George Soros se enfrenta a George Bush

La vida de George Soros es un apasionante relato: adolescente judío, que en 1945, escapó en Hungría, de los nazis haciéndose pasar por no judío; inmigrante que llegó a EEUU, en 1956, y creó un fondo de inversión internacional que le ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo; filántropo cuyo Open Society Institute (Instituto para una Sociedad Abierta) ha donado miles de millones de dólares para causas nacionales e internacionales; filósofo cuyo sueño era crear su propia teoría de la existencia humana; y, más recientemente, autor del libro titulado George Soros on Globalization (George Soros en la globalización). Tal riqueza de experiencias le ha hecho ganar credibilidad para otro papel: el de crítico.

El pasado 8 de abril, durante una visita a la Universidad de Pennsylvania, Soros criticó a la administración Bush por lo que él considera una política exterior peligrosa y mal asesorada.

El desacuerdo no debería pillarnos por sorpresa. Mientras que los impulsos filantrópicos de Soros se han dirigido hacia causas externas, ayudando a luchar contra regímenes totalitarios de todo el mundo; los objetivos de Bush ha sido mucho mas cercanos, con miras siempre internas y centrados en los intereses americanos, incrementando en vez de disminuyendo la distancia entre EEUU y las otros países.

“EEUU es la primera potencia mundial y, por tanto, debe liderar las transformaciones para mejorar el sistema en que vivimos”, afirmó Soros cuando en el Forum Granoff on International Development and the Global Economy (Forum Granoff de Desarrollo Internacional y la Economía Global) en Filadelfia. “No es posible lograr ningún acuerdo internacional sin la participación y apoyo de los Estados Unidos”, pero la administración Bush “está visceralmente en contra de los acuerdos internacionales. Soros cree que EEUU ha alcanzado su posición dominante gracias a su propio esfuerzo, valora su independencia y tiene en poca estima a las instituciones internacionales.

Además, señala como esta actitud “es muy común entre los americanos, aunque desde los trágicos sucesos del 11 de septiembre la opinión pública haya evolucionado hacia una mayor cooperación internacional”. Sin embargo, para la administración Bush ese cambio “sólo fue superficial y en poco tiempo desapareció.”

Mientras se afirma que la amenaza terrorista es real y nos debemos defender contra ella, Soros opina que “nos estamos encaminando hacia una dirección equivocada, pero nadie se atreve a decirlo. Ese silencio es lo que convierte a esta situación en algo tan peligroso. La gente cree que, como la nación está en peligro, no es patriótico criticar a nuestro líder… Las únicas voces críticas proceden de los osados republicanos”.

La visión de futuro que Soros tiene para Estados Unidos es la de “liderar en el mundo para la creación de una sociedad global y abierta” mientras que la administración Bush “cree en la búsqueda de los intereses propios de los individuos, a través de los mercados, y los intereses propios del país, a través del uso del poder militar”.

Soros señaló que una sociedad abierta y la búsqueda del interés propio no son contradictorios. “Una sociedad abierta es una sociedad que da a sus miembros el mayor grado de libertad posible para que puedan alcanzar sus intereses propios de manera que los demás puedan a su vez lograr los suyos” dice Soros. “La administración Bush simplemente tiene una definición menos amplia de intereses propios; donde no se incluyen los intereses de los demás”.

Respecto a los terroristas, dice que son “autores que se consideran víctimas de una injusticia tan grande que justifica matar a inocentes. La trampa es que haciéndonos a nosotros víctimas nos pueden convertir a su vez en autores que causarán más víctimas” afirma. “Se puede ver como éste proceso está ocurriendo en Oriente Medio y, si no tenemos cuidado, se puede extender por todo el mundo”.

Muchas gente de la administración Bush tienen la “misma mentalidad que Arafat o Sharon” añade Soros, y cita como ejemplos a John Ashcroft, ministro de justicia de EEUU, al vicepresidente Richard Cheney y al secretario de defensa Donald Rumbsfeld. “Si consiguen lo que quieren, el mundo quedará atrapado en un círculo vicioso”.

Soros considera el 11 de septiembre como un punto de inflexión y una ventaja perdida. “En aquel momento eramos las víctimas y teníamos la simpatía y apoyo de prácticamente del mundo entero. Hasta el gobierno iraní expresó su disposición de cooperar. Hoy, casi todo el mundo es crítico respecto a nuestras políticas, y eso incluye a nuestros amigos, no sólo a nuestros enemigos. El momento clave fue el mensaje sobre el Estado de la Unión donde Bush habló del “eje del mal”. Aunque el cambio en las percepciones ya habían comenzado antes, en el momento en que Bush proclamó que “aquellos que no están con nosotros están contra nosotros” y el ministro de justicia Ashcroft dijo que “aquellos que critican el Acto Patriótico de EEUU están ayudando al enemigo y reconfortándolos”.

