Brasil y la guerra de los índices de calidad de vida

La preocupación por las condiciones del desarrollo humano en las diversas regiones del mundo, especialmente en los últimos 30 años, viene siendo una constante frente a las profundas desigualdades. Tradicionalmente, la riqueza de los países se ha evaluado únicamente a partir del PIB, es decir, de su condición económica. Fue a partir de 1990, cuando las Naciones Unidas han comenzado a tomar como base otro indicador: el Índice de Desarrollo Humano (IDH), que permite comparar el nivel de desarrollo de los diferentes países. Hoy en día, el IDH se utiliza en 175 naciones de las 191 que forman parte de la ONU.

 

A partir de este indicador, la ONU ha lanzado una serie de metas con la intención de mejorar las condiciones de vida de las diversas poblaciones. Estas metas, que se prevén alcanzar en 2015, establecen parámetros para erradicar la extrema pobreza y el hambre, alcanzar la enseñanza básica universal, promover la paridad entre los sexos y la autonomía de las mujeres, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el SIDA, la malaria y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad ambiental, y establecer una alianza mundial para el desarrollo.

 

Para alcanzar estos objetivos, se establecieron unos estándares que permiten comparar  las diversas realidades encontradas en los 175 países de la lista. El IDH es un indicador bastante sencillo que toma en cuenta tres factores: la renta per cápita, el acceso a la educación y la expectativa de vida al nacer. “El IDH es demasiado sencillo, muy sintético, tiene varias limitaciones aunque consigue responder muy bien a su objetivo”, afirma Olinto Nogueira, coordinador del equipo de la Fundación João Pinheiro que elabora en Brasil el IDH-M, un índice de desarrollo humano en los municipios, adaptado a partir del IDH. Esta investigación se realiza en colaboración con el IPEA (Instituto de Investigación Económica Avanzada) y con el PNUD.

 

La Universidad Presbiteriana Mackenzie, a través de su Núcleo de Investigación en Calidad de Vida (NPQV) está elaborando el IEQV (Índice Económico de Calidad de Vida). A partir de una base de datos que tomará en cuenta un número mayor de factores, el IEQV pretende conseguir un análisis más profundo de los diversos elementos que afectan a la evolución del desarrollo humano. “La cuestión no es sustituir a ningún indicador (como el IDH), sino proporcionar una evaluación más amplia, porque nosotros estamos construyendo un índice a partir de una base de datos más extensa”, explica la profesora Roseli da Silva, coordinadora del Núcleo de Investigación en Calidad de Vida del Mackenzie.

 

La gran diferencia entre el IEQV y el IDH, por ejemplo, está en la cantidad de factores y variables que serán tenidos en cuenta a la hora de calcular el índice. Además de aspectos como la expectativa de vida y el nivel de acceso a la educación, el IEQV considerará el acceso a los bienes y a los eventos culturales, deportivos y de ocio, entre otros factores.

 

“En el caso del IEQV, nuestras investigaciones están avanzando en el sentido de que nosotros podemos medir no sólo los aspectos de salud, renta, educación, habitación y demografía, sino también otros aspectos que influyen bastante en la calidad de vida de los ciudadanos, especialmente si miramos el municipio de São Paulo, que es nuestro punto de partida”, explica Roseli da Silva. Las novedades de este indicador incluyen aspectos como la infraestructura urbana, las condiciones de la oferta de servicios públicos básicos (transporte público, número relativo de kilómetros de retenciones promedio por mes), la seguridad y la justicia, y variables asociadas al medio ambiente, como polución visual, ruido, manantiales…. “Es decir, es una base de datos mucho más extensa. La última gran área que queremos medir, junto con las grandes áreas que todos los otros indicadores recogen, son las variables relacionadas con la cultura, el deporte y el ocio, como la oferta de eventos públicos relacionados con el deporte, la promoción de shows y ferias que permiten que la población de baja renta tenga acceso a algún tipo de ocio”, añade Roseli da Silva.

 

Sin embargo, Da Silva puntualiza que “estas variables tendrán un peso relativo menos importante que las variables que ya son esencia de la producción de los indicadores de calidad de vida. El objetivo es que la gente conozca esas dimensiones, que los otros indicadores no incorporan”.

 

Inicialmente utilidad local

El hecho de que el IEQV se aplique, inicialmente, sólo en el municipio de São Paulo, hace inviable la composición de un cuadro comparativo entre ciudades como sucede con el IDH-M, que traza un ránking del desarrollo humano en todos los municipios de Brasil.  “La importancia del IDH es especialmente la de ser un índice municipal (el IDH-M), cosa que en esta primera etapa del proyecto no pretendemos hacer. Nuestro alcance inicial es apenas el del municipio de São Paulo”, aclara la profesora, aunque reconoce que su objetivo es que se transforme en un índice nacional.

