Las difíciles decisiones del sucesor de Hugo Chávez

Al igual que la mayor parte de las chabolas que siembran los montes escarpados de Caracas, capital de Venezuela, Antímano debe mucho al recientemente fallecido Hugo Chávez Frías. Chávez puede haber sido un personaje controvertido a nivel internacional, sin embargo entre los habitantes de Antímano él fue nada menos que su salvador. Él promovió la alfabetización de adultos, la construcción de clínicas de salud, la concesión de la jubilación a los pobres, la reconstrucción de las casas que estaban a punto de caerse y la construcción de viviendas nuevas. "Antes de Chávez, al Gobierno no le importaba lo que sucedía aquí. No invertía en barrios como el nuestro", dice Mireya Guzmán, líder comunitaria que ayuda a la distribución de electrodomésticos a precios reducidos, gracias a los subsidios del Gobierno. "El cambio fue enorme".

La Venezuela que Chávez dejó tras de sí, sin embargo, se enfrenta a problemas como el aumento de las tasas de criminalidad, proyectos urbanos públicos a medias, problemas monetarios, preocupación por la inflación y escasez de productos alimenticios básicos. Los críticos dicen que Chávez gestionó mal la enorme riqueza petrolífera del país, gastando de forma exagerada en programas sociales y concediendo ayuda externa, dejando de invertir en infraestructuras y en la economía. Mientras, la industria privada se ha marchitado. "Tenemos un problema sistémico, algo que no se puede resolver fácilmente. Es una situación potencialmente desesperante", observa Robert Bottome, economista venezolano y editor de VenEconomía, publicación especializada en finanzas. "No podemos continuar con esa ilusión de riqueza creada por los petrodólares. Es preciso que exista un plan de largo plazo".

Esa tarea recayó sobre Nicolás Maduro, ex conductor de autobús que ascendió en las filas del partido socialista hasta convertirse en vicepresidente de Chávez y el sucesor escogido por él. Maduro derrotó a su adversario de centro, Henrique Capriles, conquistando un 50,7% de los votos en la elección de domingo, informó el consejo electoral del país después de escrutar el 99% de los votos. Capriles, que obtuvo un 49,1% de los votos, exigió que las urnas se abrieran y se recontaran los votos. En su discurso tras la victoria, Maduro evocó el nombre del fallecido presidente, como ha hecho durante toda la campaña electoral, diciendo: "Chávez […] continúa siendo invencible […] Él continúa ganando batallas".

Aunque Maduro haya prometido no cambiar las políticas principales de Chávez, los analistas dicen que su mandato de seis años estará marcado por decisiones difíciles, entre ellas, hacer o no cambios en los programas que fueron iconos del chavismo. "Creo que Maduro lo tendrá muy difícil", observa Carlos Romero, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas. "Serán necesarios cambios, pero no se sabe a ciencia cierta si las personas estarán de acuerdo con ellos. Maduro carece del carisma y las habilidades de liderazgo de Chávez".

Hay pocas evidencias de que Maduro esté preparado para tomar alguna medida drástica. En poco más de un mes como presidente interino, él tomó algunas decisiones de poca importancia respecto a algunos problemas del país.

Él intentó lidiar con el debilitamiento continuado de la moneda local, el bolívar. La moneda se devaluó siete veces durante el Gobierno de Chávez, la última vez en febrero. La tasa de cambio oficial es de 6,3 bolívares por dólar. Chávez impuso restricciones rigurosas respecto al volumen de dólares que individuos y empresas podrían importar, creando escasez de la moneda americana. Como consecuencia de ello, surgió un mercado negro en que el dólar vale cerca de 23 bolívares, o aproximadamente cuatro veces la tasa de cambio oficial, según una web que monitoriza el mercado. Para introducir más dólares en el mercado local, Maduro anunció la creación de una iniciativa paralela que subastaría la moneda americana entre empresas privadas, permitiendo que ellas importaran bienes necesarios. Los analistas, sin embargo, cuestionaron cuál sería exactamente la eficacia del programa para lidiar con las dificultades monetarias.

Otro cambio respecto a las directrices de Chávez es la frecuencia con que Maduro trata la cuestión de la criminalidad en el país, principalmente en las regiones pobres de Caracas. La tasa de homicidios de Venezuela pasó de mala a pésima bajo el Gobierno de Chávez. En 2011, había en el país 45,1 asesinatos para cada 100.000 habitantes, cuando Chávez tomó posesión era de 25 por cada 100.000, según datos de las Naciones Unidas. Maduro anunció dos iniciativas enfocadas en la prevención del crimen en barrios violentos mediante la creación de alternativas para los jóvenes. Pero se hablo poco sobre el papel del cumplimiento de la ley en la lucha contra el crimen.

