Innovación social: la salvación del mundo en cifras

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A medida que los emprendedores buscan nuevas fuentes de financiación para hacer frente a los problemas del mundo, por ejemplo, llevando electricidad a un hospital de Ghana, construyendo viviendas para personas de baja renta en una región de América del Sur asolada por un desastre natural, o combatiendo la obesidad entre los niños de las áreas urbanas degradadas de las ciudades americanas, la frontera entre lo público y lo privado, las iniciativas sin fines de lucro y con fines de lucro son cada vez más difusas. Garrett Melby, inversor de riesgo y ex abogado de Wall Street, está entre los que migraron del mundo empresarial tradicional a lo que hoy se conoce como inversión de impacto.

En una exposición realizada en un panel durante un reciente Congreso de Innovadores Sociales de Wharton, Melby describió de qué forma, en 2008, las declaraciones de personas como Bill Gates, Bill Clinton y del inversor de riesgo, John Doler, sobre las asociaciones público-privadas comenzaron a despertar su atención. “Pensé: ‘Si el mayor emprendedor del mundo, si el político y el inversor de riesgo también más importantes del mundo están hablando de un nuevo modelo de progreso social y están involucrando al sector privado, y si están usando las herramientas del capitalismo, eso debe ser algo que tiene fundamento’”.

Actualmente, Melby es uno de los fundadores y director ejecutivo de GoodCompany Ventures, una organización sin fines de lucro que presta servicios educativos, de consultoría e investigación para emprendedores sociales con proyectos en una etapa aún precoz a través de sus seminarios sobre aceleración y también sobre empresas. Melby explicó que GoodCompany ofrece un currículo de 12 semanas en que los emprendedores aprenden a capitalizar y a financiar la escalabilidad de sus innovaciones. “Buscamos desafiar a esos agentes de cambio social, que tal vez no piensen en obtener montañas de dinero y no tengan grandes objetivos. ¿Qué harían si alguien les da US$ 10 millones en lugar de US$ 50.000 como premio por una gran idea?” Él califica los esfuerzos de la empresa de “bastante exitosos”, y dice que los primeros cuatro grupos de graduados, compuestos por diez empresas, ya obtuvieron US$ 50 millones en capital privado. “Si lo comparáramos con el montante gastado en el programa, veríamos que el retorno se multiplicó por 700”.

Invertir en la Fundación Gates

El compañero de Melby en el panel, Richard Henriques, era el ex director financiero de la Fundación Bill & Melinda Gates. Él también entró en el sector de la inversión de impacto a través del sector de las empresas con fines lucrativos: antes de trabajar con Gates hace cinco años, fue vicepresidente senior de finanzas y auditor financiero de Merck. “Me di cuenta de que había entrado en un mundo diferente”, dijo Henriques acerca de su experiencia en la Fundación Gates, destacando que en 30 años de carrera corporativa nunca había oído hablar de la “inversión de impacto” o “doble resultado final”. (Esto último significa que además del rendimiento fiscal tradicional de la empresa, se mide también su impacto social positivo).

Una de las primeras misiones de que se encargó Henriques fue aumentar las inversiones relacionadas con los programas de la Fundación Gates, o PRIs (como son conocidos por sus siglas en inglés). Un PRI, explicó, es una inversión financiera con un fin de caridad en la cual la Fundación estaba involucrándose, además de sus operaciones principales en el sector de las donaciones. Henriques y su equipo tuvieron un éxito significativo, ampliando el portafolio del programa de US$ 50 millones a US$ 700 millones. Él dijo que era —y tenía que ser— “increíblemente apasionado y persistente”, ya que las buenas oportunidades son escasas, y tenían que encajar perfectamente en las categorías y objetivos específicos de la Fundación Gates.

Formaban parte de los proyectos de Henriques inversiones bursátiles directas en empresas de biotecnología y préstamos directos para organizaciones como escuelas subsidiadas. Una de las áreas más importantes en que trabajó y que, en su opinión, fue particularmente gratificante, fue la de garantías de compra/volumen de vacunas e introducción de anticonceptivos. “Contactábamos con un fabricante de vacunas, podía ser Merck, Bayer o una empresa india y les decíamos: ‘Si nos suministra un determinado volumen de vacunas durante un cierto tiempo, le garantizamos que la Fundación Gates se las comprará, si el mundo no las compra'”. Parte del acuerdo preveía que el fabricante nos daría un descuento significativo. El menor descuento permitido era de cerca de un 20%, dijo Henriques.

Colaboraciones públicas y privadas

Una de las iniciativas destacadas de Melby hoy en día es el programa FastFWD, una iniciativa de seguridad pública de 2014 cuyo objetivo es la disminución de la reincidencia a través de la educación. La investigación detrás de la iniciativa cuenta con un estudio de RAND de 2013 según el cual los internos que recibieron educación escolar durante su estancia en prisión mostraron un porcentaje un 43% menor de volver a cometer un delito.

GoodCompany diseñó la asociación entre FastFWD, la Iniciativa de impacto Social de Wharton y la ciudad de Filadelfia con la ayuda de US$ 1 millón recibido de Bloomberg Philanthropies en la categoría de premio de idea nacional. Según Melby, el proyecto exigía la “reestructuración de la seguridad pública de manera que proporcionara una oportunidad de mercado de US$ 140.000 millones, atrayendo emprendedores de todo el mundo a Filadelfia para participar en el programa”. Respecto al progreso de la iniciativa, Melby dijo: “Hace sólo seis meses que el primer grupo [de emprendedores] se graduó con los US$ 100.000 que la ciudad invirtió en el patrocinio piloto, y ellos ya consiguieron US$ 3 millones en capital privado”.

