¿Por qué Puerto Rico se enfrenta a peligros peores que los de Texas y Florida?

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Puerto Rico tiene que enfrentarse no sólo a sus problemas fiscales, ahora también a una crisis humanitaria tras el paso del huracán María, la peor tempestad que ha cruzado el territorio estadounidense desde 1928. Una cantidad inmensa de casas quedaron destruidas, muchas carreteras son ahora intransitables, la electricidad está cortada en buena parte de la isla, las líneas de comunicación continúan interrumpidas y existe el temor de que una represa dañada pueda romperse y provocar perjuicios aún mayores.

El futuro inmediato parece sombrío. “Los próximos seis meses serán […] apocalípticos”, dijo Billy Fleming, coordinador de investigaciones de la Facultad de Diseño Ian L. McHarg Center, de la Universidad de Pensilvania. Él y otros invitados hablaron recientemente sobre la tragedia de Puerto Rico en el programa de Knowledge@Wharton, canal 111 de SiriusXM. El profesor Héctor Cordero-Guzmán, de Baruch College, concuerda con Fleming. “Puerto Rico está hundiéndose en una espiral descendente. Primero hubo daños físicos como consecuencia del huracán, y ahora la isla siente la repercusión de sus efectos, así como el impacto sobre la infraestructura […] La isla necesita mucha ayuda de forma desesperada”.

Puerto Rico pasa por dificultades aún peores que Texas, Louisiana y Florida, que fueron devastados por los huracanes Harvey e Irma recientemente, dicen los expertos. “Fue un evento que se propagó por toda la isla. Los estragos no se limitaron sólo a una parte de ella, como en Houston, no fue en parte de la costa, como en Florida”, dijo Fleming, un experto en diseño urbano. “Además, el índice de pobreza en Puerto Rico es mucho mayor, hay poca capacidad allí para que la mayoría de las familias puedan mitigar los riesgos, de la manera en que las personas en Houston o en otras partes del país pudieron hacerlo”.

De hecho, aunque la FEMA [Agencia Federal de Gestión de Emergencias, por su sigla en inglés] pagará la reconstrucción de los edificios públicos, infraestructura, etc. —el Congreso aprobó una ayuda de 15.000 millones de dólares para aliviar los estragos causados por el huracán Harvey con la promesa de que llegará más ayuda— la ayuda a las víctimas es limitada. Los subsidios máximos para las familias alcanzan los 30.000 dólares, y la ayuda, de media, suma los 5.000 dólares, dijo Carolyn Kousky, directora de investigación sobre políticas y participación del Centro de Gestión de Riesgos y de Procedimientos de Decisión de Wharton [Wharton Risk Management and Decision Processes Center]. “No es mucho dinero para aquellos a los que no les queda nada”.

Además, menos del 1% de las familias puertorriqueñas tienen seguro contra inundación y sólo cerca del 0,5% tiene seguro contra daños causados por vientos, dijo Kousky. La gente abandonó este tipo de cobertura durante la crisis financiera de la isla, el número de asegurados por pérdidas como consecuencia de las inundaciones cayó a la mitad en apenas dos años. También no ayuda el hecho de que muchos residentes todavía viven en casas de madera, dijo Cordero-Guzmán.

Además de los problemas que enfrenta Puerto Rico a corto plazo, hay una preocupación aún mayor: cómo pagar por la reconstrucción de los sistemas y de la infraestructura para que soporte mejor los desastres naturales en el futuro. “Para ellos, se trata de una crisis humanitaria, y así es, pero es también una crisis de infraestructura. No es un problema nuevo creado por el huracán María o Irma. Se trata de un problema generacional para una isla que debe US$ 73.000 millones de dólares y está tratando de imaginar cómo reestructurar esa deuda”, dijo Fleming. “Puerto Rico no estaba en una situación cómoda […] incluso antes de ser asolada por María”.

Actualmente, hay propuestas en el Congreso para subsidiar las primas de seguro contra inundaciones para las familias necesitadas, dijo Kousky. También se discutieron otras propuestas, incluyendo manejar cosas como “pérdidas recurrentes”, o situaciones en que varias propiedades son dañadas innumerables veces por incontables desastres, dijo Fleming. “Una propiedad en Florida solicitó ayuda de FEMA 22 veces […] durante su existencia”, dijo. “Descubrir los medios para crear un programa de financiación que tenga en cuenta este tipo de daño recurrente es una de las únicas maneras de resolver esta situación”.

Puerto Rico se prepara

Si por lo menos la isla se hubiera preparado mejor, ya que se sabía que María llegaría. “Estoy perplejo y no entiendo por qué no se pensó más a fondo en la cuestión” de los planes de contingencia, dijo Cordero-Guzmán. “Es increíble que durante cinco días el Gobierno central haya dicho que no había tenido contacto con 20 de los 78 alcaldes de Puerto Rico […] Desde el punto de vista de la planificación de desastres, creo que se puede aprender una lección enorme acerca de los tipos de recursos que hay que poner en marcha antes de que algo suceda, y cómo deberán ser empleados en el momento en que algo ocurra”.

Fleming dijo que tales deficiencias no son inusuales en la mayoría de las ciudades de Estados Unidos. “No creo que Puerto Rico sea una excepción en ese aspecto”, dijo. “El mayor desafío de Puerto Rico, creo yo, y por lo que la situación es peor que en otros lugares, tiene que ver con el hecho de que se trata a la isla como si estuviera habitada por un grupo de ciudadanos de segunda clase. Son 3,5 millones de habitantes. Son todos americanos, y el hecho de que dejemos que la infraestructura local se deteriore hasta este punto es terrible”.

