Seguros: los costes de la catástrofe

En los días posteriores a los ataques terroristas del 11 de septiembre contra Estados Unidos empezaron a circular terribles advertencias sobre las aseguradoras que tenían seguros de vida, de accidentes e inmobiliarios con las personas y negocios afectados por los trágicos acontecimientos. Tal y como el profesor de Ciencias de la toma de decisiones, Economía y Gestión y administración pública de Wharton Paul Kleindorfer, comentó en aquellos momentos, “en la Segunda Guerra Mundial y Vietnam hubo pérdidas mucho mayores, pero si nos referimos a las pérdidas aseguradas, ésta es la mayor catástrofe en la historia del sector”.

Hace aproximadamente un año, inmediatamente después de los ataques terroristas, Kleindorfer y otros profesores de Wharton valoraron los efectos que éstos tendrían en el corto y largo plazo sobre el sector de los seguros. Combinando las series de datos históricas y evidencias documentales lograron identificar algunos de los principales problemas y predecir algunas de las formas en que podrían ser resueltos.

Ahora, con el privilegio de poder observar las cosas en retrospectiva, parece ser que muchas de sus predicciones eran acertadas, aunque en algunos casos el transcurso de un año no sea tiempo suficiente para poder afirmar cómo acabarán algunos de los principales problemas.

Como era de esperar, la mayoría de las preocupaciones estaban relacionadas con temas financieros: ¿Se harían cargo las compañías de seguros de vida de las reclamaciones relacionadas con el 11 de septiembre?; las reaseguradoras internacionales (empresas secundarias que cubren toda o una parte de la deuda asumida por una compañía aseguradora principal), ¿quebrarían o optarían por  retirar la cobertura contra el terrorismo? Los profesores de Wharton también consideraron algunas de las estrategias de rescate como, por ejemplo, la posibilidad de que el gobierno federal interviniese facilitando ayuda a las empresas que estaban atravesando dificultades -como los paquetes de ayudas por valor de 15 billones de dólares para el sector aéreo-, o bien incorporándose directamente en el sector como asegurador o reasegurador de última instancia.

Una mirada al pasado reciente del sector de los seguros no ofrece una imagen tranquilizadora. Por ejemplo, en 1992 el huracán Andrés ocasionó al sector unos pagos de 19 billones de dólares, y ocho pequeñas empresas aseguradoras estadounidenses quebraron. Se espera que, comparativamente, los ataques del 11 de Septiembre hagan que esa catástrofe parezca insignificante, ya que según el Insurance Information Institute, una organización de comercio con sede en Nueva York, el 11-S costará al sector alrededor de 40 billones de dólares.

El factor ’Buffet’

A pesar de la gravedad de los ataques del 11 de septiembre, en ningún momento los profesores de Wharton mencionaron colapso alguno en el sector asegurador. Jean Lemaire, profesor de Ciencias actuariales y de seguros, cree que ninguna empresa reaseguradora ha ido a la quiebra como resultado del 11 de septiembre, aunque señala que muchas han visto como sus beneficios disminuían de forma considerable e incluso han tenido pérdidas. 

De hecho, según el Insurance Information Institute, el año 2001 ha sido el primero en el que las aseguradoras que cubren daños personales y a la propiedad  tuvieron pérdidas netas anuales. Mientras tanto, analistas y ejecutivos de empresas reaseguradoras predicen que el 60-80% de las pérdidas causadas por el 11 de septiembre afectarán a este tipo de compañías.

Sin embargo, Kleindorfer sugiere que puede que las reaseguradoras no tengan a largo plazo problemas financieros. “Lo que hemos visto es que inmediatamente después del 11 de septiembre se produjeron dos fuerzas en sentidos contrarios,” explica. “En primer lugar, las compañías aseguradoras empezaron a pagar indemnizaciones,” lo cual afectó a los resultados financieros.

