La economía colaborativa ‘se hace mayor’ en Latinoamérica

R_Perez

La economía colaborativa se ha abierto el paso en los mercados latinoamericanos, con Brasil, México y Argentina a la cabeza. Aun así, los emprendedores en estos sectores se enfrentan todavía a grandes desafíos, como el desconocimiento de estos negocios por parte de la población, el acceso a la financiación o la desconfianza de los clientes, según explica Ricardo Pérez, profesor de Innovación Digital y Sistemas de Información de IE Business School y autor del I Informe Economía Colaborativa en América Latina, elaborado por IE Business School y el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin), el laboratorio de innovación para el Grupo Banco Interamericano de Desarrollo.

UniversiaKnowledge@Wharton: En términos generales, ¿cuál es la situación de la economía colaborativa en América Latina y qué repercusión está teniendo en función de los diferentes países?

Ricardo Pérez: La economía colaborativa está todavía dando sus primeros pasos en América Latina. El principal mercado es Brasil, con un contexto de lengua y tamaño de mercado muy específico que lo hace interesante incluso para iniciativas locales: son empresas muy jóvenes, que operan en sectores como el alquiler de espacio vacacional (Vayable) o de trabajo, alquiler de medios de transporte (Alooga) o servicios para pequeñas empresas. Estas firmas siguen los pasos de las grandes compañías pioneras en el sector a nivel internacional, y abren el camino para dar a conocer y hacer crecer el modelo de negocio de la economía colaborativa en la región.

Brasil, México, Argentina y Perú son los países que cuentan con mayor número de iniciativas de economía colaborativa. Entre los cuatro, concentran el 69% del número total de iniciativas. Se trata de un ecosistema muy joven, la gran mayoría de las iniciativas han sido creadas en los últimos 5 años. La rapidez en la adopción de tecnologías durante estos últimos años y la popularización de las plataformas para estructurar relaciones tradicionales de intercambio suponen una importante plataforma de lanzamiento para estas iniciativas, generándose múltiples alternativas a medida que van surgiendo ejemplos reales y viables de este tipo de iniciativas.

Por ejemplo, Brasil es el país que lidera la región por número de iniciativas de economía colaborativa constituidas, con un 32%. Por su parte, Argentina y México ocupan la segunda posición, con un 13% de iniciativas de economía colaborativa. En el caso de México, vemos que el país azteca parece moverse por imitación a los demás mercados en cuanto a que el transporte es el área clave, pero la actividad empresarial hace que lo financiero sea relevante en el mercado, como es el caso de Prestadero, que ofrece créditos online. Será interesante ver con qué velocidad crecen las iniciativas locales frente a la opción de entrada muy fuerte de competidores de Estados Unidos. En cuanto a Perú, se trata del cuarto país de América Latina por volumen de iniciativas de economía colaborativa (11%), con ejemplos como Trapera (compra-venta de ropa de segunda mano).

Parece que el mercado necesita para desarrollarse un nivel de conocimiento de este tipo de negocios que no está presente en todos los países. Aquellos con más alta penetración de jugadores internacionales pueden replicar más fácilmente a nivel local estos modelos -ya que se entienden mejor- y crecer en opciones a partir de ahí.

UK@W.: ¿Por qué tienen tanto éxito estos modelos en la región?

R.P.: Porque ofrecen soluciones más eficientes a los potenciales clientes. Si analizamos el tipo de sectores predominantes, vemos que la mayoría de los compradores son empresas que buscan acceso a servicios y espacio por un lado, y particulares buscando eficiencia en transporte y alojamiento. Estas plataformas de intermediación son las más sencillas de organizar, por su naturaleza ya conocida, con servicios sustitutivos claramente organizados. Otros modelos más sofisticados de economía colaborativa como formación o intercambio, bancos de trabajo y monedas alternativas están mucho menos representados. La razón es que esos modelos requieren una madurez en los posibles usuarios que no parece existir todavía en estos países.

Por sectores, el alquiler/renting supone un 27% del total de iniciativas en la región. Tras éste, aparecen el intercambio (13%) y la producción/manufacturación (13%). El sector de formación/aprendizaje (12%), la venta de productos nuevos (12%), los préstamos (10%) y la venta de productos usados (9%) se sitúan a continuación. Los donativos/ regalos y la financiación de empresas suponen un 8%; y el trueque, un 7% del total.

UK@W.: En el caso concreto de Brasil, ¿cuáles son los drivers para que la mayor parte de las iniciativas en materia colaborativa se hayan lanzado desde este país? ¿Qué tipo de negocios/modelos se han puesto en marcha recientemente?

R.P.: Por la relevancia del país, en cuanto al número de iniciativas, es importante entender qué diferencia a Brasil del resto de la región. El efecto idioma y el tamaño de mercado hacen que sus iniciativas estén parcialmente protegidas del resto del entorno. Pero también las hacen más propicias a la entrada de jugadores internacionales, facilitando el conocimiento y confianza del usuario. En cuanto a tipo de transacción el resultado es muy similar, el alquiler/renting sigue estando en primer lugar entre las transacciones más facilitadas con un 27%, lo que responde al mayor conocimiento de este tipo de modelos. En cuanto al tipo de transacciones, tras el alquiler/renting figuran la producción (15%), venta de productos nuevos (12%), venta de productos usados (9%), donativos/regalos (9%) y formación (9%).

