Iniciativa empresarial en Colombia: “Intenta rápido, aprende rápido y embárrala barato”

La economía colombiana está considerada actualmente una de las más importantes de los países emergentes. La creciente estabilidad económica del país, el descenso de la violencia, una población de trabajadores jóvenes y, sobre todo, la tendencia positiva de la economía convierten al país en un lugar de perspectivas prometedoras. Robert Ward, director global de pronósticos de Economist Intelligence Unit (EIU), clasifica a los países en desarrollo con buenas perspectivas de futuro en un grupo denominado CIVETS. Los países incluidos en ese grupo —Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica— comparten diversas características muy importantes, entre ellas, tendencias positivas en lo que se refiere a los aspectos políticos, sociales y económicos. En 2011, un año financiero complicado para el mundo, la tasa de crecimiento del PIB colombiano fue del 5,9%, lo que situó al país como la 33 economía del mundo, según el Fondo Monetario Internacional (FMI). En 2012, el Gobierno colombiano prevé que la deuda pública se sitúe en el 25% del PIB, un porcentaje envidiable si se compara con otras naciones endeudadas. Además, el país cuenta actualmente con una tasa de inversión del 28% del PIB, el mayor nivel observado en el país en la década pasada. En un mundo en que algunas de las naciones más poderosas pasan por graves dificultades, se trata de una excelente posición para un país como Colombia.

Aunque los colombianos se enorgullezcan de su situación económica actual, no ha sido un camino fácil. Problemas como la violencia y la desigualdad económica asfixiaban desde hace tiempo el potencial económico del país y afectaban de forma negativa la moral de la población. Durante muchos años, Colombia puso gran énfasis en la superación de esos obstáculos. Según el ministerio de Defensa, en 2011 la tasa de homicidios fue la más baja de los últimos 26 años, con una caída del 12% respecto al año anterior. Esa tendencia positiva inspiró un sentimiento de gran optimismo respecto al futuro del país. La violencia —capitaneada por facciones como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)— era anteriormente motivo de gran inseguridad y de amenaza a la distribución, ahuyentando a los inversores. Hoy en día se han hecho progresos evidentes. Además de eso, el Gobierno colombiano ha trabajado con tesón para lograr que se produjera ese cambio con la esperanza de despertar el interés internacional.

Un segundo problema relacionado con el primero tiene que ver con la desigualdad económica existente en Colombia. El país aún se sitúa en el séptimo lugar en el ranking de los países con mayor nivel de desigualdad económica, pero se están produciendo cambios positivos. Las recientes decisiones del Gobierno de aumentar el ahorro público, reducir el déficit público e invertir en programas sociales ya han tenido resultados positivos. Según Catalina Crane Arango, Alta Consejera para la Gestión Pública y Privada, el poder adquisitivo de los trabajadores con salario mínimo aumentó de forma significativa durante la última década. En 2000, un trabajador que ganaba el salario mínimo tenía que trabajar 125 meses para poder comprar un coche; en 2012, él podrá comprarlo con 57 meses de trabajo.

La disminución de la violencia y la reducción de la desigualdad económica están entre los cambios que hoy impulsan de manera positiva la economía colombiana, ofreciendo a sus ciudadanos la esperanza de un futuro mejor. Como consecuencia de ello, el país pasa por un periodo de gran expansión de la actividad emprendedora. Según la encuesta más reciente de GEM (Global Entrepreneurship Monitor), el estudio más amplio sobre iniciativa empresarial en todo el mundo, un 20,6% de los entrevistados en Colombia en 2011 dijeron que habían abierto una empresa en los últimos tres años. Esta cifra fue del 11,8%, de media, en un grupo selecto de países semejantes. Ahora el Gobierno colombiano tiene por delante el desafío de descubrir cómo desarrollar y maximizar ese potencial emprendedor.

La iniciativa empresarial y el Gobierno

En einforme Política de desarrollo empresarial: la “política industrial” de Colombia, publicado en mayo de 2011, Sergio Díaz-Granados Guida, ex ministro de Comercio, Industria y Turismo de Colombia, dice que, "en el pasado, la política industrial de Colombia se basaba en la protección artificial de sectores previamente escogidos utilizándose métodos como tarifas aduaneras elevadas, licencias de importación, monopolio gubernamental de los productos alimenticios importados, control de precios y otros". Eso parece haber llevado a la creación de un ambiente de iniciativa empresarial artificial y aislada.

A principios de los años 90, el papel del Gobierno colombiano como incentivador de la iniciativa empresarial cambió a medida que el foco de sus políticas empezó a dar prioridad a las pequeñas y medianas empresas, que eran consideradas el núcleo del desarrollo económico del país. Esa fue la primera vez que el Gobierno usó el término "política de desarrollo empresarial" para describir su nueva política industrial.

Actualmente, esa política ha evolucionado y ahora concentra los esfuerzos del Gobierno no en el sentido de proteger empresas e industrias, sino en eliminar las barreras al desarrollo de la iniciativa empresarial y promover la competencia.

