Cómo puede Venezuela regresar del abismo

2016_0915_venezuela

Desde hace más de un año, los venezolanos soportan dificultades económicas que acabaron en disturbios a causa de la falta de alimentos, en enormes colas en los supermercados y protestas masivas en las calles. Detrás de todo esto hay una excesiva dependencia del petróleo, instituciones débiles e incertidumbre política que dieron lugar a llamamientos para la convocatoria de una consulta popular cuyo objetivo sería reemplazar al actual presidente Nicolás Maduro.

Venezuela, un país productor de petróleo, se ha visto afectado por las caídas de los precios del petróleo y un exceso de oferta desde 2015 y las perspectivas no son alentadoras. Maduro se niega a recibir ayuda internacional, posiblemente debido a que, al aceptarla, debilitaría su credibilidad política. La incertidumbre política que se observa en la Asamblea Nacional del país también ha dificultado la tan necesaria reforma de las instituciones venezolanas y las fuerzas policiales.

Por mucho que todo parezca perdido, no es imposible que Venezuela obtenga una tregua y se recupere de su difícil situación, según los expertos. Es hora de que los partidos de la oposición del país fuercen la convocatoria de un referéndum revocatorio, preferentemente este año, dice Alejandro Velasco, profesor de la Universidad de Nueva York especializado en América Latina. A corto plazo, el país también debe aceptar la ayuda exterior para paliar la crisis económica inmediata y, a largo plazo, un nuevo Gobierno debería estar preocupado por la reducción de la dependencia del petróleo, dice William Burke-White, director de Perry World House y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Pennsylvania.

Burke-White y Velasco comentaron los problemas que asolan a Venezuela y las posibles soluciones a esta crisis durante el programa de Knowledge@Wharton, canal 111 de SiriusXM.

Una crisis que empeora

La situación económica de Venezuela es desalentadora, como mínimo. El venezolano promedio pasa 35 horas al mes esperando para comprar alimentos, de acuerdo con un reportaje de julio de Associated Press. Un estudio de la Universidad Simón Bolívar encontró que nueve de cada diez personas dicen que no pueden permitirse comprar suficiente comida. La inflación alcanzó el 700% y el país se encuentra todavía en recesión. Hay escasez de alimentos y medicamentos básicos, de acuerdo con un informe del 1 de septiembre de The Guardian. La tasa de crecimiento del producto interno bruto del país (PIB) es la peor del mundo, – 8%, y se prevé que la inflación supere el 1.600% en 2017 y se agrave aún más hasta que, en 2019, llegue al 3.500%, según el Fondo Monetario Internacional.

“Si el precio del petróleo continúa cayendo, la situación podría llegar a un punto de ruptura seguida de un levantamiento popular contra el Gobierno”, dice Mauro Guillén, profesor de Gestión de Wharton, en una entrevista con Knowledge@Wharton. “Es necesario que el régimen de [Hugo] Chávez [Maduro es su sucesor] termine de alguna manera, y esto requiere que la oposición siga desempeñando su papel”.

“Lo que hemos visto son los estertores del principio del fin del sistema establecido por Chávez”, añade Guillén. “En este momento, los chavistas tienen la presidencia, pero la oposición tiene el control del Parlamento. El país está dividido en dos bandos, la situación es muy peligrosa y puede degenerar en una gran cantidad de violencia”.

Velasco cita informes de prensa según los cuales alrededor de 1,5 millones de personas han dejado Venezuela en la última década, la mayoría de los cuales son profesionales de clase media en busca de una vida mejor en otro lugar. “El problema real es si habrá algo así como una crisis de refugiados entre la clase trabajadora que lucha por sobrevivir y emigre a países como Colombia”, dice. “Habría, por tanto, un cambio cuantitativo nunca antes visto en Venezuela”.

Muchas de las dificultades por la que están pasando tiene que ver con la industria del petróleo, que ha representado “un enorme volumen de la economía venezolana durante 100 años o más”, dice Velasco. “Esta dependencia del petróleo ha crecido de forma exponencial [en los últimos años]. El petróleo representa el 96% de todas las exportaciones del país”, según datos del Banco Mundial.

“El problema se agrava aún más debido al bajo precio del petróleo”, dice Guillén. “Si los precios del petróleo fueran altos, la situación sería completamente diferente. El Gobierno podría usar ese dinero para subvencionar los precios de los artículos de primera necesidad y todo estaría bien”.

Sin embargo, las dificultades del país no se deben totalmente a los bajos precios del petróleo. “Venezuela es un país donde la riqueza proporcionada por el petróleo y el Gobierno populista de Chávez destruyó las instituciones y las convirtió en marionetas”, dice Guillén.

