Disney pierde su magia en el proceso de sucesión

Si la empresa Walt Disney fuese a hacer una película de su propia historia de gobernabilidad corporativa y liderazgo ejecutivo, el consejero delegado de Disney Michael Eisner, ¿sería un encantador personaje como Shreck, o un tipo malo, como Scar en El Rey León, que se alía con las hienas y destroza el paraíso? La historia de la empresa, ¿tendría un final feliz, donde la independencia de los directores corporativos está asegurada, o seguirían siendo un grupo pasivo con escasa influencia en la dirección de la empresa?

 

Después de años de polémica acerca de los conflictos de interés entre los miembros del consejo, las luchas por el poder y ciertas maniobras corporativas, estas cuestiones siguen sin respuesta, a pesar de la cantidad de comentarios y especulaciones que circulan sobre las intenciones de jubilación de Eisner, afirman varios expertos en gobernabilidad.

 

Un nuevo capítulo de esta saga dio comienzo hace unas semanas cuando el consejo de administración de Disney anunciaba sus planes para reemplazar a Eisner el próximo junio y también buscar un nuevo presidente. Estas declaraciones mostraban cierto progreso en la cuestión de la sucesión -un asunto que ha irritado a la empresa durante más de un año-, aunque todavía quedan preguntas sin respuesta.

 

Eisner, uno de los consejeros delegados más polémicos del país, ha dicho que dimitirá de su cargo en 2006. En una entrevista para la revista Fortune, va incluso más allá y comenta que “se supone que yo no voy a continuar en el consejo ni tampoco como presidente”. Pero otros artículos publicados en Los Angeles Times dicen que Eisner está apoyando activamente al ejecutivo de Disney, Robert Iger, para que sea su sustituto, intentando así tener una gran influencia en la selección de su sucesor, igual que hizo Jack Welch en General Electric. Además, esas fuentes sugieren que Eisner quiere continuar en el consejo, posiblemente como presidente, puesto que ahora ocupa el antiguo senador de Maine George Mitchell.

 

Asimismo, el consejo de administración de Disney afirmaba que no tenían ningún problema en que Eisner continuara en su puesto hasta que su contrato finalizara dentro de dos años, aunque también mencionaba que posiblemente Eisner se iría antes. “Continuará siendo consejero delegado durante el tiempo que el consejo de administración considere adecuado hasta que el nuevo consejero delegado tome posesión de su cargo”, declaraba el presidente del consejo Mitchell de acuerdo con la noticia dada por CNNmoney. El consejo sostenía que Iger sería el único candidato interno que competiría por el cargo contra un número de candidatos externos indeterminado hasta la fecha.

 

El nuevo consejero delegado necesita tener las manos libres

Independientemente de como se desarrolle el guión, los expertos en gobernabilidad corporativa están de acuerdo en que éste es un momento crucial para Disney. Por un lado, si persiste la incertidumbre sobre la permanencia de Eisner, podría de hecho inhibir el proceso deliberativo del consejo de administración para evaluar y, si fuera necesario, formular una nueva dirección estratégica para Disney, explica la experta en temas de sucesión de Wharton Elizabeth E. Bailey. El consejo podría decidir que la empresa no sólo necesita una nueva dirección estratégica –como fue el caso en Hewlett Packard e IBM cuando contrataron a Carly Fiorina y a Lou Gerstner respectivamente–, sino que también necesita una nueva imagen pública y una nueva personalidad para resolver las divisiones, tal y como hizo la Time Warner en su etapa post-AOL, añade Bailey.

 

La empresa Disney, con sede en Burbank, California, tiene alrededor de 120.000 empleados en sus principales divisiones, incluyendo la cadena de televisión ABC y los parques temáticos de Disney. La empresa obtenía 27.100 millones de dólares en ingresos durante 2003 y sus beneficios fueron de 1.300 millones de dólares. Los pobres resultados financieros de la empresa durante estos últimos años reflejan los desalentadores rendimientos de algunas de sus películas y una asistencia menor de la esperada a sus parques temáticos, especialmente después del 11 de septiembre. Los críticos afirman que parte del problema se debe a la pasividad del consejo de administración, el cual ha aprobado mecánicamente los planes de Eisner durante las dos décadas que ha estado al mando.

 

Otra consideración aparte es que los candidatos externos a consejero delegado de Disney deben estar seguros de que Eisner va a desaparecer del consejo de administración cuando llegue el momento, dejando libertad al nuevo ejecutivo para que dirija la empresa, apuntan los expertos. Ya existe un alto grado de escepticismo en la industria de los medios de comunicación y entre los inversores sobre el grado de independencia del consejo de administración de Disney y cuál será su grado de firmeza para insistir en la marcha de Eisner. No está claro como han cambiado las cosas las declaraciones de hace unas semanas, aunque las noticias del The Wall Street Journal mencionan que cuando se le preguntó a Mitchell  si Eisner permanecería en el consejo después del 2006, éste hizo referencia a las declaraciones de Eisner para la revista Fortune: “En lo que se refiere al consejo, esto es el fin”.

 

No obstante algunos no tienen muy claro qué esperar. “Si Eisner se queda y en dos años acaba siendo presidente, volveremos al mismo punto de partida”, dice Charles Elson, director del Centro John L. Weinberg de Gobernabilidad Corporativa, en la Universidad de Delaware. “Se trataría de un intercambio de títulos sin ningún cambio real en liderazgo”, afirma añadiendo que a pesar de las declaraciones de Mitchell, todavía cree que es necesario “clarificar” cuál es la posición de Eisner en el consejo de administración.

