¿Qué pueden enseñarnos las hormigas, los ratones y los monos sobre el impacto del estrés?

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El estrés es una sensación común y parece que cada vez está más presente en nuestras vidas. El trabajo, las finanzas, las relaciones; todas estas cosas son capaces de generar estrés crónico que puede conducir a la ansiedad, la depresión y otros problemas. Dos profesores de Penn Integrates Knowledge (PIK): Michael Platt, profesor de Marketing de Wharton y profesor de neurociencia y psicología de la Universidad de Pensilvania; y Shelley Berger, profesora de Biología celular y del desarrollo y directora del Instituto de Epigenética de la Universidad de Pensilvania, se unieron en un enfoque interdisciplinario para estudiar de forma más profunda cómo el estrés afecta a las personas. Platt y Berger hablaron sobre su investigación y sus implicaciones durante el programa de Knowledge@Wharton en el canal 111 de SiriusXM.

A continuación, la versión editada de la entrevista.

Knowledge@Wharton: Hable acerca de los antecedentes de su investigación.

Shelley Berger: Estamos interesados en este asunto desde hace algún tiempo. Mi investigación da prioridad a la epigenética, lo que me llevó a interesarme por el medio ambiente y cómo afecta al comportamiento. Sin embargo, desde hace algunos años, el cerebro empezó a llamar más nuestra atención como consecuencia de un trabajo que hicimos sobre las hormigas. En realidad, tenemos un laboratorio de hormigas en la Facultad de Medicina Perelman. Estamos interesados en el estudio de su comportamiento. Ellas son un excelente modelo para este tipo de estudio. De forma reciente, pasamos a interesarnos también por el comportamiento de los ratones y por el estudio del cerebro y de la epigenética en el cerebro. Las conversaciones que tuve con Michael acabaron por llevarnos a cruzar especies y a estudiar ratones, primates y hasta el ser humano.

Knowledge@Wharton: Hable un poco más sobre la epigenética.

Berger: La epigenética es el estudio de la forma en que el medio ambiente afecta la manera en que los genes se expresan. Normalmente, cuando pensamos en mutaciones, pensamos en cómo afectan a los genes y su expresión. Sin embargo, la epigenética es el estudio del modo en que el medio ambiente puede afectar la forma en que los genes son activados y desactivados sin cambios de mutación. De manera concreta, la epigenética es el efecto resultante de sustancias químicas provenientes del medio ambiente, que penetran en nosotros a través de nuestro cuerpo, y son capaces de decorar las proteínas asociadas al ADN y alterar la manera en que los genes son activados y desactivados. Esto es extremadamente interesante porque hay muchas cosas que proceden del medio ambiente, incluso el estrés. Estamos hablando de efectos psicológicos y de estrés, y esto puede ocasionar cambios en el cerebro. El trastorno del estrés postraumático es un buen ejemplo de ello.

Knowledge@Wharton: Michael, ¿cuál es su interés en esta investigación?

Michael Platt: Estamos interesados en el comportamiento desde hace mucho tiempo. Queremos saber de qué manera los genes afectan el desarrollo de la estructura y la función del cerebro y del sistema nervioso y cómo todo esto, por último, produce comportamiento. Está claro que la ecuación deja fuera el papel central que juega la epigenética descrita hace poco por Shelley, es decir, que los mismos genes, en un mismo cuerpo, en un ambiente distinto, pueden llevar a resultados muy diferentes. Si usted se imagina en una situación en que cuente con el sólido apoyo de su familia, por ejemplo, posiblemente responda mejor al estrés del medioambiente, a la quiebra del mercado bursátil, a los problemas de la economía, etc. Sin embargo, si vive solo y no cuenta con ningún apoyo social, el evento estresante o la tensión prolongada puede tener un impacto mucho mayor sobre su cuerpo y sobre su mente.

Shelley y yo nos conocimos hace dos años. Yo acababa de llegar de la Universidad Duke […] A medida que conversábamos, empezamos a darnos cuenta de que estábamos interesados en cosas muy parecidas, aunque nuestras especializaciones fuesen complementarias. Habíamos trabajado en la neurofisiología del comportamiento, en la neurofisiología del comportamiento social y cómo la genética puede influenciarlos. Sin embargo, no teníamos conocimientos técnicos en epigenética.

Knowledge@Wharton: ¿De qué manera esta investigación podría llevar a una mejor comprensión del cerebro humano y cómo reacciona al estrés procedente de los factores medioambientales?

Berger: Estudiamos el comportamiento de los ratones desde hace cinco años. Pueden servir de modelo para el estudio del estrés. Hay un método conocido como “condicionamiento por el miedo” a través del cual usted somete al ratón al estrés; a continuación, es posible estudiar lo que sucede en el cerebro. ¿De qué manera el aprendizaje y la memoria se ven afectados por el estrés como consecuencia del condicionamiento por el miedo?

