Un “mundo sin mente”: la peligrosa influencia del Big Tech

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Todo el mundo conoce la célebre frase del filósofo francés René Descartes: “Pienso, luego existo”. Pero en la era digital, nuestra forma de pensar y de vivir está bajo la fuerte influencia de algunas pocas empresas de tecnología. Google nos mantiene informados y Apple nos entretiene; socializamos en Facebook y compramos en Amazon. Es hora de reclamar nuestras identidades y reafirmar nuestra independencia intelectual, según explica Franklin Foer, corresponsal nacional de The Atlantic y ex editor de The New Republic, en su libro “Mundo sin mente: la amenaza existencial del Big Tech” [World Without Mind: The Existential Threat of Big Tech]. Foer estuvo recientemente en el programa de Knowledge@Wharton, emitido por el canal 111 de SiriusXM, y explicó por qué el dominio de esas empresas sobre la sociedad debe servir de advertencia para el futuro.

A continuación, la versión editada de la entrevista.

Knowledge@Wharton: Las empresas de tecnología, como Amazon, han cambiado mucho en las últimas décadas y se han convertido en una parte importante de nuestras vidas.

Franklin Foer: Amazon es sin duda uno de los especímenes más impresionantes de toda la historia corporativa de Estados Unidos. Comenzó como librería, después se convirtió en una tienda de “todo”, y luego se convirtió en todavía más cosas. Hoy tenemos los Servicios Web de Amazon y sabemos de su fuerza en la nube. Hemos sido testigos de cómo la empresa continúa expandiéndose, lo que ha culminado de forma más reciente con la decisión de comprar Whole Foods. Lo mismo se puede decir de Google, que comenzó a organizar el conocimiento y luego se convirtió en Alphabet, dueña de una cartera enorme de empresas, incluso una de ciencias de la vida, cuyo propósito es hacernos inmortales.

¿Hasta dónde pretenden llegar estas empresas? ¿El tamaño de ellas sería un problema para nosotros? Son preguntas que tienen que ver directamente con la naturaleza de nuestra economía y que nos llevan a reflexionar: ¿será posible, realmente, un sistema capitalista que sea competitivo? Hay cuestionamientos más fundamentales que hay que plantearse sobre el futuro de nuestra cultura y democracia, ya que estas empresas tienen un volumen inmenso y precioso de datos sobre nosotros. Estos datos son retratos de nuestra psique. Las empresas utilizan esta extraordinaria montaña de información sobre nosotros para cambiar nuestro comportamiento. Son innumerables las conveniencias que acompañan a todo esto, pero también hay preguntas importantes que esas empresas necesitan responder.

Desde hace algunos meses, empezamos a hacer algunas de estas preguntas. El resultado de las últimas elecciones, en las que proliferaron innumerables noticias falsas suscitando el debate en torno a la culpa de Facebook por su divulgación, fue motivo de una verdadera reacción adversa a la empresa. Algunos puntos críticos han cambiado considerablemente el debate sobre la sociedad y la tecnología.

Knowledge@Wharton: Hay tres o cuatro empresas, de presencia avasalladora en el mundo de la tecnología, que controlan con fuerza increíble varias cosas en nuestra sociedad.

Foer: Sin duda. Los europeos llaman a estas empresas GAFA: Google, Amazon, Facebook y Apple. Hay varias razones por las que estas empresas suscitan tanta ansiedad y que me llevaron a plantearme preguntas difíciles sobre ellas. La primera se refiere a la acumulación de datos. La segunda es la forma en que se aprovechan los datos. Estamos en el reino de los algoritmos, del aprendizaje automático y de la inteligencia artificial, en que las ventajas que otorgan a las empresas que tienen dominio sobre estas cosas acaban aumentando a lo largo del tiempo.

Por lo tanto, crece la brecha entre las cuatro grandes y el resto. Tal vez ya hayamos llegado al punto en que las personas hayan desistido de perseguirlas. En el Valle del Silicio, la gran ambición hoy en día ya no es desbancar a Google o Facebook. Es ser comprado por Google y Facebook. Aquí tenemos una pregunta importante sobre el futuro del espíritu empresarial. ¿Dónde están las oportunidades? Si usted deja de existir en una economía donde puede desbancar a las grandes empresas, disminuye el incentivo para apuntar a las estrellas e intentar crear aquellas cosas que crean las empresas unicornio [startups cuyo valor de mercado alcanza los 1.000 millones de dólares].

Knowledge@Wharton: Usted dice en su libro: “Con la expansión de esas empresas, que se vendieron como campeonas de la individualidad y también del pluralismo, sus algoritmos nos redujeron a la conformidad y acabaron con nuestra privacidad. Crearon una cultura inestable y estrecha de informaciones “equivocadas y nos impulsaron hacia un mundo donde no hay contemplación privada, pensamiento autónomo o introspección solitaria, un mundo sin mente”.

