El crowdfunding español en el contexto europeo: ¿frenará la legislación esta actividad incipiente?

Hoy en día existen cada vez más proyectos de cooperación colectiva llevada a cabo por personas que, a través de plataformas web, publicitan sus iniciativas empresariales, culturales o sociales con el objetivo de conseguir financiación u otros recursos de personas interesadas en sus proyectos. A través del llamado crowdfunding se recaudaron 30 millones de euros, unos 41 millones de dólares, en 2013 en España, una gota en el océano si se compara con los 3.696 millones de euros que movió el sector a nivel mundial ese año, el doble que el ejercicio anterior. Según proyecciones de la industria, este tipo de financiación ha crecido un 1.000 % en los últimos cinco años y ha proporcionado unos 7.300 millones de euros a startups y pequeñas empresas en todo el mundo.

Estas cifras vienen acompañadas de una mayor visibilidad y conocimiento del funcionamiento del crowdfunding por parte de los emprendedores y del público en general. Jordi Vinaixa, profesor del departamento de Dirección General y Estrategia de ESADE, señala que con mayor frecuencia los estudiantes de su clase sacan a relucir el crowdfunding como una fuente destacada de financiación. De hecho, hace un año y medio uno de sus ex alumnos consultó con él la idea de poner en marcha una plataforma de este tipo en el mercado español que culminó con la creación de Seed&Click. La plataforma sigue activa y permite a los donantes, según señala la página web, participar en proyectos a cambio de “acciones de la empresa o futura empresa, parte de los beneficios, un libro dedicado, ser figurante de una película o cortometraje, un book de fotos dedicado”, entre otras cosas.

La compensaciones mencionadas en Seed&Click son las típicas del sector y engloban gran parte de las modalidades existentes en este tipo de financiación: el equity crowdfunding, que busca fondos para empresas; el crowdlending, para prestamos entre personas; el de recompensa, que ofrece materiales como discos, camisetas, etc. a cambio de una financiación previa y es utilizado, sobre todo, en las promociones de iniciativas sociales y culturales; y el de donaciones, que no contempla un retorno material y se rige por las normativas de donaciones y entidades sin ánimo de lucro.

Los promotores de iniciativas de crowdfunding pueden hacer la colecta de fondos directamente o a través de intermediarios como Seed&Click, que se encargan de ayudar a publicitar las campañas en Internet y reunir los fondos a cambio de una pequeña comisión que suele rondar el 5%. En España existen actualmente unas 50 plataformas de crowdfunding y las modalidades más populares son las vinculadas a iniciativas sociales y culturales, así como las donaciones, que representan en torno al 75% de las campañas lanzadas hasta ahora.

Elemento de desagregación

Vinaixa explica la radiografía actual del sector en España por el elemento histórico del crowdfunding: “Se inicia con el micromecenazgo relacionado con temas sociales, para dar paso a los culturales y más tarde a los vinculados con el mundo económico. Es decir, yo quiero grabar un disco y solicito apoyo económico a cambio de una contraprestación cuando lo grabe, como por ejemplo una copia del disco. Esto evoluciona para que lo que se reciba a cambio no sea un producto o servicio, sino una participación en un proyecto empresarial, así aparece el crowdfunding vinculado al ámbito económico: el de préstamos e inversión”. De ahí que actualmente haya más crowdfunding altruista, “porque lleva más tiempo y hay más plataformas que lo facilitan. Pero su funcionamiento cada vez es más sencillo en todas sus modalidades y más gente se atreve a probarlo”.

Vinaixa añade que la crisis económica y las mayores restricciones al crédito han estimulado la imaginación de los emprendedores, posibilitando la vía del préstamo, del equity, y del trueque –es decir, el intercambio de contactos y recursos- en el crowdfunding, porque, según explica, a veces, “lo que estas personas necesitan para sacar adelante sus proyectos son cosas concretas y este medio les permite obtener recursos de forma desagregada”.

Según Vinaixa, esto se encuadra en que el crowdfunding “es un elemento fundamental de desagregación en la creación de valor”, lo que quiere decir que “el individuo por sí mismo cada vez es más capaz de crear valor en términos absolutos y en unidades más pequeñas”. El profesor recurre al sector de la automoción para explicarlo: “en sus inicios el hierro y el caucho llegaban a las fábricas y de ahí salía el coche; ahora llegan piezas acabadas que se montan y de ahí sale un coche. Hay una desagregación de la creación de valor a través del sector auxiliar de la automoción, que son los que hacen las piezas, y tiene valor de forma individual; antes se creaba valor en la cadena de montaje, pero estaba vinculado al paso siguiente”.