Mientras tanto, la producción local de petróleo siguió cayendo, en parte porque los precios han caído, pero también porque no hay equipos necesarios en cantidades suficientes para producir petróleo, tal y como explica Burke-White. “La economía del país ha colapsado y con ella la capacidad de producción”, dice. “Esto puede ser reconstruido, pero sólo si hay una demanda de compra y si el precio básico es lo suficientemente alto como para justificar nuevas inversiones necesarias después de años de abandono”.

Soluciones a corto plazo

Velasco dice que el Gobierno podría actuar de una manera concreta y puntualmente, algo que no ha hecho hasta ahora. Se podría, por ejemplo, corregir la “tasa de cambio local muy distorsionada”, una situación que se prolonga desde hace una década, lo que, según Velasco, “profundizó la crisis fiscal del país”. Se observa que existe una gran brecha entre el tipo de cambio oficial de la moneda venezolana y el mercado paralelo. Esta situación, según Velasco, crea mayores incentivos para la corrupción y conduce a la escasez.

Según Burke-White, la corrección a corto plazo vendría a través de la ayuda. Aunque Venezuela ha dicho que no va a aceptar la ayuda, él dice que el país fue sede, del 17 al 23 de septiembre, de la cumbre de las 120 naciones del Movimiento de Países No Alineados (MPNA). Burke-White dice que Venezuela debería empeñarse en trabajar en busca de “diferentes tipos de asociaciones que no necesitan ser entendidas como una ayuda”, las cuales no vendrían de EE.UU. ni de Europa Occidental. Estas asociaciones proporcionarían un alivio temporal e inversiones económicas, dice.

Para Velasco, el patrocinio de la reunión de los países del MPNA por parte de Venezuela puede ser caracterizado como un “show político” con el objetivo de demostrar que el país no está aislado, ya que el evento se transmitió en EE.UU. y en los medios sociales. Sin embargo, él dice que el Gobierno está en una posición tan débil que incluso aquellos que lo apoyaron se han distanciado. “La gente que siempre ha estado a favor del Gobierno […] ya no soportan más la situación, sobre todo, no soportan más a Maduro”.

La negativa del presidente de Venezuela a aceptar la ayuda de países extranjeros es comprensible teniendo en cuenta su “credibilidad interna”, dice Velasco. “Decir que hay una crisis humanitaria significaría reconocer la existencia de fallo en todas las instancias de la economía venezolana”. Sin embargo, por otra parte, Velasco admite que la crisis es grave, especialmente en lo que respecta a la escasez de medicinas y alimentos.

“Si estuviésemos teniendo esta conversación hace unos años, Venezuela estaría considerado un país desarrollado, de economía en gran medida occidental y un lugar donde la gente vive la vida con normalidad”, dice Burke-White. El país no ha pasado los últimos 20 años con hambre y dificultades económicas, o aceptando ayuda, dice. “Sería un cambio radical en relación a cómo Venezuela se entiende a sí misma. Esto es algo muy urgente, pero es algo que la élite política local no está dispuesta a aceptar, precisamente porque, en el fondo, erosionaría su credibilidad”.

Las soluciones a largo plazo

A pesar de que la ayuda y la corrección de los desequilibrios cambiarios constituyen paliativos rápidos, las soluciones de más peso tendrán que ser el resultado de una menor dependencia de la economía del petróleo, dice Velasco.

El cambio en el largo plazo que necesita Venezuela es de carácter político, dice Burke-White. El país podría reducir su dependencia del petróleo si no hay crecimiento en otros sectores de la economía, añade. “Eso no sucederá hasta que haya un nuevo Gobierno. Es necesario que se limpie la casa desde el punto de vista político para que se pueda reprogramar el reloj político y económico”. Burke-White dice que el turismo solía ser un importante motor de la economía venezolana, pero agregó que tomaría “mucho tiempo para que la gente se sienta segura de nuevo en un país donde la tasa de homicidios es la segunda o tercera más grande del mundo”.

Guillén admite que la esperanza de que el turismo reduzca la dependencia del petróleo es una equivocación. “A corto plazo, esto es sólo una ilusión”, dice. “Sabemos que en el largo plazo, Venezuela debería hacer eso. Sin embargo, nadie visitará el país en la situación actual”.

Otro factor que no ayuda en la crisis actual es la reducción del apoyo de China. Burke-White observa que China siempre ha apoyado a Venezuela y prestó al país alrededor de $ 60 mil millones durante la última década. Sin embargo, últimamente, China ha comenzado a retirar su apoyo con el argumento de que la deuda pendiente de Venezuela es demasiado grande y que el país no ha pagado lo que debe. “China, como socio económico o comprador de los recursos naturales, tiene cada vez menos peso en la economía venezolana, lo que hace su recuperación aún más difícil”, añadió.

