Más allá de la UE: ¿Pueden las exportaciones salvar a las economías más débiles de Europa?

El nacimiento de la Unión Europea (UE) y, especialmente de la zona euro, creó un mercado económico común sin precedentes en la historia europea. Un mercado libre en el que los países que forman parte de él intercambian sin trabas mercancías, servicios y mano de obra. Las exportaciones de todos estos países tenían como destino principales a sus vecinos, con lo que habían creado este entorno económico. Con la actual crisis económica y política que vive el área, algunas economías se han dado cuenta de que el intercambio comercial con estos socios no es suficiente para crecer, por lo que han tenido que potenciar su presencia en otros mercados internacionales, especialmente Asia y América.

Ese el camino que, por ejemplo han seguido las empresas españolas. Rafael Pampillón, profesor de Entorno Económico y Director de Análisis Económico del IE Bussines School, señala que “las compañías españolas se han encontrado con el colapso de la demanda interna del país y la bajada de la demanda en sus socios europeos”. En su opinión, esto ha provocado un importante cambio de mentalidad en ellas. “Ahora buscan vender en otros mercados. Este cambio de actitud es realmente impresionante”, destaca.

Pampillón añade que España está perdiendo participación exportadora en la zona euro y la está ganando en otras regiones, especialmente en Asia y América. Según explica, todavía las ventas a estas zonas en cifras absolutas no son muy importantes, pero los porcentajes de crecimiento en ellas están siendo muy grandes. “Yo creo que es una tendencia que se va a mantener en el tiempo. Europa siempre seguirá siendo nuestro mercado principal, pero ganarán mucha importancia otros socios comerciales”, afirma.

El déficit comercial español se redujo un 33,6% en 2012, hasta situarse en 30.757 millones de euros en 2012, según cifras oficiales del Gobierno. Las exportaciones experimentaron un incremento del 3,8% y alcanzaron una cifra de 222.644 millones de euros, el mejor registro desde 1971, mientras que las importaciones cayeron un 2,85%, hasta 253.401 millones. Además, la tasa de cobertura (el porcentaje de las importaciones que se pagan con las exportaciones) alcanzó el 87,86% en 2012, el nivel más alto de la historia. Otro dato significativo es que, si se descuenta el déficit energético, que en 2012 aumentó un 13,9%, la balanza comercial española arrojaría un superávit de un máximo histórico de 17.746 millones de euros en el conjunto del ejercicio. Las ventas españolas destinadas a Oceanía aumentaron un 37,6%, las destinadas a África crecieron un 30,6% y las dirigidas a América Latina se incrementaron un 13,5%.

A pesar de estos buenos resultados en la balanza comercial, el Producto Interior Bruto (PIB) español se contrajo en el conjunto del año 2012 un 1,42%. A cierre del pasado ejercicio, la economía española acumulaba seis trimestres consecutivos de contracción.

En los últimos tres meses del año pasado, la demanda nacional tuvo una aportación negativa a la evolución del PIB de 4,7 puntos, mientras que el sector exterior aportó al crecimiento 2,8 puntos. Estos datos dejan encima de la mesa un par de preguntas en el aire: ¿la mejora del sector español es real o es consecuencia de la fuerte caída de las importaciones como consecuencia del desplome del consumo interno? Y la segunda: ¿es insuficiente el sector exterior para sostener la economía del país?

Santiago Carbó-Valverde, Catedrático de Economía y Finanzas de la Bangor Business School e investigador de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro españolas) cree que la mejora del sector exterior es real, “ha habido ganancias de competitividad y las empresas españolas han mantenido muy bien su cuota de exportación durante los años de crisis. El problema, en su opinión, es que “en términos relativos el sector exterior no puede tirar por sí sólo de la economía. Sería preciso que muchas más empresas se sumaran a las exportaciones y eso lleva tiempo”.

Y añade que es realista pensar en las exportaciones como el motor que saque a la economía española de la crisis y como futuro impulsor de crecimiento si hay una estrategia a largo plazo en esa dirección, en el camino de la competitividad exterior. Sin embargo, insiste en que es un camino de muy largo recorrido, “de años y años de apuesta por la competitividad y de apoyo a la exportación. Nada sencillo pero necesario en ausencia del impulso que tuvieron otros sectores como la construcción en el pasado”.

Javier Morillas, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad CEU San Pablo, comparte esta misma opinión. “El comportamiento del sector exterior nunca engaña; siempre supone un auténtico test sobre la marcha de una economía, al medirse en el mercado internacional; y evidencia la competitividad mayor o menor de su aparato productivo”, señala.

España, ¿el camino a seguir?

Puede que el caso español sea el más significativo, ya que se trata de la cuarta economía de la zona euro, por detrás de Alemania, Francia e Italia, pero no es el único. El camino que ha emprendido España puede ser seguido por algunas otras economías europeas, especialmente las más dañadas por crisis de los últimos años. Es el caso, por ejemplo, de Portugal.

El país luso logró reducir su déficit comercial en 2012 en un 35%. Según los datos de comercio internacional divulgados por el Instituto Nacional de Estadística luso -que incluyen el intercambio de bienes pero no el de servicios-, la balanza comercial arrojó un déficit de 10.668 millones de euros. En 2010 era más del doble. Las exportaciones de bienes y servicios representaron el 39% del PIB de Portugal en 2012, frente al 28% en 2009, según datos de Eurostat (Oficina estadística de la Unión Europea). En términos totales, la UE absorbe todavía el 71% de sus ventas al exterior, aunque sus ventas a países extracomunitarios se dispararon un 20%.

