El euro, un diamante que se raya

El pasado viernes 3 de junio la Europa política y financiera se despertó agitada por unas sorprendentes declaraciones del ministro de Trabajo italiano, Roberto Maroni. Este político perteneciente a la Liga Norte –partido que está en la alianza de Gobierno con Silvio Berlusconi- declaró al diario italiano La Repubblica que estaba meditando la idea de solicitar a su partido lanzar una campaña para celebrar un referéndum sobre el posible abandono del euro y la vuelta a la lira.

 

Las alarmas se encendieron, ya que, por primera vez, un alto cargo de un Gobierno perteneciente a la zona del euro, proclamaba a los cuatro vientos su desencanto con la moneda única. Además, lo hizo justo en un momento clave, en la misma semana en la que Francia y Holanda, dos de los países fundadores de la Unión, había dicho ‘no’ a la Constitución Europea.

 

“La iniciativa del ministro italiano fue de un clarísimo oportunismo político”, comenta Federico Steinberg, profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. “No sería ventajoso ni para Europa ni para Italia, que podría verse abocada a una grave crisis económica y financiera”, añade.

 

Antonio Fatás, decano de los programas MBA de la escuela de negocios francesa Insead, también comparte este punto de vista: “Los comentarios de Maroni son puramente políticos, sin contenido económico. Si Italia se saliera de la zona euro, sus tipos de interés crecerían en 2 o 3 puntos porcentuales, la nueva moneda (¿nueva lira?) se depreciaría y probablemente obligaría al Gobierno a renunciar su compromiso de pagar la deuda (default). Un escenario de crisis”, dice. 

 

Respuesta europea

Sin embargo, a pesar de considerarse meramente oportunistas, las declaraciones de Maroni han levantado profundas preocupaciones. Algunos destacados políticos europeos reaccionaron aquel día destacando que el euro es un proyecto sólido y de largo plazo, que no se siente amenazado por circunstancias de corto plazo, mientras que desde el despacho del Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, el español Pedro Solbes, salió una declaración de ésas que quedan en la mente de todos: “Euro is forever” (El euro es para siempre), como los diamantes.

 

¿Pero realmente lo es? “Ninguna obra humana es indefinida”, comenta Juan Antonio Maroto, profesor de la Universidad Complutense de Madrid. ”Los antecedentes muestran que siempre se puede volver atrás. El riesgo de volver a las monedas anteriores siempre va a estar presente, y de hecho por eso aparecen opiniones como la del ministro italiano”, explica.

 

Acudiendo al mercado de divisas se puede apreciar que sí hay cierta preocupación en torno a la divisa. La cotización del euro ha caído en unas semanas cerca de un 5% frente al dólar, hasta marcar mínimos de casi diez meses por debajo de 1,21 dólares. La moneda única ha retrocedido con fuerza desde los máximos tocados el pasado diciembre y ya pierde cerca de un 12% desde entonces.

 

“Es una caída importante, pero no ha sido un descalabro del que se desprenda que el mercado maneja la idea de que la Unión Económica y Monetaria (UEM) podría venirse abajo. La situación tendría que ponerse mucho peor”, aclara Steinberg. En su opinión, “la corrección del euro no tiene mayor importancia que la de un retroceso que ha tenido lugar porque ha aparecido la incertidumbre de que harán las autoridades a partir de ahora”. Aunque reconoce que “ya es peligroso que la posibilidad de un abandono del euro salga en los debates actuales sobre la construcción europea”.

 

Despotismo del siglo XXI

Para analizar a fondo esta cuestión, es imprescindible acudir al punto de origen de este brote de escepticismo: la respuesta negativa de ciudadanos franceses y alemanes al tratado Constitucional. Un ‘no’ que casi todos los expertos explican por el excesivo ambiente político en el que se ha ido desarrollando hasta ahora la Unión Europea. “No se ha dado voz a los ciudadanos. Estamos en el despotismo ilustrado del siglo XXI. Todo para los europeos, pero sin los europeos”, clama Juan Antonio Maroto.

 

En su opinión, un grave problema es que en la Constitución “se han querido refundir todos los antecedentes. Esto es un error. Es un tratado intragable porque carga un lastre muy grande. Es imposible que uno mire al futuro si todo el tiempo tiene que estar mirando hacia atrás. Es muy difícil pensar hacia dónde ir, si siempre estamos pensando en de dónde venimos. Hay tanta burocracia en la Unión Europea que se ha perdido la imaginación, que es clave para encontrar soluciones a los problemas que se van planteando”, comenta.

 

Según Steinberg, “la consecuencia del no francés es que tendremos que empezar de nuevo. Tendremos que pararnos a analizar temas de fondo, como definir en qué consiste realmente el modelo social europeo, para después tenerlo en cuenta a la hora de tomar decisiones”.

