El capital-riesgo corporativo estimula la innovación

Cuando la burbuja de las punto-com explotaba hace cinco años, los fondos de capital-riesgo corporativos dejaron de estar de moda. Aunque era un modo rápido de mejorar la cuenta de resultados de la corporación y estaba tecnológicamente de moda, de repente invertir en empresas tecnológicas de reciente creación no parecía ser tan buena idea.

Los equipos directivos de corporaciones tan diversas como Boeing y Dell empezaron a despreciar el concepto. Las razones eran muy variadas, explica Mark G. Heesen, presidente de National Venture Capital Association (NVCA), con sede en Arlington, Virginia. En Boeing las inversiones en empresas tecnológicas de reciente creación desaparecían víctimas de una reestructuración corporativa. En Dell los directivos simplemente no consideraban que dichas inversiones tuviesen un impacto positivo sobre la cuenta de resultados. Estas desapariciones apenas se notaron. A diferencia de los fondos de capital independientes, algunos de los cuales gestionan ahora miles de millones de dólares en activos, los fondos de capital-riesgo corporativo normalmente son pequeños. “Cuando una persona clave se retira, estos fondos a menudo caen en picado”, dice Heesen.

Entonces ¿por qué molestarse? Porque el capital-riesgo es una herramienta esencial de la que disponen las corporaciones para incrementar su innovación, dice el profesor de Gestión de Wharton Gary Dushnitsky. En cuatro artículos de investigación –tres de ellos escritos en colaboración con Michael J.Lenox de Fuqua School of Business de la Universidad Duke-, Dushnitsky sostiene que los directores corporativos, que antes habían considerado muy beneficioso financiar tecnologías creadas de otras empresas, estaban equivocados antes y también ahora retirando dichas inversiones.

En el año 2000, cuando las inversiones de capital-riesgo alcanzaron su máximo, unas 300 grandes corporaciones dedicaban más de 16.000 millones de dólares a invertir en pequeñas empresas tecnológicas de reciente creación. Según la NVCA, esa cifra ha caído en picado y en 2003 no supera los 1.000 millones de dólares.

“Dado que en los últimos cinco años el capital-riesgo ya no disfruta de muchos parabienes, es probable que la gente se haya vuelto algo escéptica”, decía Dushnitsky en una entrevista. Pero “es importante reconocer que algunas de las corporaciones líderes siguen siendo muy activas y persistentes tanto en los buenos como en los malos tiempos”. Esto sugiere que “aún existen beneficios asociados a estas inversiones”. Además, a medida que entran en escena más tecnologías nuevas, las grandes corporaciones se van dando cuenta de que ya no tienen el monopolio de la próxima innovación”, añade Dushnitsky. “Necesitan contar con una herramienta para reconocer, identificar y aprovechar las tecnologías innovadoras” desarrolladas por otras empresas.

El capital-riesgo corporativo es tan sólo uno de los tres pilares; los otros dos son poder contar con una fuerte capacidad interna para llevar a cabo actividades de I+D y contar con fuertes alianzas con investigadores del ámbito académico o gubernamental.

Las corporaciones que han permanecido fieles al capital-riesgo (DuPont, Johnson & Jonson e IBM entre otras) suelen hacer inversiones de capital en empresas innovadoras de reciente creación que obedecen más bien a motivos estratégicos que a financieros. Con el tiempo obtienen tanto beneficios estratégicos como financieros, sugiere Dushnitsky señalando que “un programa estratégico explota las sinergias entre lo que mi empresa hace y lo que hacen las empresas en las que invierto”. Se trata de crear valor real que se traduzca en mayores resultados financieros.

El test de las patentes

Utilizando las bases de datos de cientos de empresas, los investigadores compararon empresas que habían invertido capital-riesgo corporativo y aquellas que no lo habían hecho, y encontraron que “cuanto mayor era la cantidad de capital-riesgo invertido, mayor era la tasa de innovación de la empresa que invertía, expresada bien por el número de patentes registradas o por el número de veces que una patente se citaba cuando se solicitaba posteriormente el registro de alguna patente”. Existe evidencia anecdótica que corrobora dicha afirmación, dice Dushnitsky, como el caso de Sony y Nortel entre otras. “Sus relaciones con las empresas de su cartera les han beneficiado enormemente”.

En los dos artículos titulados When Do Firms Undertake R&D Investing in New Ventures? (¿Cuándo están interesadas las empresas en invertir en I+D de nuevas empresas? y When Do Incumbents Learn from Entrepreneurial Ventures? Corporate Venture Capital and Investing Firm Innovation Rates (¿Cuándo aprenden las empresas titulares de sus inversiones en nuevas empresas? Capital-riesgo corporativo y tasas de innovación de la empresa inversora), Dushnitsky y Lenox concluyen que las corporaciones que invierten en capital-riesgo para tener acceso a innovaciones de otras empresas también suelen tener capacidad interna para realizar por ellas mismas actividades de I+D. “Son complementarias, no actividades sustitutas compitiendo por captar los dólares que se dedican a investigación”, escriben los autores.

“Encontramos que una buena capacidad interna para realizar tareas de investigación puede ser necesaria para aprender de forma efectiva de las inversiones [de capital-riesgo corporativo]. Para que una corporación aprenda de las empresas en las que invierte debe tener, en primer lugar, suficiente capacidad de absorción”. Además, gran parte del capital-riesgo parece destinarse a “sectores que se caracterizan por tener una débil efectividad en tema de patentes”, señalan los autores.

