El reforma tributaria de la Casa Blanca, a examen

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Las últimas propuestas de reforma tributaria presentadas recientemente por la administración Trump prometen reducir los impuestos corporativos del 35% al 15% y doblar la deducción estándar para los individuos. También pretenden alentar a las empresas norteamericanas a traer de vuelta a Estados Unidos los beneficios que obtienen en jurisdicciones extranjeras con menores cargas fiscales y pasar a un régimen tributario territorial en que a esas empresas sólo se les gravan sus ingresos obtenidos en EEUU y no sus ingresos globales. La esperanza es que estas y otras medidas estimulen la expansión de los negocios y el gasto de los consumidores, ampliando así la base impositiva en un esfuerzo por compensar la pérdida de ingresos causada por los recortes y los incentivos fiscales.

Una nota de una página de extensión sobre el plan tributario de la Casa Blanca que el secretario del Tesoro Steven Mnuchin y el director del Consejo Económico Nacional Gary Cohn presentaron recientemente no incluye detalles ni propuestas específicas para el aumento de los ingresos en otros sectores de manera que haya financiamiento para los incentivos fiscales. Según expertos de Wharton, de la Facultad de Derecho de Penn y la Universidad de Michigan, el resultado de este tipo de plan esquelético es el aumento de los préstamos por parte del Gobierno para financiar la brecha de ingresos, lo que a su vez expulsaría la inversión privada y la formación de capital.

Los expertos predijeron que la expansión de la actividad económica y la formación de empresas como resultado de los recortes impositivos estarían por debajo de las expectativas de la administración Trump. La ausencia de detalles también ha generado preocupaciones sobre el impacto neto en los impuestos individuales después de la propuesta de eliminación de las deducciones y un reagrupamiento de los umbrales de ingresos en menos categorías, así como el impacto en las pequeñas y medianas empresas. Los expertos dijeron que si bien las propuestas para eliminar el impuesto estatal y reducir los impuestos sobre las ganancias de capital son buenas, esas propuestas necesitan ser más claras y se deben identificar fuentes alternativas de ingresos.

Otras características del plan tributario de la Casa Blanca incluyen: descuento de impuestos para las familias con hijos y dependientes; derogación del impuesto mínimo alternativo; derogación del actual impuesto suplementario del 3,8% sobre la renta de las inversiones para la financiación de la atención de la salud; y la eliminación de exenciones fiscales para intereses especiales.

James Hines, Jr., director de investigación de la Oficina de Investigación de Políticas Tributarias de la Escuela de Negocios Ross de la Universidad de Michigan, analiza de forma poco optimista el plan de reforma fiscal de la Casa Blanca. Muchas de las propuestas implican “enormes recortes de impuestos, una enorme pérdida de ingresos y, por lo tanto, déficits crecientes del presupuesto federal”, dijo.

Michael Knoll, director adjunto del Centro de Derecho y Política Tributaria [Center for Tax Law and Policy] de Penn, señaló que las propuestas no incluyen “casi nada en términos de recaudación de ingresos y muchos recortes”. Sin embargo, sugirió que la decisión del Gobierno de anunciar el plan era un intento de “poner la pelota en movimiento, en una especie de puntapié inicial de las negociaciones”. De hecho, como dijo Cohn en una rueda de prensa, “sólo queríamos presentarla y ofrecer una visión general de donde estamos”.

Hines y Knoll analizaron características específicas del plan tributario en el programa de Knowledge@Wharton en Wharton Business Radio en el canal 111 de SiriusXM.

Cómo encontrar la financiación

“La mayor debilidad económica del plan Trump fue el enorme nivel de deuda que produce, lo que impide la formación de capital privado”, dijo Kent Smetters, profesor de Wharton de Economía empresarial y Política pública, y director de la facultad Penn Wharton Budget Model (PWBM).

“El problema es que este plan es un alivio fiscal para todos y para todo, y las cuentas ni siquiera salen”, dijo Hines. “Así que es difícil saber hasta qué punto hay que tomar en serio estas propuestas”.

