De la tecnología vestible a los alimentos sostenibles: Competición de Planes de Negocios 2015 

La etapa final de la última Competición de Planes de Negocios de Wharton, que desde hace 17 años pone a equipos de estudiantes de toda la Universidad de Pensilvania frente a un panel de jueces, tuvo como resultado algo más que una gran diversidad de ideas.

Entre los ocho equipos finalistas de este año, que competieron por de más de US$ 128.000 en premios en dinero y servicios, cuatro fueron lideradas por universitarios. Tres fueron lideradas por mujeres y en uno de ellos había estudiantes del postgrado de Wharton que participaban en los programas de Filadelfia y de San Francisco.

Al final del día, los finalistas habían presentado, entre otras ideas, una tecnología vestible que identifica verbalmente lo que un descapacitado visual tiene frente a sus ojos; un sistema sostenible en que los desechos de un acuario son transformados en alimentos para plantas que producen frutas y verduras en el tejado de un supermercado, además de una colección de complementos de ropa y accesorios de lujo en que el diseño del forro es la creación de un artista conocido, o del propio usuario.

Este año la competición contó con 175 equipos y 537 participantes de diez facultades de la Universidad de Pensilvania. Más de 360 jueces participaron en la primera ronda de la competición. Los 25 equipos que llegaron a las semifinales fueron divididos en tres sectores: servicio de salud, tecnología y otros. Los ocho finalistas estaban representados por alumnos de grado y de postgrado de Wharton y por el programa de MBA ejecutivo de la institución, además de la Facultad de Ingeniería y de Artes y Ciencias de Pensilvania.

Los finalistas tuvieron diez minutos cada uno para convencer a los jueces, que representaban a CoVenture, Karlin Asset Management, DreamIt Ventures, Devon Hill Capital Partners, InSparq y ExamWorks Group, seguidos de diez minutos de preguntas sobre la presentación.

A continuación, en orden alfabético, las descripciones de los ocho planes de negocios finalistas. ¿Cuál de ellos escogería? Al final del artículo, compare su elección con las elecciones del panel de BPC [Competición de Planes de Negocios].

Bungalow Seguros: Tom Austin y Zack Stiefler, alumnos del MBA de Wharton, observaron la existencia de un vacío entre las compañías de seguros y la generación de los millenials [nacidos entre 1980 y un 2000], que son la próxima generación de clientes. Los millenials prefieren investigar y comprar seguros online, pero son con frecuencia derivados a agentes reales que, por su parte, les presentan planes inadecuados. Ellos observaron que la mayor parte de ese segmento (un 67%) vive en casas alquiladas y no tiene coche (un 55%), mientras que sólo un 37% de las personas que alquilan tienen pólizas de seguro adecuadas.

Con Bungalow Seguros, Austin y Stiefler proponen un uso más simple de los datos y el proyecto ayudará a capitalizar un mercado que, según ellos, ofrece mucha resistencia por parte de los consumidores más jóvenes. Los gestores de propiedades, observó la pareja, cada vez más exigen seguro a los arrendatarios y están educándolos para actuar en conformidad con los intereses de Bungalow.

La estrategia de corto plazo de la empresa consiste en integrarlo con servicios asociados.

“Todo lo que tiene que ver con el arrendatario —empresas de servicio por cable, empresas de mudanzas, cosas como ZipCar [servicio de coche compartido] y Uber— pueden ser socios en un intento de hacer que los arrendatarios adquieran una póliza de seguro”, dijo Austin.

Una estrategia que llamó la atención fue el pago del alquiler online. Durante la presentación, Austin mostró un prototipo de integración con una de las mayores empresas de pago de alquiler online del país. En el pie de la página, él dijo, “todo lo que hemos hecho ha sido incluir una casilla de selección al lado de una línea que dice: ‘Adquiera una póliza de seguro de arrendamiento por sólo US$ 10 al mes’. De esa forma se debería vender ese tipo de póliza. Con eso, se elimina la resistencia al proceso”. Del 30% al 50% de las personas investigadas por Bungalow dijeron que marcarían la casilla de selección.

Por último, Austin y Stiefler dijeron que creen en el potencial de los vínculos de largo plazo con los clientes que tienen como resultado ventas directas al consumidor en las cuáles el arrendatario se convierte en comprador.

Fever Smart: Cuando Collin Hill, alumno de grado de Wharton y uno de los fundadores de Fever Smart, tuvo que someterse a quimioterapia para combatir un linfoma de Hodgkin en estadio 4, él percibió la necesidad de hacer un seguimiento continuo de la temperatura del cuerpo.

