La estrepitosa caída de los fondos de pensiones chilenos, una lección en tiempos de crisis

¿Se imagina que estuviera a punto de retirar los ahorros de toda una vida para iniciar su jubilación y se enterara de que ha perdido casi un 17% de su dinero?

En julio del 2007 los ahorros de los trabajadores chilenos totalizaban 104 mil millones de dólares, según datos de Cenda (centro chileno de estudios económicos), una cifra bastante favorable considerando el pequeño tamaño de la economía local. Pero desde que la crisis subprime estadounidense comenzó a dar las primeras señales de alerta, a mediados de 2007, hasta que estalló con fuerza en septiembre último, este monto ha experimentado una considerable caída.

El sistema de ahorro para la vejez en Chile es individual, obligatorio y administrado por firmas privadas, las Administradoras de Fondos de Pensiones o AFP. Los empleados no pueden retirar su dinero hasta el momento de su jubilación, pero pueden elegir el tipo de instrumento en el que desean invertir. Éstos van desde los fondos de renta variable A, B, C y D -donde la AFP puede invertir hasta un 45% del total en el exterior- hasta el fondo de renta fija E, es decir, desde los más arriesgados hasta los menos.

Así, quienes mantenían sus ahorros en el fondo A han perdido en el período casi un 17% del total de su dinero, de acuerdo a las estimaciones de Cenda. Considerando este cálculo, un trabajador chileno que ha ahorrado 30 millones de pesos (48.000 dólares) en dicho fondo ha perdido más de 6 millones de pesos (9.720 dólares).

Augusto Octavio Castillo, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez, explica que cuando se acerca la edad de jubilación “hay que evitar la exposición al riesgo y es lógico que se transfieran los ahorros a fondos menos arriesgados como el E, el cual invierte su totalidad en renta fija. Por lo tanto, los trabajadores que estaban a punto de jubilarse y transfirieron su dinero al fondo E antes de que estallara la crisis, registraron menores pérdidas”. El gran problema es que muy pocos lo hicieron.

Las AFPs han restado dramatismo a las pérdidas y han hecho recomendaciones públicas, a través de la televisión chilena, de no tomar decisiones apresuradas y a que la población más joven se mantenga en los fondos de renta variable –A, B y C-. Para los que están próximos a jubilarse la sugerencia es cambiarse al fondo E.

¿Son asertivas estas recomendaciones? Para algunos, la pérdida ya se ha materializado, el daño ya está hecho. Para otros, la forma en que están colocados los recursos de las AFPs parece una verdadera lotería que depende de la especulación financiera. ¿Faltan, entonces, mecanismos que aseguren la rentabilidad de los ahorrantes?

A menor edad mayor exposición al riesgo

David Díaz, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, coincide plenamente con las recomendaciones hechas por las AFPs, aseverando que “si bien invertir en renta variable -especialmente en los fondos A y B- es mucho más arriesgado, este riesgo se ve compensando por un retorno mayor cuando se piensa en plazos de 20 años. En este lapso de tiempo existen muchas posibilidades de que las alzas en la bolsa compensen las caídas. En consecuencia, la decisión de inversión adecuada para los cotizantes más jóvenes es mantener sus ahorros en los fondos de renta variable -A, B o C-, dándole tiempo al mercado para que se recupere de la reciente caída”.

Similar es el enfoque de Fernando Bravo, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, quien plantea que “los fondos de renta variable son más riesgosos, pero a su vez tienen mayores expectativas de ganancias en el largo plazo que los fondos D y E. El fondo A representa una rentabilidad real del 4,21% frente al 2,74% del fondo E. En síntesis, los jóvenes deben invertir en los fondos de renta variable, mientras que los de mayor edad deberían cambiarse a los fondos D y E, que aunque brindan menos rentabilidad, están menos expuestos a posibles pérdidas”.

Para Pablo Castañeda, profesor del Centro de Innovación Financiera, Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, las sugerencias de las AFPs también son razonables, haciendo un paralelismo entre la decisión de inversión del cotizante con su capital humano. “Cuando se es joven el cotizante cuenta con un importante capital humano y es natural que asuma el riesgo de invertir parte de su riqueza financiera en acciones o renta variable, a fin de incrementarla. A medida que su capital humano se va extinguiendo con el paso del tiempo, el individuo debe asegurar el monto de su riqueza financiera en carteras más conservadoras o de renta fija”, describe Castañeda. 

No obstante, Salvador Valdés, profesor del Instituto de Economía de la Universidad Católica de Chile, advierte que no hay que confundir las recomendaciones que hacen las AFPs con las asignaciones que, por defecto, realiza la ley chilena en aquellos casos en que los trabajadores no han elegido un fondo. “Concuerdo en que los cotizantes más jóvenes que no han elegido un fondo deberían ser asignados a fondos con mayor porcentaje de acciones o de renta variable, pero no deberían ser asignados directamente al fondo A, tal y como ocurre hoy. De igual forma, considero que quienes están cerca de jubilarse y que tampoco han elegido un fondo, deberían ser asignados primero al fondo D, pero una vez cumplidos los 60 años, deberían ser transferidos al fondo E. Actualmente, se produce el movimiento al fondo D, pero no al E”, sentencia Valdés.

Inversión financiera libre de riesgos, una quimera

“No existen ningún tipo de inversión libre de riesgo en la economía”, declara el profesor Díaz, refiriéndose a las críticas de diversos sectores del país, relativas a que las AFPs en Chile no ofrecen mecanismos de protección a los ahorristas.

