Wi-Fi: el as que esconden bajo la manga las empresas de telecomunicaciones

Desde que explotó la burbuja tecnológica hace dos años, sólo la caída de las empresas punto.com ha sido mayor que la del sector de las telecomunicaciones. Las grandes empresas de telecomunicaciones como WorldCom se han declarado en quiebra. Otras se están ahogando en deudas. Las guerras de precios están haciendo tambalearse incluso a las empresas más sólidas, ya que luchan por los clientes en un entorno con un exceso de líneas y servicios de comunicaciones. Los grandes fabricantes de equipamientos como Lucent Technologies y Nortel Networks están sufriendo para recuperar su rentabilidad.

Durante el boom, “la actitud era créala y ya llegarán los clientes”, afirmaba Mike Reuschel, presidente del sector de comunicaciones globales de Unisys en Blue Bell, Pensilvania. “Todos acudieron a los inversores de capital-riesgo … los cuales dijeron Uh!, Dispones de tanto dinero como quieras. Pero este no es el país de las maravillas. Crearon las empresas pero los clientes nunca llegaron”. El resultado fue un exceso de capacidad pero pocos ingresos. “Estos son los peores tiempos en los 10, puede que 15, últimos años”, afirmaba.

¿Cómo se puede ayudar a este sector agonizante? Un panel de expertos que participaron en la conferencia sobre tecnología de 2003 de Wharton celebrada el pasado mes –cuyo tema principal fue la ampliación de los horizontes empresariales-, intentó responder a dicha cuestión. Y hubo consenso: con tiempo y una dura medicina.

Será necesaria una combinación de la habitual reorganización de un sector con problemas (las compañías débiles cerrarán haciendo disminuir las presiones de precios a la baja entre las supervivientes), de una mejor disciplina fiscal entre las supervivientes, de innovación continua de productos en las compañías más fuertes y de otras medidas firmes llevadas a cabo por el gobierno federal y de los estados. “Uno de los problemas ha sido el exceso de financiación de los bienes de capital, tirando dinero por la ventana”, afirmaba Frank LaPlaca, inversor de capital-riesgo con OCG Ventures, con oficinas en Maryland y California. “Los modelos operativos saldrán beneficiados gracias a los menores gastos”. Es una de las reglas básicas de los negocios: una empresa no puede ganar dinero si los gastos son superiores a las ventas”.

“Las empresas que sobrevivirán son aquellas con una base de clientes y un constante flujo de ingresos para invertir en una nueva fábrica o equipamiento”, añadía Steve Gaus, director de ventas para Siemens AG, el gigante alemán de la electrónica e ingeniería eléctrica.

De todas formas –añadía-, el sector, que ya ha perdido cerca de 600.000 empleos, nunca volverá a ver los niveles de empleo alcanzados durante el boom. Para aquellas empresas supervivientes, las áreas más prometedoras para la expansión son los servicios de banda ancha –como el ADSL-, y el video a la carta (video-on-demand). Tal y como Reuschel señalaba, “Si haces que la vida de la gente sea más productiva o más divertida, encontrarás clientes”.

Otra área de expansión debería ser los servicios vía satélite. A pesar de los problemas actuales, sigue teniendo bastante potencial. “El diez por ciento de la población utiliza hoy en día una línea vía satélite como línea principal, y esta cifra seguirá creciendo”, afirmaba Gaus. “Si tienes tres adolescentes en casa, todos ellos necesitan su propio teléfono móvil y su propio ordenador portátil. Y todos quieren estar conectados a Internet al mismo tiempo”.

En lo que les atañe, las instituciones reguladores pueden ayudar al sector proporcionando normas más consistentes, decía Tom White, vice-presidente de marketing para servicios telefónicos en Comcast, una empresa de servicios por cable de Filadelfia. Las instituciones federales han empezado a poner orden en sus normas de desregulación del sector, pero las normas de los estados todavía presentan cierto caos. “Habría beneficios reales si se diese marcha atrás y se intentase aclarar toda ese entramado de normas, las cuales suponen muchos costes extra para los negocios”, comentaba.

En palabras de John Baker, director ejecutivo para el desarrollo de negocios y mercados en Versión Communications en Nueva York, “no existe ningún mapa de carreteras coherente que podamos seguir”.

La Federal Communications Commission despejó cierta incertidumbre con la aprobación el 20 de febrero de una normativa sobre la desregulación del sector. Pero en opinión de Baker, dicha decisión fue un compromiso político que ignoró la realidad comercial. Por ejemplo, obligó a las empresas telefónicas locales como Verizon a alquilar sus líneas locales a las rivales a precios de descuento. Fue un importante esfuerzo para ayudar a las compañías de larga distancia en dificultades. “Es una mala medida desde el punto de vista de la rentabilidad de nuestra empresa –decía Baker-, y creemos que es también mala para el sector de las telecomunicaciones porque desaparecen los incentivos para invertir en infraestructuras locales”.

También confesó que otras partes de la normativa beneficiaron a empresas como Verizon al eximirles de aplicar las mismas tarifas baratas para sus redes de banda ancha. Esto fue bastante decepcionante para las empresas con líneas de larga distancia.

La opinión unánime de los panelistas es que, en el futuro, el sector de servicios por cable supone la mayor amenaza para las empresas de telecomunicaciones. “Está en una buena posición porque ha habido cierta tendencia a ignorarlo”, decía LaPlaca.

