El impacto del TLCAN sobre la economía de Estados Unidos: ¿cuáles son los hechos?

NAFTA

Cuando el presidente Bill Clinton firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), en diciembre de 1993, predijo que “el TLCAN derribará las barreras comerciales entre las tres naciones, creará la mayor zona comercial del mundo, así como 20.000 puestos de trabajo en EE.UU. en el año 1995. Los acuerdos medioambientales y laborales negociados por nuestro Gobierno harán de este acuerdo una fuerza para el progreso social y el crecimiento económico”. Veintitrés años más tarde, los investigadores y los responsables políticos a menudo no están de acuerdo con el impacto del TLCAN sobre el crecimiento económico y la creación de empleo en los EE.UU.. Este impacto, dicen, no siempre es fácil de aislar de otros factores económicos, sociales y políticos que influyen en el crecimiento de Estados Unidos.

El comercio entre los tres socios del TLCAN─ Estados Unidos, Canadá y México ─ tiene, en general, un aspecto positivo: aumentado notablemente a lo largo de la historia del acuerdo, pasando de cerca de US $ 290 millones en 1993 a más de US $ 1,1 billones en 2016. Las inversiones mutuas también aumentaron en los últimos años, ya que el saldo de la inversión extranjera directa (IED) de EEUU en México pasó de US $ 15.000 millones a más de US $ 107.800 millones de dólares en 2014. Con respecto al crecimiento del empleo, según la Cámara Americana de Comercio, seis millones de empleos en Estados Unidos dependen del comercio de este país con México, un flujo facilitado en gran medida por el TLCAN, lo que ayudó a eliminar las barreras arancelarias costosas y no arancelarias. El TLCAN también facilitó la integración de varias capas de las cadenas de suministro de los Estados Unidos, México y Canadá.

Según el Centro Wilson, 25 centavos de cada dólar de mercancías importadas de Canadá por Estados Unidos son en realidad de contenido “Made in EE.UU.”, así como 40 centavos de cada dólar de mercancías importadas de México por Estados Unidos.

Gerónimo Gutiérrez, director general del Banco de Desarrollo de América del Norte (BDAN), señala que el comercio entre EE.UU. y México alcanzó más de $ 500 mil millones en 2015, un aumento de cinco veces desde 1992, cuando las negociaciones para la creación del NAFTA se completaron. Por lo tanto, explica, México importa actualmente más de Estados Unidos que todos los países de los llamados BRIC ─ Brasil, India, Rusia y China— juntos. (El BDAN trabaja como un catalizador binacional ayudando a las comunidades a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México a desarrollar una infraestructura asequible a largo plazo).

Gutiérrez agregó que hay beneficios menos conocidos para el TLCAN. Para promover la integración coherente de las cadenas de suministro industrial de América del Norte, “el TLCAN crea socios, no competidores entre los países miembros en relación con el interés de México por esta relación bilateral, que puede resumirse en dos hechos: aproximadamente el 80% de las exportaciones de México van a EE.UU., mientras que el 50% de la inversión extranjera acumulada recibida entre 2000 y 2011 proviene de EE.UU.. Además, el TLCAN ha sido un ancla fundamental para las reformas que hacen de México una economía más moderna y una sociedad más abierta”.

Un impacto modesto

Por todas estas razones, la mayoría de los estudios concluyen que el TLCAN ha tenido sólo un impacto modesto sobre el PIB de Estados Unidos. Por ejemplo, según un informe de 2014 del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE), EE.UU. es US $ 127.000 millones más rico cada año gracias al crecimiento del comercio “extra” proporcionado por el TLCAN. Para EE.UU., cuya población era de 320 millones en el momento del estudio, la ventaja estrictamente económica fue de sólo US $ 400 por persona, mientras que el PIB per cápita era de US $ 50.000. Aunque los costos del TLCAN están altamente concentrados en industrias específicas, tales como fábricas de automóviles ─ donde el cierre de puestos de trabajo puede ser importante para ciertas empresas ─ los beneficios del pacto comercial (tales como precios más bajos para la electrónica de importación y la ropa) están ampliamente distribuidos por EE.UU., al igual que en el caso de cualquier acuerdo comercial en todo el mundo.

