¿Recuperará América Latina la prosperidad en 2017?

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Las principales naciones latinoamericanas esperan que 2017 sea el año en que finalmente se recuperen de la prolongada repercusión que han tenido los débiles precios de las materias primas en sus economías. Por cuarto año consecutivo, las exportaciones de América Latina se redujeron en 2016, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) que se ha realizado con datos detallados de 24 países de la región. En 2016, las exportaciones de América Latina y el Caribe disminuyeron en aproximadamente US $ 50.000 millones, o un 6%. Se espera que el valor de las exportaciones alcance los 850.000 millones de dólares en 2016, una tasa de contracción inferior a la caída del 15% que sufrió la región en 2015. Esta última caída anual se debió principalmente a la disminución de las ventas a Estados Unidos (-5%) a la propia región (contracción del 11%) y, en menor medida, a la reducción de las exportaciones a China (-5%), el resto de Asia (descenso del 4%) y a la Unión Europea (-4%).

Los líderes de América Latina también están reflexionando sobre la repercusión que tendrán las políticas del presidente estadounidense Donald Trump en el crecimiento económico y el comercio global de la región en 2017. Durante su campaña, Trump abogó por imponer barreras proteccionistas a las importaciones estadounidenses de bienes latinoamericanos, lo que podría frustrar los esfuerzos de la región para impulsar las exportaciones a los niveles más saludables registrados con anterioridad. Otra incertidumbre que enfrenta América Latina es cómo repercutirá la estrategia económica de Trump en el valor del dólar estadounidense.

El dólar estadounidense se apreciará por dos razones, predice el profesor de Gestión de Wharton Mauro Guillen, quien también es director de The Lauder Institute. “Una razón es que los tipos de interés van a subir. Una segunda razón es que la economía de Estados Unidos obtendrá con probabilidad mejores resultados que otras”, señala. El alza del dólar será “malo para los países que son exportadores de materias primas, porque los precios de las materias primas tenderán a bajar y los flujos de capital a corto plazo podrían afectar de forma negativa a países como Brasil, Perú o Chile”, dice Guillén. Sin embargo, “contrariamente a la sabiduría convencional, a México le vendrá bien el dólar más fuerte, mientras que para América del Sur esto representa un montón de problemas por la misma razón”. A diferencia de las principales naciones de América del Sur, México no es un país exportador de materias primas, sino un importante exportador de bienes manufacturados como automóviles y productos electrónicos. “México compite con China, pero Sudamérica abastece a China”.

Pero mientras “una aceleración de la demanda, particularmente en Estados Unidos y en China, podría sostener las exportaciones” de América Latina a estos dos países, “el resurgimiento del proteccionismo comercial” en Estados Unidos “podría sesgar el pronóstico”, señala Paolo Giordano, coordinador del informe del BID, y economista principal de su sector de integración y comercio. También lo cree así Iñaki Ortega, director de Deusto Business School en Madrid, para quién “regresa la volatilidad a la región ante el resultado de las elecciones en EEUU y sus imprevisibles consecuencias en términos de libre comercio y con la subida de tipos de la Fed”.

Otra cuestión importante es la repercusión final de cualquier cambio en la política estadounidense hacia China, que ahora es el socio comercial más importante de varios países en América Latina. “Eso es un gran problema para algunos países de Sudamérica”, señala Guillén. Si China empieza a crecer un poco más rápido, a pesar de los cambios en la política comercial de Estados Unidos, los resultados serán positivos para los exportadores sudamericanos de productos básicos, como Argentina, Brasil, Chile y Colombia. “Pero si no lo hace, entonces América del Sur va a tener problemas persistentes …. Si China no crece tanto, como ha ocurrido en los últimos tres o cuatro años, esos países sufrirán porque China se ha convertido en su cliente más importante”.

Según el informe del BID, “las perspectivas de una reversión de la tendencia a la baja en 2017 están asociadas con un escenario en el que los precios de los productos básicos siguen mejorando y el comercio intrarregional se recupera. Los países cuyos tipos de cambio reales se han depreciado también podrían aprovechar una mayor competitividad de los precios para estimular las ventas de [productos manufacturados] y diversificar sus canastas de exportación”.

¿Un nuevo camino para Brasil?