Pero justo después de la catástrofe, a medida que las tarifas de las reaseguradoras subían, Warren Buffett y otros inversores adquirieron acciones de una serie de compañías reaseguradoras, claro indicio de que consideraban a estas empresas como una buena inversión. “¿Por qué iban los inversores a participar en estas compañías a no ser que se anticiparan a la desaparición de las pérdidas … a un ritmo razonable en un futuro inmediato?”, se cuestiona Kleindorfer. “Además, los accionistas parecen estar conformes con la nueva deuda de las reaseguradoras y sus esfuerzos para incrementar el capital.”

De hecho, la viabilidad a largo plazo de las compañías de seguros seleccionadas, evaluada a través del comportamiento del precio de sus acciones, quedó claramente demostrada en un artículo de julio de 2002 titulado Catastrophic Events, Parameter Uncertainty and the Breakdown of Implicit Long-term Contracting in the Insurance Market: The Case of Terrorism.” (Sucesos catástroficos, parámetros de incertidumbre y el fracaso de la contratación a largo plazo en el mercado de seguros: el caso del terrorismo), escrito por el profesor de Gestión de Riesgos y Seguros J. David Cummins y por Christopher M. Lewis.

En opinión de estos autores, el efecto inmediato de los ataques fue una caída generalizada de las cotizaciones de las compañías aseguradoras. No obstante, después de la primera semana el precio de las acciones de las aseguradoras con sólidos ratios financieros empezaron a recuperarse, no siendo el caso de las aseguradoras más débiles, lo cual apoya la hipótesis de premiar a la calidad”.

Aunque Kleindorfer se muestra optimista, también es consciente de los potenciales riesgos. Tal y como manifestó hace un año, sigue sosteniendo que tendrá que pasar cierto tiempo hasta que sepamos cuales fueron los costes de los ataques. Una de las categorías de reclamaciones, la interrupción de la actividad empresarial -que puede ser de “unos pocos billones o bien de varios miles de billones” de dólares-, suele negociarse en procesos interminables. “Dentro de uno a tres años podremos ver el impacto total sobre las reaseguradoras,” manifiesta. “Uno de las cuestiones es qué parte de la cuantía total ha sido ya estimada y contabilizada. Algunas reaseguradoras, como Swiss Re y Munich Re, son conocidas por su postura conservadora, y probablemente hayan traspasado la mayor parte de su pasivo a reservas”.

¿Qué papel juega el Estado en la cobertura de daños por actos terroristas?

Sobra decir que el golpe del 11 de septiembre al sector de los seguros va más allá de los aspectos puramente financieros. Tal y como observó el profesor de Ciencia de la toma de decisiones Howard Kunreuther inmediatamente después de los ataques, “este es un buen ejemplo de un acontecimiento que era imposible que el sector asegurador contemplase en sus planificaciones … todos nosotros, como una sociedad, tendremos que replantearnos la manera en que nos enfrentamos a los eventos de escasa probabilidad, y reconsiderar el papel del estado. Será realmente difícil para los mercados privados tomar las medidas necesarias para poder afrontar acontecimientos futuros. Y las empresas aseguradoras y reaseguradoras deberán replantearse qué sucesos se pueden asegurar.”

La preocupación de Kunreuther sobre la capacidad de los mercados privados para “hacer frente a acontecimientos futuros” parece ser correcta, pero la esperanza de una solución potencial parece haberse quedado atrapada en los debates del ámbito político.

Por ejemplo, según las declaraciones en el congreso de la United States General Accounting Office de finales de febrero, tras los ataques del 11 de septiembre el sector de seguros ha ido transfiriendo los riesgos de pérdidas relacionadas con el terrorismo desde las reaseguradoras hacia las aseguradoras principales y posteriormente hacia el propio asegurado.