Si hay algún rayo de esperanza en esta devastación es la oportunidad de construir algo mejor en el futuro. Kousky dijo que el 90% de los fondos de ayuda federal para las inundaciones llegarán después de lo ocurrido. “No hemos hecho el trabajo necesario de antemano para impedir los daños, pero ahora tenemos la oportunidad de hacerlo”, de reconstruir de manera que se tenga en cuenta la reducción de riesgos, dijo ella.

Es posible planear teniendo en cuenta algunos desastres, especialmente inundaciones, ya que hay advertencias anticipadas en ese sentido. “Sabemos cuáles son los lugares vulnerables a las tempestades como María e Irma. Sabemos qué lugares son vulnerables a los eventos que ocurren cada 100 o 500 años y que no son producidos por huracanes. No tenemos un sistema de control de uso de la tierra muy sólido en este país, y por eso muchas ciudades se hallan en la situación en que se encuentran”, dijo Fleming. “No creo que se pueda hacer nada para mitigar los efectos de una tormenta de categoría 4 en una isla como Puerto Rico, pero el impacto ciertamente podría haber sido menor si hubiéramos pensado en el asunto de antemano”.

Puesto que los daños fueron generalizados, la reconstrucción será total. “Puerto Rico probablemente tendrá la oportunidad de actuar de forma más rápida y mejor que cualquier otra ciudad de EEUU, ya que está en medio de una crisis tal que será necesario reconstruir el sistema entero de telecomunicaciones, carreteras, aeropuerto y todas las demás infraestructuras, la mayor parte de las viviendas”, dijo Fleming.

Cómo María puede perjudicar el plan financiero de la isla 

Existe la preocupación, sin embargo, de que el huracán María pueda sabotear el plan de diez años para devolver la salud financiera a la isla. En mayo, el territorio hizo una solicitud para acogerse a la quiebra en busca de ayuda para sus deudas enormes, la mayor solicitud jamás presentada por una municipalidad. “¿Cómo debería repercutir esto en la viabilidad del plan fiscal de Puerto Rico actualmente en vigor, sobre todo si gran parte de la población deja la isla y no vuelve más? Lo hemos visto después del huracán Katrina, es el tipo de cosa que podría perjudicar la viabilidad”, dijo Vincent Buccola, profesor de Estudios jurídicos y de Ética en los negocios de Wharton, en un bloque complementario del programa sobre Puerto Rico.

El plan pretendido exige un recorte de costes y mayores inversiones e ingresos. “Obviamente, habrá necesidad de nuevas inversiones de capital aquí. Resta por saber de qué manera se modificarán los planes, no hay otra salida”, dijo Buccola. Sin embargo, él no quiere que el Gobierno de Estados Unidos ayude en el proceso de quiebra. Por el contrario, él prefiere que los acreedores de Puerto Rico asuman ese riesgo, aunque eso signifique no recuperar su dinero.

Puerto Rico entró en dificultades fiscales después de dejar de recibir enormes beneficios fiscales en 2006. El territorio comenzó a financiar operaciones con su deuda en lugar de recortar gastos, lo que, al final, tuvo como resultado su solicitud de quiebra. Sin embargo, después del huracán, los municipios que han sido más vulnerables a los recortes de costes son los que se encuentran en la primera línea atendiendo a las personas, dijo Carlos Suárez Carrasquillo, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Florida. Ante eso, se preguntó, “¿cambiarán las políticas?”

Suárez citó también el caso de la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico, la única planta de electricidad del territorio. Ella ha estado reestructurando su deuda y hay rumores de que será privatizada, lo que preocupa al sindicato. Ahora, “hay quien dice que la compañía de energía está teniendo mejores resultados” en la gestión de la crisis que las empresas privadas, a pesar de los reiterados apagones. Suarez planteó si seguiría habiendo interés en la privatización en vista de la política que ha estado dominando la situación y la reacción del público.

Sin embargo, una manera rápida de aliviar la crisis fiscal de Puerto Rico consiste en rechazar la Ley Jones, dijo Suárez. Bajo esta ley, sólo barcos estadounidenses pueden transportar productos entre el continente y partes no contiguas de Estados Unidos, como Puerto Rico. Los buques extranjeros tienen que pagar impuestos y tasas para entrar en la isla. Pueden evitar estas tarifas si descargan en un puerto americano. Los productos se transfieren a un buque de los Estados Unidos y se envían a Puerto Rico, según indica un reportaje del New York Times. El resultado de este proceso sinuoso es que los puertorriqueños pagan un precio más alto por los productos. (La semana pasada, el Gobierno Trump suspendió la Ley Jones durante diez días).

Pero para acabar con la Ley Jones será necesario voluntad política debido al posible impacto que tendrá sobre los empleos sindicalizados americanos, dijo Suárez. Buccola subrayó también que Puerto Rico sufre las mismas tendencias preocupantes que asolan las ciudades más pequeñas de EEUU: cuando las empresas se van, los trabajadores más jóvenes también se desplazan, dejando atrás a una población en fase de envejecimiento. “Hay fuerzas económicas profundas actuando que no son sólo específicas de Puerto Rico”, dijo Buccola. “No sé si tenemos soluciones adecuadas para ellas en este momento”.

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