¿Michelle Bachelet o Evelyn Matthei?: Los retos de la próxima presidenta de Chile

Al final, la candidata socialista Michelle Bachelet no pudo cumplir su deseo de ganar las elecciones presidenciales de Chile del pasado domingo 17 de noviembre en primera vuelta y se tuvo que conformar con llevarse la victoria con algo más del 46% de los votos. La expresidenta, primera mujer en gobernar el país entre 2006 y 2010, tendrá que resignarse a esperar hasta el 15 de diciembre para medirse en segunda vuelta a su amiga de la infancia y candidata oficialista Evelyn Matthei, que obtuvo el 25% de votos, al no haber obtenido el 50% exigido por la Constitución.

Bachelet y su equipo se mostraban “contentos, pero no eufóricos” tras la victoria. Y es que la mayoría de las encuestas la daban por ganadora en la primera ronda de las primeras elecciones presidenciales que se realizan en Chile con el sistema de inscripción automática y voto voluntario. Justamente por esto último Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, comentaba poco antes de la cita electoral “nos movemos por un territorio incierto”, en referencia a la posibilidad de que la elección se resolviera por la vía rápida.

Malamud añadía que las especulaciones eran que si había una votación abultada, es decir, si los chilenos respondían en masa a la llamada de las urnas, esto favorecería a Bachelet. El problema fue que muchos chilenos se quedaron en casa. En total, un 44% del padrón electoral de 13,5 millones de votantes prefirió no acudir a la cita frente a un 56% que sí decidió participar. El hecho de que hubiera un panorama muy fragmentado con hasta 9 candidatos, algunos de ellos próximos ideológicamente a Bachelet, tampoco ayudaba a despejar dudas sobre los resultados de los comicios.

El investigador de Elcano señala que a “Bachelet le interesaba triunfar en la primera vuelta porque le dotaría de una mayor legitimidad para emprender las reformas que se han convertido en los ejes centrales de su campaña electoral, como son la de la Constitución, la educación, y el régimen tributario”. Pero no pudo ser, fue una victoria agridulce. Si en diciembre se cumplen las predicciones de las encuestas, Bachelet regresaría al palacio de la Moneda el 11 de marzo con la obligación de negociar con la oposición algunas de las reformas clave porque, a pesar de que su partido ha logrado mayoría en ambas Cámaras –también se celebraban elecciones parlamentarias-, se requieren altos quórum en el Congreso para aprobarlas.

La conservadora Evelyn Matthei, por su parte, se mostraba exultante ante la posibilidad de disputar la segunda ronda, aunque el número de votos obtenidos sea el más bajo de la derecha tras el regreso de la democracia en 1990. Y es que el panorama preelectoral era sombrío, con las encuestas augurándole algo menos del 15% de los votos, después de que su formación “diera sensación de debilidad por un proceso de primarias bastante fallido”, señala Malamud, que le dejó tan solo con 3 meses para preparar las elecciones. Por otro lado, el presidente saliente, Sebastián Piñera, no logró trasladar a la candidata los logros de sus cuatro años de administración: un crecimiento del 5,6% de promedio, un desempleo del 5,7%, y un 3% de inflación anual.

El gran punto negro de la marcha de la economía chilena es la brecha entre ricos y pobres. Según la OCDE, la pobreza acecha a casi el 19% de la población, una cifra sólo superada por México en la región. La desigualdad en el acceso a la educación también ha sido motivo de movilizaciones estudiantiles, lo que ha erosionado la popularidad del Gobierno y de su presidente. En medio de este panorama ha llegado Bachelet enarbolando la bandera reformista y con la ventaja del buen recuerdo que dejó su pasada gestión al frente del Gobierno, del que salió con cerca de un 84% de popularidad.

Cristóbal Bellolio Badiola, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, destaca que Bachelet ganó en esta primera vuelta, en parte, “porque logró conectar con un anhelo muy sentido por la mayoría de los chilenos: más igualdad. Aunque irónicamente ella no hizo mucho para reducir la desigualdad en su primer mandato, esta vez queda bastante claro que esa es su batalla”.

La agenda de reformas

Según los expertos, lo que Chile se jugaba en estas elecciones era el modelo de desarrollo futuro, por lo que las grandes reformas políticas y económicas han centrado los discursos de los candidatos durante la campaña. El debate sobre el modelo que quiere el país se abrió, sobre todo, después de las protestas sociales de 2011 en que los estudiantes exigían una educación universitaria gratuita. Aunque este reclamo venía de atrás, puesto que la propia Bachelet sufrió durante su mandato las protestas de los estudiantes de secundaria.

Sin embargo, Bellolio destaca que ahora Bachelet “ha tenido la habilidad de absorber el dinamismo de la calle y ofrecerse como una versión institucionalizada de ese descontento y esa rabia por mayor igualdad. Lo demostró al interceder por algunos ex dirigentes estudiantiles muy populares para que los partidos les cedieran un espacio privilegiado”. Cuatro de esos dirigentes, todos menores de 27 años, han logrado los votos que les permitirán entrar en marzo en el Congreso.

