¿Las normas contables deben ser globales?

Tras los escándalos de Enron, Worldcom, Parmalat o Vivendi, el mundo de la contabilidad y la auditoría de cuentas fue puesto en entredicho. El miedo a perder la confianza y la necesidad de reforzar los controles internos desataron una urgencia por introducir cambios. Entonces, se retomó un tema que había quedado postergado: la conveniencia o no de tener Normas Internacionales de Contabilidad. Pero, ¿realmente se pueden aplicar?

 

Transparencia, confianza, control y seguridad son, probablemente, las palabras que más fuerte suenan tras los escándalos de Enron o Xerox, en los que se detectaron fraudes contables. Por eso, muchos analistas piensan que la contabilidad debe tender, cada vez más, hacia normas claras y precisas. Sobre todo en un mundo globalizado.

 

Precisamente, uno de los aspectos que más preocupa al mundo de la contabilidad es si las normas deben ser globales o no. En los últimos años se hay una tendencia mundial a adoptar las Normas Internacionales de Contabilidad con la idea de que el lenguaje de los estados contables sea comprendido por cualquier empresa de cualquier país.

 

En realidad, “hace más de 30 años se pensó en la conveniencia de establecer un cuerpo único de normas contables susceptible de ser aplicado en todo el mundo. En 1973 nació el IASC (Internacional Accounting Standard Comité), una corporación sin ánimo de lucro, creada para tratar estos temas”, recuerda el auditor Fabián Gustavo Marcote, socio de la consultora y auditora internacional BDO Becher & Asociados.

 

De hecho, miles de empresas, internacionales o locales, grandes o medianas, se están aplicando las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC) del IASC en este momento.

 

[De acuerdo con el sitio web de IASC, otro marco regulatorio fue creado también en 2001- el International Accounting Standards Board o IASB. Los patrones definidos por el IASB son conocidos como Internacional Financial Reporting Standards (IFRSs). Los patrones originalmente definidos por el Board of the Internacional Accounting Standards Comité (o Comisión del Comité Internacional de Patrones Contables- 1973- 2001) siguen siendo conocidos como Internacional Accounting Standards (IASs- o Patrones Contables Internacionales)].

 

En Argentina, por ejemplo, “la Federación de Consejos Profesionales en Ciencias Económicas ha definido hace ya más de tres años el marco conceptual de nuestras normas técnicas y su acercamiento a las normas internacionales de contabilidad a través de una resolución técnica”, dice el contador Enrique Martín Imperiali, socio de la auditora y consultora PKF Argentina.

 

“Este proceso de internacionalización de normas contables –explica Imperiali- resulta muy importante a la luz de la globalización de los negocios, dándole la oportunidad a la información de encontrarse estandarizada y con la posibilidad de ser analizada con los mismos parámetros desde cualquier lugar del mundo, a la vez que permitir a los interesados en los estados financieros de un determinado ente el poder compararlo con otros y obtener mayor confianza a la hora de tomar decisiones estratégicas”.

 

Entre las virtudes de las NIC, “la más importante es la comparabilidad de la información entre distintas empresas de una misma industria, sin importar el país en que se encuentre. De esta manera, se fomenta la libre circulación en los mercados de capitales. Sin embargo, es esencial que dicho cuerpo normativo sea lo suficientemente amplio como para permitir el reconocimiento de realidades locales específicas, sin la cual se convertiría en un conjunto de reglas rígidas no aplicables”, apunta Marcote.

 

Está claro: no todas las empresas son iguales. Hay grandes, medianas y pequeñas: están las locales, las transnacionales y las exportadoras; también se dividen entre las que cotizan en bolsa y las que no; o las que tienen sucursales propias o representantes.

 

Entonces, ¿las NIC deberían tener en cuenta los casos especiales, las particularidades de cada tipo de empresa?

 

¿Pymes en riesgo?

Según el auditor Jorge Voss, “el ISAR (Grupo de Trabajo Intergubernamental de Expertos en Normas Internacionales de Contabilidad y Presentación de Informes de las Naciones Unidas) llevó a cabo una investigación recientemente y llegó a la conclusión de que deben existir normas diferenciadas para grandes, medianas y pequeñas empresas. El problema es que el ISAR no diferencia entre empresas pequeñas de distintos países y yo pienso que no es lo mismo una pyme de Europa que otra de Latinoamérica”.

 

La hipótesis de Voss, profesor titular de la carrera de auditoría de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), es que no es conveniente armar normas únicas sino que debe haber “normas globales para empresas globales, con la diferenciación de grandes y empresas pymes; y también normas locales para empresas locales, con la diferenciación entre grandes y pymes. El lenguaje tiene que ser adecuado para cada lugar. Por ejemplo, una pyme española que compite con otra pyme del mercado europeo es muy diferente a una pyme argentina que compite sólo en el ámbito local”.