Los defensores del TLCAN estiman que alrededor de 14 millones de empleos dependen del comercio con Canadá y México, y cerca de 200.000 puestos de trabajo relacionados con la exportación creados anualmente por el TLCAN pagan un salario promedio de 15% a 20% más alto que los puestos de trabajo perdidos, según un estudio del PIIE. Además, el estudio constató que alrededor de 15.000 puestos de trabajo netos se eliminan todos los años a causa del TLCAN. “Según nuestros cálculos, desde la entrada en vigor del TLCAN, menos del 5% de los trabajadores que perdieron su empleo debido a los despidos masivos (por ejemplo, cuando las grandes empresas cierran sus puertas) están relacionados ─ según todo parece indicar─ con el aumento de las importaciones de México”, señalan los autores, Gary Clyde Hufbauer, investigador principal en el PIIE y la analista de investigación Cathleen Cimino-Isaacs. Para las cerca de 200.000 personas de los 4 millones que pierden sus puestos de trabajo cada año en estas circunstancias, los despidos pueden atribuirse al aumento de las importaciones procedentes de México, dijeron, pero “prácticamente el mismo número de nuevos puestos de trabajo fueron creados anualmente por el crecimiento de las exportaciones de EE.UU. a México”. Además, “por cada empleo neto perdido según esta definición, los beneficios para la economía de Estados Unidos fueron de aproximadamente US $ 450.000, debido a la mayor productividad de la fuerza laboral, a una gama más amplia de bienes y servicios y precios más bajos en la caja del supermercado para las familias”.

Los expertos en comercio coinciden en que es difícil separar los efectos directos del acuerdo sobre el comercio y la inversión de otros factores, tales como las mejoras tecnológicas rápidas, la expansión del comercio con otros países, como China, y eventos internos no relacionados con cada uno de los países.

Walter Kemmsies, director general, economista y estratega jefe de JLL Puertos Aeropuertos e Infraestructura Mundial, dice que muchos de los puestos de trabajo perdidos que a menudo se atribuyen al NAFTA, probablemente se hubieran eliminado de todos modos, incluso si no hubiera acuerdo, en parte debido al aumento de la competencia de los fabricantes chinos, muchos de los cuales se aprovecharon de la manipulación de la moneda por parte del Gobierno chino que hizo que los productos fabricados en ese país tuvieran precios más competitivos que en Estados Unidos. Del mismo modo, Mauro Guillén, director del Instituto Lauder de Wharton, está de acuerdo en que, sin el TLCAN, muchos puestos de trabajo estadounidenses desaparecidos durante ese período probablemente habrían migrado a China o cualquier otro país. “Tal vez el TLCAN ha acelerado el proceso, pero no representa una gran diferencia”.

“Muchos especialistas instantáneos sobre el TLCAN no entienden el comercio y lo que lo impulsa”, dijo Kemmsies. “Por lo tanto, confunden el TLCAN y la globalización de la economía mundial. El hecho es que, con o sin TLCAN, de todos modos nuestro comercio con México habría sido mucho mayor. No estoy seguro incluso de si el TLCAN ha promovido algún aumento de las relaciones comerciales entre la situación de Estados Unidos y México. Mire la situación de México y olvídese un poco de todo lo demás por un segundo: ¿cuál es el mayor corredor de flujo comercial del mundo? Es de Este a Oeste, de Asia a Europa y América del Norte. México se encuentra justo en medio del flujo Este-Oeste […] con sus 120 millones de habitantes y sus numerosos recursos para la extracción de materias primas […] La fuerza de trabajo es barata, hay una ventaja geográfica global y una creciente clase media. Es un buen lugar para hacer las cosas”.