Después de pasar 3 años fuera del país y haber ocupado la dirección de ONU Mujeres desde 2010 hasta marzo de 2013, fecha en que regresó al país, Bachelet se ha propuesto pasar a la historia como la persona que cambió la educación chilena. Para ello, esta pediatra de 62 años pretende financiar la gratuidad del sistema educativo chileno subiendo cinco puntos porcentuales los gravámenes a las empresas, lo que se estima le permitirá recaudar unos 8.200 millones de dólares.

Los resultados obtenidos en estas elecciones le permitirían aprobar una reforma tributaria. Por eso declaró tras conocerse los resultados de la primera vuelta: “Los chilenos y chilenas han votado por una reforma tributaria que nos permita hacer esta tremenda transformación de nuestro sistema educativo, pero también mejorar la salud pública, el sistema de pensiones, las políticas sociales, una reforma en que los que más tienen aporten como corresponde al desarrollo de Chile”.

La oposición, con Matthei a la cabeza, teme que una reforma tributaria como la que pretende Bachelet ponga en riesgo el crecimiento de la economía chilena. En este sentido, Juan Carlos Martínez Lázaro, profesor de Economía de IE Business School, señala que “el riesgo es que para vestir un santo desvistamos a otro y que eso lleve a aumentar el nivel de la presión fiscal y a una deslocalización… o que Chile no sea un país tan atractivo para hacer inversiones”. En su opinión, el desafío es conseguir el equilibrio de cumplir las promesas electorales sin que eso afecte a las cuentas públicas y ralentice el ritmo de crecimiento.

Ese es el quid de la cuestión, subraya Martínez Lázaro, conseguir hacer una reforma fiscal que incremente los ingresos tributarios, “ya que en Chile la presión fiscal, de en torno al 20% del PIB, dista de ser la que hay en otras regiones del mundo, como Europa, donde está 13 o 14 puntos por encima, y aún así hay problemas de ingresos”. Con unos ingresos tributarios así, dice, “es complicado ser un gran player en la economía global porque no se puede gastar o invertir en temas clave”. Y advierte que “si no se aumenta la recaudación es complicado que se pueda producir un incremento del gasto”, por eso hay que conseguir una reforma tributaria que aumente los impuestos, que sea justa, pero que no espante a la inversión extranjera. Así Chile sí sería capaz de financiar la educación o la sanidad”.

Bellolio cree que, en cualquier caso, “los chilenos que votaron por Bachelet son conscientes que no es la persona más indicada para vigorizar la economía y agrandar la torta del producto. Fue elegida para repartir mejor la torta. El lema parece ser 'se puede crecer menos, pero más equitativamente'”. Aunque, en su opinión, algunas de las reformas prometidas por Bachelet no sean necesariamente redistributivas. “La educación universitaria gratuita, uno de los temas más recurrentes de la campaña, que fue instalado gracias al movimiento estudiantil, podría ser un ejemplo, ya que no son los más pobres de Chile los que acceden a este tipo de educación superior. Pero es una reforma que tiene otras virtudes y cuenta con el respaldo de la gran mayoría de la población”.  

Por otro lado, él cree que los esfuerzos tributarios adicionales que van a requerir las inversiones en educación no son “nada que el empresariado chileno pueda calificar de insólito o ultrajante”. El dice que en el entorno de Bachelet hay economistas sensatos y progresistas que buscarán la manera de recaudar sin comprometer de forma relevante la inversión o el ahorro. “No me imagino a Bachelet tirando la casa por la ventana”. En su opinión, los empresarios nunca están contentos con este tipo de medidas, pero finalmente las aceptarán.

En este sentido, Malamud señala que la clase empresarial chilena ha tenido reacciones de todo tipo a las pretensiones de elevar la tasa de impuesto a las empresas del 20% al 25% en cuatro años. El investigador explica que esto se debe a que el empresariado chileno “es bastante heterogéneo y complejo”. Y añade que Matthei se ha quejado del apoyo económico que le prestaban las empresas a la candidatura de Bachelet durante la campaña. Esto es así porque “unas apuestan a caballo ganador y otras por la modernización de la estructura social, política y económica chilena”, comenta Malamud respecto a este apoyo.

En cuanto a reformas de mayor calado, como la de la Constitución, Bachelet debería llegar a acuerdos con la oposición o conseguir el apoyo de independientes. La idea detrás de esta reforma es que el país se dote de una nueva Constitución, bien a través de una reforma o de una Asamblea Constituyente, que elimine los vestigios de la época pinochetista. El dictador Augusto Pinochet (1973-1990) creó un complejo sistema electoral que hace difícil obtener mayoría representativa en el Congreso y dificulta la toma de decisiones.

Malamud advierte que en la reforma de la Constitución se mezclan distintas cuestiones. En primer lugar, “está la amplitud de la Nueva Mayoría, la coalición electoral que respalda la candidatura de Bachelet y que abarca desde democristianos a comunistas”, dice. El problema, según explica, es que cada uno de los partidos que integran la coalición tiene su propia agenda al respecto. “Algunos quieren la convocatoria de una Asamblea Constituyente y otros ven esta opción con reticencia, incluso con temor, sobre todo porque recuerda a los procesos emprendidos en el continente por los Gobiernos populistas, que utilizaron esta vía como medio para consolidarse en el poder. Esto hace que, para muchos, la opción de la Constituyente sea descartable”. En cualquier caso, “una reforma constitucional de calado se haría buscando un consenso muy amplio”, añade.