Trabajamos con cerebros humanos post-mortem de personas que sufrían neurodegeneración causada por la enfermedad de Alzheimer. Esto nos permitió desarrollar innumerables metodologías para estudiar partes del cerebro. Es difícil estudiar el ser humano porque, naturalmente, no es un animal que se pueda someter a experimentos. Tenemos que probar todos los métodos posibles y realizar estudios en alta resolución de esas marcas químicas observadas en muestras en cerebros humanos post mortem. Por lo tanto, a partir del interés despertado por algunos resultados que tuvimos con los ratones, creíamos que el cruce entre el condicionamiento por el miedo en ratones y el TEPT [trastorno de estrés postraumático] en seres humanos podía ser muy interesante. Entramos en contacto con una persona que tiene un biobanco de humanos afectados de TEPT. Podemos recurrir a los métodos que desarrollamos para usar en ratones, depurados a continuación para su uso en cerebros humanos post mortem basados en el trabajo que hicimos sobre la enfermedad de Alzheimer y que ahora nos permite estudiar el TEPT en seres humanos. Michael trabajó en la parte intermedia, con la investigación que hizo sobre primates, estableciendo un enlace fantástico entre las dos cosas.

Platt: Correcto. Los ratones nos permiten comprender muy bien una cantidad de procesos básicos que creemos que están involucrados en la respuesta del cerebro humano al estrés, a veces la correspondencia no es perfecta. Esto es reflejo del hecho de que los ratones y los humanos compartían un mismo ancestro mucho antes que los humanos y los primates. Por eso, el cerebro humano y el del mono son mucho más parecidos que el cerebro del hombre y del ratón. Hay ciertos aspectos del comportamiento, en lo que se refiere a la complejidad conductual y social, que son compartidos por humanos y monos y que encuentran un paralelismo mucho menos significativo en el ratón.

El mono nos permite observar cuestiones de apoyo social, por ejemplo, y cómo eso puede ayudarnos con las dificultades que encontramos cuando hay una disputa social. Es una experiencia muy diferente de la que encontramos con los ratones. Las personas y los monos viven en grupos por un buen motivo. Esta cercanía nos permite hacer cosas que no podríamos hacer si estuviéramos solos como, por ejemplo, huir de depredadores o perseguir a otros grupos en busca de recursos. Por otro lado, cuando se vive en grupo, hay que competir con todos los demás. Esta es una fuente de estrés con la que podemos fácilmente identificarnos.

Es una asociación interesante porque tiene el potencial de hacernos comprender cosas que, a su vez, nos pueden conducir a nuevos descubrimientos. Además, hablando ahora como profesor de Wharton, este tipo de proyecto puede descubrir formas que nos permitirán atenuar el estrés, por ejemplo, en el lugar de trabajo, un problema enorme actualmente. Los casos de agotamiento son unas de las primeras preocupaciones de mis alumnos de MBA, y ellos quieren saber cómo manejarlo. Lo mismo sucede con los residentes de medicina. El estrés está por todas partes.

Berger: Lo interesante en relación a los primates, en lo que se refiere al ser humano, es que el hombre no es un animal con el que se pueda hacer experimentos, no sabemos exactamente cuál es su situación social en su totalidad. Los científicos, sin embargo, observan a los primates todo el tiempo. Michael tiene científicos que trabajan con él observando a estos animales en su hábitat natural, lo que les permite saber exactamente qué tipo de lugar ocupan en el espectro social. No es posible saber todo esto sobre el ser humano. Por más que tengamos datos sobre el hombre —por más información que tengamos sobre sus antecedentes— el hecho es que él no es un animal que pueda ser sometido a experimentos. Es imposible controlarlo y conocerlo.

Knowledge@Wharton: El espacio entre el ratón y el mono parece muy importante porque hay una conexión más reciente entre el mono y el ser humano que entre el ser humano y el ratón.

Platt: Por eso creo que estos estudios son necesarios. Son pocos los lugares que nos permiten hacerlos y en los que podemos contar con la colaboración de las personas para descubrir esos vínculos y establecer conexiones. Lo que Shelley puede hacer en su laboratorio, con técnicas y tecnologías realmente sofisticadas que le permiten concentrarse en el mecanismo en cuestión, sólo podemos hacerlo de forma aproximada con los primates. Pero no es el mismo tipo de cosas que nosotros podemos hacer.

Por otro lado, podemos proporcionar una comprensión mucho más rica del ambiente social y de todos los demás factores que pueden afectar al individuo en la forma en que responde al estrés y en la manera en que esto puede, al final, llevar a cambios de comportamiento. El grupo específico de monos que estudiamos evoluciona. Se trata de una población en la que los individuos son libres para luchar y para huir y procrear. Algunos monos obtienen mejores resultados que otros. Esto significa que independientemente de los rasgos que tengan esos individuos —rasgos que les permiten ser fuente de estrés, celebrar alianzas y vínculos—, pueden ser pasados a la siguiente generación. Podemos observar ese tipo de cambio en la población con el paso del tiempo. Esto es casi imposible de observar en las personas.

Knowledge@Wharton: Si descubre una cantidad suficiente de vínculos, esto significa que será posible tratar innumerables cuestiones médicas generalizadas, como el agotamiento, la depresión, el suicidio, el TEPT.