En su opinión, todo esto proporciona más margen de maniobra y libertad al individuo, tanto en lo profesional como en lo económico. Desde el punto de vista del inversor en el sector del crowdfunding, significa que “en lugar de tener que poner mi dinero en un fondo o en un banco, yo decido invertir directamente en aquellos proyectos que a mí me interesan”; y desde el del emprendedor, que “en lugar de dirigirme a inversores más institucionalizados, me dirijo a aquellos que les pueda explicar más de cerca mis iniciativas y, por tanto, convencerlos más directamente. Se trata de una herramienta adicional para el emprendedor”.

Vinaixa comenta que para que este engranaje funcione es necesario un entorno sofisticado: “Que haya plataformas de crodwfunding, que haya gente interesada en esos proyectos y tecnología que permita trabajar de forma segura. Se trata de una tendencia absolutamente imparable y si las cosas no se tuercen, irá a más”.

Demasiadas vallas al campo

En concreto, el sector ha movido en Europa 735 millones de euros en 2012, un 65% más que en 2011, y la predicción es que alcanzará los 1.000 millones de euros en 2013, según la consultora del sector Massolution. Según señala una comunicación de la Comisión Europea sobre el crowdfunding en la Unión Europea del 27 de marzo, estas cifras son promisorias si se comparan con la financiación proporcionada por inversores ángeles (660 millones de euros en 2010) o capitalistas de riesgo en las fases inicial, puesta en marcha y crecimiento (7.000 millones en 2012), aunque sigue siendo modesta en comparación con los préstamos de la banca comercial a instituciones no financieras (6.000 billones en 2012).

No es de extrañar, por tanto, que la expansión de la actividad haya disparado el debate en torno a su regulación en Europa y todo el mundo. La propia Comisión Europea está vigilando estrechamente el sector y la citada comunicación señala que, a pesar de las oportunidades que ofrece –para muchos la única forma de acceder a financiación y la única posibilidad de convertirse en emprendedores a pequeña escala- y de los riesgos que también supone, este año no pretende introducir medidas legislativas específicas para regular el sector. Entre los riesgos que destaca la institución europea están que “la publicidad y los consejos de los promotores de los proyectos o las plataformas sean engañosos, que el dinero recaudado no se utilice para los objetivos declarados, que la inversión no sea rentable o se pierda el capital invertido como consecuencia del fracaso del proyecto, así como la incertidumbre generada por las diferentes leyes nacionales”.

Dado que todavía no existe una directiva europea, algunos países se han lanzado a legislar por su cuenta. España ha sido uno de los últimos en hacerlo a través del anteproyecto de ley de financiación empresarial y se suma así a la regulación de la actividad impulsada en Reino Unido, Italia, Francia o Alemania. Sin embargo, el anteproyecto ha generado mucha controversia. En principio, el sector español ha aplaudido el interés por ordenar esta actividad en cuanto a las exigencias de claridad y transparencia, como son la inscripción de las plataformas en el Banco de España o en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) como requisito previo a la entrada en funcionamiento, pero ha puesto el grito en el cielo por las condiciones que pretende imponer a las modalidades de equity y lending, en las que el inversor busca una compensación monetaria.

El anteproyecto establece una inversión máxima de 3.000 euros anuales por proyecto, 6.000 por plataforma y las colectas no podrán superar el millón de euros. Además, plantea que las plataformas no puedan cobrar comisiones en base a lo que se recaude para un proyecto, tampoco publicitar las campañas fuera de su página web y prohíbe que lleven a cabo actividades que corresponden a las empresas de servicios de inversión o entidades de crédito. Las reacciones no se han hecho esperar. Representantes de The Crowd Angel, la plataforma líder en España de equity crowdfunding, criticaron la legislación en declaraciones al diario económico Expansión porque las cantidades se sitúan “muy por debajo de la media que estamos observando en las operaciones de este tipo tanto en España como en otros mercados donde esta actividad está mucho más desarrollada”. Su CEO, Ramón Saltor, dijo que actualmente “no hay suficientes inversores como para cubrir una operación valorada en 200.000 euros con tickets de 3.000 euros”. La plataforma anunció la suspensión temporal de las nuevas operaciones de inversión hasta que se aclare cómo quedará diseñada finalmente la ley.