Jorge Gregoire, profesor de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, comparte la tesis del profesor Díaz, enfatizando que “los mercados financieros de acciones, bonos y en general títulos financieros, operan con altos niveles de volatilidad y ninguno de ellos está exentos de riesgos. Por su naturaleza estos mercados presentan importantes niveles especulativos, que se van incubando como burbujas. Y es el Banco Central el encargado de equilibrar este escenario”.

Incluso, el profesor Díaz expone que aquellos instrumentos libres de riesgo o de renta fija pueden generar mayores pérdidas frente a los fondos de renta variable. “Esto se debe a que la parte fija de dichas inversiones está asociada al pago oportuno de intereses comprometidos. Y el inversor siempre corre el riesgo de que no le paguen los intereses dentro del plazo, tal como ocurrió con aquellos inversores que compraron bonos del Gobierno Argentino”.

El 23 de diciembre de 2001 los bonos emitidos por el Estado argentino cayeron en cesación de pagos o default, fecha en el que el Gobierno de turno atravesaba por la peor crisis económica y política del país, declarándose incapaz de pagar su deuda externa, que en ese momento ascendía a 132.000.000 mil millones de dólares.  Para paliar esta crisis, el Gobierno trasandino presentó un plan a los inversores que habían comprado los bonos en default, a fin de cambiarlos por nuevos títulos con fecha de vencimiento en 2033. El 76% de los inversores aceptó el plan, mientras que el restante 23% lo rechazó, iniciando un juicio contra Argentina para que les cancelaran la deuda completa, incluidos los intereses. Se estima que los inversores que aceptaron la repactación perdieron un 43,14% del valor de los títulos nuevos, además de los intereses.

Un sistema que otorga beneficios

Para el profesor Castañeda el sistema chileno de pensiones es eficiente, argumentando que éste “ha reportado notables beneficios a sus cotizantes. Naturalmente, la reciente crisis se llevó una buena parte de lo ganado, pero no hay que olvidar que el saldo entre costos y beneficios aún es favorable, tanto desde el punto de vista del rendimiento de largo plazo como de la salud de las cuentas fiscales. No comparto el argumento de la falta de mecanismos de protección a la rentabilidad de los ahorristas. Especialmente, después de la última reforma, tras la cual se introdujo una pensión básica solidaria que sirve de piso frente a las recientes turbulencias”.

En marzo de 2008, el Gobierno de Michelle Bachelet introdujo una reforma previsional consistente en la creación del Sistema de Pensiones Solidario (SPS), que beneficia a un número mayor de trabajadores -incorpora a inválidos y trabajadores independientes- y por mayores montos de dinero.

Es más, el profesor Díaz plantea que si bien la AFPs en Chile no son perfectas, “como sistema de administración de pensiones es uno de los mejores que hay en la región. Al traspasar la responsabilidad al individuo se generan múltiples beneficios como el fomento del ahorro y, principalmente, no se sobrecarga al Estado con la responsabilidad de mantener a la población jubilada y con recursos que provienen de los trabajadores activos”.

Si el Estado asumiera la responsabilidad de administrar las jubilaciones, acota el académico, la fuerza laboral activa tendría que pagar la jubilación de toda la gran masa de jubilados. “En cambio, con el actual sistema, el Estado actúa como un ente protector de aquellos que, efectivamente, no fueron capaces de generar una jubilación mínima”.

En cuanto a las pérdidas registradas por los ahorristas que estaban a un paso de la jubilación y mantenían sus ahorros en los fondos de renta variable -A, B, C y D-, el profesor Bravo explica que, dada la magnitud de las pérdidas, el Estado o las mismas AFPs no pueden hoy entrar a compensar a cada afiliado por ellas. “Los montos acumulados en los fondos de pensiones son inversiones de largo plazo y sólo queda esperar ahora que el ciclo económico recesivo pase, ya que los precios de las acciones subirán, junto con los montos de los instrumentos de renta variable -A, B y C-”.

Castillo añade que “los únicos realmente perjudicados con esta crisis son quienes iban a jubilar en este período, y no tenían sus ahorros en el fondo E. Pese a lo anterior, insisto en que las recientes pérdidas están más que compensadas por las ganancias acumuladas desde que el sistema en Chile está vigente”.

Los próximos retos para la gestión de las AFPs

“A la luz del problema actual en que los fondos han caído fuertemente, afectando a miles de cotizantes, se deberían establecer mejores mecanismos de control de riesgos y el Estado debería revisar la regulación”, recomienda Gregoire, precisando que una estrategia a seguir es determinar sistemas de monitoreo compartido entre las AFPs, sus cotizantes y el Estado. “Debe mejorarse, por ejemplo, la transparencia de la información que entregan las administradoras a sus cotizantes, en cuanto a comisiones, inversiones de cartera y riesgos”.

Mientras que Díaz añade que sería conveniente plantear una discusión referente a las comisiones que las AFPs cobran a los afiliados, y cómo éstas se relacionan con el desempeño de los portafolios. “Aún existen AFPs que cobran una comisión fija, o bien, generan ingresos aún cuando sus carteras registran pérdidas. El sistema de cobros y comisiones, a mi juicio, aún puede ser optimizado y debería estar asociado al desempeño real de la administradora. Por lo tanto, se deberían estudiar los parámetros de desempeño, ajustado al riesgo y al retorno, y no sólo al desempeño ajustado al retorno”.

Castañeda considera que el Estado, a través del rol que juega la Superintendencia de Pensiones – el organismo contralor que representa al Estado en el sistema chileno de pensiones- en la elaboración del régimen de inversión, debería preocuparse de establecer cuotas máximas a las pérdidas en condiciones anormales. “Esto se podría traducir en una obligación para que las AFPs introduzcan en sus carteras instrumentos que limiten las potenciales pérdidas, de una forma tal que sea lo más inocua posible para la rentabilidad a largo plazo de los ahorristas”, concluye.

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