Lecciones del astronauta jefe de la NASA sobre catástrofes

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El astronauta Chris Cassidy de la NASA ha vivido durante meses en la Estación Espacial Internacional y ha realizado seis paseos por el espacio. “Imagínate salir con una burbuja de cristal en la cabeza, la Tierra girando bajo tus pies a unos ocho kilómetros por segundo, y el mundo entero escuchando todo lo que sale de tu boca por el micrófono”, dijo en una reciente Conferencia de Liderazgo de Wharton.

Antes de entrar en la NASA, Cassidy sirvió 10 años como SEAL de la Marina en el Mediterráneo y Afganistán y ganó dos Estrellas de Bronce. Su equipo de SEAL fue el primero en entrar en Afganistán después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Dijo que su historia de liderazgo favorita viene de esa época, y él la contó a la audiencia.

Cassidy relató cómo, como comandante de pelotón, tuvo que elaborar rápidamente un plan y presentarlo a su entonces superior Bob Harward, a quien describió como un “viejo capitán de la Armada difícil de lidiar… con esta cicatriz de GI Joe [personaje de Comandos en acción]. Es un sujeto que no sonríe jamás”. (Harward, actualmente es vicealmirante jubilado, salió en las noticias en febrero pasado por rechazar la invitación de Donald Trump para ser consejero de seguridad nacional). El plan contenía —además de información militar— detalles logísticos sobre helicópteros, municiones, alimentos y agua, y varias capas de planes de contingencia para cubrir posibles eventualidades.

Cassidy estaba nervioso cuando fue a informar al capitán, pero todo resultó bien: Harward dijo que no tenía preguntas y con un murmullo dio su aprobación al plan. Entonces, con la reunión terminada, Cassidy se dio cuenta de que el tiempo apremiaba: “miré mi reloj, sólo quedaban 38 minutos para subirme al helicóptero. Y necesitaba comer, e ir al baño”.

En Afganistán, en ese momento, las acomodaciones para los militares estadounidenses eran bastante precarias, dijo Cassidy. “Algunas tiendas de campaña y algunas líneas eléctricas, tal vez un cable con una bombilla acoplada, y una cantina … y un lugar rudimentario para dormir. Y el cuarto de baño consistía en tres tablones de madera contrachapada con el lado abierto mirando hacia la pista en Kandahar. Los “asientos del inodoro” eran tres neumáticos colocados sobre listones de madera suspendidos encima de sus respectivos agujeros.

Era de noche, y Cassidy entró en el cuarto de baño con un faro. “Al hacerlo iluminé a Bob Harward que estaba sentado en el neumático del medio”. Cassidy no tuvo más remedio que sentarse a su lado. “Ambos estábamos mirando hacia la oscuridad de la noche … parecía una eternidad”, dijo Cassidy. “Y entonces de repente él dijo: ‘Escuche. ¿sabe lo que espero que haga?’ Cassidy respondió que sí, pensando en los detalles de su plan. Pero Harward dijo simplemente: “Espero que tome las decisiones correctas y traiga a los chicos a casa sanos y salvos”.

Cassidy dijo que “fue como si un relámpago le hubiera golpeado”, que toda la preparación y el entrenamiento realizados trataban realmente de eso: liderar un equipo, tomar buenas decisiones y llevarlos de vuelta a casa. “No importaba si podía correr rápido o disparar con gran precisión o saltar de los helicópteros … el liderazgo era lo que contaba. Así que fue el momento más impactante de mi vida como líder. Y sucedió en una letrina en Kandahar, Afganistán”.

Un problema que podía no haber ocurrido

Cassidy dijo que de sus seis paseos espaciales, cinco salieron “según lo previsto”. El sexto, no. Algunos pueden recordar el incidente: un titular de ABC News del 16 de julio de 2013, anunció: “Astronauta casi se ahoga en un paseo espacial”.

