De vacunas a queso: el poder de la cadena de frío

Más de dos millones de personas mueren todos los años de enfermedades que podrían ser evitadas por medio de vacunas que ya existen contra esas enfermedades. El desafío no es tanto la escasez de oferta de esas vacunas, sino el hecho de que necesitan conservarse refrigeradas desde el lugar de fabricación hasta el punto de distribución y hasta los usuarios finales en localidades remotas donde no se dispone de electricidad lo suficientemente confiable para conservarlas frescas.

La industria de vacunas es sólo uno de los varios sectores en que el mantenimiento de la integridad de la cadena de frío es fundamental para garantizar la seguridad y la eficacia de bienes de alto valor, observa Harvey Rubin, profesor de Medicina de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania. Aunque el consumidor del mundo industrializado muchas veces ni siquiera se dé cuenta, la buena gestión de la cadena de frío es fundamental para la fabricación y distribución de medicamentos, el servicio de productos alimenticios (para restaurantes, hospitales y otras instituciones) y para los productos de alto valor como alimentos congelados, carnes, frutas y pescados. El mantenimiento de la integridad de la cadena de frío juega también un papel vital en los esfuerzos de adecuación a las regulaciones severas de seguridad para los alimentos y los medicamentos.

De forma reciente, la gestión de la cadena de frío se ha convertido en un negocio tan rentable que algunas empresas de private equity están aumentando su participación en algunos grandes proveedores de gestión de cadena de frío de terceros. ¿Están rondando las OPV a algunas de esas empresas?

Eslabón perdido

Según dice Rubin, “la historia de la vacuna es sólo una pequeña parte de la cadena de frío , y la historia de la cadena de frío es sólo una parte pequeña de la cadena de abastecimiento”, que permite a muchas empresas aumentar su productividad a medida que atienden las necesidades de clientes en localidades cada vez más remotas del mundo. Rubin es director de Energize the Chain, una empresa sin fines de lucro de Filadelfia cuyo objetivo es “resolver el eslabón perdido de la distribución de vacunas entre los más pobres del mundo” a través de la creación de “una infraestructura económica y tecnológicamente sostenible de transporte y almacenamiento eficaz de vacunas”. ¿De qué modo? Aprovechando el potencial energético de las torres de telecomunicaciones encontradas en muchas de las localidades remotas en las cuáles la refrigeración es escasa.

De momento, Energize the Chain [“EtC”] tiene 110 locales de ese tipo en funcionamiento en Zimbabue y otros 100 más previstos para el año que viene. En la India, un proyecto semejante se lanzará en breve. “Ese [proceso] requiere mucha elaboración de mapas GIS (Sistemas de Informaciones Geográficas, en sus siglas en inglés) para la localización de las torres de móviles y contrastar esa información con la localización de clínicas de salud. A continuación, se buscará la optimización de la instalación de los sistemas de refrigeración”, de manera que puedan alimentarse de la energía no utilizada de esas torres, observa Rubin. “Tenemos también una fundación localizada en Sudáfrica que nos ayudará a llevar adelante el proyecto”.

La EtC permitió que 250.000 niños fueran vacunados en Zimbabue, pero ese es sólo el comienzo de algo mucho mayor, dice Rubin, que es también director del Instituto de Análisis y de Respuesta a Amenazas Estratégicas (ISTAR, en sus siglas en inglés) de la Universidad de Pensilvania, especializado en las cuestiones científicas y técnicas que amenazan la seguridad internacional. “Hay cerca de diez millones de niños que son vulnerables en partes muy remotas del mundo. Me gustaría, si las cosas fueran bien, llegar a entre dos tercios y tres cuartos de esos niños. Si consiguiéramos hacerlo, eso sería para mí un tremendo éxito”.

Las vacunas son sólo uno de los numerosos productos relacionados con la salud que pueden beneficiarse del nuevo enfoque de la EtC para la creación de una infraestructura de cadena de frío en las regiones más remotas. Según dice Rubin, “hay otras varias cosas que necesitan ser mantenidas refrigeradas; por ejemplo, algunos medicamentos que paran la hemorragia post-parto, un recurso que salva vidas en muchas partes del mundo. Incluso la insulina necesita ser refrigerada y administrada todos los días. Nuestra solución no será muy útil en Nairobi, por ejemplo, o en Bangalore, [u otras ciudades] donde no hay energía suficiente. Sin embargo, será importante en las partes más remotas del mundo” donde cantidades considerables de población de baja renta —incluso en economías emergentes como Brasil y China— no tienen acceso a instalaciones refrigeradas confiables y seguras.