Durante mucho tiempo, debido a la falta de inversión, la infraestructura de México fue muy por debajo de la media, incluyendo sus puertos, hechos para el procesamiento de materias primas, y no para hacer frente a los productos industriales. En este sentido, el TLCAN ha tenido un impacto positivo en el desarrollo económico de México, que llevó a los inversores extranjeros a creer que México, cuyos gobiernos siempre han sido proteccionistas y populistas, seguirían las normas del derecho internacional. Los expertos en comercio internacional, M. Ángeles Villarreal e Ian F. Fergusson, del Servicio de Investigación del Congreso, escribieron en un informe reciente: “A pesar de que las medidas comerciales unilaterales y la liberalización de la inversión de México en los años 80 y principios de los 90 han contribuido a aumentar la inversión extranjera directa (IED) de EE.UU. en México, las disposiciones del TLCAN sobre las inversiones extranjeras pueden haber contribuido a consolidar las reformas en México y ayudar a aumentar la confianza del inversor en el país”. Alrededor del 50% de la inversión total de la IED en México está en su próspero sector manufacturero.

Pérdida de empleos y salarios más bajos

Algunos críticos argumentan que el TLCAN es el culpable de la pérdida de puestos de trabajo y el estancamiento de los salarios en Estados Unidos porque la competencia de las empresas mexicanas ha obligado a muchas empresas estadounidenses a trasladarse a México. Entre 1993 y 2014, la balanza comercial entre Estados Unidos y México pasó de un superávit de US $ 1.700 millones a un déficit de $ 54.000 millones. Economistas como Dean Baker, del Centro de Investigación y Política Económica, y Robert Scott, economista en jefe del Instituto de Política Económica, dicen que el aumento resultante de las importaciones de México a Estados Unidos coincidieron con la pérdida de hasta 600.000 puestos de trabajo en EE.UU. en más de dos décadas, aunque admiten que parte de este crecimiento de las importaciones probablemente habría ocurrido sin el TLCAN.

Aunque se reconoce que muchos puestos de trabajo bien remunerados en la industria manufacturera de Estados Unidos han emigrado a México, China y otros países extranjeros como resultado del TLCAN, Morris Cohen, profesor de Gestión de Operaciones e Información de Wharton, argumenta que el TLCAN ha sido a fin de cuentas, algo bueno para la economía y para las empresas estadounidenses. “El sonido de succión que Ross Perot predijo, no ocurrió. Muchos puestos de trabajo fueron creados en Canadá y México, y la actividad económica resultante creó una especie de cadena de suministro ininterrumpido, una cadena de suministros de Estados Unidos que permitieron a sus fábricas ser más rentables y más competitivas”.

Por otra parte, en el estudio publicado en 2015 por el Servicio de Investigación del Congreso, Villarreal y Fergusson observaron: “El impacto económico global del TLCAN es difícil de medir, ya que el comercio y las tendencias de las inversiones están influenciadas por muchas otras variables económicas tales como el crecimiento económico, la inflación y las fluctuaciones del tipo de cambio. El acuerdo puede haber acelerado la liberalización del comercio que ya estaba teniendo lugar, pero muchos de estos cambios podrían haber ocurrido con o sin acuerdo”.

Algunos de sus críticos más duros admiten que el TLCAN no debe ser considerado plenamente responsable de la reciente pérdida de puestos de trabajo industriales en los EE.UU.. Según Scott, del Instituto de Política Económica, “en más de dos décadas, la manipulación del tipo de cambio en alrededor de 20 países, encabezados por China, infló el déficit comercial de Estados Unidos, lo que, junto con los efectos persistentes de la Gran Recesión, es en gran parte responsable de la pérdida de más de cinco millones de puestos de trabajo en la industria manufacturera de Estados Unidos”. Scott dice que, si bien el TLCAN y otros acuerdos comerciales, como la Asociación Trans-Pacífico, son malos para los trabajadores estadounidenses, el principal problema no es debido al hecho de que son pactos de “libre comercio”, sino al hecho de que “estaban diseñados para crear un conjunto de reglas separadas y globales con el fin de proteger a los inversores extranjeros y fomentar la externalización de producción a otros países de Estados Unidos”.