El derecho tributario tiene que preocuparse sobre todo por cosas específicas, dijo Hines. Por ejemplo, señaló que si bien los impuestos sobre el patrimonio de sucesión recaudan alrededor de 20.000 millones de dólares al año, es posible encontrar fuentes alternativas. “Pero la abolición de los impuestos sobre ese impuesto y el impuesto sobre donaciones es un fuerte estímulo político”, dijo. El Gobierno tendría que centrarse en descubrir una compensación, o una fuente alternativa para ese dinero, explicó. “Ante la ausencia del foco, va a ser duro conseguir llevar adelante cualquiera de estas cosas”.

A pesar de que el plan tributario de la Casa Blanca no ofrece detalles, el hecho de que tenga muchas similitudes con las propuestas de la campaña de Trump permite realizar algunos análisis. El simulador de política tributaria de Penn Wharton Budget Model mostró que el plan de reforma fiscal de la campaña de Trump aumentaba la deuda un 31% más que la política vigente hasta el año 2028 y casi un 45% en 2040. “El aumento de la deuda reduce la formación de capital privado, al menos que los flujos de capitales internacionales sean sustancialmente más robustos que en el pasado. Se necesitarán mayores recortes de gastos para evitar una mayor deuda”, dijo PWBM en un análisis sumario en su sitio web.

El problema central del plan es que “no salen las cuentas, y los miembros del Congreso lo saben”, dijo Hines. “Han tratado de encontrar maneras inteligentes de aumentar los ingresos con métodos menos dolorosos, pero la dificultad es que no hay realmente una manera menos dolorosa de obtener ingresos”. El público parecía dar la bienvenida a las propuestas porque “los recortes de impuestos son atractivos, por supuesto, al contrario de los aumentos de impuestos”, dijo Hines. “Pero el problema es que hay que pagar las cuentas. Puedes acumular una gran deuda en la tarjeta de crédito, y eso es más divertido que pagarlo”.

Al buscar soluciones, el Gobierno tiene que decidir cuáles son sus prioridades, dijo Hines. Señaló que ambos partidos coinciden en que los impuestos cobrados por las empresas son demasiado altos en relación al resto del mundo desarrollado. El ex presidente Barack Obama también quiso reducir la tasa impositiva de las corporaciones a 28% desde su actual nivel del 35%, señaló. Una reducción de impuestos es una manera de abordar el problema, pero luego esa pérdida de ingresos tiene que compensarse con “algún otro aumento de impuestos o reducción de gastos”, añadió. “Eso no va a ser una fuente de alegría para los votantes, pero hará que la economía sea más competitiva”.

Financiación de recortes de impuestos y expansión económica 

Según Hines, Estados Unidos tiene el sistema tributario menos competitivo del mundo. “Cada vez que una empresa estadounidense se fusiona o adquiere una empresa canadiense o una empresa británica, se convierten en canadiense o británica”, dijo. “Ellas nunca eligen ser estadounidenses si tienen la opción”.

El último plan de reforma tributaria tiene como objetivo arreglar eso y hacer que Estados Unidos sea más atractivo para las empresas de dos maneras. Una de ellas es reducir la tasa impositiva, y la segunda es cambiar a un sistema de impuesto territorial, en lugar de gravar a las empresas sobre sus ingresos mundiales, señaló Knoll. La administración Trump espera también estimular la economía con algunas de sus otras propuestas. “Podemos volver a un PIB del 3% o un porcentaje mayor sostenible en este país”, dijo Mnuchin en una rueda de prensa después de entregar su nota sobre los planes fiscales. “El plan económico general consiste en recortes fiscales masivos y reforma tributaria, alivio regulatorio y renegociación de acuerdos comerciales. Y con eso, vamos a desbloquear el crecimiento económico que se ha visto frenado durante demasiado tiempo en este país”. Cohn agregó: “Nuestra premisa básica es simplificar el sistema fiscal, tener tasas más bajas y hacerlo más fácil”.

