Los grandes beneficios, y riesgos, de la carrera espacial

La carrera espacial está de nuevo en marcha, pero esta vez bajo el mando de los empresarios. El aterrizaje exitoso de la cápsula Dragon en el Pacífico, el 31 de mayo, la primera nave privada en conectarse con la Estación Espacial Internacional (ISS, según sus siglas en inglés), marcó un importante hito en la entrada de las empresas privadas en el negocio de la explotación del espacio. La Dragon, construida y lanzada por la Space Exploration Technologies Corporation (SpaceX), de Elon Musk, uno de los fundadores de PayPal, demostró que las empresas privadas jugarán un papel decisivo a partir de ahora en el sector espacial, ya que los gobiernos de todo el mundo están bajo presión fiscal, lo que los obliga a replantear sus ambiciones galácticas. Esas empresas están invirtiendo fuertemente en el desarrollo de nuevas naves espaciales en todos los sectores, del transporte de carga a la prospección de metales en asteroides, creando nuevas industrias e incontables oportunidades, así como un grado elevado de riesgo, según explican los especialistas de Wharton y de otras instituciones.

Ese cambio “posibilita el desarrollo del sector espacial para quienquiera que tenga recursos y quiera contribuir en el plano comercial o filantrópico en el proceso”, observa Michael Tomczyk, director gerente del Centro Mack de Innovación Tecnológica [Mack Center for Technological Innovation] de Wharton. “Se trata de una forma excitante y bienvenida de ‘innovación abierta’ aplicada al espacio”.

En el futuro próximo, el papel de las empresas privadas será principalmente el de “taxis espaciales”, transportando equipos y personas. Christian Terwiesch, profesor de Gestión de las operaciones y de la Información de Wharton, dice que ese es el tipo de trabajo ideal para las empresas comerciales. “Estamos hablando de órbitas bajas, por lo tanto el grado de economía de escala mínimo exigido no es muy alto”, dice Terwiesch. “La tecnología para eso es mucho más barata hoy en día. Además, tenemos años de experiencia en la aviación comercial y experiencias anteriores de viajes espaciales”.

Karl Ulrich, profesor de Gestión de Wharton, también cree que ha llegado la hora de que las empresas comerciales asuman un papel más significativo en el sector espacial. “En la última mitad del siglo XX, el programa espacial ha requerido grandes inversiones, sin embargo el retorno era incierto y poco claro”, dice Ulrich. “A causa de eso, la NASA era la institución adecuada para la explotación del espacio exterior. Esas dos precondiciones de inversión por parte del Gobierno son menos relevantes en el sector aeroespacial hoy en día. Boeing, por ejemplo, coordinó la inversión de decenas de millones de dólares para desarrollar y comercializar Boeing 787 Dreamliner [en sustitución del 767 y que comenzó a operar en 2011]. Motorola invirtió cerca de US$ 5.000 millones en el desarrollo y lanzamiento de la constelación de satélites Iridium en los años 90. Poquísimas iniciativas exigen inversiones superiores a varios miles de millones de dólares, y los mercados de capital privado ya se han mostrado capaces de responder a oportunidades de esa envergadura”.

La expansión de las actividades comerciales en el espacio es reflejo de un esfuerzo continuo del Gobierno federal de explorar de manera más amplia la creatividad del sector privado. Terwiesch dice que el apoyo ofrecido por el Gobierno bajo la forma de premios —recompensa en dólares para la resolución de determinados problemas— es una poderosa herramienta de impulso a la innovación. “El Gobierno debería consentir el desarrollo de diversas soluciones para los problemas detectados, porque él todavía no tiene cualificación para escoger los mejores”, resalta Terwiesch. Esa mentalidad se ha vuelto evidente ahora con la apertura del sector espacial a la participación de un mayor número de empresas privadas. “El asunto está siendo tratado por el Gobierno de manera racional con el objetivo de que surjan más soluciones”.

Más allá de la luna

Al mismo tiempo, el apoyo dado por el Gobierno es reflejo de la dura realidad presupuestaria de Washington. La esperanza es que pasando más trabajo al sector privado —y aprovechando el ahorro que las empresas privadas pueden introducir en el negocio espacial— la NASA pueda concentrarse en objetivos más atrevidos. “El transbordador espacial salió demasiado caro, y el sector privado promete ocuparse de la labor de transporte por mucho menos”, dice Peter Hughes, director de tecnología de Goddard Space Flight Center de la NASA en Greenbelt, en el Estado de Maryland. “Con eso, se liberan recursos para tecnologías avanzadas, y así podemos planear ir más allá de la luna”. Hughes observa que esos recursos pueden ser dirigidos hacia el trabajo excitante en áreas como la protección contra la radiación y la navegación por medio de púlsares, investigación que permitiría a la NASA enviar misiones tripuladas a los asteroides y planetas vecinos. “El sector de transporte de ida y vuelta de personas a la zona de órbita baja de la tierra es perfecto para las empresas comerciales”, observa Robert Bishop, rector de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Marquette. “La ciencia más potente —cuyo objetivo es Marte o Júpiter— es papel del Gobierno”.