Esta tendencia también fue manifestada en la presentación de agosto de 2002 realizada por el Insurance Information Institute titulada, “The Long Shadow of September 11: Terrorism & Its Impacts on Insurance Markets” (La larga sombra del 11 de Septiembre: el terrorismo y su impacto en los mercados de seguros). Según este instituto, la exclusión de la cobertura de riesgos causados por actos terroristas se ha aprobado en 45 estados, Washington D.C. y Puerto Rico.

Aunque Kunreuther y otros autores han hecho llamamientos públicos para que el estado acepte cubrir los riesgos por actos terroristas –similar al National Flood Insurance Program (Programa Nacional de Seguro contra Inundaciones) que ofrece cobertura contra inundaciones a cambio de que la comunidad adopte ciertas medidas paliativas, o al Federal Crop Insurance Program (Programa Federal de Seguro de Cosechas) que cubre a los agricultores contra la pérdida de las cosechas debido a desastres naturales-, todavía no se ha tomado ninguna decisión definitiva. Aunque el Senado y el Congreso han aprobado cada una por separado versiones de dicha ley, todavía no ha sido posible conciliar las dos versiones.

Cummins –que ha hecho declaraciones en el Congreso respecto a estos temas- y el profesor de Gestión de riesgos y seguros Neil A. Doherty, valoraron las ventajas y los riesgos de tener al estado como reasegurador en un artículo titulado, “Federal Terrorism Reinsurance: An Analysis of Issues And Program Design Alternatives” (El estado como reasegurador del terrorismo: un análisis de los factores y de las alternativas de diseño del programa). 

En este artículo se tratan temas tales como el peligro de politizar dichos programas, y se reconoce el poder de presión de “los grupos de interés bien organizados”. La forma de reaseguro más eficiente, -explican-, sería “asegurar a su vez mediante subastas los excesos de pérdidas de los seguros gubernamentales que cubran los ataques terroristas”.

Por último, cualquier consideración sobre este sector debe tener en cuenta el concepto de riesgos predecibles, su relación con los modelos de fijación de precios, y la dificultad de cuantificar el riesgo en el caso del terrorismo.

Como Kunreuther señalaba hace un año, “con los huracanes y los terremotos, el sector asegurador dispone de algunas estimaciones de la probabilidad de que esos sucesos ocurran. Se dispone de datos científicos y técnicos, y la impresión de que es probable que ocurran. Con el terrorismo todo es posible”. Hoy, -declara-, la incertidumbre todavía es un factor a tener en cuenta. La ambigüedad está muy presente en cualquier acontecimiento de baja probabilidad, y además no disponemos de mucha información. “A diferencia de los desastres naturales, los actos de terrorismo ocurren intencionadamente. Pueden modificarse a medida que cambian las circunstancias e intentar superar las medidas de seguridad.”

Mientras el gobierno federal sigue esforzándose en proteger las fronteras estadounidenses, el sector asegurador y los académicos continuarán intentando perfeccionar sus técnicas de predicción. A ambos les espera una dura tarea.

Cómo citar a Universia Knowledge@Wharton

Close


Para uso personal:

Por favor, utilice las siguientes citas para las referencias de uso personal:

MLA

"Seguros: los costes de la catástrofe." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [20 enero, 2003]. Web. [15 December, 2017] <http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/seguros-los-costes-de-la-catastrofe/>

APA

Seguros: los costes de la catástrofe. Universia Knowledge@Wharton (2003, enero 20). Retrieved from http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/seguros-los-costes-de-la-catastrofe/

Chicago

"Seguros: los costes de la catástrofe" Universia Knowledge@Wharton, [enero 20, 2003].
Accessed [December 15, 2017]. [http://www.knowledgeatwharton.com.es/article/seguros-los-costes-de-la-catastrofe/]


Para fines educativos/empresariales, utilice:

Por favor, póngase en contacto con nosotros para utilizar con otros propósitos artículos, podcast o videos a través de nuestro formulario de contacto para licencia de uso de contenido .

 

Join The Discussion

No Comments So Far