Brasil, la mayor economía de la región, ha caído en la peor recesión de su historia moderna, en medio de los bajos precios de las exportaciones clave, la alta inflación, la incesante agitación política y los deprimidos niveles de confianza. En términos anuales, la producción industrial cayó un 7,3% en octubre, una caída mayor que el descenso del 4,7% registrado en septiembre, lo que representa el mínimo de cinco meses. Según LatinFocus Economics, con sede en Barcelona, la economía brasileña debería salir de la recesión en 2017 después de caer un 3,4% en 2016. “Sin embargo, el ritmo de recuperación probablemente será lento en medio de medidas de austeridad y condiciones externas modestas”. Los economistas encuestados por LatinFocus prevén un crecimiento del PIB de Brasil del 0,8% en 2017.

En otoño de 2016 se registró un descenso generalizado en casi 22 de las 26 categorías estudiadas por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Las categorías que más disminuyeron fueron la producción minera y de extracción, coque, productos petrolíferos y biocombustibles, así como productos alimenticios. El crecimiento medio anual de la producción industrial mejoró de su registro de — 8,7% en septiembre, pero sólo hasta — 8,4% en octubre.

Felipe Monteiro, profesor de Estrategia en INSEAD y miembro del Instituto Mack de Wharton para la Gestión de la Innovación, señala que los analistas brasileños eran conscientes de que 2016 sería un año de “mucha incertidumbre”, debido al “gran problema del juicio político” a la presidenta Dilma Rousseff, lo que finalmente tuvo lugar en agosto. “Esperábamos que pudiéramos ver la luz al final del túnel, y tuvimos una sensación de resolución, de que las cosas seguirían adelante después del juicio político [de Rousseff]”, dice Monteiro.

Pero un segundo período de crisis tuvo lugar más tarde en 2016, culminando con un escándalo que involucra al gigante de la construcción Odebrecht, S.A, que ahora “vuelve a poner a Brasil dentro de otro túnel con mucha incertidumbre sobre cuánto tiempo será necesario para resolverlo y cuánta gente estará implicada”, añade Monteiro. A mediados de diciembre, más de 70 ejecutivos de Odebrecht, entre ellos el patriarca de la familia y presidente Emilio Odebrecht, su hijo encarcelado y el ex director general Marcelo Odebrecht, acordaron hacer declaraciones de culpabilidad que fueron recibidas por la Corte Suprema para validarlas como evidencia.

La buena noticia para Brasil en 2017, dice Monteiro, viene de dos consideraciones: primero, el actual equipo económico de Brasil es más pro-negocios que los asistentes populistas de Rousseff, y “está haciendo las cosas difíciles que hay que hacer para volver a poner la economía en la senda adecuada”. El plan de austeridad económica de Brasil fue aprobado en diciembre, con medidas para congelar los gastos para los próximos 10 años. “Es doloroso pero necesario”, señala Monteiro. “A pesar de todas las debilidades del actual Gobierno, lograron aprobarlo. Este plan genera más esperanza sobre la recuperación de la economía, [aunque] estamos lejos de que se resuelva la lucha política. “Además, tras el enjuiciamiento de Rousseff, Brasil continúa por el camino democrático”, sin ruptura, y sin censura. Por lo tanto, para una democracia joven como la de Brasil, por doloroso que sea, esto debería servirnos de estímulo”.

A pesar de que el futuro de las relaciones entre Estados Unidos y México estuvo cuestionado tras la sorprendente victoria electoral de Trump, su victoria no creó el mismo nivel de incertidumbre en Brasil, dada la diferente naturaleza de los lazos que le une a Estados Unidos. No solo Brasil no exporta un gran nivel de productos manufacturados a Estados Unidos, el país norteamericano goza de un superávit comercial con Brasil, a diferencia del caso del comercio entre Estados Unidos y México. En 2015, el superávit estadounidense con Brasil fue de 4.300 millones de dólares, un 64,2% menos que en 2014. Las exportaciones totales de los Estados Unidos a Brasil en 2015 ascendieron a 32.000 millones de dólares, un 25% menos que en 2014, pero un 106% más desde 2005. Las principales importaciones estadounidenses de Brasil en 2015 fueron combustibles minerales, aviones, hierro y acero y maquinaria. Sin el equivalente del NAFTA pendiente de renegociar, las discusiones comerciales entre Estados Unidos y Brasil en la era Trump probablemente se reducirán a la construcción de “una relación comercial muy pragmática y bilateral”, basada en un “enfoque de negociación de acuerdos de forma individual” para la resolución de problemas en sectores específicos, dice Monteiro.

