El dragón chino amenaza de nuevo a la industria textil mexicana

El sector textil mexicano ha sido uno de los más favorecidos con la apertura comercial que México emprendió en los últimos 10 años al aprovechar las ventajas arancelarias que los tratados de libre comercio le han dado al país, sobre todo en Estados Unidos, donde se coronó como líder del mercado durante años. Sin embargo, desde el año 2000 ha tenido que enfrentarse a la creciente competencia de China, el gigante asiático que se ha vuelto un dolor de cabeza no sólo para la industria textil sino para buena parte de los empresarios mexicanos, cediéndole a la nación asiática el trono en la compras de este tipo de productos en Estados Unidos. Ante esta nueva amenaza, ¿qué medidas debería tomar México?

 

Las importaciones estadounidenses de prendas de vestir mexicanas alcanzaron los 5.069 millones de dólares de enero a septiembre del año pasado, un 4,3 por ciento menos que en el mismo periodo de 2003, según informes de la Cámara Nacional de la Industria del Vestido (CNIV). En cambio, las de China registraron un crecimiento de 21,7 por ciento y sumaron 6.690 millones de dólares.

 

Para Enrique Dussel Peters, profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), este cambio de tendencia en las compras de textiles en Estados Unidos se debe a que las empresas chinas están ganando la batalla de la competitividad a los artículos mexicanos. “Los productos hechos en China son más baratos, pero además de esto hay una serie de factores cualitativos, es decir, China hoy en día ha sido capaz de crear las principales empresas y segmentos de la cadenas y ese es un enorme punto a favor de ellos en cuanto a la logística”, manifiesta.

 

En su opinión, el atractivo de los textiles y prendas de vestir chinos radica en que tienen empresas que cubren la mayor parte del proceso productivo. “Ellos producen hilo en sus diferentes variedades; hilo y fibras prácticamente no se producen en México. En China se producen las telas, tejidos; en México en la calidad y en la cantidad requerida se producen muy poco. Un ejemplo que parece irónico pero es caso de la vida real: si en México se me olvidan los botones para coser los jeans, pues tengo que esperar un mes para que me los envíen de Miami. Si el mismo proceso lo hago en Shangai, tengo al productor de los botones a 100 kilómetros y me cuesta un par de horas traerlos. Tienen en China los proveedores para la gran mayoría de estos productos”, subraya.

 

Una nueva amenaza

Pero además de sortear la alta competitividad de los textiles chinos, México enfrenta ahora un nuevo reto que, según los expertos, puede traerle más dolores de cabeza y quitarle una mayor tajada en el mercado de Estados Unidos si no se toman las medidas necesarias en el corto plazo. A partir del 1 de enero expiró un sistema de cuotas impuesto hace varias décadas que limitaba las exportaciones de productos textiles de China y la Organización Mundial de Comercio (OMC) ya ha pronosticado que el gigante asiático podría producir más de la mitad de los artículos textiles del mundo. En 2003 produjo el 17 por ciento.

 

Como resultado de los acuerdos mundiales de comercio de 1994, Estados Unidos y la Unión Europea deben eliminar un sistema de restricciones en forma de cuotas que han estado vigentes por largo tiempo sobre China y una larga lista de otros proveedores extranjeros. Según Dussel Peters no se espera que esto vaya a producir cambios sustanciales durante este año, pero sí en el mediano plazo. “En el corto plazo, en 2005, no se esperan grandes nuevas tendencias: la propia China ha aplicado impuestos a sus exportaciones de la cadena hilo-textil-confección; además de China hay otros países asiáticos como India, Bangladesh, Pakistán e Indonesia, entre otros, que también esperan incrementar su participación de mercado”, afirma.