Melby llama a FastFWD un modelo amplio de inversión de impacto cuya colaboración con los sectores público, privado y académico se ha mostrado fructífero. El objetivo de GoodCompany consiste en aplicar la misma estructura a una iniciativa denominada Climate Ventures 2.0. Como parte de la Iniciativa de Datos del Clima de la Casa Blanca, su objetivo consistirá en utilizar datos y recursos tecnológicos para tratar las amenazas de origen climático que existen sobre los alimentos y los sistemas de agua.

En busca de cifras precisas

El término “confuso” sale a relucir con frecuencia cuando Melby y Henriques describieron sus viajes por el mundo de la inversión de impacto. Aunque reconociendo que tal situación no era sorprendente para una industria naciente, ambos comentaron la importancia del rigor financiero. Melby recuerda los congresos sobre inversión de impacto que frecuentaba hace algunos años, en que escuchaba lo que los emprendedores decían, mientras él pensaba: “Estas personas realmente no van a cumplir su objetivo”. Él dijo que alguien que tenga experiencia previa en servicios sociales tal vez esté “lleno de pasión y carisma”, pero puede que no entienda de cosas como montar un modelo de negocios escalable o cómo conversar con los inversores.

Para emprendedores que estén involucrados en proyectos de modelos de negocios, advirtió Melby, es importante investigar sobre su sector específico y, a continuación, estar listo para presentar algunas cifras. “Es preciso que me muestren algo con lo que podamos trabajar. No importa si el individuo está acertado en términos absolutos o relativos a otro sector”, dijo. Melby observó que en el segmento financiero con fines de lucro es relativamente fácil hacer un análisis de precio/volumen para determinar si es posible trabajar con su modelo, proponiendo medios de aumentar los beneficios o alcanzar un número mayor de personas. Pero la persona debe ser capaz de formular algo parecido en el lado del impacto, dijo. “No deberíamos preocuparnos mucho [por ejemplo] de si evitar un incidente de acoso sexual tiene que clasificarse como un ítem de US$ 10 ó de US$ 100 ó US$ 1 millón […] Vamos simplemente a atribuirle un número, de manera que podamos analizar todo lo que pasa a su alrededor”.

“La mayor curva de aprendizaje […] con que tuve que lidiar cuando trabajé en la Fundación Gates fue comprender la complejidad de la medición [de las iniciativas de impacto social]”, observó Henriques. “Yo suscribiría al eslogan de Garrett de ‘tomar simplemente alguna cosa’ y ponerla sobre la mesa, porque eso es mejor que hacer conjeturas a posteriori”. Melby dijo que aunque la Fundación Gates haga evaluaciones de impacto, suelen ser “muy caras” y “a veces, no agregan valores significativos, porque son muy lentas y no pueden ponerse en acción como indicación de progreso a medida que el programa evoluciona”. Melby dijo que hay una gama de enfoques de mediciones que es específico de sectores, lo que crea desafíos adicionales. “A veces, no tengo la certeza de que pueda hacer comparaciones. Por ejemplo: un resultado en el área de educación en EEUU frente a otra en el área de salud en Etiopía”.

En el principio

¿Hacia dónde se dirige la inversión de impacto? Henriques dijo que la Fundación Gates “no es la norma”, si es que hay una norma en este campo emergente. No es común desde la perspectiva del marketing, ya que su tolerancia al riesgo está “más o menos descartada”, dice Melby. “Uno de nuestros eslóganes en la iniciativa PRI de la Fundación Gates era el siguiente: ‘Los mercados no funcionan muy bien para los pobres'”. La Fundación, dijo Melby, funcionaba como “alguien dispuesto a participar con un riesgo de tolerancia mayor —situando en primer lugar el objetivo de caridad— abriendo efectivamente el camino para la entrada de inversores, porque el primer impacto del riesgo lo asumimos nosotros”.

“Aún estamos dando los primeros pasos”, dijo Melby. El mundo de la inversión de impacto cuenta con el apoyo de gigantes [como Gates] […] pero hay menos de cinco fundaciones de ese tipo. Los acuerdos alcanzados por los bancos de Wall Street a una escala significativa, sea cual sea, solo se pueden contar con los dedos de una mano”.

Lo que Melby considera “emocionante” es “acelerar la convergencia” de varios participantes en el espacio de inversión de riesgo, lo que tiene como resultado más formas innovadoras y eficaces de lidiar con los problemas del mundo. Él llama a las definiciones de empresas sin y con fines de lucro fijadas desde hace tiempo como simplemente un “accidente histórico de política tributaria”. Ahora, dijo, los participantes en las acciones filantrópicas invierten su capital de forma más responsable y pensando en el retorno; al mismo tiempo, los inversores en busca de retorno están intentando encontrar lugares de mayor impacto social para sus inversiones. “Lo que tenemos, básicamente, es un abanico que está evolucionando. Intentar descubrir quién es la mejor fuente de capital para un determinado tipo de riesgo es un paso importante en la evolución del sector”.

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