Según simulador de política tributaria Penn Wharton Budget Model, el plan tributario de la campaña de Trump podría estimular la economía en el corto plazo en cerca de 1,35% del PIB, pero dejaría la economía sin cambios durante 10 años. “A partir de entonces, la economía tendría un peor rendimiento que bajo la ley actual, debido al crecimiento de la deuda”, predijo el PWBM. “Para el año 2040, el PIB de Estados Unidos sería un 8,49% menor que con la legislación vigente, incluso después de tener en cuenta el impacto dinámico sobre la economía”. A la economía le espera mayores perjuicios si Trump renegocia el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y esto reduce los flujos de capital transfronterizos y aumenta los efectos negativos de la deuda creciente, agregó.

El aumento del gasto de los consumidores proporcionaría una base fiscal más amplia para compensar la pérdida de ingresos causada por los menores impuestos en cierta medida, dijo Hines. “Pero está muy lejos de aliviar la situación”, añadió. Los recortes de impuestos inteligentes para los individuos y las corporaciones por supuesto estimularían la economía y conducirían a la expansión empresarial, dijo. “Pero, ¿sería suficiente para que se pague por sí mismo? Claro que no”.

La propuesta de duplicar la deducción estándar del impuesto sobre la renta personal ciertamente ayudaría a las personas de renta baja y media, dijo Hines. El plan fiscal propone reducir el número de tramos para el impuesto sobre la renta de los siete a tres actuales, con tasas del 10%, 25% y 35%. Los contribuyentes individuales tendrán que hacer frente a tasas más altas o más bajas, dependiendo de la categoría en la que se encuadren.

Hines situó las propuestas actuales en relación al plano de fondo de un recorte fiscal para las personas físicas que la administración Bush implementó en 2001. La administración Obama posteriormente lo extendió a todos los grupos excepto las personas de renta elevada. “Introducir un recorte de impuestos por encima de eso es realmente cortar demasiado”, dijo. El problema para la administración Trump es que “el contribuyente americano se ha acostumbrado a disfrutar de las bajas tasas impositivas que obtuvieron como cortesía del recorte fiscal de 2001, y ahora es difícil reducirlas”.

Knoll admite que los americanos se han sentido cómodos con la idea de impuestos más bajos. “La retórica que obtenemos de ello se vuelve peligrosa y atractiva”, dijo. “Nadie cree seriamente que estos recortes —incluso los recortes inteligentes— hagan crecer la economía lo suficiente para pagar por sí mismos”.

Sistema fiscal territorial

La propuesta de cambiar del actual sistema mundial a un sistema fiscal territorial en EE.UU. será útil, de acuerdo con el análisis del nuevo plan fiscal realizado por el Penn Wharton Budget Model. Las implicaciones de ese cambio se explicaban así: en un sistema fiscal mundial, las empresas estadounidenses deben impuestos a Estados Unidos sin importar en qué parte del mundo vendan sus bienes y servicios, aunque reciban crédito fiscal por los impuestos pagados en el extranjero. En cambio, en un sistema territorial, las empresas pagarían impuestos en EEUU solamente por los bienes y servicios vendidos en Estados Unidos.

Puesto que el sistema territorial es comúnmente utilizado por los grandes socios comerciales de Estados Unidos, promueve una mayor armonización fiscal, según el análisis. Sin embargo, señaló que tal cambio podría producir “otros efectos secundarios” en el sentido de que dicha reforma tributaria de las empresas “tiene un gran alcance y puede tener costos significativos; y la reacción de los gobiernos extranjeros puede tener un impacto en los resultados de las reformas de política fiscal corporativa”.

Sin embargo, con la tasa propuesta del 15% para el impuesto de sociedades, “el impacto neto de pasar a un sistema territorial es mucho menor que la tasa fiscal existente”, según el análisis. “De hecho, con una tasa del impuesto de sociedades del 15%, muchas empresas estadounidenses que venden en el extranjero recibirían créditos fiscales del exterior suficientes para eliminar su factura fiscal en Estados Unidos, incluso bajo un sistema tributario mundial”.

