El uso de queroseno en las naciones en desarrollo

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El queroseno es una sustancia química volátil y peligrosa que proporciona poca luz, sin embargo, continúa siendo ampliamente utilizado como fuente de iluminación en países que tienen redes eléctricas incompletas o poco confiables. Un grupo de investigadores quería saber por qué el queroseno es tan popular, a pesar de que es más costoso que algunas formas alternativas e innovadoras de iluminación que están disponibles para las mismas poblaciones. Serguei Netessine, profesor de Operaciones, Información y Decisiones de Wharton, conversó con Knowledge@Wharton sobre lo que él y sus colegas, Bhavani Shanker Uppari e Iona Popescu, de INSEAD, aprendieron con sus investigaciones y qué soluciones podrían proporcionar una mejor opción en el futuro.

Knowledge@Wharton: Su investigación está detallada en un trabajo titulado “Selling Off-Grid Light to Liquidity Constrained Consumers” [Venta de luz fuera de la red eléctrica a los consumidores con restricciones de liquidez]. ¿Qué es exactamente estar fuera de la red eléctrica?

Serguei Netessine: La luz sin conexión a la red es una forma estándar de resolver el problema del acceso a la electricidad en muchos países donde simplemente no hay red eléctrica tal y como la conocemos. Thomas Edison inventó las luces eléctricas, los postes, los transformadores y todas esas cosas que nos permiten enchufar una lámpara eléctrica a la pared y que funcione. Pero la mayoría de los países del mundo no disfrutan de este lujo. Casi ningún país en África, por ejemplo, tiene una red completamente desarrollada, por lo que tienen que generar electricidad de otras maneras. Típicamente, esto implicaría algún tipo de generador eléctrico si un país es un poco más rico. Filipinas, Indonesia: estos son países con miles de islas y son relativamente ricos, por lo que pueden permitirse este tipo de solución. Los países más pobres, los países con un PIB menor —países de África, algunos países de Asia— ni siquiera pueden permitirse eso. Lo que usan es una solución muy básica, que es la lámpara de queroseno.

Knowledge@Wharton: Supongo que es un producto tóxico.

Netessine: El queroseno presenta muchos problemas, y la toxicidad es solo uno de ellos. Millones de niños cada año se queman de forma severa con queroseno porque simplemente tiran la lámpara y esta sigue ardiendo. Luego hay problemas con la calidad de la luz. Es un tipo de luz amarillenta, así que si estás tratando de hacer la tarea, no es bueno para la vista. Pero el mayor problema es que el queroseno es de tres a cuatro veces más caro que la luz eléctrica, a veces incluso más que eso. Esto es realmente desconcertante: las personas continúan usando queroseno dado que es muy caro, porque estamos hablando de países donde las personas viven con US$ 2 a US$ 3 al día. Una diferencia de costos tan significativa debería llevarlos a adoptar formas más baratas de usar la electricidad. Lo que realmente nos llevó a hacer esta investigación es la constatación de que las personas todavía usan queroseno a pesar de todas las consecuencias malas derivadas de ello. Ni siquiera voy a entrar en el daño al medioambiente. Si alguien vive con US$ 2 ó US$ 3 al día, tal vez esa no sea su mayor preocupación, pero es preciso tomarlo en cuenta.

Knowledge@Wharton: ¿Qué alternativas al queroseno analizó en su estudio?

Netessine: Hay bastantes alternativas. La primera que naturalmente nos vino a la mente es la luz solar. Pensemos en los países situados en el ecuador. Reciben mucha luz solar, por lo que la energía solar es una solución natural. El problema es que incluso con las baterías solares más baratas que existen ahora, estamos hablando de US$ 70 a US$ 100 por batería para abastecer a un hogar con electricidad. Eso es simplemente imposible porque equivale a la renta de dos o tres meses de esas personas. Recuerde que en estos países, las personas no ahorran. En esencia, no son financiables y viven de los ingresos que obtienen en el día a día, generalmente de la agricultura de subsistencia. Lo que capturan, lo comen. Y lo que sobra, lo venden.

Esta es la razón por la que una solución en particular llamó nuestra atención, y la solución fue propuesta por una empresa de nueva creación llamada Nuru Energy. Nuru Energy creó un ecosistema muy interesante en el que daba a las personas lámparas fuertemente subsidiadas con una pequeña batería recargable, y luego descubrió que había en la aldea un empresario que, dentro de las limitaciones locales, era alguien con un poco más de dinero que estaría dispuesto a invertir en una bicicleta recargable. Se trata de una bicicleta estática sobre la que pedaleas durante unos 20 minutos, y puedes recargar cinco lámparas apiladas una sobre otra. Esto es sostenible. Es rápido. Recuerde, la energía solar aún requiere varias horas para recargarse. Esta persona normalmente gestionaría una pequeña tienda en el centro del pueblo y sería propietaria de esta bicicleta. Las personas acudirían a él y le pagarían una pequeña tarifa, generalmente US$ 10 céntimos más o menos por una recarga. Cinco irían al empresario y 5 a Nuru Energy.

Knowledge@Wharton: Parece una gran solución. ¿Qué impide que las personas adopten esta tecnología?

Netessine: Si nos fijamos en el modelo de negocio, veremos que consiste en subsidiar fuertemente las lámparas. La única forma de ganar dinero para Nuru a largo plazo es si la gente viene a recargar con relativa frecuencia. Lo que descubrimos —en el contexto de este rompecabezas que lleva a las personas a seguir usando queroseno— es que las personas obtenían la lámpara e incluso podían acudir una o dos veces a recargarla, pero muy rápidamente algunos de ellos simplemente desaparecían y nunca regresaban. O acudían con tan poca frecuencia que el modelo de negocio no cubría costes por sí mismo.