Recordando aquel evento, Cassidy dijo que había lecciones de liderazgo que aprender en la dinámica de trabajo en equipo entre el personal de tierra y los dos astronautas, Cassidy y su colega italiano Luca Parmitano. Cassidy era el líder en el espacio, pero la “persona real a cargo” era el director de vuelo en Houston, dijo.

La primera señal de que había problemas ocurrió alrededor de media hora después de salir al paseo espacial. Parmitano comenzó a obtener una lectura inusualmente alta en su sensor de CO2. Demasiado CO2 puede causar problemas de salud. Pero, dijo Cassidy, es un problema habitual que si uno está trabajando duro y sudando dentro del traje espacial, la humedad puede llegar a los sensores y “pueden ponerse algo sensibles”. El protocolo de la misión era que si el sensor de CO2 empezaba a registrar un número poco realista, había que continuar con la caminata espacial y los astronautas debían prestar atención a cómo se sentían.

“De alguna manera, el traje comienza a hablarnos, pero todavía nos sentíamos relativamente cómodos —un poco complacientes— porque esto había ocurrido con anterioridad”, dijo Cassidy.

La siguiente señal de que había problemas llegó unos minutos después, cuando Parmitano empezó a sentir agua en su casco. Cassidy señaló que Parmitano había bebido un poco de agua con su casco puesto después de su primer paseo espacial la semana anterior. El agua sólo se notó una vez completado el paseo espacial, y ni los astronautas ni el personal de tierra le dieron mucha importancia. Supusieron que era sudor o alguna gota caída de la bolsa de agua que Parmitano había usado para beber.

Pasados unos 45 minutos, Parmitano estaba sintiendo tanta agua en la cabeza como después de su anterior paseo espacial de seis horas de duración. Informó de la situación al centro de control. Cassidy dijo que tanto él como Parmitano sabían que una vez que el problema fuera verbalizado, comenzaría un proceso de toma de decisiones sobre qué acción tomar y esperaban que el paseo espacial no fuera restringido. Mientras tanto, Cassidy se acercó al otro astronauta y se dio cuenta de que un montón de agua semicircular del tamaño de un pomelo se agitaba sobre su cabeza y pequeñas gotas de agua flotaban cerca de su cara. (En el espacio, el agua flota en burbujas y se adhiere a las cosas.) Parmitano fue capaz de alcanzar una de las gotas con su boca, e informó de que el agua estaba helada.

Una experiencia angustiosa

“Ahí fue cuando supe que algo no iba bien”, dijo Cassidy. Explicó que todas las fuentes de agua en el traje espacial —sudor, orina, la mochila de bebida que estaba acoplada al vientre— habrían tenido que estar a temperatura corporal. Sólo una fuente de agua estaría helada, y esa era el sistema de refrigeración del traje. Los astronautas usan ropa interior larga tejida con finos tubos de agua que actúan como un aire acondicionado, con el mecanismo ubicado en la parte de atrás de la mochila del astronauta. “Nunca antes habíamos imaginado que el agua podría llegar de alguna manera del sistema de refrigeración al traje espacial. Se pensaba que no era posible de acuerdo a cómo se había diseñado. “Pero al parecer, era posible. Houston decidió concluir el paseo espacial. Sin embargo, la situación todavía no se consideró una emergencia. Cassidy explicó que en la jerga de la NASA, “concluir” significa terminar de manera ordenada y moverse con rapidez hacia la nave. A diferencia de “abortar”, lo que significa dejarlo todo y volver tan rápido como sea posible. Cassidy dijo que en ese momento estuvo de acuerdo con la decisión de “cancelar”.

La nave estaba a punto de verse rodeada de oscuridad, señaló Cassidy. Al orbitar en torno a la Tierra, cada vuelta dura 90 minutos, experimentando 45 minutos de luz solar y 45 minutos de noche. Él dijo: “En el ejército me burlo de que los problemas ocurren en la doblez del mapa, en la intersección de los cuadrados de la cuadrícula, por la noche. Era como si estuviésemos en esa misma situación”.