“Este es el camino a seguir para las economías de la zona euro, especialmente las que se encuentran más debilitadas”, apunta Pampillón, quien añade que “el mercado europeo está muy débil y las empresas tienen que encontrar otros mercados en los que dar salida a sus productos y encontrar clientes para sus servicios”.

En opinión de Carbo-Valverde, aumentar la competitividad exterior es una aspiración de todos los países, “sobre todo en aquellos donde la demanda interna es coyuntural o estructuralmente más débil”. El señala que las políticas de exportaciones dependen de la especialización sectorial y que dentro de la UE se tratan de hacer políticas conjuntas comerciales para evitar solapamientos en determinados productos y servicios aunque, en general, existe también un margen importante para que cada país actúe y trata de potenciar alguna de sus fortalezas. “Esto también requiere políticas transversales dentro de cada país como la suficiente flexibilidad del mercado laboral”, añade.

En la misma línea, Morillas afirma que ya todos los países de la zona euro están intentando enfocar su economía a las exportaciones. Considera que “no les queda otro remedio porque todos están muy endeudados, unos como Italia o Bélgica por las Administraciones Públicas, otros como España por las familias y las empresas”.

Pampillón explica que para que un país exporte más tiene que mejorar su competitividad. Considera que España lo está logrando gracias a una importante devaluación interna pero sin tener en sus manos la herramienta de la política monetaria. “España está siguiendo el camino para recuperarse que ya tomó en otras ocasiones en la historia: ganar competitividad con una devaluación. Antes se devaluaba la peseta para lograrlo, pero ahora eso no se puede hacer porque estamos en el euro y es el BCE el que dirige la política monetaria”. Por lo tanto, dice que la única vía posible es aplicar un descenso de los salarios de los trabajadores y recortando los gastos de producción lo máximo que se pueda. “Y esto es lo que se está haciendo”, apunta este profesor del IE Bussines School.

Otro de los puntos importantes para ganar competitividad y mejorar las exportaciones es, según Pampillón, la inversión en I+D, “que genera un impacto positivo en la calidad de los productos y en los procesos de innovación, y también en la reducción de los costes empresariales”. Explica que precisamente es esa mejora de la productividad generada por el avance tecnológico el que aumenta la capacidad de competir porque, entre otras cosas, permite adaptar la producción nacional a la evolución de la demanda internacional.

España pierde en este punto concreto el calificativo de “ejemplo a seguir” que los economistas le han atribuido. Como consecuencia de la crisis económica, el gasto español en I+D cayó en 2011 por primera vez desde que se tienen registros de estos datos en 2001. En 2011 esta inversión sólo supuso el 1,33% del PIB, frente al máximo histórico alcanzado del 1,39% en 2009 y 2010. En la UE este gasto supone de media el 2% del PIB. Los del 2011 son los últimos datos oficiales sobre este sector que ha presentado el Instituto Nacional de Estadística (INE) español.  Además, actualmente la proporción de inversión privada en el gasto total nacional de I+D es muy baja en España (52%) en comparación con otros países. La media de la OCDE se sitúa en el 65% y en países como Japón alcanza el 77%.

¿Guerra de divisas?

La política monetaria es otro factor a tener muy en cuenta para que los países europeos puedan potenciar sus exportaciones e intentar remontar el vuelo. Pero como ya se ha comentado anteriormente, es un arma que no manejan. Es el Banco Central Europeo (BCE) el que tiene el mando del euro. Y hoy son muchos los gobiernos que se preguntan si el organismo dirigido por Mario Draghi está haciendo lo suficiente por ayudar a las economías de la región.

Recientemente se ha acuñado la expresión “guerra de divisas” para resumir los movimientos que han realizado los principales bancos centrales del mundo con la intención de devaluar sus monedas, con el claro objetivo de que los productos de sus países ganen competitividad y se impulsen las exportaciones. Draghi ha considerado exagerado hablar de “guerra de divisas”, pero lo cierto es que el euro se ha fortalecido en lo que va de año respecto a las principales monedas mundiales. La moneda comunitaria se ha apreciado en lo que va de año más de un 10% contra el yen japonés, casi un 4% contra la corona noruega y la libra esterlina, y alrededor de un 2% contra el dólar estadounidense.

Santiago Carbo-Valverde no entra a juzgar si el actual valor del euro frente a otras divisas está dañando la recuperación europea, pero considera que un posible movimiento del BCE tendría un impacto limitado. “El tipo de cambio del euro se está manteniendo en un rango inferior algo acotado, aunque en los últimos meses ha sufrido oscilaciones significativas. Son los rumores sobre los tipos de interés los que están incidiendo más sobre los tipos de cambio del euro. Una bajada de tipos de interés puede suponer una depreciación del euro frente a otras divisas, aunque con un recorrido limitado”, mantiene.

“El BCE, sin lugar a dudas, puede echar una mano para que los países del euro ganen competitividad en el exterior”, opina Pampillón. En su opinión, puede estimular las exportaciones con la depreciación del euro. “Debería entrar en la ‘guerra de divisas’ que se ha desatado, como han hecho otros países como Estados Unidos y Japón”.

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