Rubin prevé el surgimiento de otros tipos de vacunas, tal vez incluso contra el HPV (virus del papiloma humano), cuyo uso podría ser más común en todo el mundo. “¿Quién sabe? Puede ser que surja hasta una vacuna contra la malaria, o incluso contra el VIH. Por eso tenemos que estar listos a medida que la industria vaya desarrollando vacunas más nuevas y más eficientes. Las personas ya hablan de una vacuna contra el cáncer; son muchos los tipos de vacunas que van a aparecer […] Siempre habrá necesidad de una [cadena de frío], pero no sólo para vacunas; otros medicamentos también necesitarán usar parte de ella”.

Asociaciones público-privadas

La creación de una cadena de abastecimiento confiable y segura en el mundo en desarrollo, e incluso en los países de renta media, es un problema de enormes proporciones que, probablemente, será objeto de interés de entidades con y sin fines lucrativos. “Estamos sólo en la etapa inicial de la elaboración de un proyecto que analizará efectivamente lo que sea necesario en lo referente a la cadena completa de abastecimiento en los países de renta media y baja”, observa Rubin. “Sabemos que a la industria farmacéutica le gustaría mucho poder despachar su producto, pero incluso en países de renta media esas empresas tienen dificultades”.

Rubin añade que las iniciativas de la EtC en Zimbabue ofrecen “un ejemplo muy bueno de asociación público-privada con una ONG” en una época en que las Naciones Unidas hicieron de esas asociaciones un núcleo importante de esfuerzos para la consecución de los últimos Objetivos de Desarrollo del Milenio, que van desde la reducción a la mitad de las tasas de pobreza extrema al fin de la propagación del VIH/SIDA, además de la oferta universal de educación primaria, todo eso en 2015, según el plazo establecido. “Los países, en general, saben que el sector privado puede ayudar a la resolución de algunos de esos problemas relacionados con la cadena de abastecimiento —sobre todo con la cadena de frío—, y que el sector público es importante, pero que ninguno de ellos sólo basta para resolver el problema”.

En el caso de la EtC, dice Rubin, “el sector privado son los empleados de las torres de móvil, y el sector público, el ministerio de salud. Antes de nuestro proyecto, ellos no tenían motivo alguno para conversar; ahora, lo tienen”. En Zimbabue, el socio del sector privado es Econet Wireless, proveedor global de servicios de telecomunicaciones liderado por Strive Masiyima, su fundador y presidente, nacido en Zimbabue. “Estamos reuniendo todo lo que aprendimos en Zimbabue, y estamos montando kits de herramientas. Haremos un estudio de impacto sobre la salud y otro de optimización, y propagaremos esa solución por África. Será ligeramente diferente en cada país”.

Las asociaciones público-privadas pueden solucionar numerosos problemas distintos, añade Rubin, “pero tendremos que ser muy creativos respecto a la manera de incentivar al sector privado, y también respecto a la manera en que garantizaremos al sector público que esa será una solución a largo plazo”.

El peligro, dice, es que el proyecto puede ser percibido como una solución aislada, “en que algunos buenos samaritanos se retiran” después de la conclusión del proyecto y toda la solución desaparece. Rubin observa que empresas de África, India y de otros lugares reconocen, cada vez más, el valor de potenciar su imagen de responsabilidad social corporativa asociándose a los proyectos de cadenas de frío. En Zimbabue, Econet usa grandes carteles para anunciar su asociación con el proyecto EtC.

En la mesa de cenar

No hace mucho tiempo, incluso en el mundo desarrollado el desconocimiento de la importancia de la cadena de frío era general. Corey Rosenbusch, presidente y consejero delegado de Global Cold Chain Alliance, dice que “durante mucho tiempo, muchos consumidores no entendían de dónde venían sus alimentos”. La Asociación de Rosenbusch reúne a International Association of Refrigerated Warehouses (IARW), a World Food Logistics Organization (WFLO), a International Refrigerated Transportation Association (IRTA) y a International Association of Cold Storage Construction (IASC). Incluso hoy en día, “el público, en general, no comprende muy bien de dónde vienen sus alimentos”. “Creo”, dijo Rosenbusch, “que eso está cambiando rápidamente, lo que es bueno, pero tiene también puntos negativos, ya que hay mucha información de mala calidad por ahí”.