Cuando se tomó la decisión de cancelar, Cassidy tenía algunas cosas que limpiar y le dijo a Parmitano que se adelantara a la nave. “Tengo todo bajo control”, le aseguró. Parmitano empezó a regresar. Pero este movimiento a través del espacio provocó algo que ni Cassidy ni el personal de tierra imaginaban que pudiese suceder: una gran cantidad de agua acabó por inundar el casco de Parmitano. Se obstruyeron sus oídos, los ojos, la nariz y el micrófono de comunicación de manera que, esencialmente, quedó sordo y ciego. Con mucha dificultad pudo caminar de regreso y finalmente entró en la cabina presurizada.

Aun así, no pudo quitarse el casco inmediatamente. Cassidy describió cómo Parmitano tuvo que esperar los 20 minutos necesarios para represurizar la cámara de aire de forma segura. Cassidy, que ahora estaba a su lado, seguía mirando a la boca de su compañero para asegurarse de que no estaba obstruida con agua y que podía respirar. “No podía oír, pero estábamos apretándonos las manos para que supiese dónde estábamos, él podía sentir que la presión estaba regresando”. Afortunadamente, Parmitano sobrevivió al incidente sin lesiones.

Evitar el pensamiento único

“Para todos nosotros en la NASA, como comunidad, fue algo relevante …. No teníamos procedimientos para casos de agua en el casco. ¿Me estás tomando el pelo, pensábamos? Eso no va a suceder. Y lo hizo”. Se determinó que los contaminantes y partículas en el agua de refrigeración fueron la causa, que se había acumulado con el tiempo a pesar del lavado regular del sistema, y causó que algunas válvulas se pegaran. Cassidy señaló que los trajes espaciales que se usan hoy en día son “bastante antiguos”, fueron construidos en los años 70.

Aunque Cassidy dijo que la NASA ha cambiado sus métodos de limpieza y se han añadido almohadillas absorbentes a los cascos, los medios han informado de dos incidentes (menores) similares. En febrero de 2015 y enero de 2016, los astronautas Terry Virts y Tim Kopra encontraron una pequeña gota de agua dentro de sus cascos, y ambos accidentes fueron atribuidos al sistema de refrigeración.

De su propia experiencia, Cassidy comentó: La lección para todos nosotros es que es necesario [evitar] ‘la conformidad’. Es tan fácil dejarse lleva por la idea de que ‘tiene que ser la bolsa de agua’. La verdad es que fue eso lo que sucedió”.

Sobre todo, Cassidy sentía que debería haber confiado en sus instintos después de haberle dicho a Parmitano que regresara a la cabina. Recuerda que la silueta del otro astronauta desapareció en el contorno de la estación espacial y de repente sintió una punzada en su estómago. “Maldita sea, la naturaleza misma de ‘compañerismo’ es esto”, recuerda haber pensado. “Por eso hacemos las cosas en parejas, para estar con él ahora”. Si pudiera hacer una cosa diferente, dijo Cassidy, habría sido verbalizar este sentimiento a Houston y acompañar a Parmitano de regreso a la nave.

También habló sobre la importancia de una comunicación clara. Señaló que Parmitano después se arrepintió de minimizar la cantidad de agua que sentía, y cuando la sintió, para no poner en peligro la misión. Cassidy comentó que ninguno de ellos había dicho exactamente lo que estaban experimentando para que el personal de tierra “pensase de la misma forma que ellos”. Una persona de la audiencia preguntó a Cassidy si pensaba que la NASA había sufrido de “misionitis” durante el paseo espacial, utilizando un término de la industria de la aviación que indica poner un mayor énfasis en el logro de la meta que en la seguridad.

Cassidy dijo que no, y expresó que él pensó que Houston había manejado el incidente “muy bien … Hoy estamos mejor preparados para futuras contingencias”. Pero donde el equipo en tierra —al igual que los astronautas— podría haber tenido un mejor desempeño fue en prestar más atención a la cantidad excesiva de agua en la cabeza de Parmitano después del paseo espacial de una semana antes. “Simplemente lo pasamos por alto …. Todos somos culpables, todos fuimos partícipes”.

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