revela dos objetivos claros para la renegociación del TLCAN. En primer lugar, el Gobierno estadounidense quiere actualizar el acuerdo de 23 años para que refleje una economía moderna que tiene que lidiar con cosas como la propiedad intelectual, el comercio digital, la lucha contra la corrupción, los patrones técnicos, los servicios financieros, etc. En segundo lugar, el TLCAN “se ha vuelto muy desigual y necesita reequilibrarse”, dijo Lighthizer en su declaración, explicando que esto representó para EEUU “un déficit comercial enorme […] y decenas de miles de empleos en el sector manufacturero“.

Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton y director del Instituto Lauder de la institución, dijo que ningún otro gran acuerdo comercial en el mundo tiene una cláusula de final de vigencia (sunset clause). “Esta cláusula, que establece un fin automático para el TLCAN a menos que los tres países acuerden continuar, congelará en alguna medida las inversiones de las empresas, ya que establece un límite de plazo para el acuerdo”, dijo. “Hay partes de la economía estadounidense que se benefician del TLCAN, y que se oponen a la activación de la cláusula sunset o a cualquier otra medida de desactivación del acuerdo.

Gold dijo que la propuesta que exige el 50% de componentes estadounidenses en los automóviles procedentes de Canadá o de México con destino a Estados Unidos es “inédita en cualquier acuerdo comercial”. Él dijo que normalmente el contenido norteamericano sería la única medida para determinar si el producto puede encajar en la categoría de duty-free en la frontera.

“No hay un solo sector en Estados Unidos que no se haya manifestado”, dijo Gold en relación a la manera en que la industria estadounidense reaccionó a la posición de Trump en el marco del TLCAN. “Ellos simplemente entraron en pánico ante la posibilidad de que Trump se salga del TLCAN como táctica de negociación, o que el acuerdo se modifique de tal manera que resulte perjudicial para varios mercados de la industria estadounidense en Canadá y México, y también al acceso a los mercados canadienses y mexicanos”.

Perspectivas de empleos e inversiones

Si el Gobierno Trump aprueba lo que desea para el TLCAN, ¿los empleos que se han subcontratado a México u otros países en las últimas dos décadas volverán a Estados Unidos? “Es poco probable”, dijo Guillén. “Por el contrario, muchas inversiones realizadas por empresas alemanas, surcoreanas y japonesas en Carolina del Sur, Alabama y otros lugares fueron desencadenadas por el inmenso mercado creado por el TLCAN”.

“Con la norma actual del TLCAN del 62,5% de contenido estadounidense, los países socios no disponen de una regla específica de contenido local, y puede proceder de los tres países, subrayó Guillén. “Si Estados Unidos logra aprobar la regla del 50% de contenido estadounidense, los proveedores de la industria automotriz y los fabricantes de automóviles tendrían que cambiar su programa de subcontratación para atender a esa exigencia”, dijo Guillén. “A corto plazo, no creo que cierren las puertas de sus fábricas. A largo plazo, sin embargo, Estados Unidos debería contar con menos inversiones o menos nuevas instalaciones”.

Gold subrayó que la historia del sector automovilístico sobrepasa la frontera entre EEUU y Canadá y remite a los días anteriores al TLCAN. Él citó el acuerdo de componentes de automoción Canadá-EE.UU., de 1965, que acabó con las tarifas sobre coches, camiones, autobuses, neumáticos y otros ítems del sector. Otro “miniacuerdo especial” entre los dos países fue aplicado sólo a los coches y las piezas automovilísticas. “No hay posibilidad de deshacerlo, el costo de esa operación para el sector automovilístico de EEUU y Canadá sería descomunal”, dijo.

Si se deshace el TLCAN, Gold espera grandes cambios en el empleo, ya que algunas empresas perderán trabajos en el sector de exportación y otras lo ganarán. Los accionistas pueden verse afectados, especialmente los fondos de pensiones y fondos mutuos que tienen inversiones en la industria automovilística, dijo. A largo plazo, espera que los efectos sean recesivos en EEUU, aunque considera que serían “mucho peores a corto plazo”.

