La contaminación, principal rival de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008

Los corredores tosían y tenían arcadas mientras entraban en calor. Una densa niebla envolvía el Puente Tsing Ma. Los índices de contaminación alcanzaban durante esa mañana de febrero de 2006 el nivel 149, el mayor en meses. Cualquier nivel por encima de 100 se considera insalubre.

Pero los 40.000 corredores que se habían inscrito en la carrera más larga de China, el Hong Kong Standard Chartered Marathon, estaban preparados para la salida y no eran conscientes de la tragedia que se cernía sobre ellos. Al final del día, Tsang Kam-yin, un experimentado corredor de maratón de 53 años fallecía tras haber completado un tercio del recorrido. Unos 20 corredores acabaron hospitalizados, muchos de ellos con dolencias respiratorias. Tras la carrera, en diversos foros de Internet los corredores se quejaban de sufrir ataques de asma y tos seca tras cruzar la línea de meta. “Todos los que participaron en el maratón pudieron dañar seriamente su salud debido a la contaminación”, escribía Anthony J. Hedley, burócrata del departamento de medicina de la Universidad de Hong Kong después de la carrera, reprendiendo a los organizadores por no haber tomado más precauciones.

Muchos expertos, como Z. John Zhang, profesor de Marketing de Wharton, han bautizado a los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 como la fiesta “de puesta de largo” para la nación más poblada del mundo. China está invirtiendo miles de millones de dólares en eventos deportivos como el Bird’s Nest en Beijing, un modernista estadio nacional en construcción, ampliaciones de líneas de metro y otras mejoras en las infraestructuras para que los Juegos ofrezcan un espectáculo de calidad mundial.

Sin embargo, algunos se preguntan si, tal y como sucedió en el Hong Kong Standard Chartered Marathon, la contaminación medioambiental no dará al traste con la fiesta olímpica china y dirigirá toda la atención mundial hacia los problemas medioambientales que amenazan el crecimiento económico del país.

Transformando Pekín

Claramente China está preocupada por su imagen. La intención del Gobierno es transformar Pekín en un modelo nacional de protección y respeto por el medioambiente. En una entrevista reciente, Sun Leiden, sub-director del comité organizador de Pekín para los Juegos de la XXIX Olimpiada, describía el extraordinario esfuerzo que las autoridades estaban haciendo para reducir la polución medioambiental de Pekín hasta los estándares internacionales antes de los Juegos. La ciudad ha reubicado, o tiene pensado reubicar, más de 100 fábricas químicas, siderúrgicas y farmacéuticas fuera de la ciudad y sustituir 300.000 taxis y autobuses por vehículos menos contaminantes. Asimismo quiere sustituir los hornos de carbón por hornos de gas natural y meter prisa a los constructores para que finalicen las construcciones mucho antes de los Juegos Olímpicos para que el polvo de los nuevos edificios se asiente. Las autoridades de Pekín están construyendo cuatro nuevas líneas de metro, añadiendo miles de kilómetros de vías e incrementando la eficiencia del transporte público.

Se están haciendo muchas mejoras, sostenía Weide señalando que en 1998 Pekín tan sólo tenía unos 100 días “blue sky” al año, esto es, días en los que los niveles de contaminación son aceptables. En 2005 la capital ha disfrutado de 244 días “blue sky”. “Cumpliremos los estándares de calidad del aire marcados por el Gobierno chino y el de la mayoría de ciudades del mundo”, decía. Pekín ha dado señales inequívocas de que quiere conseguir la misma calidad del aire que París para cuando empiecen los Juegos Olímpicos, un objetivo que algunos observadores consideran poco realista.

Expertos medioambientales aplauden los esfuerzos de Pekín y sugieren que una capital china más limpia podría ser el legado de los Juegos de 2008. Pero también señalan que China necesita algo más que un remedio rápido para la crisis medioambiental que se está gestando. Los problemas de China surgen de un sistema legal débil, de la corrupción, la pobreza, de dos décadas de crecimiento industrial de dos cifras, de políticas gubernamentales que conceden preferencia al empleo en relación con el medioambiente y de la propaganda comunista que fomentaba la capacidad de los hombres para conquistar la naturaleza.

Los efectos de la contaminación pueden verse por todas partes. Las chimeneas de las fábricas escupían toxinas y partículas al aire. Los ríos rebosan de aguas residuales. Según del informe de Estado del Mundo de 2006, realizado por Worldwatch Institute, la acidificación se ha propagado por el 30% del suelo fértil de China. Otro estudio, esta vez del Georgia Institute of Technology de Atlanta, sostiene que el grado de exposición al ozono en regiones agrarias del delta del río Yangtze es suficiente para reducir el rendimiento un 10%.

Burócratas especializados en temas medioambientales de la provincia de Guanxi, en el sur de China, señalan que el 92% de las aguas residuales de la provincia van a parar directamente a los ríos. Construir plantas de tratamiento costaría 400 millones de dólares, una cantidad prohibitiva en un área en la que la renta per cápita es 1.500-2.000 dólares al año.

China está muy por detrás de otros países en cuanto a estándares de calidad del aire. Según el Banco Mundial, 16 de las ciudades con el aire más contaminado están localizadas en China. Según estimaciones del Ministro de Ciencia y Tecnología del país, unos 50.000 bebés morirán al año como consecuencia de los efectos de la contaminación del aire. Decenas de miles de fábricas en el delta del río Pearl, una zona en la que se aprovisionan minoristas estadounidenses como Wal-Mart, son culpables de contaminar Hong Kong. Algunos sugirieron cerrar las fábricas unos días antes del maratón de Hong Kong como un modo para contribuir a reducir la contaminación.