De forma más reciente, el Gobierno colombiano ha concentrado sus esfuerzos en el sentido de crear una estructura jurídica adecuada y una infraestructura financiera ideal para apoyar la nueva actividad emprendedora del país. Una de las piezas más importantes de la legislación dedicada a la iniciativa empresarial fue aprobada en 2006. La ley 1014 fue creada con el propósito de promover la iniciativa empresarial en diferentes sectores de la economía. Una de sus propuestas fue la creación de una red nacional y regional de desarrollo de la actividad emprendedora. En 2009, la ley 1286 creaba el sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación, cuyo objetivo era apoyar al emprendedor de alta tecnología y alto impacto.

Además de estrategias y leyes, el Gobierno colombiano busca otros métodos que promuevan el crecimiento y la sostenibilidad de la iniciativa empresarial. En 2002, se lanzó el Fondo Emprender, una empresa de capital-semilla especializada en la financiación de empresas formadas en el ámbito del SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje), una institución educativa responsable de la promoción de la iniciativa empresarial entre los estudiantes. Instituciones de ese tipo se concentran, sobre todo, en proporcionar el apoyo financiero y de infraestructura para proyectos específicos emprendedores. Junto con el sistema nacional de creación e incubación, esa red creó más de 20 incubadoras en todo el país, las cuales, por su parte, ayudaron a lanzar más de 1.500 empresas emergentes desde 2003.

Ante el aumento de la actividad emprendedora y de sus necesidades, el Gobierno colombiano se vio en la necesidad de elaborar un plan más eficaz y de mayor alcance. Según Sergio Zuluaga, director de actividad emprendedora e innovación del ministerio del Comercio, Industria y Turismo —responsable de la promoción de la iniciativa empresarial en el país— el Gobierno decidió de forma reciente alterar su estrategia optando por una táctica que tomara en cuenta todo el ecosistema emprendedor, concentrándose en los diferentes tipos de nuevos negocios y en instituciones que forman parte del ecosistema. "Colombia tiene varios tipos de emprendedores e instituciones, por eso tenemos que tener instrumentos, estrategias y políticas precisas para cada uno de ellos", dijo Zuluaga.

Esa nueva estrategia no viene sola: ella cuenta con el respaldo de la política nacional de iniciativa empresarial de 2009 y, posteriormente, del plan nacional de desarrollo de 2010-2014. Según la "Política de Iniciativa Empresarial de 2009", el objetivo principal de las nuevas políticas consiste en resolver lo que se identificó como los principales desafíos actuales del contexto emprendedor colombiano. Entre esos desafíos se pueden citar el carácter informal de los negocios emprendedores, licencias y procedimientos de cierre caros y que demandan mucho tiempo, el acceso difícil a la financiación, barreras de entrada en el mercado, acceso limitado a la alta tecnología, protección de los derechos intelectuales, niveles bajos de innovación, falta de comunicación y articulación entre las instituciones y bajo nivel de competencia emprendedora, una lista larga y preocupante con la que tiene que trabajar el Gobierno.

En un esfuerzo por solucionar esas dificultades, Zuluaga dijo que el Gobierno colombiano pretende estructurar sus esfuerzos según cuatro principios estratégicos: en primer lugar, poner en práctica una estrategia diferenciada. Según dice Zuluaga, "todo emprendedor, sea del tipo que sea, así como la institución que él apoya, requiere una solución específica. Tenemos que trabajar codo con codo con ellos con el objetivo de diseñar e introducir políticas eficaces". En segundo lugar, es preciso crear y apoyar instrumentos y programas que faciliten la "comercialización" del proceso emprendedor. En tercer lugar, es imprescindible que el acceso a la financiación sea más fácil, tanto para emprendedores como para nuevas empresas (como fondos de capital de riesgo, redes de inversores y microfinanciación). En cuarto lugar, se debe crear y ayudar a crear y a desarrollar la comunicación entre todas las instituciones responsables del desarrollo de la iniciativa empresarial en el ámbito del ecosistema.

Son principios inspirados en un modelo que Zuluaga y otros en el Gobierno colombiano les gusta resumir de la siguiente forma: "Intenta rápido, aprende rápido y embárrala barato", un modelo que el Gobierno espera que ayude a emprendedores y aquellos que aspiran a serlo. El Gobierno planea también poner en práctica una serie de programas que permitan lidiar con los sectores no financieros como, por ejemplo, una competición nacional para emprendedores; programas de enseñanza; apoyo a programas que trabajan con ciencia, tecnología e innovación; un sistema nacional de incubadoras; parques tecnológicos y programas de innovación.

Sin duda, el Gobierno ha establecido algunos objetivos osados con la esperanza de aumentar la presencia de la iniciativa emprendedora en Colombia. Pero la larga lista de proyectos hace que algunos observadores cuestionen la posibilidad de ejecutarlos de manera eficaz por parte del Gobierno y también si atienden las necesidades más urgentes de los emprendedores colombianos.