Dushnitsky explica que las empresas innovadoras que cuentan con una fuerte protección para sus patentes –por ejemplo las del sector farmacéutico-, suelen ser más abiertas a la hora de hacer públicos sus descubrimientos, ya que tienen confianza en que podrán retener el control de sus innovaciones mientras negocian acuerdos con las corporaciones.

Las empresas que no disfrutan de una protección semejante para su propiedad intelectual –que normalmente pertenecen al sector de tecnologías de la información-, suelen guardarse las cartas debajo de la mesa, ya que temen que sus invenciones puedan ser copiadas si se revelan prematuramente a potenciales socios. El capital-riesgo corporativo a menudo es “el único mecanismo para acabar con este halo de misterio” y tener acceso a las innovaciones, dice Dushnitsky.

Secretos de tecnología

A lo largo de los años se pueden encontrar muchos ejemplos de disputas entre la empresa innovadora y la corporación que la pretende. El problema siempre suele se el mismo: una supuesta apropiación indebida de secretos empresariales durante el proceso de negociación de una inversión corporativa o una adquisición. Dushnitsky menciona unos cuantos casos: Simple.com versus McAfee.com; CardioVention, ya desaparecida, versus Medtronic; un profesor de la Universidad de Standford versus Rockwell International. “Racionalmente, en estos entornos en los que no puedes proteger tu idea posiblemente la mayor parte de la tecnología se vaya a mantener en secreto”, sostiene Dushnitsky.

“Muchas inversiones que podrían ser mutuamente beneficiosas no acaban materializándose porque una corporación no estará interesada en invertir a menos que las empresas hagan una demostración previa de su calidad, desvelando por tanto detalles sobre sus invenciones. Pero en ciertas condiciones los empresarios son reacios a mostrar dichos detalles. Desvelar algo puede ser enormemente costoso, ya que el inversor puede explotar la información e imitar la invención, dejando al empresario con las manos vacías”, escribe Dushnitsky en su artículo Limitations to Inter-Organizational Knowledge Acquisition: The Paradox of Corporate Venture Capital. (Limitaciones de las adquisiciones de conocimiento entre organizaciones: la paradoja del capital-riesgo corporativo).

¿En qué condiciones es bastante probable que se produzca una inversión? “Bajo aquellas condiciones que faciliten el intercambio de información, esto es, cuando la probabilidad de que el inversor corporativo intente imitar sea mínima”, escribe Dushnitsky. Basándose en una muestra comparable de 258 empresas tecnológicas y de 74 corporaciones que invierten en capital-riesgo, Dushnitsky llega a la conclusión de que la probabilidad de que se produzca una relación entre ambas partes “disminuye si los productos son sustitutos potenciales y aumenta cuando los productos de ambos son complementarios”.

Si los productos son potenciales sustitutos, “hay incentivos para que la corporación que invierte en capital-riesgo se comporte de forma oportunista y copie la tecnología de la empresa innovadora”, escribe. Claramente el noviazgo entre la empresa innovadora y su pretendiente capitalista puede ser muy delicado y con un enorme potencial de que se produzcan malentendidos.

Orientación de las inversiones e implicaciones para los resultados

En otro artículo titulado When Does Venture Capital Investment Create Firm Value, (Cuando las inversiones en capital-riesgo generan valor para la empresa), Dushnitsky y Lenox “van más allá de los meros resultados financieros y analizan tanto los resultados financieros como los beneficios estratégicos”.

“Demostramos que las inversiones de capital-riesgo corporativo están asociadas con la creación de valor empresarial. Encontramos que ésta relación es más destacada en ciertos sectores. En particular, la relación positiva entre (capital-riesgo corporativo) y valor para la empresa es mayor en los sectores de tecnologías de la información y aparatos. Es más, presentamos evidencia de que la contribución de las inversiones de capital-riesgo corporativo es mayor cuando se centra en conseguir determinado objetivo tecnológico en lugar de simplemente obtener rendimientos de una inversión”, escriben los investigadores.

“Las empresas que invierten por motivos estratégicos tienen más probabilidad de seguir invirtiendo y además invierten mayores cuantías”, añaden. “Tal vez es por ello que las empresas con comportamiento estratégico aprendan con el paso de los años a hacer buenas inversiones y eso esté condicionando nuestros resultados”. Por otro lado, las empresas que invierten adoptando una orientación exclusivamente financiera -en palabras de Dushnitsky teniendo una mentalidad “comprar barato, vender caro”-, no suelen beneficiarse de dichas inversiones.

Este es un descubrimiento con el que Heesen, de NVCA, está totalmente de acuerdo. Heesen, que recientemente dirigía una conferencia de la NVCA sobre capital-riesgo corporativo, afirma que las corporaciones que consideraban que invertir en empresas tecnológicas era simplemente un modo de ganar dinero rápido de hecho ya no están en el juego.

Tras la burbuja, las circunstancias existentes favorecen a aquellas empresas dispuestas a invertir estratégicamente. “Durante la burbuja, debido a las demandas de Wall Street, la preocupación de las corporaciones era sus cifras de resultados trimestrales; investigación y desarrollo ya no formaba parte de la agenda”. Pero ahora estas empresas observan que apenas hay innovaciones internas y se dan cuenta de que “el capital-riesgo corporativo podría estar muy bien, incluso aunque a veces se pierda dinero y no se adapte perfectamente a la estructura corporativa”.

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"El capital-riesgo corporativo estimula la innovación." Universia Knowledge@Wharton. The Wharton School, University of Pennsylvania, [02 noviembre, 2005]. Web. [14 December, 2018] <https://www.knowledgeatwharton.com.es/article/el-capital-riesgo-corporativo-estimula-la-innovacion/>

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