Foer: Hay tantas cosas fantásticas en la tecnología. Tengo una hija de 12 años. Cuando ella nació, no había iPhone, Kindle, los medios sociales prácticamente no existían. Con el paso de la década, sucedieron cosas increíbles, cosas que son verdaderos monumentos de la creatividad humana, y es difícil no “quitarse el sombrero” ante todo eso.

Sin embargo, las cualidades mágicas de estas creaciones no deberían distraernos, no deberían impedirnos hacer preguntas escépticas, ya que la apuesta aquí es excepcionalmente alta. Con el desarrollo de la historia de la humanidad, siempre tuvimos herramientas que fueron como extensiones de nosotros mismos. Podemos decir que la tecnología es una de esas cosas que nos definen como especie.

Sin embargo, lo que está siendo automatizado ahora no es la fuerza humana. No estamos automatizando nuestra capacidad de arar el campo o de hacer un objeto cualquiera. Estamos hablando de la automatización de ejercicios mentales. Estas empresas tienen tecnologías que son tecnologías intelectuales. Ellas se colocan entre nosotros y la realidad. Son el filtro que usamos para acceder a noticias e información. Su objetivo es crear realidades virtuales en las que habitaremos. Ellas están tratando de completar esa larga fusión entre el hombre y la máquina. En breve, las tecnologías no sólo se utilizarán en la muñeca o en forma de anteojos. Serán implantadas en nosotros. Tenemos que hacer las preguntas que realmente importan y que se refieren a lo que nos hace humanos, qué cosas queremos preservar en esa transición. Es imposible luchar contra el flujo de la tecnología. Sin embargo, debemos partir del supuesto de que, como seres humanos, podemos interferir. Tenemos la capacidad de moldear nuestro destino, y eso debería ser una cosa constante en nuestra vida, en lugar de aceptar pasivamente lo que está por llegar.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es el impacto de estos cambios en el comercio minorista? El número de centros comerciales ha disminuido bastante en los últimos años, y la fabricación está cada vez más automatizada.

Foer: Vamos a limitarnos, por ejemplo, al futuro de la venta minorista. Mi padre tenía un pequeño negocio, una pequeña cadena de tiendas. Él me enseñó a valorar la pequeña empresa y el capitalismo. Él era también —en una extraña combinación— un abogado antimonopolio, lo que realmente marcó mi pensamiento sobre el capitalismo, sobre las virtudes de un mercado competitivo y diverso y lo que eso significa para nosotros como consumidores. Sin embargo, debemos pensar también en lo que esto significa para nosotros como ciudadanos.

Aunque los precios pueden ser bajos [gracias a la automatización], es necesario empezar a cuestionar el futuro del trabajo. Con la desaparición de las tiendas, una gran fuente de empleo simplemente se evaporará. Pienso en ello teniendo siempre en mente lo que da sentido a la vida. Si vivimos en un mundo en que estamos inmovilizados dentro de casa pudiendo ver cualquier película, teniendo cualquier libro en la punta de los dedos, eso elimina una gran oportunidad de salir y de experimentar la cultura de forma colectiva. Creo que el comercio es fundamental para la experiencia social. Cuando voy a una tienda, salgo de casa. Me relaciono con las personas. Puede parecer trivial, muy superficial, pero esas interacciones son realmente importantes para nosotros en lo que se refiere a la forma en que pensamos acerca del ser humano, nuestro prójimo, y la calidad de nuestra vida. ¿Qué sucederá cuando el comercio sea totalmente virtual? ¿Cómo será la interacción humana? ¿Cómo será la sociedad? ¿Estaremos contentos con estos cambios? ¿Cuánto nos costará el confort y la eficiencia? No voy a fingir que las respuestas sean fáciles, así como tampoco puedo fingir y decir que no estemos disfrutando de ventajas increíbles gracias a todos estos cambios. Sin embargo, es importante que dediquemos un tiempo a pensar sobre lo que estamos perdiendo en ese proceso.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es el papel de Facebook en la forma en que consumiremos en el futuro los cambios por los que están pasando los medios?

Foer: Ya que soy periodista, voy a hablar de ello desde una perspectiva bastante restringida. En el transcurso de mi carrera de periodista, la profesión se ha vuelto muy dependiente de Google y Facebook. Con el colapso de los mercados de publicidad, surgió la necesidad de ganar escala muy rápido, y la única manera de conseguir ingresos era a través del crecimiento del tráfico. La única manera de hacer que el tráfico creciera consistía en recurrir a esas plataformas. Esto significaba que el periodismo tenía que dominarlas. Es un estado de dependencia muy poco saludable. Los valores de esas plataformas terminan convirtiéndose en los valores de todos los que dependen de ellas.

Como editor, el tipo de trabajo que yo hacía cambió porque tenía que ser exitoso en Facebook. Fue medio humillante tener que escribir titulares sensacionalistas para que pudieran navegar por Facebook. Los asuntos sobre los que escribíamos tenían que encuadrarse en la mentalidad de rebaño que había en Facebook. En vez de trabajar las noticias, en lugar de hacer elecciones que honraran a nuestros lectores, buscando expandir su mente, teníamos que contentarnos con chismes. Con el tiempo, no podía ser algo saludable.