 

El especialista considera que a partir de enero de este año sólo se eliminaron las cuotas de importación, pero continúan imperando “gran cantidad de regulaciones comerciales como las salvaguardas”. Advierte, sin embargo, que “en el mediano plazo, es decir, en 2 o 3 años, habrá una profundización de la cuota china a nivel internacional, en los Estados Unidos y en México, pero particularmente caerán los precios de los productos de esta cadena. Es decir, habrá una presión adicional significativa”.

 

México tiene acuerdos de libre comercio con 43 países, una de las mayores redes en el mundo, pero que no incluye a China, a quien durante años ha considerado un enemigo al que había que vencer y no como un potencial aliado. No fue hasta el año pasado que México inició acercamientos con el país asiático para aumentar los negocios y los lazos comerciales.

 

Los académicos mexicanos consideran que el país cometió un gran error al mantener durante años este alejamiento y visión negativa de China. “En cierta medida fue contraproducente porque China, en efecto, es una amenaza, pero también es una oportunidad, señala Antonio Ortiz Mena, director de la división de Estudios Internacionales del CIDE, un prestigioso centro de estudios e investigación en México. Y añade “China comienza a ser un importante exportador de capitales, es decir, un inversionista extranjero, entonces, está comprando empresas, está buscando coinversiones, etcétera; incluso México podría recibir capital chino”.

 

“Nosotros estamos urgidos de capital”, explica. “Entonces está la oportunidad de buscar asociaciones con los chinos por la parte de exportación de capital, por la parte de su propio mercado para complementarse en vez de competir, por lo menos en algunos rubros, en terceros mercados. Nosotros los descuidamos en cierta medida después de que negociamos toda una serie de tratados y dependíamos de las preferencias arancelarias, no de aumentos en la productividad, no de mejorar nuestra infraestructura física o de mejorar el clima de negocios o de mejorar condiciones de financiamiento”, añade.

    

Una transición dulce al libre comercio

México y China tienen un acuerdo bilateral que suscribieron en el marco del ingreso de China a la OMC y por el que la nación latinoamericana puede mantener hasta el 2008 cuotas compensatorias a 1.300 productos del país asiático. En lo que se interpretó como una respuesta de China para apaciguar las preocupaciones sobre una posible invasión de artículos procedentes de este país en el mercado mundial tras la eliminación del sistema de cuotas, China anunció a finales de diciembre tarifas a las exportaciones de 148 productos textiles a partir del 1 de enero.

 

Entre los productos que serán gravados se encuentran la ropa interior, los pantalones, vestidos y sobretodos con aranceles que van desde los 0,2 a los 0,3 yuanes por pieza o conjunto. Para los accesorios las tarifas serán de 0,5 yuanes por kilogramo. La medida fue una de las ocho iniciativas anunciadas por el ministerio de Comercio para ayudar a la industria a adaptarse sin sobresaltos al libre comercio. Otros de los pasos van encaminados a que las empresas textiles informen sobre sus proyectos de expansión, alentarlas para que inviertan en el exterior y estimular el desarrollo de marcas locales.

 

En opinión de Dussel Peters las nuevas tarifas que China impuso a sus exportaciones son una salida elegante para tratar de hacer una transición suave, pero que no durará mucho. “China lo que está buscando es que no haya escándalos, que de pronto en un año la participación de China aumente en un 100 por ciento y entonces sea el malo de todos los competidores”, señala.

 

El temor por la ola de textiles chinos también se extendió a otras partes del mundo, incluido Estados Unidos que a mediados de diciembre anunció que continuará restringiendo las importaciones de algunos textiles y ropa tras la expiración del sistema de cuotas. El Comité para la Implementación de Acuerdos Textiles, un grupo formado por miembros de diferentes agencias del gobierno estadounidense, publicó un plan para llevar a cabo por etapas la entrada de ciertos textiles y de ropa. 

 

Pero, ¿qué va a suceder en el corto y mediano plazo?, se pregunta Dussel Peters. En su opinión, “la participación china en México y sobre todo en Estados Unidos se va a ir incrementando en forma muy significativa, pero no al 80 por ciento, sino que a una tasa de crecimiento del 30 ó 40 por ciento. Un proceso de transición pero muy profundo. Parar este proceso va a ser verdaderamente complicado”, subraya.