Pero para Baker ahora la situación ha cambiado, al menos en Verizon, que considera los servicios por cable la alternativa obvia para sus consumidores. “Su estrategia futura es una triple combinación de video, información y voz. La nuestra es servicio local, transmisión de datos a alta velocidad y servicios vía satélite”.

El as escondido debajo de la manga en la reestructuración del sector es una tecnología denominada wi-fi, que es una especie de fidelidad vía satélite. Wi-fi permite conexiones vía satélite a Internet; la información se traslada a través de las frecuencias de radio hasta antenas instaladas en los ordenadores. Las señales son débiles, así que los usuarios necesitan estar a menos de determinada distancia de un transmisor. El área que abarca un transmisor, o una serie de ellos, se conoce como “hot spot”. Algunos aeropuertos y hoteles ya están equipados para la utilización de wi-fi.

(Para una instalación de wi-fi los usuarios necesitan una conexión de alta velocidad a Internet, un aparato denominado LAN transceiver que sirve como estación base y punto de acceso y, en cada ordenador conectado a red, una radio wi-fi que básicamente es una tarjeta de 50 dólares. El punto de acceso y la radio wi-fi se comunican entre ellos a través de las frecuencias sin licencia que utilizan los teléfonos inalámbricos de cualquier hogar o los mandos para abrir la puerta del garaje. Normalmente 15-20 personas pueden compartir el punto de acceso).

Los servicios por teléfono móvil se refieren a wi-fi como una amenaza a sus servicios de información, aunque las señales wi-fi no viajan tan lejos como las de los móviles y sufren más interferencias.

Wi-fi es “una amenaza y una oportunidad”, decía White de Comcast. “Si es gratuito pierdes ingresos. Pero si hay alguna forma de poner en práctica un modelo empresarial que funcione, genera oportunidades para nuevos productos y servicios, y un mayor crecimiento”.

Wi-fi es algo tan extraordinario –uno de los pocos resquicios de optimismo hoy en día en el ámbito de la tecnología-, que en la conferencia de Wharton se dedicó un panel a debatir su potencial.

“En IBM creemos que wi-fi es una tecnología revolucionaria, con enormes oportunidades y riesgo para los servicios vía satélite”, manifestaba Dan Papes, vice-presidente de la división por cable en América del Norte de IBM. “Ganamos unos 2.000 millones de dólares en servicios vía satélite el año pasado, y entre un 25-50% se relacionaron con wi-fi. Intel ya ha adoptado esta tecnología. Para finales de este año cada ordenador portátil tendrá capacidad wi-fi”.

Peter Stanfroth, director técnico para MeshNetworks en Maitland, Florida, lo expresó de una forma más sencilla: “Hemos dejado salir al monstruo de la jaula, y ahora tenemos que domesticarlo”.

Alguien con algo de know-how técnico “puede acudir a Radio Shack y por unos cuantos dólares, crear su propia red por cable”, explicaba. Ya han empezado a proliferar los puntos de acceso privados. Pero para que la tecnología wi-fi tenga amplia disponibilidad, aquellos que proporcionan líneas telefónicas y servicios por cable tendrán que adoptarla. Y todavía están estudiando cómo hacerlo, decía Naveen Dhar, vice-presidente de marketing y desarrollo empresarial en Mobility Network Systems en San José, California. “Hoy, la economía no hace posible que se pueda ofrecer de forma independiente”, decía. “Nadie está dispuesto a crear una red completa de 100.000 millones de dólares. Pero están dispuestos a ampliar las que ya tienen. Quieren obtener rendimientos de sus inversiones en dos años, no en ocho”.

En el ámbito de las redes privadas, la tecnología ya ha empezado a instaurarse, con gigantes como FedEx y BMW AG adoptándola, por ejemplo para ampliar sus redes internas. Tales aplicaciones suponen la mayoría de las ventas wi-fi de IBM, comentaba Papes.

Este tipo de utilizaciones hace que surjan ciertas preguntas sobre dónde acaban las redes wi-fi privadas y dónde las públicas, señalaba Ron Reich, director de inversiones estratégicas para el sector de redes por cable de Intel Capital, una división de Intel en Santa Clara, California. A medida que las empresas amplían sus redes privadas, empezarán a introducirse en los espacios públicos para comunicarse, por ejemplo, con los empleados que están de viaje o con personas de fuera de la empresa con las que se necesita compartir información. Esto hará más difuso el límite entre el wi-fi público y privado.

Los panelistas se mostraron de acuerdo en que son las empresas que ofrecen servicios vía satélite las que se enfrentan a la mayor competencia con la tecnología wi-fi, aunque no fueron capaces de encontrar consenso a la hora de decidir la gravedad del caso. Dhar -de Mobility- y Papes –de IBM-, consideraban a wi-fi como un complemento a los servicios por móvil, ya que ambas tecnologías tienen fortalezas y deficiencias. Las señales de los móviles llegan a más sitios –señalaba Papes-, pero wi-fi puede operar a mayor velocidad y normalmente es más barata, en especial si se utiliza dentro de un espacio cerrado. Dhar cree que wi-fi triunfará sobre los móviles dentro de los hogares y edificios, pero que los servicios por móvil seguirán dominando al aire libre.

Por el contrario, la predicción de Stanforth es que wi-fi prevalecerá en todos los ámbitos: “En pocas palabras, vienen malos tiempos para los teléfonos móviles”.

 

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