 

Latinoamérica es la región donde parece más difícil poder aplicar las NIC, porque la mayoría de las empresas son pymes (pequeñas y medianas), lo que exige prestar mayor atención a las ventajas y desventajas que les puede generar un régimen contable a la medida de grandes corporaciones. Al respecto, Voss señala que “teniendo en cuenta que más del 50% de los empleados pyme trabaja en negro, que algunas empresas no registran toda su información contable, entre otros aspectos, imponer procedimientos contables complejos es un grave error. Exigirle a nuestras pymes normas contables que difieren de la práctica contable generalizada y obligarlas a incurrir en mayores costos administrativos afecta a la competitividad de las mismas”.

 

Respecto a los costos, el auditor Marcote coincide en que “las mayores exigencias en cuanto a la precisión de la información contable implican la necesidad de mejorar los circuitos administrativos y los niveles del personal, establecer hitos de control más rigurosos y sistemas de información más desarrollados. Todo eso conduce necesariamente a mayores costos. No obstante, la incidencia que tendrá finalmente en la rentabilidad del negocio dependerá de en qué medida la dirección de estos entes pueda capitalizar los beneficios derivados de todo proceso de cambio que implica la generación de información contable confiable. No necesariamente los mayores costos generan pérdida de competitividad para las pymes, siempre que esos esfuerzos sean realizados por todos los actores que operan en determinados mercado, pues no constituyen un factor diferencial”.

 

Imperiali, en cambio, rechaza por que las normas internacionales pueden generar pérdida de competitividad: “No hay nada más alejado de la realidad. La contabilidad es única y su normativa debe ser global, es la información básica y más completa. El problema reside en decidir qué es lo que se puede hacer con esta información y cuáles son las ventajas que puede darme”. Y aclara: “La contabilidad es la información básica de la empresa y la fuente de medición de la gestión. La discusión no debe girar en torno costo que pudiera acarrear esta contabilidad, sino el costo de no tenerla en forma completa y actualizada y como fuente principal de información para la toma de decisiones. Si la empresa no tiene la información al día, genera costos adicionales en la búsqueda de los mismos, que repercuten en la competitividad de la empresa”.

 

Más allá de la problemática de la aplicabilidad de las NIC según el tamaño de la empresa, los analistas consideran que hay ciertos casos especiales que deben tenerse en cuenta como excepciones. Por ejemplo, “la dificultad de aplicación de las normas internacionales en los entes que no cotizan sus títulos en los mercados de valores, advirtiendo sobre la inconveniencia de utilizar las normas internacionales para este tipo de entes económicos”, explica Marcote.

 

De hecho, para Marcote, “la diferente de la aplicación de la normativa contable en función del tamaño debe responder al destino de la información (por ejemplo, si hace uso de fondos públicos) más que a su tamaño. De hecho, el acceso a la oferta pública debe imponer condiciones equitativas de información para aumentar la transparencia hacia los inversores, al momento de la toma de decisiones”.

 

Conclusiones

Aunque los trabajos e investigaciones que se pueden encontrar en los archivos demuestran una cierta tendencia de los especialistas por inclinarse hacia la adopción de normas globales, otro sector de analistas sigue sosteniendo que habría que incluir excepciones para ciertos casos, como el de las pymes o las empresas que cotizan en bolsa.

 

Mientras tanto, en Latinoamérica se sigue trabajando en la búsqueda de las normas ideales. “En Colombia estudian aplicar normas internacionales para grandes empresas y para que las aplique todo tipo de compañías, a la manera de Estados Unidos. En México se creó un organismo que tomará las normas internacionales y las adaptará a la realidad local, pero siempre pensando en una sola norma para todas las empresas. En Chile tomaron las normas de estadounidenses porque querían entrar en el Nafta. Pero es un proyecto que todavía no ha sido completado”, resume Jorge Voss.

 

Por su parte, en PKF Argentina “tenemos la certeza, con base en nuestra experiencia, que la opción menos costosa de obtener información fiable es a través de la aplicación de normas internacionales, ya sea para la pequeña, mediana o gran empresa, ya sea una firma local o internacional”.

 

Asimismo, la oficina de BDO en Argentina “al ser internacional, nuestros servicios profesionales están orientados a dar una respuesta adecuada a cada uno de los requerimientos formulados por nuestros clientes, que son de todo tipo. Con relación a la auditoría de estados contables, prestamos un servicio profesional caracterizado por el cumplimiento de las políticas y procedimientos establecidos internacionalmente, pero con una profunda comprensión del medio local”, asegura Gustavo Marcote.

 

En medio de este mar de dudas, lo que sí parece seguro es que, para evitar nuevos escándalos de la talla de Parmalat o Enron, “no podemos ignorar que en aquellas jurisdicciones o ámbitos donde los organismos de control no ejercen eficazmente las funciones que les son propias, se estará finalmente generando un perjuicio para aquellos que cumplen con la normativa, frente a los que no la cumplen”, opina Marcote.

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