Cómo los cambios en la política de EEUU hacia Cuba afectan a las empresas

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De forma reciente, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tachó un punto más en su lista de “deshacer” lo que el Gobierno de Obama hizo al reformular la política estadounidense respecto a Cuba. Aunque la nueva política restrinja los viajes turísticos individuales y las inversiones en negocios en más de la mitad de la industria cubana, mantiene innumerables características secundarias como, por ejemplo, el permiso de visitas al país por motivos familiares y profesionales o académicos. Uno de los primeros perjudicados será el turismo y la industria de hostelería y restauración en franca prosperidad tras la apertura amistosa iniciada por Barack Obama hace dos años.

Sin embargo, el impacto simbólico es mayor en el sentido de que atenúa las esperanzas de estrechar más los lazos con la isla, tal y como dicen los expertos. Para ellos, el cambio de política respecto a Cuba es motivo de incertidumbre para los inversores extranjeros, aunque las oportunidades para las empresas estadounidenses en el país son limitadas, dijeron. La nueva política también trae consigo cuestiones de seguridad nacional, ya que Rusia y China pueden acercarse más a Cuba.

En realidad, el golpe fue menos duro de lo que muchos temían. “Aquellos de nosotros para quienes el fortalecimiento de las relaciones con Cuba es el camino a seguir quedaron agradablemente sorprendidos al constatar que los cambios no fueron tan drásticos como podrían haber sido”, dijo Gustavo Arnavat, asesor senior del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, en Washington, D.C. “Sin embargo, no hubo progreso alguno”. Ahora todos están atentos a la forma en que el Gobierno cubano reaccione, agregó Arnavat, que representó a EEUU en el consejo de administración del Banco Interamericano de Desarrollo durante el Gobierno de Obama.

“Habíamos previsto una reversión completa [de la política del Gobierno Obama para Cuba]”, dijo Ralph Patino, abogado litigante civil de Miami, emprendedor y director fundador del Consejo empresarial Estados Unidos—Cuba en la Cámara de Comercio norteamericana. El describió la decisión política del Gobierno Trump de reducir el volumen de turismo de EEUU hacia Cuba como un “error tremendo”. Con la decisión de restringir las inversiones comerciales de EEUU en Cuba, “los perjudicados serán los 11 millones de ciudadanos cubanos que no forman parte del Gobierno”, dijo. “Estas dos cosas combinadas producirán un efecto terrible”.

Arnavat y Patino hablaron sobre las implicaciones de la más reciente política de EEUU sobre Cuba durante el programa de Knowledge@Wharton en Wharton Business Radio, canal 111 de SiriusXM.

Sin embargo, la mayoría de los cambios realizados por el Gobierno de Obama siguen en vigor, observó Arnavat. Y citó algunos: las relaciones diplomáticas no se interrumpieron y las embajadas no se cerraron; los acuerdos bilaterales que promueven los intereses de la seguridad nacional de los Estados Unidos, como la cooperación en la lucha contra la trata humana o de drogas, proseguirá; los vuelos comerciales de Estados Unidos a Cuba continuarán; Cuba no está en la lista de los Estados patrocinadores del terrorismo; los bancos estadounidenses continuarán ofreciendo tarjetas de crédito para su uso en Cuba; los viajes al país para investigaciones profesionales y reuniones de trabajo no se interrumpirán; los viajes de familiares y las remesas hechas por ellos no se verán afectadas; quien visite el país podrá adquirir ron y puros.

¿Un argumento especial?

En general, la política de Trump apunta a las empresas controladas por los militares cubanos. “La nueva política deja claro que el principal obstáculo para la prosperidad del pueblo cubano y la libertad económica es la práctica militar cubana de controlar prácticamente todo sector rentable de la economía”, según la nueva política económica. Arnavat recordó que hace algunas décadas, cuando Cuba decidió que necesitaba inversiones externas para estimular su economía, el país se volvió a los militares porque ellos habían demostrado éxito en la gestión de empresas y eran considerados menos corruptos que otras organizaciones. Con el tiempo, los militares pasaron a controlar cerca del 60% de la economía, aunque buena parte de ese total esté en el sector turístico, dijo Arnavat.