Además, tampoco han salido mucho a relucir los problemas estructurales que han dejado a Venezuela en una situación incómoda, con un déficit presupuestario del 7,4% del producto interior bruto (PIB), escasez en los mercados debido a la falta de dólares disponibles y una dependencia exagerada de alimentos importados.

Recientemente, en un supermercado de Altamira, un barrio de clase relativamente alta, faltaban ítems básicos como papel higiénico y frijoles en las estanterías. "Nunca se sabe lo que va a faltar", dice Jorge Castillo, cliente de la tienda. "No se puede saber. Nadie sabe lo que se podrá comprar la semana que viene".

La cuestión del petróleo

Maduro no debería preocuparse por cosas como el desabastecimiento de papel higiénico. El país que asumió como presidente reposa sobre una fuente de dinero prácticamente inagotable. Sus reservas comprobadas de petróleo —297.600 millones de barriles— están entre las mayores del mundo. (Una estimación reciente situó al país por delante de Arabia Saudí, que tiene la segunda mayor reserva comprobada de petróleo, con 267.000 millones de barriles). Hay numerosos campos aún sin explotar, inclusive el Cinturón del Orinoco, que contiene 257.000 millones de barriles en reservas de petróleo rico en alquitrán, según datos de la Petróleos de Venezuela, empresa estatal de petróleo y gas más conocida por el acrónimo PDVSA.

Gracias, en parte, al propio Chávez, el precio del petróleo continúa siendo alto, por encima de US$ 90 el barril en comparación con menos de US$ 10 el barril en 1998, cuando fue elegido presidente por primera vez. Chávez insistió a los países productores de petróleo reunidos en el cartel de la Opep para que limitaran la producción elevando así los precios. Él también aumentó los impuestos a las empresas de petróleo extranjeras. ConocoPhillips, Exxon Mobil y otras que rechazaron pagar esos impuestos —los incrementos fueron del 50% en algunos casos— vieron cómo sus operaciones eran nacionalizadas por el Gobierno.

Eso dio a Chávez control sobre el recurso más valioso del país. (Las exportaciones de petróleo representan un 96% de la renta externa de Venezuela). El Gobierno de Chávez usó la riqueza en petróleo del país para promover los servicios sociales que sacaron a millones de personas de la pobreza, reduciendo el índice hasta la mitad después de aumentar el control sobre los campos de petróleo. Actitudes como esa hicieron que Chávez se ganara el apoyo político en barrios como Antímano, y le ayudaron a ganar repetidas veces las elecciones por gran margen de votos. Al mismo tiempo, mandó millones de barriles de petróleo a gobiernos extranjeros mediante términos preferentes de pago. Esa estrategia, conocida como "petrodiplomacia", sirvió para que Venezuela tuviera aliados políticos en el Caribe, América del Sur y China.

Pero aunque la fiesta de gastos de Chávez lo haya hecho popular dentro y fuera de Venezuela, la fuente de procedencia de ese dinero recibió poca atención. La falta de inversión en la industria fuertemente nacionalizada del petróleo hizo que la producción de petróleo cayera un 13% de 1999 a 2011. La producción se situó en 2,7 millones de barriles diarios en 2011. La producción cayó otro 7% en el primer trimestre de 2013, según datos estadísticos de la industria.

La falta de inversión en PDVSA se pone de manifiesto por el lento desarrollo del Cinturón del Orinoco. El petróleo crudo de los campos es pesado y más difícil de extraer y refinar que el crudo liviano y dulce. En conformidad con un plan ambicioso de Chávez, el Gobierno declaró que la producción de los campos sería, como mínimo, de 195.000 barriles al día hasta finales de 2012. Ese día llegó y la región produjo sólo alrededor de 6.000 barriles al día debido a la falta de inversión en oleoductos y equipamientos. Como consecuencia de eso, el Gobierno ha estado perdiendo cerca de US$ 19 millones al día en ingresos, según analistas de la industria.

Chávez alteró también el estatuto social de PDVSA en 2008, permitiendo que la empresa apoye directamente los programas sociales e invierta en otras industrias. "Él asaltó PDVSA, la industria más importante del país", dice Bottome. Para las agencias de crédito, la falta de soberanía de PDVSA es un factor negativo. Después de la muerte de Chávez, Fitch Ratings, de Chicago, recordó a los inversores su perspectiva negativa. "La calidad del crédito de PDVSA está inextricablemente vinculada al Gobierno de Venezuela", informó la agencia de crédito. El Gobierno "permite sólo una transparencia limitada de la gestión y uso de fondos gestionados por él, así como de sus operaciones fiscales, lo que representa un desafío para la evaluación precisa del estado de la política fiscal".