    

Trabajo por hacer en casa

La cadena fibras-textil-vestido es un sector estratégico en México por su importante contribución al Producto Interno Bruto, las exportaciones, las inversiones y la generación de empleo. Esta cadena, integrada por los eslabones de fibras químicas, textiles y confección, representa la cuarta actividad manufacturera más importante de México. Sin embargo, en el último año ha ido perdiendo fuelle. Basta mirar las cifras de ocupación laboral para darse cuenta de ello. En octubre de 2004 la industria del vestido contaba con 567.000 empleos, 18.000 puestos menos que en octubre de 2003.

 

Con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en 1994, se eliminaron inmediatamente las cuotas para todos los bienes textiles y prendas de vestir que cumplan con las reglas de origen establecidas en el acuerdo. Para textiles y prendas de vestir que no cumplan las reglas de origen se estableció un calendario de eliminación para las restricciones y niveles designados de consulta (cupos), mediante el cual, para la gran mayoría de las categorías se eliminaron las cuotas a partir de 1994. Diez categorías se eliminaron en siete años y cuatro en diez años.

 

A partir del 1 de enero del 2004, Estados Unidos eliminó cualquier restricción o niveles designados de consulta sobre las exportaciones textiles y prendas de vestir procedentes de México. Pero los precios de los productos enviados a Estados Unidos están perdiendo competitividad a medida que los impuestos y aranceles para otros países también se reducen.

 

El origen de los problemas del sector textil mexicano está en que un alto porcentaje de las exportaciones involucra sólo operaciones de ensamble   -a diferencia de Asia que tiene una mayor integración de la cadena productiva de bienes textiles- además de que se presenta una alta concentración en productos básicos, en tanto que los casos de éxito a nivel mundial se basan en productos de moda con mayor valor agregado. A esto hay que sumar que los costos de mano de obra y de operación en México son más altos que los de los países asiáticos, y por si fuera poco el país latinoamericano tiene condiciones desfavorables de financiamiento que inhiben la inversión.

 

Para Ortiz Mena uno de los caminos para incentivar la competitividad es relajar las reglas de origen TLCAN para que los textileros mexicanos puedan obtener insumos a un mejor precio y disminuir sus costos.  “Una consideración sería examinar con cuidado las reglas de origen para ver si el año 2005 en vez de ayudar al sector textil mexicano lo perjudican. Es decir, si habría algunos insumos que se podrían importar de países de fuera de la región de Norteamérica que ayudaran a restablecer la competitividad del sector”, señala.

 

En octubre del 2004, el gobierno mexicano redujo aranceles a las importaciones de materias primas para fabricantes de textiles como una forma de ayudar a su industria a competir con Asia. Los aranceles bajaron a 10 por ciento desde un promedio de 18 por ciento.   Para Dussel, la tarea para este año es buscar sinergias y alianzas para prevenir descalabros en los años posteriores. “¿Opciones para los productores mexicanos? En el corto plazo incrementar la productividad mediante inversiones y cooperaciones/joint ventures con capitales de los Estados Unidos, europeos y, sobre todo, de China”, dice.

 

Hasta enero de 2008, añade “los productores mexicanos tienen la opción de resguardarse, vía salvaguardas, de la competencia china en el mercado interno; a partir de entonces, sin embargo, el gobierno chino podrá solicitar ante la OMC la eliminación de cada una de las 1.310 salvaguardas impuestas”.

 

Ambos especialistas coinciden en que el tiempo es oro para este importante actor de la economía mexicana y que el trabajo tiene que hacerse a la mayor brevedad posible. ”En todo esto existen ventanas de oportunidad que existen en algún momento y después se cierran. No es lo mismo la situación el día de hoy que la situación dentro de un año que dentro de tres años”, concluye Ortiz Mena.

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