De acuerdo con Stephen J. Kobrin, profesor emérito de Gestión de Wharton, las decisiones de Trump respecto a Cuba son “disfuncionales y ponen las cosas aún peor”. Dijo que la nueva política no tiene nada que ver con la situación comercial de Cuba o con la prosperidad de los cubanos; por el contrario, se trata de una decisión “que simplemente justifica el electorado anticastro de EEUU”. Para Patino, se trata sólo de “recompensar a una pequeña parte de la comunidad cubana de Miami que lo apoyó durante las elecciones presidenciales”.

Kobrin no vio mérito alguno en el argumento del Gobierno Trump de que las empresas estadounidenses que se involucran con organizaciones controladas por los militares perjudicarán la prosperidad económica del país. En realidad, él dijo que Estados Unidos se equivocó en la política que adoptaron en relación a Cuba en las últimas seis décadas aproximadamente desde el inicio del embargo comercial en 1958. “No podemos imponer la democracia a Cuba”, dijo. “Podemos intentar promover la liberalización económica y esperar que esto lleve a la liberalización política”.

A corto plazo, la nueva política sobre Cuba coincide con la reformulación de las expectativas de las empresas estadounidenses acerca de las oportunidades existentes en el país, la mayor parte de las cuales están en los segmentos de viajes y turismo. Kobrin dijo que las expectativas iniciales eran “extremadamente optimistas”. Agregó que “la infraestructura cubana no está preparada para el turismo en materia de restaurantes y hoteles”. Las aerolíneas estadounidenses que divulgaron planes ambiciosos para atender la demanda cubana tuvieron que reducirlos o cancelar los servicios después de que pasara la euforia inicial, dijo Arnavat. “Delta había dicho hace un mes que quería aumentar el número de vuelos, pero ahora tendrá que revisar sus planes”.

Las nuevas circunstancias, sin embargo, afectan a los microempresarios cubanos que ofrecieron alojamiento para los visitantes a través de Airbnb y montaron restaurantes u otros negocios para atender a la industria turística, dijo Kobrin.

La reversión de las políticas estadounidenses a Cuba costaría 6.600 millones de dólares a la economía estadounidense y acabaría con 12.295 empleos en Estados Unidos en el transcurso del primer año del Gobierno Trump, según un análisis de impacto económico publicado a principios de mes por Engage Cuba, una coalición de empresas e instituciones privadas de Washington, D.C cuyo objetivo es poner fin al embargo comercial y las restricciones de los viajes a Cuba.

Inversores extranjeros: inestabilidad

Ahora, y también a largo plazo, la nueva política para Cuba será perjudicial para la inversión extranjera, dijo Kobrin. “A las empresas les gusta la estabilidad”, señaló. “Si las reglas se cambian cada dos años, cada vez que hay un nuevo Gobierno, es desalentador. El Gobierno de Estados Unidos y sus políticas en constante transformación siempre han sido una gran fuente de riesgo para los inversores extranjeros. Prueba de eso es lo que el Gobierno hace en relación a Cuba. “Hay entusiasmo suficiente entre las empresas estadounidenses para invertir en Cuba, como explica Patino. El recuerda que poco después de que el Gobierno de Obama anunciara que revisaría las relaciones con Cuba, el Consejo empresarial Estados Unidos—Cuba, en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, reveló que 50 empresas que forman parte del Fortune 500 se afiliaron a la Cámara en los primeros diez días. “Recibimos a tres o cuatro grupos, entre ellos GE y Marriott [para Cuba], y todos estaban listos para apretar el gatillo, poner las manos en la masa y ayudar al país a salir de la situación en que se encontraba”.

Otras áreas de interés para las empresas estadounidenses son la industria de exportación de alimentos, la salud y la industria farmacéutica. “Una cosa que me sorprendió cuando estuve allí fue que prácticamente todos los alimentos son importados, y el cultivo local es muy reducido”, dijo Kobrin, que visitó la isla con un grupo de la Universidad de Pensilvania en enero de 2016. “Ellos invirtieron todo el potencial de su agricultura en la caña de azúcar, por lo que este es un mercado exportador para la agricultura estadounidense. El sector de salud de Cuba también es una de las mayores industrias exportadoras del país. Cuba tiene todavía índices envidiables en el sector de salud.