Edité una revista de centroizquierda. Hoy el mundo ya no está en sintonía con ese posicionamiento; hoy es más de izquierdas. Descubrí que, para tener tráfico, existía la constante tentación de agradar a lo que los políticos llaman “base”. Lo veo todo el tiempo. Quien discrepa del consenso es tachado de disidente, el sujeto es marginado. Al final de cuentas, no es saludable para nuestra política tener esas dos tribus.

El resultado es que la política está muy polarizada, y es verdad. Pero también es extremadamente conformista hoy en día. Si usted pertenece a una de esas dos tribus, su ecosistema de información será muy restringida. Facebook es una especie de ciclo de retroalimentación donde usted escucha lo que quiere oír. Estamos empujados cada vez más hacia nuestras esquinas a través de esa tecnología que nos da lo que queremos.

Knowledge@Wharton: ¿Cuál es el papel de Apple?

Foer: De las cuatro grandes empresas, Apple es la que menos me preocupa. No me gusta la forma en que recolecta datos. A fin de cuentas, sin embargo, es una empresa de hardware y está menos involucrada en el tipo de tecnología intelectual que he descrito. Por ejemplo, la empresa ha hecho cosas para reformular la industria de la música que, probablemente, en el cómputo general, no me gustan. Sin embargo, si tuviera que clasificar a las empresas por el grado de perniciosidad, colocaría a Apple en último lugar.

Knowledge@Wharton: ¿Y Google?

Foer: Para mí, el problema de Google son sus objetivos cada vez más extensos. Lo que me molesta en Google es la intensidad casi religiosa en todo lo que la empresa hace. Sus fundadores, Sergey Brin y Larry Page, vienen del mundo de la inteligencia artificial, que es una cosa increíble, pero hay formas distintas de ponerla en práctica. Proporciona una comodidad increíble desde muchos puntos de vista. Sin embargo, hay otras personas que quieren alcanzar lo que llaman la “IA completa”, que consiste en la creación de una inteligencia artificial que es verdaderamente cercana a la inteligencia humana, capaz de comprender el lenguaje. Ella viene acompañada de una visión casi mesiánica.

Estoy seguro de que usted ha oído hablar de Ray Kurzweil, un ingeniero extraordinario que trabaja con la idea de singularidad, es decir, el momento en que nos fusionemos totalmente con las máquinas, y las máquinas se volverán más inteligentes que los humanos. Acabamos descargando nuestro cerebro en ese mundo virtual en el que vivimos para siempre. Es, en realidad, una visión religiosa. Ray Kurzweil es actualmente director de ingeniería de Google, y creo que Larry Page cultiva una versión de este tipo de fantasía. Esta es su ambición para la empresa.

Tiene un poco de fantasía propia de la ciencia ficción, así que no me preocupa toda esta singularidad. Lo que me preocupa es el sujeto que cree estar imbuido de una misión mesiánica, que se dedica a su trabajo como un fervor religioso, y todo lo que es temporal, lo que tiene que ver con la ley y la ética y el presente, y lo que puede estar destruyendo, acaba siendo lanzado por la ventana. Este es el problema que tengo en general con estas empresas. Tal vez usted cree que he escrito un libro de centro-izquierda; pero yo creo que he escrito un libro extremadamente conservador y que demuestra mi preocupación por el destino de instituciones importantes. Hay mucha sabiduría en las cosas que desarrollamos a lo largo del tiempo. Me temo que algunas de esas empresas son tan fervientes, tan arrogantes y seguras de sí mismas en relación a las cosas que están haciendo que ni siquiera se paran a pensar en lo que está siendo destruido en medio de esa carrera hacia el futuro glorioso.

Knowledge@Wharton: También nos transformamos en una sociedad en la que la desigualdad de ingresos es una cuestión alarmante.

Foer: Sin duda. Es necesario analizar las maneras en que estas empresas exageran en lo que hacen ampliando esa brecha, los medios de que se valen para sentarse encima de tanto dinero. Si usted trabaja para una de esas empresas, su vida es una maravilla, ¿no es así? Todos sabemos cómo son sus campus y los increíbles beneficios que acompañan a quienes trabajan en una de esas empresas monopolistas. Sin embargo, lo que vemos con frecuencia en la economía no es sólo una brecha entre ricos y pobres en general. Hay prácticamente una brecha entre ricos y pobres dentro de cada uno de estos sectores.

Si su empresa está en segundo o tercer lugar en uno de estos sectores, usted no ganará lo mismo porque estas empresas se quedan con el beneficio de este monopolio. Son capaces de ello porque su dominio en su campo es de tal orden que no tienen que preocuparse por la competencia. Se quedan sentadas encima de un montón de dinero y lo distribuyen de la manera que creen mejor. Pueden acumularlo, como lo hace Apple, o pueden distribuirlo entre sus empleados como beneficios que los mantienen enganchados a ellas. Sin embargo, los demás agentes económicos no pueden disfrutar del placer de beneficiarse de los beneficios de esos monopolios, por lo que la brecha sigue aumentando.

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