Fue ese el ímpetu que lo llevó, junto con Aaron Goldstein, también estudiante de grado de Wharton, William Duckworth, estudiante de ingeniería de la Universidad de Pensilvania, y Becca Goldstein, graduada por la Universidad de Pensilvania en 2014, a crear Fever Smart. Un pequeño aparato electrónico —llamado Brain Unit [Unidad Cerebral]— se pone en el paciente por medio de una pegatina desechable. El aparato controla la temperatura del cuerpo y, por medio de un nanochip con Bluetooth, transmite los datos en tiempo real a una Unidad de Relé en la misma sala. La Unidad de Relé, aún no patentada, envía los datos a los servidores de Fever Smart. Los padres del paciente, o un profesional del área de salud, pueden usar cualquier aparato conectado a Internet para controlar las fluctuaciones de temperatura del paciente. Pueden también emitir alertas cuando la temperatura alcanzar niveles considerados inseguros.

La empresa fijó una meta de US$ 40.000 para su campaña de crowdfunding en Indiegogo. El montante obtenido fue de US$ 62.986. En los últimos seis meses, las ventas crecieron y llegaron a más de US$ 150.000. Con un coste de cerca de US$ 130 para la aplicación del aparato inteligente, el termómetro con Bluetooth y diez pegatinas —las pegatinas adicionales salen por cerca de US$ 8 o US$ 10— Goldstein y su equipo creen en la posibilidad de conseguir más ingresos con la utilización de modelos de suscripción y compras por parte de instituciones que atenuarían el volumen de demanda de empleados en los centros de salud.

FOCUS Foods: Con el crecimiento de la población mundial —que debería superar los nueve mil millones alrededor de 2040— la sostenibilidad de las fuentes de alimentos orgánicos está cada vez más amenazada. La agricultura representa más del 80% de la utilización del agua potable y las noticias de sequías generalizadas dominan los titulares. Julia Kurnik, estudiante de MBA de Wharton, presentó una solución que podría reducir los costes de agua en un 95% y eliminar completamente la necesidad de usar fertilizantes y pesticidas: la acuaponía, que combina la agricultura sin suelo (agricultura hidropónica) y cría de peces (acuicultura) en un sistema de control prácticamente cerrado. Los desechos de los peces son bombeados a un sistema hidropónico donde las bacterias los rompen en nitratos y nitritos que servirán de alimento para las plantas. Eso filtra el agua, que vuelve a los tanques de peces.

“Estamos trabajando con cosas que ya funcionan”, dijo Kurnik, “con la diferencia de que las estamos combinando de nuevas maneras”.

La acuaponía es un método comprobado, rico en proteínas, de cultivo de productos agrícolas y de cría de peces, pero la idea de FOCUS Foods es llevar ese sistema al tejado de los supermercados. La utilización de invernaderos permite cosechar frutas, verduras y criar peces todo el año. Los costes financieros y ambientales de transporte y distribución, de esa manera, se eliminan prácticamente.

Kurnik y su socio, Geoff Becker, están asociados con Brown’s Super Stores, que opera una cadena de ShopRites en el Gran Filadelfia. Ella calcula que la construcción de un sistema para un tejado de 5.600 m2 costaría cerca de US$ 400.000. (Un prototipo de menor tamaño funciona desde febrero en un supermercado de la cadena). Por último, el objetivo de FOCUS Foods es la construcción de granjas autosostenibles que ofrezcan productos agrícolas y peces a restaurantes que trabajen con alimentos de la granja directamente a la mesa.

KidFoods: Una disminución del 30% del tiempo dedicado al cuidado de los hijos y el trabajo doméstico. Un incremento del 50% en el número de madres que trabajan. Un aumento del 40% de la demanda de alimentos saludables, frescos y naturales.

Juntos, esos factores, tal y como fueron presentados por los alumnos de MBA de Wharton Rishi Reddy, Neil Vangala y Jessica Winschel, representan, en parte, un mercado de alimentos de US$ 30.000 millones enfocado en el público infantil. La solución propuesta por los estudiantes es KidFoods, un servicio por suscripción que, cada domingo por la noche, por US$ 60, hace la entrega de cuatro comidas y dos meriendas ideados por un chef particular y nutricionista.

Los diseños del menú funcionan con temas —la Semana de la Geometría, por ejemplo, ofrece una variedad de alimentos organizados por formas— y son dirigidos a las madres con hijos de 3 a 12 años. KidFoods, dijo Winschel, está en contacto con los principales blogueros de la región de Filadelfia. El potencial de los vínculos con los formadores de opinión de la comunidad, entre ellos asociaciones de padres y maestros y, posiblemente, escuelas en general, llevó el trío a un pronóstico de que 275 clientes asiduos generarían un total de US$ 1 millón en ventas.