Arnavat dijo que Cuba necesita energía, infraestructura y vivienda, cosas que las empresas estadounidenses podrían suplir. Sin embargo, es difícil encontrar financiación para estos proyectos, especialmente porque el embargo estadounidense tolera los flujos de ingresos cubanos. Esta situación podría cambiar y Cuba tendría líneas de financiación a su disposición si el país fuera miembro del Banco Mundial o del Banco Interamericano de Desarrollo, añadió.

Es lo que piensa también Patino, aunque subraya que, antes de eso, Cuba necesita consolidar su sistema monetario confuso, de dos monedas, una de ellas ligada al dólar estadounidense. Cuba debe también garantizar el cumplimiento del estado de derecho en las transacciones corporativas para atraer inversiones, agregó. “Por ejemplo, la creación de una central hidroeléctrica por parte de General Electric en la provincia cubana de Matanzas debe contar con la garantía de que el Gobierno no se apropiará de su inversión en el futuro. Para abrir totalmente las puertas a la financiación, hay que poner fin al embargo con la derogación de la Ley Helms-Burton, de 1996, que trata del embargo a Cuba, dijo Patino.

¿Cuáles son los argumentos para el fin del embargo?

Según Patino, acabar con el embargo es fundamental para que se dé un paso significativo adelante sobre Cuba, y la principal tarea aquí es encontrar quien patrocine un proyecto de ley y lo haga tramitar por el Congreso. “La mayoría de las empresas estadounidenses quieren el fin del embargo”, dijo, agregando que las encuestas de opinión mostraron que más del 60% del público en el sur de Florida también piensa de la misma forma. “El embargo tuvo poco efecto, o ninguno, más allá de impedir que las personas tuvieran una mejor calidad de vida”.

Según Patino, las cuestiones de seguridad nacional también se ven perjudicadas por la negativa a poner fin al embargo. “Al interactuar menos con Cuba, se abren las puertas para que el presidente ruso, Vladimir Putin, […] reabra la base de submarinos en Lourdes; mientras que los chinos básicamente proporcionan a Cuba el banco que la isla necesita”, dijo. Las instalaciones de Lourdes, próximas a La Habana, fueron operadas por fuerzas de la inteligencia rusa durante cuatro décadas antes de ser cerradas en 2002.

“Nosotros [EEUU] somos los socios comerciales naturales de Cuba”, dijo Patino, que describió el impasse que perdura desde hace seis décadas como una “mancha en la historia” y dijo que habrá una nueva oportunidad cuando un nuevo presidente tome posesión en Cuba después de que Raúl Castro deje el Gobierno en 2018. De acuerdo con Arnavat, para mejorar significativamente las relaciones entre EEUU y Cuba se necesitan mucho más que los dos años que pasaron desde la apertura amistosa de Obama, y mucho depende también de la calidad de la respuesta del Gobierno cubano. “Para ser sincero, el Gobierno cubano tardó mucho en responder a algunas de las propuestas presentadas por empresas muy buenas de Estados Unidos”, dijo.

El próximo paso consistirá en la emisión de reglamentos por parte del Departamento del Tesoro y de Comercio que pongan en vigor la nueva política para Cuba. “La complejidad está en los detalles”, dijo Arnavat. Él esperaba mucho lobby por parte de las empresas que podrían verse afectadas “de tal modo que las regulaciones fueran atenuadas para que su efecto fuera mínimo”.

Por tanto, las expectativas no son exactamente muy positivas en lo que se refiere a la relación entre los dos países. Arnavat dijo que después de que fuera anunciada la nueva política con respecto a Cuba, el ministro de Relaciones Exteriores de la isla, Bruno Rodríguez Parrilla, dijo en una rueda de prensa en Viena que su país no hará nada bajo presión de EEUU. Sin embargo, Parrilla dijo también que hay un fuerte interés por parte de Cuba en frenar relaciones con Estados Unidos de forma respetuosa en el futuro. De regreso a Estados Unidos, Arnavat previó un clima gélido. A diferencia del Gobierno Obama, que evitaba criticar el régimen de la isla, “el Gobierno Trump probablemente no tendrá mucha paciencia con el Gobierno cubano”, dijo.

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