En Brasil, según hemos constatado en el informe, gana mucha importancia el turismo y la creación de mercados de intercambio. El sentido de grupo, de colaboración y compartir parece empezar a hacerse más relevante y a punto de desplazar a la economía del alquiler representada por el transporte, que sigue estando en el primer puesto. Siguen, sin embargo, sin aparecer algunos tipos de transacciones más complejos, como los bancos de tiempo o las monedas alternativas, que parecen reflejar un mayor peso de lo comunitario en la motivación del usuario.

Si analizamos las demandas de los promotores de iniciativas de economía colaborativa, aquí sí vemos claras diferencias con el resto de la región. Hay una mayor unanimidad en la necesidad de conocer el tipo de modelo de negocio que representan estas iniciativas, pero el papel de la tecnología –su desconocimiento y falta de acceso– parece más relevante en este caso. En este sentido, puede ser necesario el diseño de políticas que ayuden a mejorar la confianza y la comprensión del tipo de plataformas empleadas, y que mejoren el acceso a la tecnología que les sirven de base pueden ser la clave para ayudar al crecimiento del mercado. La regulación, sin embargo, es un problema de menor relevancia, seguramente por la mayor diversidad y madurez de las iniciativas.

UK@W.: Se trata de un mercado muy joven, con empresas en la mayoría de los casos con menos de cinco años de vida. ¿Qué recorrido tienen? ¿Existe el riesgo de que se trate de una burbuja?

R.P.: El recorrido de estas iniciativas vendrá marcado por cómo se posicionen frente a otras empresas y a sus usuarios: el impacto en la comunidad, los recursos infrautilizados o el impacto positivo en la vida de otros. Los conceptos tradicionales que mueven a la empresa no quedan olvidados, pero quedan relegados a una importancia secundaria. La credibilidad para hablar de una economía colaborativa con impacto frente a otra del alquiler se centra en mantener esta visión por parte de los líderes de las iniciativas. Su visión es clara: hay que tener otro impacto en la sociedad y en el mundo. Desde este punto de vista, las iniciativas locales van a tener mucha relevancia, y estarán protegidas en la medida en que aporten valor a esas comunicades locales.

En cuanto a los límites al crecimiento, según refleja el informe, los principales retos son el desconocimiento (60%) del modelo de negocio, el acceso a financiación (43%), que va unido a la falta de madurez de los mercados, y la desconfianza de los usuarios (42%) ante los nuevos tipos de negocio propuestos, al no conocer historias que sirvan de referente.

UK@W.: ¿Cuáles son los principales riesgos que afronta esta nueva tipología de negocio?

R.P.: La mayor preocupación de los emprendedores que han puesto en marcha proyectos de economía colaborativa en la región de América Latina, a la hora de hacer crecer estas iniciativas, es la falta de confianza y el desconocimiento por parte de los posibles clientes de sus servicios, de los nuevos modelos de negocio, de lo que representa la economía colaborativa y cómo se estructura. Los ejemplos internacionales ayudan, pero se parecen demasiado a las empresas tradicionales. Esas compañías son los exponentes de una economía del alquiler que está movilizando recursos infrautilizados y produciendo beneficios a nuevos agentes económicos, no profesionales. Pero su experiencia llega tan cargada de polémicas que no ayuda a que el sector de la economía colaborativa se vea como algo totalmente claro y transparente.

La tecnología o la protección legal no son una barrera. Lo más urgente es generar ejemplos de confianza en los nuevos modelos, en su operativa y forma de llegar al mercado. Los retos y los frenos coinciden con una visión: organismos e instituciones pueden apoyar, pero no necesariamente buscando una regulación radicalmente distinta, sino dando voz y presencia a casos de éxito, para generar un nivel de confianza que permita llegar a más posibles usuarios/clientes.

UK@W.: En Latinoamérica, ¿la economía colaborativa se enfrenta a los mismos problemas o trabas legislativas que han encontrado estos negocios en algunos países europeos (por ejemplo, Uber)?

R.P.: Seguramente, en el futuro algunos reguladores europeos podrán mirar a esta región para buscar buenas prácticas. En Ciudad de México, por ejemplo, Uber está regulado, y todas las negociaciones han sido transparentes (están filmadas y disponibles online) y ofrecen una garantía a todos los implicados, para que los usuarios salgan ganando. Uno de los puntos clave es sin duda la regulación de mercados como el transporte o el alquiler vacacional para igualar las reglas de competencia, seguramente subiendo algunas barreras para los nuevos y bajando otras para el negocio tradicional. Su impacto a nivel local será limitado, ya que estos mercados tienden a concentrarse en pocos jugadores. La ventaja de compañías como Uber o Airbnb es que hacen difícil que las iniciativas locales tengan mucha tracción. En otros ámbitos donde lo local sea más relevante, como en servicios, formación, fabricación o medioambiente/agricultura, sí tienen opciones de crecimiento.

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"La economía colaborativa ‘se hace mayor’ en Latinoamérica." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [04 mayo, 2016]. Web. [20 September, 2017] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/la-economia-colaborativa-se-hace-mayor-en-latinoamerica/>

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