 

La primera medición de datos del IEQV prevé ver la luz pública a fines de 2004. “El proyecto está construido en etapas. Inicialmente, trabajamos en la definición metodológica del indicador. Este proceso ya fue terminado a finales del año pasado. En este semestre estamos trabajando en la construcción de la base de datos. No vamos a hacer encuestas para recoger datos primarios sino que vamos a elaborar datos que ya han sido recolectados. Las fuentes básicas nunca van a cambiar. En realidad, vamos a darles un tratamiento diferente. Esas fuentes son las encuestas que el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas) ya realiza, las PNADS (Encuestas Nacionales por muestreo domiciliar, según sus siglas en portugués), las encuestas regulares de este Instituto, los censos que también sirven como base de informaciones para las ponderaciones de los indicadores que estamos construyendo y también informaciones de la Fundación SEADE”, detalla Roseli da Silva.

 

Olinto Nogueira considera positiva la iniciativa del Mackenzie, pero duda que este indicador pueda sustituir al IDH-M, producido por la Fundación João Pinheiro. En su opinión, para poder hacer una comparación fiel de los 5.560 municipios brasileños, el IDH-M considera como única fuente de datos el censo demográfico. Como el IEQV toma en cuenta otros factores que dependen de las encuestas locales para su composición, Olinto considera difícil que el índice llegue a ser nacional por el hecho de que no existan fuentes sistemáticas de datos que cubran todos los municipios del país.  “Es interesante que las personas hagan otros índices, pero son muy específicos, ya que difícilmente se consigue generalizar para todo el país. Ahora bien, para estudios de realidades específicas esto es positivo”, señala.

 

Él destaca que el trabajo más importante desarrollado a partir de los datos aportados por el IDH-M –elaborado con base en el censo 2000 en comparación con el censo 1991- ha sido la creación de un software que trae un mapa del desarrollo humano en Brasil. Con base en este software (que puede ser bajado de Internet a partir de los sitios de la Fundación João Pinheiro,  www.fjp.gov.br, o del IPEA – www.ipea.gov.br) se pueden trazar panoramas sobre cada uno de los municipios encuestados, considerando 120 variables diferentes. “Aquí es donde queremos llamar la atención. La ONU está desarrollando esta nueva forma de considerar la sociedad que se llama Desarrollo Humano. El IDH, realmente, es sólo una punta de nuestros estudios. Es el anzuelo para las personas. El software que nosotros desarrollamos es la puerta de entrada. A partir de él podrá tener acceso a más de 120 variables con las que podrán hacerse muchos diagnósticos y pronósticos”, afirma Olinto.

 

Por ejemplo, en el caso de que una persona esté interesada en saber como está la educación en un determinado municipio, y no atenerse sólo a los datos brutos del IDH-M, puede acceder al software y obtener informaciones en detalle. “Con el programa podemos ser más rigurosos (con relación a cada variable). Por ejemplo, se puede considerar como analfabeto a todo aquel que tenga menos de cuatro años de estudios, lo que es analfabetismo funcional o; si no, analizar cuál es el porcentaje de personas con menos de ocho años de estudios, lo que es analfabetismo fundamental, y aún así entender que los datos son muy malos”, evalúa.

 

“A pesar de que el nivel del IDH brasileño ha mejorado mucho en los 90, debido fundamentalmente a la educación, podemos notar que todavía falta mucho. Lo que se hizo en la década de los 90 fue poner a los niños en la escuela, pero tener a esos niños en la escuela no es garantía de que se tendrán adolescentes en la escuela”, nos explica Olinto. De esta manera, ofrece un ejemplo de lo que el software puede hacer posible en términos de diagnóstico de los problemas para que se tracen estrategias de combate contra las deficiencias que afectan a las diversas poblaciones.

 

Otro factor interesante que destaca Olinto es el término Belindia, acuñado en 1974 por el economista Edmar Bacha, para retratar la mala distribución de renta que existe en Brasil. En su opinión, este país está compuesto por una pequeña y rica Bélgica y por otra inmensa y pobre India. En el levantamiento de datos del IDH-M se llegó a la conclusión que las diferencias entre los municipios no son las más notables.

 

“Las desigualdades en Brasil no existen entre los municipios pero sí dentro de los municipios… La primera vez que calculamos el IDH, cuando analizamos el mejor municipio de Brasil, éste no llegaba a tener el IDH del mejor país de América del Sur, que por aquella época era Uruguay. Entonces pensamos: ¿No llaman al Brasil de Belindia? ¿Dónde están las Bélgica de Brasil? Bueno, lo que pasa es que las diferencias están dentro de los municipios. Entonces decidimos abrir un gran municipio por barrios y calcular el IDH por barrios… El primero que hicimos fue Belo Horizonte, dividido en barrios con un número mínimo de 5.000 habitantes… Y encontramos no una Bélgica (país que ocupa la sexta posición en el ránking mundial del IDH), pero sí un Canadá (octavo en la lista). Esto muestra lo perversa que puede ser la realidad brasileña: lo que realmente separa una Bélgica de una India puede ser apenas una calle”, recuerda Olinto.

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