Platt: Los datos son realmente convincentes. Ha llamado mucho la atención una nueva investigación que analizó el increíble aumento de la depresión y la ansiedad, especialmente en los adolescentes, después de la introducción de los smartphones en los años 2000. Parece haber algún vínculo con el tipo de ambiente tecnológico en el que vivimos. Creo que una implicación de ello es la desconexión social que, en mi opinión, refuerza lo que aprendemos de las personas y los monos, es decir, que es fundamental que haya apoyo social. De lo contrario, todo se viene abajo.

Knowledge@Wharton: El apoyo social deja de ser un factor importante en el caso de los ratones. Sin embargo, tal vez sea importante para las hormigas por el hecho de vivir en colonias, ¿cierto?

Berger: Buena observación. Las hormigas son un modelo fantástico de interacciones sociales complejas, y son pocos los modelos de este tipo. Por eso las facultades de medicina nos apoyan para que tengamos nuestro laboratorio de hormigas. Esas instituciones creen que hay una gran correspondencia entre el estudio de las hormigas y sus interacciones sociales y lo que pasa con nosotros.

Knowledge@Wharton: ¿De qué manera cree que esa información se expresa cuando se habla de lidiar con el estrés?

Berger: Volviendo a la investigación con los ratones, con la cual establecemos una correspondencia con las hormigas, y más tarde nos gustaría establecerla con los monos y, sin lugar a dudas, con los seres humanos. Descubrimos que la maquinaria para hacer que una de las sustancias químicas situada en los genes para regularlos está asociada a los genes. Esta sustancia química es producida por una enzima, que puede ser inhibida. Creemos que si inhibimos esa enzima, podremos modificar el aprendizaje y la memoria del ratón. Este es el tipo de experimentos que se pueden hacer en un ratón. No podemos hacerla en primates porque son muy complejos. Una de las cosas que hemos discutido es si un inhibidor como éste sería importante en el caso de los seres humanos. No estamos hablando del tipo de estrés por el que pasan nuestros hijos con sus smartphones. Estamos hablando de cosas que realmente alteran nuestra habilidad de funcionamiento.

Knowledge@Wharton: Volviendo al aspecto del negocio, si estos descubrimientos llevaran a tratamientos más adelante, esto podría acabar con uno de los problemas de salud en este país.

Platt: Ciertamente, y nuestra esperanza es que ese futuro no esté tan lejos. La enzima que Shelley mencionó podría ser objetivo de una droga que llegaría a ese mecanismo específico. Si un combatiente veterano ha sido expuesto a una explosión o cualquier otra cosa increíblemente estresante, podríamos administrar la droga en el lugar correcto, en el momento oportuno, y bloquear la formación de recuerdos malos. Sería una oportunidad increíble.

Otra posibilidad sería intentar mitigar la tensión antes de que provoque algo. Estamos hablando de estrés crónico, y no de estrés agudo. ¿Hay formas de evitarlo? Se están probando muchas opciones, tales como el perfeccionamiento de las redes sociales de la persona, su capacidad de concentración y de meditación, ejercicios. Sabemos que todas estas cosas son muy buenas, pero no sabemos cómo funcionan.

Knowledge@Wharton: ¿Existe una diferencia entre las personas que se enfrentan bien con el estrés y otras que no pueden hacerlo?

Platt: Esta es una pregunta complicada, pero interesante e importante. ¿Es algo con lo que nacemos o que puede ser enseñado? Hay un trabajo excepcional de la profesora Angela Duckworth sobre determinación, que es esa resiliencia de la que estamos hablando. Parece que algunas personas tienen una gran reserva de determinación, mientras que otras, no. Esto nos lleva a la siguiente cuestión: ¿es posible desarrollar esa capacidad? ¿Es posible entrenar para obtenerla? ¿Se puede enseñar a la gente a expresar esa determinación más veces? Si es posible, entonces tenemos una nueva forma de abordar el estrés de la vida.

Berger: Todo indica, entonces, que debemos estudiar a los monos, porque el grupo de Michael logra identificar cuáles de ellos son aceptados.

Platt: Una cosa realmente fascinante sobre los monos que estudiamos es que ellos tienen personalidad, al igual que la gente. Los cinco grandes instrumentos de personalidad que podríamos aplicar a una persona, podemos aplicarlos también a los monos. Ya lo hemos hecho, y sus personalidades se mostraron coherentes a lo largo del tiempo. Un mono que es muy tímido y ansioso a los seis meses de edad será igualmente tímido y ansioso cuando sea adolescente. Un mono muy audaz o agresivo continuará con estos patrones. No es algo que se cumple al 100%. No es algo determinado genéticamente, por eso es tan fascinante. Tal vez el 25% o el 50% sea puramente genético, y el resto debido al medio ambiente y a la forma en que se reacciona a él. De ahí la importancia de esas investigaciones.

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"¿Qué pueden enseñarnos las hormigas, los ratones y los monos sobre el impacto del estrés?." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [24 octubre, 2017]. Web. [21 November, 2017] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/pueden-ensenarnos-las-hormigas-los-ratones-los-monos-impacto-del-estres/>

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