Problemas de ejecución

Hines dijo que los sistemas fiscales inteligentes también podrían ayudar a las pequeñas y medianas empresas. Pero señaló que la mayoría de las empresas estadounidenses son LLCs (sociedades de responsabilidad limitada), empresas reunidas en el subcapitulo S o asociaciones y que están gravadas por el sistema de impuesto sobre la renta individual. Por lo tanto, para proporcionarles un régimen tributario más amistoso, las tasas del impuesto sobre la renta individual deben reducirse, argumentó. Sin embargo, hay poca claridad sobre qué es exactamente lo que el Gobierno planea en ese frente, agregó.

Hines señaló que Mnuchin y Cohn hablaron sobre la creación de un régimen separado para LLCs, corporaciones del subcapitulo S y asociaciones. Sin embargo, los detalles de cómo se logrará eso no han sido desvelados con exactitud, dijo. Cualquier debate significativo sobre esas propuestas sería posible sólo después de que los miembros de la administración “se pusiesen a trabajar e hicieran el trabajo duro”.

El incentivo para que los individuos se traten a sí mismos como empresas a los ojos de la ley también traería dificultades para garantizar el cumplimiento de los procedimientos previstos y el monitoreo. “Cuando se dibujan líneas y se crean grandes diferencias sobre márgenes pequeños, hay un fuerte incentivo para moverse a través de esos márgenes”, dijo Knoll. La gente estaría tentada a obtener una ganancia mayor y un menor salario al tratar sus ingresos como renta empresarial, explicó. La presión para que ocurra tal cambio aumentará a medida que las tasas de impuestos de las empresas caigan del actual 35% al 15%, dijo. “Será una línea dura para la policía. A menos que alguien tenga una solución muy creativa, el tratamiento tendrá que ser muy específico”.

El Gobierno de Trump es consciente de ese posible abuso. “Nos aseguraremos de que existan reglas para que los ricos no puedan crear artificios y usarlos como un mecanismo para evitar pagar la tasa impositiva que deberían pagar como personas”, dijo Mnuchin en su conferencia de prensa.

Algunas características del plan son inequívocamente útiles para los contribuyentes, como su protección de las cuentas de jubilación sin perturbar las deducciones de las contribuciones realizadas, señaló Knoll. Sin embargo, la eliminación de las deducciones para el cuidado de la salud podría crear problemas, especialmente cuando el Gobierno todavía tiene que aportar una alternativa viable al sistema de seguro de salud existente, agregó.

Además, tratar de encontrar maneras de reducir las diferencias de ingresos mediante la eliminación de deducciones puede no tener sentido, según Hines. Él señaló que existen varias deducciones por buenas razones. “¿Quieres eliminar la deducción por pérdidas en caso de accidentes, [o la] deducción de gastos médicos en exceso?”, preguntó. “Están proponiendo, implícitamente, eliminar las deducciones populares, y aún así todavía están lejos de recuperar los ingresos”.

El futuro

Hines dijo que poniendo “la pelota en juego”, la administración Trump por lo menos indica que está tomando “razonablemente en serio” la implementación de sus promesas de campaña. La difusión de las propuestas también presiona al Congreso para que las apoye, señaló. “Pero va a haber un montón de contribuyentes decepcionados por ahí, porque no se puede hacer mucho más que una fracción de lo que están hablando sin déficits fuera de control”, dijo. “Y el Congreso no va a apostar por déficits así”. De forma más amplia, Hines sugirió un enfoque holístico. “Si [hacemos] que el sistema tributario de las empresas sea más competitivo, tal vez usted no sea despedido de su trabajo. Tal vez conseguiría un trabajo mejor, o un salario más alto”, dijo. “La mejora del sistema tributario en realidad ayuda a las personas, y por el contrario, si se empeora, se lastima a la gente”.

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