Es evidente que el sector privado todavía tiene que probar que es capaz de llevar a las personas al espacio y traerlas de vuelta a la Tierra de forma segura. Después de jubilar los trasbordadores espaciales, EEUU ha pasado a depender del programa espacial ruso para enviar astronautas a la ISS. Pero diversas empresas, entre ellas SpaceX, Boeing y Blue Origins, una empresa de Kent, en Washington, financiada por Jeff Bezos, fundador de Amazon, están desarrollando naves con la esperanza de conseguir la licencia para llevar a los americanos a la estación espacial. “Sabemos que la NASA paga cerca de US$ 63 millones a los rusos para llevar a alguien hasta la ISS”, dice John Roth, vicepresidente de desarrollos empresariales de Sierra Nevada Corporation en Sparks, en el Estado de Nevada, que está desarrollando un vehículo para el transporte de personas al espacio. “Tenemos que mostrar que podemos hacer el servicio por un mejor precio”. Él añade que, aparte de con la NASA, Sierra Nevada pretende hacer negocios con países de Europa y Japón.

A pesar de que todo el mundo dice que las empresas deberían limitarse al servicio de taxi con destino a la ISS, algunos empresarios tienen metas más ambiciosas. Elon Musk, por ejemplo, fundador de SpaceX, dijo que planea desarrollar un avión que lleve personas a Marte. Planetary Resources, empresa emergente de Seattle financiada por pioneros acaudalados de la industria de tecnología como Larry Page, fundador de Google, y Charles Simonyi, ex arquitecto de software de Microsoft, planea desarrollar aeronaves-robot para la prospección de metales raros, como platino, en asteroides. Bigelow Aerospace, de Las Vegas, está trabajando en módulos espaciales que gravitarán en torno a la Tierra y podrán ser alquilados por los gobiernos o por grupos privados para fines diversos, entre ellos, por ejemplo, la investigación biológica.

Para otros, la tecnología espacial se podrá usar para transformar totalmente el sector de viajes. George Whitesides, ex director general de la NASA y consejero delegado de Virgin Galactic, de sir Richard Branson, dice que el plan de la empresa, a corto plazo, consiste en hacer posible vuelos suborbitales para turistas por US$ 200.000. El actor Ashton Kutcher, y otras 500 personas, ya han hecho la reserva necesaria para garantizar su plaza. Whitesides cree que los viajes deberían comenzar el año que viene. Pero él cree que hay un mercado mucho mayor para la tecnología desarrollada por Virgin Galactics que permitirá que las personas lleguen a destinos distantes del planeta en cerca de media hora. “Es difícil para nosotros imaginar que sea posible girar alrededor de la Tierra en una hora; sin embargo, eso es perfectamente factible”, dice Whitesides. “Se trata de un mercado enorme. Tan solo hay que conseguir bajar los precios con el paso del tiempo”.

Un mercado financiado por multimillonarios

La naturaleza de algunas de esas iniciativas, que las acerca a la ficción científica, ha hecho que algunos inversores guardaran una cierta distancia con ellos. “Esos proyectos no son exactamente la niña de los ojos de Sand Hill Road en este momento”, observa Esther Dyson, gurú del sector de tecnología e inversora ángel, en alusión a la mentalidad vigente entre los capitalistas de riesgo de Menlo Park, en el Valle del Silicio. “Ese era un mercado financiado por multimillonarios, por eso no tenía mucha visibilidad”. Pero eso puede estar cambiando. “El éxito de SpaceX ha sido muy importante en ese sentido”, dice Dyson, que invirtió en varias empresas emergentes del segmento espacial. “Creo que los inversores están dándose cuenta —al igual que con Internet hace 20 años— que el asunto no es una broma”.

Al principio, fue el Gobierno —a través de lo que hoy es el Darpa (agencia de proyectos de investigaciones avanzadas de defensa)— el que ayudó a crear una red que evolucionaría y se convertiría en Internet. Terwiesch dice que cuando Internet se abrió al sector privado, los modelos de negocios adquirieron formas completamente inesperadas. Cuando se creó Internet, “sus creadores no estaban pensando en Facebook”, dice él. De igual manera, prevé, la industria del sector espacial aún traerá muchas sorpresas. “Quién apueste ahora a lo que será el futuro del sector, comprobará que estaba equivocado. No tenemos la mínima idea de donde nos llevará”.