Además, los acuerdos de "petrodiplomacia" le cuestan caro al país. En vez de vender el petróleo a precios de mercado, el Gobierno venezolano tiene acuerdos con Gobiernos extranjeros por los cuáles éstos pagan intereses del 1% por el petróleo adquirido en plazos que van de 20 a 25 años. Algunos países pagan en bienes, en vez de dinero. República Dominicana, que recibe más de 50.000 barriles al día de petróleo venezolano subsidiado, pagó con frijoles negros el año pasado.

Leonardo Vera, profesor de la Universidad Central de Venezuela, estima que, como consecuencia de todos esos acuerdos, un 25% del petróleo producido por PDVSA se envía al exterior sin ningún beneficio a cambio. "Eso afecta al resto de la economía, porque el petróleo es básicamente nuestro único producto de exportación", dice Vera. "PDVSA no tiene ingresos por aquello que debería tener, y esa es nuestra única fuente de moneda fuerte".

La implicación de Chávez en PDVSA fue una muestra de su posición en general respecto a la industria. Él alienó muchos ejecutivos y empresas expropiando sus propiedades por motivos aparentemente caprichosos. En cierta ocasión, por ejemplo, él expropió edificios que albergaban empresas en funcionamiento porque las estructuras tenían poca conexión histórica con Simon Bolívar, el libertador suramericano que Chávez veneraba. La industria privada no debería hacer las paces con Maduro, observan los analistas, a menos que el Gobierno cambie el tratamiento que dispensa a las empresas.

En busca de nuevas fuentes de ingresos, el Gobierno de Maduro dijo que se empeñará en mejorar las relaciones con China y Rusia. El Gobierno no explicó exactamente cómo quiere que sean los acuerdos en el futuro. Venezuela envía a China 430.000 barriles de petróleo crudo al día y Rusia ya dijo estar interesada en ayudar el país a modernizar su sistema de producción de petróleo. "La ayuda externa puede servir al Gobierno para mejorar la eficiencia y la producción de PDVSA, lo que podría, por su parte, mejorar la economía", dice Vera.

Mejorar la producción de PDVSA ciertamente ayudaría a Maduro a evitar tener que tomar decisiones complicadas. Sin embargo, no lidiaría con el problema estructural mayor que existe en la Venezuela post Chávez. "No hay duda de que Venezuela está en mejor situación hoy que antes de que Chávez llegara al poder", observa el estudioso venezolano-americano Miguel Tinker-Salas, profesor de historia y de estudios latinoamericanos en Pomona College, California, que defiende muchas de las políticas de Chávez. "Pero el gran desafío para el próximo presidente será descubrir qué hacer para diversificar la economía".

¿Tiempos difíciles por delante?

Venezuela "depende totalmente del sector petrolífero", dice Era. "Los altos precios del petróleo desde algún tiempo han permitido mantener el sistema como está. Pero el próximo presidente tendrá que hacer cambios".

Maduro tendrá que escoger entre poner fin al envío de petróleo a otros países en condiciones preferentes o reducir el nivel de gastos en programas domésticos populares. Pero George Ciccariello-Maher, profesor de la Universidad Drexel, en Filadelfia, y autor de "Nosotros creamos a Chávez: una historia popular de la historia de la revolución venezolana" [We Created Chávez: A People's History of the Venezuelan Revolution], prevé: "Eso no va a suceder. Él no puede y no hará recorte alguno". Ciccariello-Maher dice que tanto los programas de gastos domésticos como las remesas internacionales de petróleo son tan fundamentales para el legado de Chávez que Maduro no arriesgará su base política cortando esos programas.

La trampa política a la que se enfrentará Maduro es la siguiente: el Gobierno venezolano tal vez tenga que hacer cambios en los proyectos en vigor, sin embargo Maduro debe su suerte política a Chávez y honrará su legado. "No deberíamos hacer nada diferente. Maduro no debe cambiar nada, porque las cosas que hay son las que el presidente Chávez quería", dice Guzman, líder de la comunidad de Antímano.

El nuevo presidente, por lo tanto, tiene pocas opciones interesantes. Bottome, editor de VenEconomía, no cree que el Gobierno de Maduro tome ninguna medida de peso para reformar la economía. "No es políticamente factible para él recortar los programas de Chávez, y él no tiene un plan para compensar eso. Creo que Venezuela continuará empeorando de forma gradual".

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