Para ilustrar este punto, Rosenbusch cita anuncios que insisten a la población para que coma sólo alimentos “frescos”. “Comer alimentos congelados es malo para usted o no tan saludable, eso se ve en los anuncios; la red Wendy’s hace propaganda de su carne de hamburguesa siempre fresca, jamás congelada. Vemos también personas preocupadas por consumir verduras locales compradas a agricultores cercanos”, observa Rosenbusch. “La realidad es que el producto congelado, en muchos casos, es una opción más saludable y más nutritiva para el consumidor, porque la mayor parte de las procesadoras de verduras, después de la cosecha, embalan el producto congelándolo de forma inmediata y reteniendo, de ese modo, su contenido nutricional. Cuando llega a su casa, se encuentra con una verdura recién cosechada con el mayor contenido posible de valor nutricional, a diferencia de lo que ocurre con algo que puede haber sido cosechado en el lugar, pero que tarda días hasta llegar al mercado. A medida que la verdura continúa viviendo y respirando, pierde su valor nutricional”.

La cadena fría no tiene que ver sólo con el mantenimiento de las cosas a bajas temperaturas; tiene que ver también con mantenerlas a la temperatura ideal. “En invierno, muchos camiones refrigerados se calientan hasta la temperatura ideal para que las bananas y las lechugas frescas duren más tiempo después de llegar a las estanterías”, explica John Haggerty, vicepresidente de Burris Logistics, que opera una de las mayores redes de distribución de alimentos a temperatura controlada de EEUU. La cadena fría permite también que algunas cadenas líderes de supermercados desarrollen productos alimenticios más sofisticados y de alto margen de beneficio. En Rochester, Nueva York, Wegmans Food Markets construyó una “affinage” [local para la maduración de queso] puntera de millones de dólares, que se comenta sería la primera de ese tipo en una cadena de EEUU. Esa operación requiere siete “cubas” rigurosamente controladas para el envejecimiento del queso y que están repartidas por el complejo alimenticio de 1.142 m2 donde varias salas de envejecimiento de paredes blancas y piso de hormigón están llenas de estanterías de quesos en lotes para pruebas y que serán despachados a 83 tiendas de Wegmans en todo el noroeste del país. El objetivo es producir queso lo más fresco posible.

El Private Equity llama a la puerta

Durante décadas, a medida que la cadena de frío crecía en importancia, pasó totalmente desapercibida para los inversores corporativos, permaneciendo en las manos de las familias que habían fundado y construido las empresas prestadoras de servicios de gestión de cadena de frío a terceros, tales como almacenes y transporte refrigerados. Según explica Rosenbusch, “las barreras a la entrada en ese sector son increíblemente elevadas porque el activo es de alto valor: edificios inmensos [almacenes] y grandes flotas que, por norma, se concentran en terrenos muy caros, ya que el objetivo es la distribución de alimentos a centros poblacionales y consumidores”.

En años recientes, sin embargo, personas ajenas al sector comenzaron a prestarle atención. “Hubo un crecimiento tremendo en nuestra industria”, observa Rosenbusch. Después de la última recesión, “observamos que muchos productores y procesadores de alimentos eran bastante conscientes de su balance patrimonial y de cómo habían usado su capital. Su competencia principal era la producción de alimentos, y ellos quieren asegurarse de que están tomando todo su capital y lo están reinvirtiendo para entender al consumidor, multiplicando los SKUs [unidades de almacenamiento] y ampliando el volumen de productos y de embalajes. Lo que no quieren hacer es tomar ese capital e inyectarlo en una actividad de capital intensivo, es decir, en una cadena de frío [almacenaje y distribución], lo que no genera ingresos, y es casi siempre un centro de coste”. Para un número cada vez mayor de empresas, “la medida financiera más sabia consiste en subcontratar su cadena de frío, de manera que puedan alcanzar las economías de escala de numerosas instalaciones de producción” que acaban en un pequeño número de centros distribuidores.

En los últimos tres a cinco años, ha habido “una explosión de entrada de private equity en nuestra industria”, añade Rosenbusch. “Somos muy atractivos; tenemos activos; tenemos inmuebles; tenemos un flujo de caja excelente, de manera que una empresa de private equity puede conservar un activo por un cierto periodo y observar su valorización con el tiempo”. Tres de las cinco mayores empresas de la Global Cold Chain Alliance están hoy en manos de empresas de private equity, dice Rosenbusch.

Rosenbusch dice que la llegada de más empresas de private equity “obligará a una consolidación” en la cadena de frío, a medida que las operaciones familiares situadas en un único lugar sean compradas, y los propietarios de las generaciones más antiguas vendan sus partes. “Lo más probable es que el resultado final sea una OPV o, en algunos casos, la venta a otra empresa de private equity”.

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