En opinión de Bellolio, redactar una nueva Constitución desde cero nunca fue una idea del bacheletismo ni de la coalición que la respalda, “fue, como casi todas, una demanda impuesta por la movilización social”. Los posibles futuros gobernantes se encuentran ante una disyuntiva: “o se desdicen del compromiso -y se concentran en gobernar y sacar adelante las reformas imprescindibles- o dedican su tiempo y esfuerzo político a complacer a los grupos que exigen una nueva Constitución”. Incluso en el caso que Bachelet acceda, él no tiene tan claro que convoque a una gran Asamblea Constituyente. “Es posible que quiera conducir el proceso por otra vía menos novedosa y turbulenta, como la parlamentaria”.

Peligro de desaceleración

Mucho se ha hablado del milagro económico chileno que ha permitido al país contar con el mayor PIB per cápita de América Latina y lo sitúa al nivel de los desarrollados. Bellolio lo resumen así: “desde hace más de dos décadas que Chile se aferró a una estrategia exitosa, consistente en un crecimiento económico en base a la apertura de sus mercados y focalización de su gasto social para resolver las carencias materiales más brutales, pero típicas del subdesarrollo latinoamericano”. El país pudo así sortear la crisis financiera internacional de 2008 “porque apostamos por un ahorro inteligente en tiempos de bonanza y fuimos responsable con la billetera fiscal”. El gran golpe que supuso el terremoto de 2011, “nos hizo desandar algo del camino andado pero creo que en lo fundamental lo hemos revertido apostando, esta vez, a la capacidad del Estado de hacerse cargo de los problemas más urgentes, especialmente en infraestructura”, añade.

Los expertos destacan que, independientemente de quien gobierne en el futuro, Chile va a seguir manteniendo unos postulados de estabilidad macroeconómica. “Ese es el éxito de Chile”, señala Martínez Lázaro, quien añade que esa estabilidad y esa independencia de la economía de los cambios políticos no es tan frecuente en América Latina, “donde en muchas ocasiones los cambios en el Gobierno llevaban aparejados cambios en la forma de ejecutar la política económica”.

Aún así, existen algunas dudas en el horizonte económico. Toda la región se enfrenta a una desaceleración del crecimiento, y Chile no podía ser una excepción. Las cifras oficiales chilenas hablan de un crecimiento este año de entre 4 y 5%, algo por debajo del 5,6% de 2012, que estuvo impulsado por el consumo interno y la inversión privada. En estos momentos existe cierta inquietud sobre la marcha de la economía por el enfriamiento de la inversión fija privada.

Los mayores riesgos proceden del exterior. Por un lado, está la incógnita de si la Reserva Federal mantiene o abandona su política monetaria expansiva. Si se opta por lo último, “eso hará que suban los activos financieros en EEUU y que menos gente esté dispuesta a invertir en los países emergentes como Chile”, señalaba Alejandro Micco, miembro del equipo económico de Bachelet antes de las elecciones.  Por otro lado, está el desempeño de China, el principal cliente del cobre chileno y que representa más de la mitad de las exportaciones del país. Martínez Lázaro señala que “cualquier cambio en el crecimiento del país asiático, en niveles del 7%, produce una gran caída de las exportaciones de este metal, porque a pesar de los esfuerzos de diversificación que se han hecho en Chile, principal productor de cobre del mundo, éste sigue teniendo una preponderancia elevada en la economía”. “Hoy en día está un 25% más barato que hace un año y eso afecta a la economía chilena”, advierte.

En diciembre se resolverá definitivamente el enigma de qué mujer, si Bachelet o Matthei, se hará cargo de estas cuestiones a partir de 2014, aunque los expertos señalan que la primera parte con una ventaja inmejorable para hacerse con la victoria definitiva. La duda está en si conseguirá cumplir con las expectativas de cambio que ha generado a lo largo de la campaña y cómo reaccionará la sociedad si se incumplen. El crecimiento económico y la estabilidad macroeconómica han beneficiado el crecimiento y consolidación de la clase media latinoamericana, lo que ha elevado su nivel de exigencia respecto a los servicios que recibe del Estado. Lo normal es que “ahora quiera llevar el sistema de protección social hacia otros parámetros”, destaca Martínez Lázaro. “Lo hemos visto en Brasil, donde hubo grandes manifestaciones exigiendo mejoras en el transporte público, y lo hemos visto en Chile con las movilizaciones por la educación. Es un buen síntoma que los problemas sean esos”, concluye.

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"¿Michelle Bachelet o Evelyn Matthei?: Los retos de la próxima presidenta de Chile." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [10 diciembre, 2013]. Web. [16 July, 2018] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/michelle-bachelet-o-evelyn-matthei-los-retos-de-la-proxima-presidenta-de-chile/>

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