Prayas Analytics: Minoristas online como Amazon saben todo sobre sus clientes, dijo Yash Kothari, estudiante del último año del programa de graduación de Wharton. Junto con Pranshu Maheshwari, también alumno del último año de Wharton, Kothari fundó Prayas Analytics, para que el comercio físico también pudiera tener acceso a datos semejantes.

“Queremos cuantificar toda la tienda”, dijo Maheshwari. “Imagine si tuviera el equivalente offline de un historial de navegación online. Si supiera que los clientes 1, 2 y 3 hicieron ese o aquel trayecto en la tienda, examinaron estos tres productos y, al final, compraron este cuarto producto, esa sería una información increíblemente útil que el comercio no tiene en este momento, al contrario de sus compañeros online que sacan enorme provecho de ella”.

Prayas usa un software para analizar el contenido de las cámaras de seguridad ya instaladas, reuniendo continuamente datos sobre, entre otras cosas, el tamaño de las colas, velocidad del servicio y abandono de compra por parte del cliente. Después de una semana utilizando un programa piloto, una tienda descubrió que las instalaciones de organizadores de colas disminuía en un 33% el número de clientes que desistían de hacer compras.

“Mejor aún, y más allá de su uso en el comercio”, dijo Maheshwari, “la tecnología que estamos desarrollando para el análisis y el procesamiento de imágenes los podrá ayudar a analizar datos en otras industrias, transporte, salud y hasta en el ámbito del Gobierno. Ese es para nosotros el inicio de un movimiento para cuantificar el mundo offline de la misma forma en que el mundo online ha sido cuantificado”.

Silver Lining: Anunciada como “vestuario complementario para optimistas”, las ropas y accesorios clásicos de esa empresa tienen forros creados en asociación con artistas consagrados. Cuarenta por ciento de las chaquetas de Silver Lining consisten en “cáscaras” no acabadas en las cuáles los forros personalizados, impresos digitalmente, se pueden instalar con el mínimo de trabajo.

La líder del equipo, Rel Lavizzo-Mourey, estudiante de MBA de Wharton en San Francisco, es la fundadora y diseñadora de Silver Lining. El 6% del beneficio bruto de la empresa destinado al compromiso con la educación artística hace referencia a la formación de la fundadora, Lavizzo-Mourney es graduada de Princeton en políticas educativas y artes visuales. La empresa, de la cual forman parte Miriam Williams y Pav Dharwarkar, estudiantes de MBA de Wharton (San Francisco), concluyó su primera ronda de producción para atender a más de US$ 28.000 en pre-ventas, una campaña exitosa por parte de Kickstarter y US$ 5.000 en ventas recientes en una tienda temporal [pop-up store] se tradujeron en pedidos para la empresa de chaquetas por valor de US$ 610 de media.

Silver Lining está apuntando al mercado de lujo y prevé márgenes brutos medios del 65% para una meta de cuota total de mercado de cerca de US$ 1.000 millones.

Soceana: Mucho antes de fundar Soceana, una plataforma de tecnología que ayuda a las empresas a gestionar y a promover la responsabilidad social corporativa, Tess Michaelis había trabajado como voluntario en hospitales, en comedores sociales y refugios para sin techo. Sus intereses, sin embargo, muchas veces no coincidían con las tareas que le eran atribuidas. Ella no se sentía realizada.

Ahora, en el último año del programa de grado de Wharton, Michaelis quería crear un mercado para el bien social, de manera que se unieran las principales cuatro partes interesadas: empresas, organizaciones sin fines lucrativos, filántropos y voluntarios. Algunas personas, dijo, prefieren donar su tiempo; otras, dinero. La “philas”, moneda social digital de Soceana, aún no patentada, y que Michaelis describe como “millas aéreas del bien social”, funciona de forma intercambiable con las dos opciones señaladas.

Los donantes pueden hacer promesas con unas condiciones que tendrán que cumplir los voluntarios. Cada voluntario gana una cuantía de philas por cada hora de servicio prestado. Él puede entonces adjudicar las philas a una institución de caridad, liberando de ese modo los fondos prometidos. El objetivo es crear un efecto multiplicador para cada donación y hora de trabajo voluntario. (En su investigación, Michaelis constató que una hora de trabajo voluntario equivalía a US$ 22,55).

Eric Ly, uno de los fundadores de LinkedIn, forma parte del grupo de asesores de Soceana. En marzo de 2015, la empresa ya había atraído US$ 250.000 de los inversores de impacto social. Los socios estratégicos incluyen la empresa IBM y VolunteerMatch, que facilita el contacto entre siete millones de voluntarios y 102.000 instituciones sin fines de lucro.