 

Realmente algunos candidatos externos, como la respetada consejera delegado de eBay, Meg Whitman, ya han hecho público que no están interesados en el puesto de Disney. Otros candidatos externos que no han sido tan explícitos como Whitman son el ejecutivo de News Corp., Peter Chernin y Terry Semel, de Yahoo. La decisión de Eisner de advertir su marcha con dos años de antelación parece ser un periodo de tiempo demasiado largo, y podría haber sido diseñado para alejar a Eisner de las demandas de los críticos para que se vaya pronto, sugieren algunos. Pero no es inusual que una empresa sepa con dos años de antelación que su consejero delegado se marcha, ya que muchas empresas contemplan el retiro obligatorio a los 65 años. Eisner cumplirá 64 en 2006.

 

Muchos recibieron la noticia de la marcha de Eisner con un respiro de alivio. La lucha entre él y sus detractores ha resultado ser cara y agotadora para el público y para Disney. Un sorprendente 43% de los accionistas de la empresa apoyaron a Eisner durante la reunión anual de accionistas de marzo de 2004, que tuvo lugar en Filadelfia, cuando se decidía si Eisner debía ser renovado en su cargo. En respuesta al voto de no-confianza, Eisner renunciaba al puesto de presidente pero mantenía el control de la empresa como consejero delegado. No obstante, sus detractores juraron a partir de ese momento presionar más hasta lograr la salida de Eisner.

 

El factor Mitchell

Parece que sus esfuerzos han dado fruto. La jubilación de Eisner en 2006 parece una salida elegante para el ejecutivo y un buen cierre para la empresa. Pero nada es sencillo en Disney. Por ejemplo, Mitchell, el presidente de Disney, alcanza el próximo año la edad obligatoria de jubilación (72 años), según noticias de Los Angeles Times. El consejo podría votar para permitirle continuar más tiempo, si ese es su deseo. Pero Mitchell declaraba que dejaría la presidencia del consejo en 2006. Mitchell si sale reelegido en 2005. Mitchell ya ha mencionado que desearía ocupar un alto puesto de la administración de Kerry –en caso de que Kerry gane las elecciones–, un cargo que posiblemente obligue a Mitchell a renunciar a sus obligaciones en el consejo de administración de Disney.

 

Mientras, hay bastante gente que considera a Mitchell el único contrapeso a Eisner, en parte porque ha dado pasos para que el consejo de administración sea más independiente. Entre los miembros que han dejado recientemente el consejo de administración de Disney está el abogado personal de Eisner, su arquitecto y el director del colegio de sus hijos.

 

Mitchell, que ha estado trabajando para ABC, división de Disney, en las oficinas de Nueva York, menciona que la presidencia es más de lo que esperaba cuando aceptó el cargo; es el equivalente a un trabajo de tiempo completo. Tiene una estrecha relación con Eisner, pero insiste que las decisiones que tome serán por el bien de los accionistas.

 

Según Robert Mittelstaedt Jr., decano de la Escuela de negocios W.P. Carey de la Universidad de Arizona, el comportamiento pasado de Eisner y del consejo de administración de Disney hace que la gente sospeche. “Los inversores y otras personas se preguntan, ¿qué se esconde detrás de la cortina? Podría ser legítimo… Por otro lado, es difícil de creer que no exista un plan secreto detrás de todo esto”, comenta Mittelstaedt, que fue entrevistado antes de las declaraciones pronunciadas por Mitchell.

 

En lo que se refiere a la posibilidad de que Eisner se quede en el consejo, “casi todo el mundo está de acuerdo en que tener un consejero delegado jubilado en el consejo de administración es una mala idea”, señala Mittelstaedt. “Es algo que ocurre, pero no considero que sea una buena práctica. Queremos que el nuevo consejero delegado haga su trabajo lo mejor posible sin estar vigilado por el antiguo consejero. La responsabilidad última del consejo es contratar y despedir al consejero delegado”.

 

Bailey sugiere que el posible puesto que ocupará Eisner en el consejo tras su jubilación como consejero delegado no debería de ser tema de conversación”. En los consejos de administración de las grandes empresas generalmente se acepta que cuando un consejero delegado se retira o dimite, debe entregar una carta de renuncia al consejo, el cual puede decidir aceptarla o pedirle que continúe en el cargo. El consejo de administración de Disney “necesita examinar con detenimiento qué habilidades debe tener el nuevo consejero delegado”, dice Bailey. “No se busca una persona. Se busca una dirección, o se establece una estrategia y se encuentra a la persona que pueda conducir a la empresa hasta allí. El consejo debería estar pensando como quiere que sea la empresa dentro de 10 o 15 años”. Eisner, añade Bailey, “no debería ser parte de esos debates”.

 

Algunos consejos de administración corporativos han conseguido divorciarse con éxito de famosos y obstinados consejeros delegados, y obligado a sus corporaciones a adoptar una nueva dirección contratando ejecutivos externos o internos que representaban un claro corte con viejos regímenes anteriores. Richard Parsons de Time Warner, por ejemplo, no era un directivo de carrera de Time Warner, pero fue ascendido a consejero delegado del gigante mediático de Nueva York, en parte parece ser que por sus dotes diplomáticas, explica Bailey. Su personalidad contrasta radicalmente con la persona a la que reemplazó, el anterior consejero delegado Gerald Levin.

 

Otro consejo de administración que lograba cierta independencia fue el de Hewlett-Packard a finales de los 90, al contratar en el exterior a Carly Fiorino. Su decisión de comprar Compaq Computer fue polémica, pero su estrategia fue atrevida, una característica que aparentemente cumplía con los criterios que el consejo tenía para el nuevo líder.

 

Mientras, Disney necesita encontrar su propia solución a este clásico dilema entre consejero delegado procedente de la empresa o del exterior. Aún queda por ver si la secuela es un fracaso o todo un éxito de taquilla.

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