Como las actividades comerciales del sector espacial aún están dando sus primeros pasos, se encontrarán con muchas dificultades capaces de ahogar su crecimiento. Por ejemplo, no están claros, de momento, los modelos de negocios del sector. Roth, de Sierra Nevada, resalta, por ejemplo, que el Gobierno no está pagando solo toda la cuenta necesaria para la formación del personal para operar en el segmento, por el contrario, él ha pedido a las empresas que compiten en el sector que inviertan en eso también. “Estamos gastando lo que no tenemos, pero no sabemos cuánto está invirtiendo la competencia”, dice. Aunque Sierra Nevada sea optimista y crea que será una de las vencedoras cuando NASA haga la selección final, Roth dice que la empresa tiene un plan B en caso de que su vehículo no sea el escogido. Sin embargo, “eso nos obligaría a revisar nuestras perspectivas de negocios”, añade.

Mientras, Ulrich, de Wharton, observa que el campo donde tiene lugar la competencia es relativamente pequeño hoy en día, lo que acarrea riesgos. “El número de empresas interesadas —proveedores y compradores— es muy reducido”, dice. “Esa cantidad exigua de empresas constituye un obstáculo clásico para la contratación, ya que existe la posibilidad de que una parte se imponga a la otra y se vuelva la única fuente de recursos en la ciudad”. Pero Ulrich destaca que hay mercados que operan con pocas empresas y que han sabido gestionar ese tipo de dificultad. Es el caso de las empresas de estructuras de aeronaves comerciales.

Hay también incertidumbres en lo que concierne a la regulación del sector. Ahsan Choudhuri, director del Centro de Explotación Espacial y de Investigación Tecnológica de la Universidad de Tejas, en El Paso, dice que los controles de exportación de EEUU pueden dificultar el éxito de las empresas privadas que quieran hacer negocios en el exterior. “Ese tipo de operación tiene que ser globalizada, pero la regulación actual no lo permite”, dice. “Las regulaciones de exportación actuales son rígidas y, en cierto modo, ambiguas, y hace tiempo que no son actualizadas. Ese es el gran riesgo que corren las empresas”. En el corazón de esos controles están las reglas establecidas por el Itar (Regulación internacional de tráfico de armas), cuyo objetivo es el control de las tecnologías consideradas cruciales para la seguridad nacional de EEUU.

Los desafíos a la seguridad asociados al envío de seres humanos al espacio, tal vez constituyan el mayor problema de todos. “Los vuelos con pasajeros presentan riesgos ineludibles, y las tragedias ocurren incluso en los programas de Gobierno con numerosas y caras instancias de supervisión”, señala Mike Gruntman, profesor de Astronáutica de la Universidad del Sur de California. “Perdimos dos trasbordadores espaciales [el Challenger, en 1986, y el Columbia, en 2003]. El negocio espacial es arriesgado, y habrá pérdida de vidas en el futuro”. La verdadera dificultad, añade Gruntman, consiste en saber cómo responderá el gobierno a un evento de este tipo. “¿Habrá un retroceso en la regulación, de tal manera que los vuelos espaciales con pasajeros vuelvan a ser operados de forma exclusiva por el Gobierno?”

Sean cuáles sean los riesgos, mucha gente dice que es esencial que el sector privado y el Gobierno federal trabajen juntos para que el sector espacial avance. “Si insistimos en sacar de la Tierra más de lo que ella puede darnos y si continuamos presionando sus reservas de agua y la calidad de vida que el planeta nos proporciona, los gases de efecto invernadero, el agotamiento de los recursos escasos, la destrucción del hábitat de los océanos y de los bosques tropicales, que son verdaderas fábricas de oxígeno, ocurrirán como consecuencia de nuestras acciones poniendo en riesgo la civilización”, observa Tomczyk, de Wharton. “Aprender a vivir en el espacio y en otros planetas no sólo nos da una ruta de escape, principalmente, nos enseña a vivir en ambientes adversos y hostiles, algo que tal vez tengamos que hacer más pronto de lo que imaginamos”.

Cómo citar a Universia Knowledge@Wharton

Close


Para uso personal:

Por favor, utilice las siguientes citas para las referencias de uso personal:

MLA

"Los grandes beneficios, y riesgos, de la carrera espacial." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [27 junio, 2012]. Web. [18 August, 2017] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/los-grandes-beneficios-y-riesgos-de-la-carrera-espacial/>

APA

Los grandes beneficios, y riesgos, de la carrera espacial. Universia Knowledge@Wharton (2012, junio 27). Retrieved from http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/los-grandes-beneficios-y-riesgos-de-la-carrera-espacial/

Chicago

"Los grandes beneficios, y riesgos, de la carrera espacial" Universia Knowledge@Wharton, [junio 27, 2012].
Accessed [August 18, 2017]. [http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/los-grandes-beneficios-y-riesgos-de-la-carrera-espacial/]


Para fines educativos/empresariales, utilice:

Por favor, póngase en contacto con nosotros para utilizar con otros propósitos artículos, podcast o videos a través de nuestro formulario de contacto para licencia de uso de contenido .

 

Join The Discussion

No Comments So Far