A pesar de ese pragmatismo, en la era de Trump existe el riesgo de que “la relación entre América Latina y Estados Unidos se vuelva menos importante porque Estados Unidos mueva sus relaciones políticas internas más hacia Rusia, lo que abrirá espacio para que China juegue un papel más importante en América Latina”, señala Monteiro. China ya está haciendo una serie de esfuerzos en ese sentido, añade. Otro riesgo, según Guillén, es que si la administración Trump incrementa los aranceles a las mercancías importadas de América Latina, “eso aumentará los precios al consumidor en Estados Unidos” y “la inflación también se acelerará”. Guillén advierte de que los políticos estadounidenses deben considerar no sólo el impacto inmediato de sus medidas, sino su “efecto de segundo orden”, que podría tener un resultado muy diferente al que esperan.

El caso de Colombia y Argentina

En otros lugares, otros dos países importantes se enfrentan a desafíos algo diferentes en 2017. En 2016, la economía de Colombia creció sólo 1,2% en el tercer trimestre, de acuerdo con los datos del PIB basados en la producción, el crecimiento trimestral más lento desde la crisis financiera mundial de 2009. Los resultados del país se vieron afectados por una huelga de camioneros prolongada y el tenue comercio mundial. De forma más positiva, el Senado del país aprobó un acuerdo de paz revisado con los rebeldes de las FARC en noviembre, un mes después de que la propuesta original fuera rechazada en un polémico plebiscito.

El nuevo acuerdo establece una presencia gubernamental más fuerte en las áreas rurales dominadas por las FARC, y obliga a los rebeldes de las FARC a divulgar sus activos, mientras que proporciona más autoridad a los jueces si los insurgentes son declarados culpables de tráfico de drogas. Sin embargo, la oposición pública al pacto sigue siendo fuerte, encabezada por el ex presidente Álvaro Uribe. Por otra parte, la debilidad de la economía global “está pesando en gran medida en las perspectivas económicas del país”, señala una previsión de LatinFocus Consensus. Por todo ello, el acuerdo de paz podría impulsar el crecimiento del turismo, la exploración de petróleo y la inversión extranjera directa en las áreas colombianas de conflictos, añade el informe. El consenso de los analistas es que la economía de Colombia crecerá un 2,5%, frente al 2,0% de 2016.

En Argentina, que está pasando del populismo de dos presidencias de Kirchner (Néstor Kirchner de 2003-2007 y Cristina Fernández de Kirchner de 2007-2015 ) a la administración del actual presidente Mauricio Macri, más orientada a los negocios, se espera que la economía vuelva a crecer en 2017, reflejando el impacto de las reformas económicas pro mercado de Macri y el mejor ánimo empresarial, de acuerdo con un pronóstico de LatinFocus Consensus. Después de caer un 1,1% en 2016, la producción industrial en Argentina se espera que aumente un 2,5% en 2017.

Para las naciones propensas al populismo de América del Sur, el momento de la victoria de Trump en los Estados Unidos parece irónico, dice Monteiro. “El año 2016 fue muy importante para países como Argentina y Brasil para alejarse de gobiernos muy populistas. Los regímenes nacionalistas anti empresariales —como Fernández de Kirchner en Argentina y Rousseff en Brasil— fueron reemplazados por gobiernos mucho más pro-empresariales, con Macri en Argentina y Michel Temer en Brasil”, dice. “Irónicamente, ahora que esos dos países, que tienen una influencia muy importante en el resto de la región, están avanzando hacia mejores relaciones en el comercio mundial, Estados Unidos, que siempre ha estado presionando con este tipo de agenda [libre comercio], está [moviéndose] hacia más aislacionismo. Es casi una paradoja”.

Ortega considera que Argentina y Brasil no solo crecerán durante el año 2017 “gracias a las reformas emprendidas por sus nuevos gobiernos, también harán de locomotora del resto de América Latina que afronta un nuevo año con previsiones al alza de su PIB”. Y añade que “este dato no puede obviar que el dinamismo económico de la región sigue estando en Chile y Colombia como ratifica un año más el indice global de competitividad del World Economic Forum”.

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