Mientras tanto, Estados Unidos “no está avanzando mucho en solitario. Aunque hayamos fracasado en eliminar a Osama Bin Laden, estamos apuntando a Saddam Hussein. En mi opinión, Saddam Hussein en un objetivo digno de respeto. Pero la forma en que lo estamos haciendo nos está alejando de nuestro objetivo. Los miembros de la Liga Árabe ya han arropado bajo sus alas a Irak y han declarado que un ataque sobre Irak sería considerado como un ataque hacia ellos mismos”. Debemos reconocer que esto es un serio revés.

” ¿Cómo podemos escapar de la trampa que nos han tendido los terroristas?” se pregunta Soros. “Sólo reconociendo que la guerra al terrorismo no se puede ganar haciendo la guerra. Debemos, por supuesto, proteger nuestra seguridad; pero también debemos curar los rencores que alimentan al terrorismo y volver a los principios de una sociedad abierta: reconocer que actuamos sobre la base de una comprensión imperfecta, que nuestras acciones tienen consecuencias involuntarias y, sobre todo, que lo que hacen los que están en el poder no siempre es lo correcto.

No siempre Soros ha sido abiertamente un crítico de la política exterior americana. En Estados Unidos pasó las primeras décadas amasando su fortuna –su patrimonio neto actualmente está estimado en 6.900 millones de dólares– gracias a la especulación en los mercados financieros internacionales. En 1981, el titular de un artículo sobre Soros en la revista Institutional Investor fue “The World’s Greatest Money Manager” (El mejor gestor de dinero del mundo”) . El Quantum Fund (Fondo Quantum) de Soros, con beneficios anuales medios del 31% a lo largo de sus 32 años de historia, es considerado por algunos como el fondo de inversión con más éxito de todos los tiempos.

La experiencia de Soros en los mercados financieros globales ha inspirado un gran número de citas jugosas en los medios de comunicación: es famoso, y a menudo criticado, por haber provocado en 1992 la devaluación de la libra inglesa y casi la quiebra del Banco de Inglaterra, ganando 1.000 millones de dólares en un día; le han acusado de haber causado la crisis asiática en 1997 especulando contra el baht tailandés, una cargo que niega rotundamente y del que culpa al presidente malasio Modamed Mahatir; predijo la desaparición del capitalismo global en 1998 (erróneamente, a juzgar por como están evolucionando los acontecimientos), y su Quantum Fund , como muchos otros, recibió un duro golpe (caída del 21%) después del desplome de Nasdaq en 2000.

Pero en términos de impacto absoluto, es como filántropo donde Soros ha dejado su impronta, desde que en 1979 pagara las matrículas de 80 estudiantes de color para que fueran a la Universidad de Capetown durante el apartheid en Sudáfrica. Dicha iniciativa, tal y como se cuenta en el reciente libro de Michael T. Kaufman “The Life and Times of a Messianic Billionaire”, a la larga fue criticada en los ámbitos políticos y racistas de Sudáfrica, provocando que Soros abandonase el proyecto, pero también dándole una importante lección acerca de la filantropía.

A partir de entonces Soros, por medio de su Open Society Institute y una red de organizaciones filantrópicas en cincuenta países, ha donado cientos de millones de dólares cada año, de los que gran parte se destinan al fomento de la democracia y al crecimiento económico. Aunque la mayor parte de sus iniciativas se concentran en Europa central y del Este, -en 1984 creó la primera fundación en Hungría–, también incluyen Latinoamérica, el Caribe y China. Sólo en los últimos ocho años ha donado más de 4.000 millones de dólares.

Por ejemplo, ayudó a financiar Solidarity en Polonia y a grupos disidentes en Checoslovaquia y Moscú; creó cientos de becas para que universitarios de la Europa del Este estudiasen en occidente; donó 50 millones de dólares para contribuir a la manutención de los ciudadanos de Sarajevo durante la guerra de Bosnia; gastó casi 100 millones de dólares en conectar a universidades regionales rusas a Internet; fundó programas educacionales de radio para los nómadas mongoles; construyó escuelas en Albania; y avaló hipotecas para los pobres de Sudáfrica, para que así les fuese posible adquirir viviendas en zonas de las que habían sido una vez excluidos. En 1991 fundó la Central European University (Universidad Central Europea) – con sede en Budapest y sucursales en Praga y Varsovia– y recientemente aportó 250 millones de dólares para dotarlas de medios.

En Estados Unidos ha ayudado a expandir el papel de los centros extraescolares, se ha comprometido en los debates sobre las políticas antidroga americanas y, como respuesta a la muerte de su madre, ha desarrollado un proyecto multimillonario llamado “Death in America” (Muerte en América) para promover más debates abiertos sobre la muerte. Se ha reunido con líderes globales que van desde Boris Yeltsin y Nelson Mandela hasta Kofi Annan y el surcoreano Kim Dae Jung.