Aunque el estancamiento actual se refiere a la industria automovilística, el impacto del TLCAN sobre la agricultura será el más significativo, seguido por una serie de otras industrias que se benefician del comercio de arancel cero, dijo Gold. Entre 1993, año anterior a que entrara en vigor, y 2016, las exportaciones agrícolas a Canadá y México subieron más del 400%, pasando de 8.900 millones a 38.100 millones de dólares, de acuerdo con un reportaje del Washington Post. México y Canadá son actualmente los mercados externos más importantes para las materias primas cultivadas en Estados Unidos, entre ellas el maíz y la soja, manzanas y jarabes de maíz de alto contenido de fructosa, señaló el reportaje.

Sin la protección del régimen de arancel cero del TLCAN, los precios de productos importados subirían de manera general porque atraerían tasas, dijo Gold. Canadá fue el segundo mayor socio comercial de EEUU el año pasado (después de China), mientras que México es el tercer mayor.

El próximo paso 

Todas las partes se reunirán para la próxima ronda de negociaciones en México el 27 de noviembre, tres semanas después de la fecha originalmente programada, siendo que el proceso entero deberá proseguir hasta bien entrado el año 2018. En la próxima ronda, Bjorklund espera que México y Canadá tengan la oportunidad de reaccionar más íntegramente a las exigencias de Estados Unidos y reflejen lo que vale la pena luchar y qué tácticas de negociación deberán emplear para ese fin. “Además, no se sabe hasta qué punto Estados Unidos cumplirá su palabra. Es terrible tener que decir eso, pero es algo que afectará a las negociaciones”, dijo. Su expectativa es que la próxima ronda de negociaciones se centre en aclaraciones, no tanto sobre el progreso real del proceso.

Gold observó que la posición declarada de posponer la próxima ronda de conversaciones tenía como objetivo dar tiempo a los negociadores profesionales para que propusieran soluciones creativas a los impasses. “Todos debemos tomar en serio el intervalo entre ahora y la próxima ronda para evaluar de manera realista lo que se puede hacer para llegar a un acuerdo equilibrado y moderno”, observó Lighthizer. Sin embargo, Gold no tiene la misma expectativa. “Muchos de esos impasses no tienen soluciones creativas porque hay amplias lagunas conceptuales en lo que es y no es adecuado y en lo que tiene y no tiene sentido”, dijo.

En general, México y Canadá tienen “pocas exigencias, muchas menos que las de EEUU”, dijo Gold. México quiere mejorar los procedimientos aduaneros, dijo Bjorklund. Al mismo tiempo, los mexicanos insisten en incorporar normas medioambientales y laborales en el acuerdo principal y hacerlas obligatorias, agregó.

Bjorklund dijo que la exigencia de EEUU de tener “el 50% del pastel” del contenido de automóviles local es poco realista considerando que esto haría que México y Canadá se dividieran la mitad restante. Aunque ella dijo que Lighthizer tendría que seguir directrices para las negociaciones determinadas por la Casa Blanca, añadió que sus instintos podrían, a fin de cuentas, llevarlo en la otra dirección.

Bjorklund hizo referencia además a “la extraña dinámica de la Casa Blanca actual”, en la que otras dos voces participan en las negociaciones comerciales. Una de ellas es el Secretario de Comercio Wilbur Ross, un asesor influyente de Trump. La otra es Peter Navarro, un economista que dirige la Oficina de Comercio y de Política Industrial de la Casa Blanca, dijo. “El Representante Comercial de Estados Unidos no es el principal negociador como siempre ha sido, ahora existen estos otros dos centros de poder disputando posiciones”.

De acuerdo con Guillén, Estados Unidos parte del principio de que el mercado americano le da mayores ventajas en sus negociaciones con Canadá y México. “Un gran mercado es siempre una moneda fuerte de cambio, no hay dudas al respecto”, dijo. “México y Canadá se preocupan más por el acceso al mercado estadounidense que los Estados Unidos por el acceso a sus mercados”.

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