Muchos otros países se ven afectados por los problemas medioambientales chinos. Los vertidos químicos se han dejado notar en el este de Rusia, contaminando el agua potable; se ha detectado contaminación con origen en China en la costa de California. Según la Agencia Internacional de la Energía, debido a su dependencia del carbón como forma de energía para el año 2009 las emisiones de dióxido de carbono de China -el gas que más perjudica el calentamiento del planeta-, posiblemente superen a las de Estados Unidos.

Pan Yue, viceministro de la Administración Estatal para la Protección Medioambiental de China, resumía el problema cuando en noviembre de 2006 escribía el siguiente comentario, republicado en Wall Street Journal, afirmando que “China se acerca peligrosamente a una situación de crisis” con su medioambiente. Según Pan, un tercio de la población china bebe agua que no cumple mínimos y un tercio respira aire altamente contaminado. “Es cierto, China ha conseguido avances en tres décadas que los países occidentales lograron en 100 años. Pero en 30 años China también está padeciendo el daño medioambiental de todo un siglo”.

Débil sistema legal

Eric W. Orts, profesor de Derecho y Ética Empresarial de Wharton, afirma que la contaminación, si no se hace nada al respecto, acabará agotando el crecimiento económico de China y provocará enormes costes sanitarios. Además, con el paso del tiempo la contaminación erosionará la posición competitiva de China en la economía global. “Si quieres ser un jugador internacional, tienes que ofrecer un sitio al que los ejecutivos puedan venir y vivir sin preocuparse por coger un cáncer de pulmón”.

En opinión de Orts, un obstáculo para acelerar las mejoras medioambientales es la existencia de un sistema legal débil. Sin la amenaza de daños económicos como consecuencia de demandas civiles, los controles de la contaminación constituyen un “clásico problema de externalidades”. No existe un mecanismo legal externo para penalizar a los contaminadores. “Mao [Zedong] básicamente mató o reeducó a la mayoría de abogados y jueces. Toda una generación fue borrada por la Revolución Cultural … Bajo el régimen de Mao no había que preocuparse por los contratos o la propiedad privada”.

Se han desarrollado estrechos vínculos entre los negocios privados y los gobiernos locales, los cuales también dirigen las empresas, pero los gobiernos locales son los responsables de hacer cumplir las regulaciones medioambientales y económicas. No obstante, hacer cumplir las leyes medioambientales a menudo va en contra de los intereses económicos de los gobiernos locales. “El sistema está corrupto y no hay abogados que puedan llevar una sencilla demanda”, señala Orts.

China aún no ha incorporado movimientos base u organizaciones sin ánimo de lucro como Greenpeace o Sierra Club, las cuales han luchado a nivel mundial por un medioambiente más limpio. El Gobierno central toma duras medidas cuando le hablan de ONGs u organizaciones no gubernamentales “porque no forman parte de su punto de vista sobre cómo las sociedades se desarrollan”, dice Orts.

No obstante, existen algunas señales de esperanza. El Gobierno chino ha encargado al famoso arquitecto Hill McDonough, especialista en arquitectura sostenible, y a su socio Michael Braungart el diseño de un prototipo de ciudad verde. McDonough cree que una ciudad debería ser ecológicamente sensata, como un bosque. “Los sistemas energéticos serán solares. China será el mayor productor de energía solar del mundo”, señalaba McDonough en un informe de BBC. (No obstante, algunos expertos afirman que la contaminación de China impide que los rayos del sol lleguen al suelo, reduciendo por tanto la capacidad de los paneles solares para generar energía).

Además, el Gobierno chino está incrementando sus inversiones en el sistema legal, dice Orts. Los esfuerzos de limpieza relacionados con los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 muestran que “al menos comprenden que se trata de un gran problema”.

Zhang, que creció en China, está de acuerdo en que China tiene un problema de contaminación. Pero al igual que muchos chinos, es más condescendiente con la situación. Él ve mejoras que muchos occidentales –que tal vez visiten China por primera vez-, no son capaces de ver. Por ejemplo muchas ciudades están plantando árboles y embelleciendo diversas zonas. El país está saliendo de una profunda pobreza y el daño al medioambiente es el precio que tiene que pagarse por la prosperidad, señala Zhang. “El nivel de tolerancia está más alto”. Quédate unos cuantos días en Beijing, respira su aire y “no te sientes tan mal. Cuando tienes hambre te preocupa la comida, no lo sucio que estás”. La analogía que emplean los chinos es que “la nación es una obra en construcción y no todo está limpio y ordenado”, dice Zhang.

En cuando a los Juegos Olímpicos, China presentará al mundo una ciudad moderna preocupada por las mejores prácticas medioambientales. En cierto sentido será un enorme estadio en el que se venderá a otras ciudades chinas y al mundo, mostrando los grandes pasos que el país está dando. Al Gobierno central le gusta establecer modelos y luego reproducirlos en todo el país, sostiene Zhang. “Así que en ese sentido se está construyendo una ciudad modelo para los Juegos de 2008. Se está construyendo un escaparate hacia el mundo”.

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"La contaminación, principal rival de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [24 enero, 2007]. Web. [21 February, 2018] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/la-contaminacion-principal-rival-de-los-juegos-olimpicos-de-pekin-de-2008/>

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