Ha sido descrito como un “billonario comprometido globalmente” y “el único ciudadano que tiene su propia política exterior”. Al propio Soros le gusta la frase “un hombre de estado sin estado”. Cualquiera que sea la terminología, Soros siempre ha tenido claro sobre lo que quiere hacer con su dinero. Cuando Bill Gates creó su propia fundación en 1999 con una capital inicial de 17.000 millones de dólares, alguien preguntó a Soros si tenía algún consejo para su compañero billonario. Su respuesta fue: “regalar dinero es en cierto sentido más difícil que ganarlo. En los negocios existe un criterio muy simple para lograr el éxito: el saldo de la cuenta de resultados. En filantropía, el saldo de la cuenta de resultados es un coste y los beneficios están repartidos entre una amplia variedad de efectos sociales. Es necesario determinar tu propia estructura de valores sociales para poder evaluar los efectos”.

Unos valores bien definidos son casi una marca registrada de la filantropía de Soros, y son difíciles de sustraer en sus opiniones, tanto si el tema son los mercados financieros o el papel de los gobiernos como promotores de la paz (o la guerra). Por ejemplo, a menudo se le pregunta sobre su reputación como especulador.

La respuesta de Soros ante su audiencia de Filadelfia fue: “busco mi interés propio y el interés de los inversores, y yo maximizo los beneficios. Lo que hago después con mis beneficios es asunto mío… No afecté los resultados participando en los mercados financieros. Los mercados son amorales, no inmorales, porque los participantes no le dan importancia a las preocupaciones sociales. Es por esto que los mercados son tan eficientes. Persiguen un sólo criterio, los beneficios”.

O, tal y como explica Kaufman en su libro: “Soros siempre ha insistido en que, aunque se había hecho millonario siguiendo las reglas del juego, él no hizo las reglas; de hecho, a menudo ha mostrado su apoyo al cambio de algunas de ellas”. Al mismo tiempo, Soros tiene capacidad para influir a título individual en los mercados, tal y como reconoció ante su audiencia en Pennsylvania, “lo que ha llegado a ser un gran handicap. Así que ahora no participo en los mercados”.

Es crítico con el fundamentalismo de los mercados –la creencia de que con mercados libres lograremos los mejores resultados posibles. De hecho, demasiada confianza en los mercados “crea externalidades sobre las que no se presta atención, como puede ser el medioambiente, del que se debe cuidar a través de procesos políticos o sociales… No se puede confiar demasiado en los mercados y no prestar la suficiente atención a los intereses públicos”.

También es crítico con los programas de asistencia en el exterior cuya efectividad, según él, es por una serie de razones bastante reducida. Primero, porque se confían a los burócratas, que son adversos al riesgo; segundo, porque la ayuda exterior a menudo sitúa los intereses de los donantes por encima de los intereses de los receptores de la ayuda; y tercero, porque la ayuda a menudo acaba en manos de gobiernos corruptos. En un artículo reciente en el Wall Street Journal Soros afirma que “la principal causa de la miseria y pobreza en el mundo es un mal gobierno”.

Al ser preguntado por un ponente si pensaba que la democracia debía preceder al desarrollo económico o viceversa, Soros sugirió que, en términos generales, el desarrollo económico debería llegar primero. “A menudo el desarrollo económico necesita la ausencia de una democracia porque así puedes mantener bajos los salarios. Tomemos a China, la economía más dinámica del mundo. Hay una oferta infinita de trabajo que se está volviendo más productiva a medida que la infraestructura se desarrolla. Pero los trabajadores no reciben parte alguna del incremento de la productividad porque no hay libertad de asociación. De esta manera se produce una acumulación de capital pero la gente no necesariamente vive mejor. Los líderes chinos dirán que no pueden permitirse tener una democracia porque tres cuartas partes de la población viven en el interior del país.

“Si el desarrollo económico llega primero, después existen más probabilidades de que se establezca una democracia. Pero la transición hacia la democracia no siempre está asegurada. Si confías en que los gobernantes entreguen las riendas del poder, vas a tener que esperar mucho tiempo”.

Respecto a los problemas de Oriente Medio, para su audiencia en Filadelfia Soros no proporcionó solución específica alguna. Pero tanto por sus escritos como por sus acciones, incluso sus críticos admitirían que sus propuestas en temas tan complejos como las reformas monetarias o cómo articular la ayuda exterior adquieren enfoques originales y que, intentando cambiar el mundo, se ha comprometido utilizando fórmulas creativas de filantropía.

Kaufman describe en un momento de su libro a su protagonista como alguien que “no financió simplemente sus proyectos; ayudó a idearlos, los supervisó, jugó con ellos, y cuando parecían ser ineficaces, los concluyó. Trabajó en ello con la misma energía -y a menudo utilizando la misma táctica- que había empleado en las finanzas…” Cuando le preguntaron a Soros cómo quería ser presentado en una ceremonia de premios en Oxford, él mismo sugirió la siguiente descripción: “George Soros, un especulador financiero, filantrópico y filosófico”.

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