Manuel Romera, director del Sector Financiero de IE Business School, no está de acuerdo con algunos puntos del anteproyecto sobre crowdfunding. “El Gobierno ha pretendido poner vallas al campo, pero ha sido un poco excesivo en los límites impuestos a las cantidades”. El considera, en cambio, más lógico el planteamiento de intentar regular el sector con las medidas que contempla el anteproyecto, como son “incluir un listado de plataformas en la CNMV (Comisión Nacional de Valores), la contratación de un seguro de responsabilidad civil que las respalde [150.000 euros]”, también se exige un mínimo de capital social de 50.000 euros. Está bien poner orden, pero del orden a la intervención…”, reflexiona. Y añade que “poner demasiadas vallas al campo tiene su peligro y puede dejar descafeinada la posibilidad de conseguir dinero para los proyectos”.

En su opinión, habría que haber regulado más al estilo estadounidense, que según la ley aprobada en 2012, limita las inversiones en función de los ingresos y el patrimonio de los inversores, más “que por el límite cuantitativo de café para todos”. Otros países europeos que han regulado la actividad no han fijado límites de inversión tan bajos como los planteados en la legislación española. Por ejemplo, Reino Unido e Italia establecen cinco millones de euros al año como cantidad máxima por inversor y en otros como Francia no hay límites.

Tampoco está totalmente de acuerdo con el anteproyecto de ley Vinaixa, quien advierte que hay que tener cuidado con la forma de regular española “porque suele ser muy garantista y podría llegar a ser un freno para el sector”, y propone dar más responsabilidad a las personas en todo tipo de normativa empresarial. “Yo soy partidario de regulación poca, clara y de aplicación contundente. El que transgreda las normas que se atenga a las consecuencias. Hay que proporcionar información clara y transparente y que se tomen las decisiones de una forma normal, sin que haya información oculta”.

En estos momentos se ha abierto un periodo de alegaciones y es muy probable que el borrador de ley se revise y adecue a las necesidades que tiene el sector en España. Romera está convencido de ello: “El Gobierno tomará en consideración las recomendaciones del sector y dará un poquito marcha atrás”. Un rayo de esperanza para los 7.500 trabajos vinculados a la industria que se crearon en 2012 en España, según datos del informe “Micro Financiación Colectiva (Crowd-funding): un nuevo instrumento económicopara el crecimiento económico y el empleo”, de Javier Ramos y Bruno González, profesores de la Universidad Pompeu Fabra.

¿Disrupción para la banca?

Quién, quizás, podría estar preocupado por la expansión del sector es la banca. Vinaixa cree que para las entidades el fenómeno del crowdfunding todavía es pequeño y, por tanto, puede que su presencia no moleste. “Incluso es posible que lo consideren un elemento positivo puesto que puede quitarles presión a la hora de tener que decir que no a los pequeños impositores”. Romera coincide con el punto de vista de su colega de ESADE y añade “que el crowdfunding es más que nada un alivio para la banca porque los inversores meten dinero donde ésta no va a meterlo nunca debido a que el componente startup [de los proyectos de crowdfunding] es completamente incipiente, es muy ideológico y mueve mucho el corazón y no tanto la cartera”. Es, en su opinión, “una manera complementaría de actuar y a la banca le viene muy bien tenerla”.

Sin embargo, Vinaixa advierte que si bien la banca es la forma de financiación más fácil y extendida del mercado, “con la situación actual de restricciones al crédito, las personas se atreven a probar otras vías que, poco a poco, a fuerza de probarlas, pueden ir creciendo en volumen e importancia”. Y añade que las disrupciones en muchos sectores han llegado por abajo, “por soluciones poco estructuradas, que compiten en precio. Normalmente los sectores establecidos –como, por ejemplo, el de las telecomunicaciones con la tecnología IP- han despreciado a este tipo de competidores”. Así que ojo con las entradas disruptivas porque, de momento, el crowdfunding no es ninguna amenaza, insiste, “pero ha despertado interés y se ha producido un efecto bola de nieve importante. Hace un año para encontrar referencias sobre el crowdfuning en Internet había que hacer una gran búsqueda, ahora sale en los periódicos, en mi clase de emprendimiento, etc”.

Romera cree que con el tiempo se incrementará la cantidad de proyectos de crowdfunding y de unidades de personas invirtiendo en ellos, aunque no cree que el sector consiga atraer un volumen importante de dinero. “Esto es complicado”, asegura. También advierte sobre la importancia de que las plataformas continúen siendo meros medios de unión entre inversores y promotores de proyectos. “No se pueden convertir en un minibanco porque entonces llegarán a un mal fin. Las plataformas deben ser de crowdfunding, con todo lo que significa el mecenazgo dentro de él, porque sino serán plataformas de venture capital. Deben buscar el equilibrio entre la inversión y el mecenazgo, eso es lo realmente complicado”, concluye.

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