A diferencia de la generación anterior de “acuerdos de libre comercio” ─ que se centraban en la reducción o eliminación de los aranceles y las obligaciones que asfixiaban el comercio ─ estos acuerdos más recientes son más completos. Como explica Scott, “contienen 30 o más capítulos que proporcionan protección especial a los inversores extranjeros, extienden la validez de las patentes y derechos de autor; privatizan los mercados de servicios públicos como la educación, la salud y las concesiones de servicios públicos, además de “armonizar” las normas de tal manera que limitan o impiden que los gobiernos protejan la salud pública o el medio ambiente”. Cuando los críticos de TPP [Socio Trans-Pacífico] convergen en sus críticas al pacto con sus críticas al “libre comercio”, evitan un elemento esencial del TPP, lo que deja preocupados, en general, a muchos partidarios fieles a los acuerdos de primera generación que favorecieron la desregulación del “comercio” per se, señala Scott.

El papel de China

Hace dos décadas, cuando se creó el TLCAN, la presencia de China en la economía mundial era discreta. El país ni siquiera era todavía miembro de la Organización Mundial del Comercio. Sin embargo, la participación del gasto de Estados Unidos en los productos chinos creció cerca de ocho veces entre 1991 y 2007. En 2015, el comercio de los Estados Unidos en bienes y servicios con China totalizó $ 659.000 millones, EE.UU. importó $ 336.000 millones más de lo que exportó. China se ha convertido en el principal socio comercial de los productos de Estados Unidos, un acontecimiento no previsto por la firma del TLCAN. Y, sin embargo, el TLCAN sigue catalizando la mayor parte de la culpa entre los críticos estadounidenses de la globalización, mientras que EE.UU. y China jamás han firmado ningún acuerdo comercial bilateral.

¿Cómo eso es posible? En un estudio reciente que atenuaba el impacto del TLCAN sobre la economía de Estados Unidos, los economistas David Autor (MIT), David Dorn (Universidad de Zurich) y Gordon Hanson (Universidad de California, San Diego), enfatizan el papel del surgimiento de China en el crecimiento del empleo y los salarios en los Estados Unidos. En el estudio, publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica, los autores escriben: “El surgimiento de China como una gran potencia económica condujo a un cambio histórico en el comercio mundial. Simultáneamente desafió, al mismo tiempo, gran parte del conocimiento empírico recibido sobre la forma en que los mercados se ajustan a los choques comerciales. Junto con los beneficios que representa para el consumidor por la expansión del comercio, hay costos sustanciales de ajuste y consecuencias para la distribución […] Los trabajadores expuestos a este escenario experimentan una mayor rotación y un descenso de los ingresos durante toda la vida. A nivel nacional, el nivel de empleo se redujo en las industrias estadounidenses más expuestas a la competencia de las importaciones, como era de esperar, sin embargo, la compensación de las ganancias de empleo en otras industrias no se han materializado. Una mejor comprensión de la situación que explique en qué momento y dónde el comercio se hace caro, y cómo y por qué puede ser beneficioso, son elementos esenciales en la agenda de investigación de los economistas comerciales y laborales”.

Como dice Robert Blecker, economista de la Universidad Americana: “Contrariamente a las promesas de los líderes que lo promovieron, el TLCAN no causó que la renta per cápita de México se acercase a la americana, tampoco solucionó los problemas de empleo de México o el flujo persistente de migración”. Sin embargo, “el TLCAN promovió, sin duda, una mayor integración entre los EE.UU. y México y ayudó a convertir este último en un importante exportador de productos manufacturados”.

Las ventajas para la economía mexicana, sin embargo, fueron atenuadas por la fuerte dependencia de insumos intermedios importados para la producción de exportación y la competencia china en EE.UU. y el mercado interno. El aumento a largo plazo del empleo en el sector manufacturero en México (alrededor de 400.000 puestos de trabajo) fue pequeño y decepcionante, mientras que la manufacturación en EE.UU. se redujo en 5 millones, más a causa de las importaciones chinas que mexicanas. En México y en EE.UU., los salarios reales se estancaron mientras que la productividad siguió aumentando llevando a una mayor participación en los beneficios y una tendencia hacia una mayor desigualdad.

Culpar al TLCAN de todos estos problemas desconcertantes tal vez deje satisfechos a algunos críticos del tratado, pero como los investigadores sobre el comercio han aprendido en los últimos años, la creciente complejidad de los desafíos económicos actuales desafía cualquier explicación simplista.

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