Pensar en el futuro

Al introducir un sistema de incentivos especiales y de apoyo para la creación de nuevas empresas, el Gobierno colombiano ha conseguido lograr que el país sea un lugar donde los emprendedores y sus empresas puedan contar con perspectivas positivas. Pero todos los problemas no están resueltos. Para que el actual ambiente de iniciativa empresarial gane impulso y crezca, el Gobierno tendrá que escoger dónde concentrar sus esfuerzos y descubrir cómo hacerlo de manera prudente y eficaz.

En su empeño por promover la iniciativa empresarial, el Gobierno colombiano se enfrenta el desafío de lidiar con gran número de emprendedores muy heterogéneos. Algunos se mueven por la necesidad, como los desempleados y pobres que venden jugo en las esquinas de las calles. Otros están impulsados por la oportunidad o por la motivación, personas generalmente educadas con acceso, por lo menos, a las necesidades básicas de la vida. Según una investigación de GEM en Colombia, por cada emprendedor impulsado por la necesidad, 1,49 lo hacen porque ven en el negocio una oportunidad. Esa tasa es menor que el indicador medio de las economías impulsadas por la eficiencia (entre ellas, Colombia), en que el número de emprendedores impulsados por la oportunidad es prácticamente el doble que el de emprendedores movidos por la necesidad. Es importante que la política gubernamental reconozca las diferentes necesidades y objetivos de esos dos grupos. "El Gobierno usa un enfoque diferenciador y elabora estrategias específicas para lidiar de forma distinta con emprendedores que dan prioridad a la estrategia y emprendedores que dan prioridad a la necesidad", dice Zuluaga.

Los proyectos elaborados por el Gobierno colombiano constituyen excelentes primeros pasos para la formación de un ambiente que conduzca a la iniciativa empresarial. Sin embargo, hasta ahora, no todos los emprendedores han percibido un clima positivo en los planes y políticas del Gobierno. Según una investigación de GEM, aunque las personas reconozcan los esfuerzos recientes del Gobierno, ellas afirman de forma explícita que las políticas adoptadas aún no están claras o no han sido comunicadas como deberían. Alejandro Venegas, uno de los fundadores de un servicio financiero online de Colombia, resaltó que aunque haya oído hablar sobre la existencia de programas del Gobierno que apoyan al emprendedor, no tiene información al respeto y no sabe cómo visitarlos.

Ese sentimiento parece ser común entre los emprendedores. La investigación de GEM también mostró que las actuales políticas fiscales y las tasas de interés no son favorables a quienes quieran abrir una empresa, y que la tardanza y la ineficacia de los procedimientos burocráticos en los departamentos del Gobierno son un impedimento para el proceso de apertura de las empresas. Ángela María Yepes Ruiz, empresaria colombiana, dijo que los procesos creados por el Gobierno y los impuestos en general constituyen una barrera muy difícil de superar a la hora de abrir una empresa en Colombia. Además, ninguna de las dimensiones evaluadas por la investigación fue clasificada como "excelente", lo que demuestra la necesidad de perfeccionamiento en diversas áreas como educación, finanzas, derechos de propiedad intelectual, infraestructura, interés por la innovación y apoyo a la mujer en la empresa.

Los emprendedores colombianos continúan enfrentándose a problemas terribles: dificultad para obtener informaciones sobre programas específicos de apoyo ofrecidos por el Gobierno, o incluso la falta de tales informaciones; necesidad aún muy grande de contar con un contacto personal para que las cosas se materialicen, además de mercados financieros subdesarrollados, inclusive la falta de fondos de capital riesgo accesibles, capital-semilla y la baja actividad de los fondos internacionales de financiación para la apertura de empresas.

Según la investigación de GEM, cerca de un 50% de los emprendedores colombianos financian sus empresas con la ayuda de miembros de la familia. Todos los emprendedores entrevistados para este artículo dijeron que la recaudación de capital y la financiación eran los principales desafíos a que tenían que enfrentarse a la hora de abrir una empresa. Según dijo Venegas, "en Colombia, hay que tener buenos contactos para que las puertas correctas se abran. Las leyes aquí están cambiando mucho y a mejor, pero aún hay ciertas cosas que el Gobierno necesita cambiar para que el proceso de apertura de empresas sea más fácil".

Mientras, el deseo de emprender está vivo y fuerte. En la investigación de GEM, un 88,6% de los colombianos entrevistados dijeron que la actividad emprendedora es una carrera envidiable, frente a un 72,8% en otros países de tamaño semejante. Es simple: los colombianos quieren emprender. Las condiciones económicas son prometedoras, las personas tienen la moral elevada: un 68,1% de los colombianos cree que las condiciones para hacer negocios en el país mejorarán en los próximos seis meses. El Gobierno ha puesto mucho empeño en crear leyes y programas favorables a la iniciativa empresarial. Si las condiciones continuaran mejorando, Colombia pasaría de ser un país conocido por la violencia, por la disparidad económica y por su gran industria del cacao, a ser un país conocido por una industria emprendedora floreciente repleta de grandes oportunidades.

Este artículo fue escrito por Melissa Blohm, Andre Fernandes y Bulat Khalitov, miembros de la Clase Lauder de 2014.

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