Escenario político emergente

La gran duda es si los partidos de la oposición serían capaces de reunir suficiente capital político para exigir el revocatorio este año o el próximo, dice Velasco. Si el referéndum se lleva a cabo el 1 de enero de 2017, habrá un nuevo Gobierno en el país, dice Burke-White. Sin embargo, si se fija para el próximo año, Maduro podrá dejar el Gobierno, pero su partido se mantendrá en el poder durante el ciclo natural de las elecciones y permanecerá en el poder hasta el 2019, agregó. De todos modos, la oposición intentará reunir suficiente capital político en los próximos tres meses para forzar la celebración de las elecciones cuanto antes, dice.

Para Burke-White, las posibilidades de que haya elecciones este año son menos del 30% o el 40%, por lo que las posibilidades de que se lleven a cabo el próximo año son mayores. “Este es un Gobierno que durante los dos grandes ciclos políticos ─ Hugo Chávez y Maduro ahora ─ logró mantenerse en el poder”, dice. Chávez gobernó desde 1999 hasta su muerte en marzo de 2013, y fue sucedido por Maduro. “No creo que estén resolviendo la crisis, simplemente continuarán siguiendo su impulso en los próximos meses”.

Guillén también piensa que un cambio de régimen en Venezuela sólo ocurrirá después de las elecciones del próximo año, ya que, en su opinión, la oposición no está lo suficientemente preparada hoy en día. “El Gobierno aún tiene muchos recursos bajo su control”, dice. “Sin embargo, si los precios del petróleo se mantienen bajos, no podrá ganar votos”.

Para Velasco, Maduro podría ser obligado a dimitir ─ “como cabeza de turco” ─ y el referéndum se llevaría a cabo antes de lo que prevé Burke-White. El dice que la oposición venezolana se encuentra en una “situación difícil” porque aunque tenga impulso político, sería difícil encontrar soluciones que surjan de la crisis actual. “Hay una mayor disposición para lograr una solución negociada mediante la cual Maduro dimita o se celebre un referéndum en 2017 que permita un diálogo más estrecho entre el Gobierno y la oposición”, dice.

Además, Velasco señala que el movimiento chavista de izquierda que llevó a Chávez al poder hoy es sólo una fuerza fragmentada, aunque parezca unida. Él dice que estaba mucho más cohesionada en el período de Chávez que en la actualidad, con Maduro, debido a la personalidad del comandante fallecido. Maduro no tiene la autoridad necesaria para unir las diversas facciones, añade. De hecho, las facciones chavistas se beneficiarían si Maduro deja el poder, bien porque ganarían un mayor poder o podrían negociar mejor con la oposición, dice. “La oposición tiene una posibilidad real en este momento”, añade. “Está mucho más fuerte y más unida que nunca”.

Vecinos y enemigos

Maduro y Chávez consideran a Estados Unidos su enemigo y culpan al país de instigar disturbios en Venezuela y fomentar la disminución de los precios mundiales del petróleo. En este contexto, Velasco dice que EE.UU. no debería “hacer nada” en la crisis actual, debido a que “haga lo que haga, será percibido internamente como interferencias […] aunque esta idea está perdiendo fuerza en los últimos años con la profundización de la crisis”. Los EE.UU. deberían probar otras cosas como, por ejemplo, presionar a las autoridades del Gobierno venezolano a través de acciones judiciales como se hizo en el caso de sobornos y abuso de derechos humanos. Otra medida sería la imposición de cuotas de visas otorgadas a los venezolanos en busca de asilo o residencia en los Estados Unidos, lo que aún no se ha hecho, dice.

Venezuela tiene fronteras con Colombia y Brasil, dos países con los que las relaciones han sido inestables últimamente. Colombia siempre ha sido el mayor socio comercial de Venezuela, pero su frontera con Venezuela lleva cerrada un año debido al temor al contrabando, aunque se ha vuelto a abrir desde entonces, dice Velasco. El actual Gobierno de Brasil, encabezada por Michel Temer, también ha hecho presión diplomática sobre el país. Después de la reciente destitución de la ex presidente, Dilma Rousseff, Venezuela, Ecuador y Bolivia llamaron a sus embajadores en el país. En respuesta, Brasil retiró sus enviados diplomáticos en estos países. También hay presión diplomática similar por parte de Argentina, dice Velasco.

Burke-White dice que Venezuela se enfrenta a un gran trabajo de reconstrucción de las instituciones públicas, de alivio de la escasez de alimentos, de reconstrucción de su industria petrolera y de la reforma del sistema policial, cosas caras y difíciles de hacer. “El que sea el próximo gobernante, será culpado de los mismos problemas de que está acusado el Gobierno actual”, dijo. “No es un buen momento para asumir el poder en Venezuela”.

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