Esto fue un poco desconcertante, porque la diferencia de precio era bastante monumental. Estamos hablando de tres, cuatro, cinco, ocho veces en ciertos casos, porque el queroseno solo se suele vender en el mercado paralelo. Los precios no tienen nada que ver con los precios mundiales del petróleo, y fluctúan mucho de un día para otro. Por otro lado, había una solución de luz sostenible, limpia y de alta calidad, cuyo precio no fluctúa y que no tiene ninguno de los inconvenientes del queroseno, pero las personas seguían sin recargar tanto como a la empresa le gustaría que lo hicieran.

Analizamos este problema y descubrimos lo que podría parecer una conclusión obvia, pero al principio no nos lo resultó. Imagine que tiene unos ingresos muy inciertos. No sabe si va a tener un extra de 10 o 20 céntimos hoy o mañana. Por supuesto, la luz no es su prioridad. Primero gasta en comida y tal vez en salud. Lo que queda, lo gasta en luz. El problema con las recargas eléctricas es que, a menos que tenga una cierta cantidad [de dinero sobrante] —el costo de una recarga— simplemente nunca será suficiente. Incluso cuando las personas adquieren una lámpara y deciden: “voy a acumular un poco de dinero para recargar la próxima semana”, la próxima semana llega y no tienen ese dinero. Los niños necesitan hacer la tarea. Tiene que hacer un trabajo en el patio trasero después del atardecer. ¿Qué hace? Usted dice: “Bueno, tal vez iré y compraré queroseno solo por esta vez”. Puede comprar un poco de queroseno [con el dinero que tiene]. Puede comprar un galón, una onza, cualquier cantidad. Es solo una cuestión de precio.

La gente iría y compraría un poco de queroseno, lo que los alejaría aún más de la recarga de la lámpara. Se crea una especie de círculo vicioso. Eso es lo que realmente ha estado sucediendo. Las lámparas recargables no eran lo suficientemente flexibles. No podían pagarlas en pequeños pagos. Incluso pagar 10 céntimos era mucho para ellos.

Knowledge@Wharton: ¿Cuáles son algunas formas de superar estos obstáculos?

Netessine: Hay algunas formas tecnológicas. Por ejemplo, la forma en que originalmente se diseñaron las lámparas, se puede cargar la lámpara completa por 10 céntimos. No hay otra opción. Tecnológicamente, no es muy difícil agregar un pequeño indicador de carga, por lo que los consumidores podrían decir: “No tengo suficiente dinero para cargar la lámpara entera. Consigamos media carga de lámpara, un cuarto o un octavo”. Esa es una solución relativamente barata. La lámpara costaría un poco más debido al indicador, pero no hace inviable el negocio.

También hay otras soluciones. Ha quedado demostrado que se puede ayudar a las personas de esos países a ahorrar dinero si, por ejemplo, se permite que paguen por adelantado. Cada vez que tuvieran un céntimo sobrante, podrían enviar este céntimo a la empresa y su saldo se iría acumulando. De lo contrario, las personas en este tipo de economía realmente no tienen la cultura o los mecanismos para ahorrar. Pero tienen mecanismos de pago bastante ingeniosos. Por ejemplo, la empresa M-Pesa maneja un porcentaje significativo del PIB de muchos países africanos, y lo único que hace es transferir dinero mediante SMS. Pueden transferir un céntimo cada vez, y con el tiempo se irán acumulando. Se convierte en un mecanismo de ahorro.

Knowledge@Wharton: En base a su investigación, ¿tiene la esperanza de que este modelo de negocio pueda funcionar en el futuro?

Netessine: Sin lugar a dudas. Nuestro trabajo estuvo un poco más orientado al aspecto teórico. En la práctica, te encuentras con muchos otros problemas de comportamiento y de adopción. Como seguimiento de esta investigación, lo que estamos haciendo ahora es ejecutar, en cooperación con la Universidad de Ciudad del Cabo y un par de instituciones más, un estudio comparativo aleatorio en que manipulamos varias condiciones de contratación. Por ejemplo, ¿se debería dar al emprendedor de la aldea el 50% de la tarifa o tal vez el 60% o el 40%? Tal vez trabajaría más si tuviera una mayor participación en el negocio y dijera: “Saldré por ahí a buscar las lámparas que necesitan ser recargadas en la bicicleta”. Estamos experimentando con eso, con la formación de hábitos. Tal vez si les das a las personas las primeras tres o cuatro recargas de forma gratuita o a un precio con un descuento muy alto, entrarán en este modelo. También estamos evaluando el costo de otros asuntos, como los problemas de género. Por lo general, las personas que más sufren por la falta de luz son las mujeres que trabajan en el hogar en comparación con sus maridos que podrían estar trabajando en algún lugar en el campo. Estamos viendo problemas educativos porque los niños se ven muy afectados. Vienen de la escuela y necesitan hacer la tarea, y no tienen luz.

Knowledge@Wharton: Parece que queda mucho por explorar.

Netessine: Sin duda. Se trata de un gran experimento con alrededor de 240 aldeas en Ruanda y contamos con el apoyo del Gobierno y un par de organizaciones internacionales. Es muy difícil predecir si un modelo de negocio en particular, especialmente uno tan novedoso, funcionará en una economía como la de Ruanda. Cuando tienes un modelo en una economía del primer mundo y tratas de idear algo que funcione en África, puedes proponer todo tipo de cosas locas. Pero la única forma de saberlo es experimentar para ver si funciona.

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