ThirdEye: “Con el tiempo”, dijo Rajat Bhageria, alumno del primer año de ingeniería eléctrica, “los discapacitados visuales aprenden a volverse dependientes de los demás. Por eso creen que no pueden ser independientes”.

Bhageria —junto con Ben Sandler, compañero también del primer año de la Universidad de Pensilvania, David Ongchoco y Joe Cappadona— es uno de los fundadores de ThirdEye, una aplicación para Google Glass que proporciona feedback verbal sobre cualquier cosa que esté delante del usuario cuando él dice: ‘Gafas, reconozcan esto”.

Los cuatro fundadores, junto con La Federación Nacional de Invidentes, presentaron un breve vídeo en que una persona que está usando el producto recibe el cambio de una compra realizada. Él lo pone delante del visor de la cámara y solicita el reconocimiento. “Procesando”, dice una voz femenina. “Un billete de cinco dólares americanos”.

“El cambio no está bien”, dice el usuario impasible. Mucha gente de la audiencia rió en ese momento.

El humor es uno de los componentes fundamentales de la estrategia del equipo de ThirdEye, ellos concluyeron la presentación diciendo que darían un Google Glass al público. Más tarde, durante los dos minutos en que resumieron los objetivos de la empresa para el Michelson People’s Choice Award, rieron y dijeron a la audiencia que no habría ningún presente, ya que eran sólo pobres estudiantes universitarios.

Pero ThirdEye tenía un público específico en mente: los cerca de siete millones de invidentes de EEUU, un número que aumenta en cerca de 200.000 al año y representa más de US$ 41.100 millones gastados al año en tecnologías de apoyo. Un estudio clínico realizado este verano será el preludio de una campaña en Kickstarter.

Cuando un juez preguntó sobre los posibles mercados además del mercado de discapacitados visuales, Bhageria dijo que los recursos de ThirdEye atraerían sectores totalmente distintos. “A largo plazo”, dijo, “tal vez después de dos o tres años, esperamos separar el concepto de ThirdEye de fabricante de gafas inteligentes con visión por ordenador del ThirdEye como producto para el descapacitado visual. Esto porque en cuanto tengamos el primero, podremos crear aplicaciones para fines militares y reconocimiento facial, reconocimiento de fluidos y de medicamentos”.

Y el vencedor es… 

Bungalow Seguros recibió el Perlman Grand Prize, lo que incluye US$ 30.000 y posibilidades de representar a la Escuela Wharton/Universidad de Pensilvania en otras competiciones de planes de negocios. Austin dijo que la empresa planea usar el dinero para crecer fuera de Pensilvania.

El segundo premio (US$ 15.000) fue para Fever Smart. Goldstein dijo que el premio permitirá a la empresa seguir reforzando su producción. “Tuvimos un crecimiento rápido”, dijo él, “y vamos a usar ese dinero para facilitar ese crecimiento”. Fever Smart también venció el Gloeckner Award (US$ 10.000), que premia al equipo con miembros de ranking más elevado y que esté compuesta de, por lo menos, un 50% de estudiantes universitarios. Soceana quedó en tercer lugar (US$ 10.000). “La empresa obtuvo capital de inversores de impacto social”, dijo Michaelis, “por lo tanto, para nosotros, BPC fue una oportunidad de aprendizaje, mentoría y reconocimiento entre otras startups de la Universidad de Pensilvania. Vencer el BPC también nos abrió el camino para unirnos al Programa de Iniciación a Iniciativas de Riesgo de Wharton dando un impulso más a Soceana”.

Cada uno de los tres ganadores principales recibirá hasta US$ 10.000 en servicios jurídicos y US$ 5.000 en servicios contables. ThirdEye venció el Michelson’s People’s Award (US$ 3.000) y el Premio de la Comisión por el Proyecto Más Radical (US$ 1.000).

El Premio de impacto Social de Wharton (US$ 10.000) fue para la semifinalista Cure Accelerator. Los premios de la Comisión, de US$ 1.000 cada uno, fueron para las semifinalistas My Best Friend’s Weekend (Mejor Plan de Negocios) y WeTrain (Elección de la Comisión).

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"De la tecnología vestible a los alimentos sostenibles: Competición de Planes de Negocios 2015 ." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [30 junio, 2015]. Web. [26 May, 2019] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/de-la-tecnologia-vestible-a-los-alimentos-sostenibles-competicion-de-planes-de-negocios-2015/>

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"De la tecnología vestible a los alimentos sostenibles: Competición de Planes de Negocios 2015 " Universia Knowledge@Wharton, [junio 30, 2015].
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