 

¿Pero afectan realmente estos problemas a la Unión Económica y Monetaria? Según Antonio Fatás, “indirectamente sí, aunque desde el punto de vista práctico poco va a cambiar. El mayor riesgo es que las reformas económicas futuras se estanquen, pero no veo ninguna posibilidad real de que el proyecto de UEM se venga abajo o haya retrocesos”, explica.

 

Las principales potencias europeas están viendo como su crecimiento se ha quedado estancado en los últimos trimestres. Incluso, dándose algunos periodos de crecimiento negativo en algún caso. Además, el paro alemán alcanzó en abril un récord, con más de 4,8 millones de desempleados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial.

 

Las culpas, al euro

Este no es el mejor clima para que los ciudadanos confíen en la economía de la zona del euro y, por lo tanto, en su moneda. Según una encuesta publicada recientemente en Alemania, un 59% de los ciudadanos estarían a favor de volver al marco y dejar atrás el euro.

 

Incluso la revista Stern publicó unas informaciones, furiosamente desmentidas por los implicados,  según las cuáles, miembros del Bundesbank y del ministerio de Finanzas se habrían reunido para analizar el daño que está causando la unión monetaria a la economía alemana. Según esta publicación, un análisis habría mostrado que el euro ha restado 1,4 puntos porcentuales de crecimiento. “Siempre que las cosas van mal existe la tentación de echarle la culpa a alguien y parece que estamos en un momento en el que sólo se le pueden echar al euro”, comenta Maroto.

 

En su opinión, “lo que hace falta es una campaña de ilusión. Destacar todo lo que se ha conseguido ya con la UEM. La situación financiera es mejor para los ciudadanos desde la llegada del euro. Los bajos tipos de interés nos permiten consumir y hacer inversiones que con tipos más altos no podríamos. Hay que apelar a los argumentos racionales que hemos conseguido”.

 

Y, de acuerdo con Steinberg, hay argumentos de sobra: “El euro se ha convertido en la segunda moneda más importante del mundo y ha traído unos privilegios que las economías locales nunca podrían haber conseguido. Aunque no lo parezca, ha devuelto a los europeos parte de la soberanía monetaria que habían perdido hace tiempo por la globalización y la libertad de capitales a nivel mundial, que actúa como elemento que reduce el efecto de las decisiones adoptadas localmente. El mayor tamaño de la UEM sí ha permitido recuperar parte de la soberanía, ya que todos los países tienen ahora voz en esta materia dentro del Banco Central Europeo”.

 

También destaca que, gracias a la divisa se ha conseguido la estabilidad de precios, que “era necesaria para la creación de un verdadero mercado interno. En Europa, nunca nos han gustado las variaciones en las tasas de cambio. Y el euro precisamente ha dejado atrás estas fluctuaciones”, explica.

 

Maroto apunta además como virtud uno de los puntos que está detrás de la rebelión encabezada por el ministro italiano de Trabajo, que “la Unión Económica y Monetaria (UEM) está impidiendo a los Gobiernos usar medidas artificiales para aumentar la competitividad, como la depreciación de la moneda”. El deseo del Gobierno italiano, como otras veces ha ocurrido, sería depreciar ahora su divisa, para hacer sus productos más competitivos a nivel internacional y, por lo tanto, impulsar las exportaciones.

 

Necesidad de reformas

Pero, según Federico Steinberg, “las depreciaciones tan sólo tienen un efecto dinamizador en el corto plazo. Cuando ha habido depreciaciones siempre ha tenido efectos secundarios a nivel político y económico, como sucedió en España con las devaluaciones de 1992 y 1993. Haces más atractivas las exportaciones, pero también haces más costosas las importaciones”. En su opinión, “el problema de Italia no es el euro, sino aspectos estructurales como la falta de flexibilidad de su mercado laboral y la escasa defensa de la competencia”.

 

Esta misma idea, pero ampliada a nivel paneuropeo, la recoge Paul Isbell, analista del Real Instituto Elcano, en un análisis publicado recientemente. “La moneda única y la política monetaria común del BCE no son parte de los problemas de Europa, sino más bien un parte esencial en cualquier respuesta de Europa a los importantes retos económicos que tiene ante sí”, explica. “Sin embargo –añade- el euro y el BCE no se bastan por sí mismos para conseguir que la zona del euro funcione de modo más eficiente, ni son suficientes, por si mismos, para recuperar para Europa un cierto grado de soberanía en política monetaria. Tal como está planteada la situación, la UEM es también incapaz de elevar la productividad y salvar el estado de bienestar europeo de su completa destrucción”, comenta.

 

En su opinión, “para que el euro alcance estas metas se deben llevar a cabo rápidamente otras reformas políticas complementarias, antes de que sea demasiado tarde. Lamentablemente, los puntos clave de estas reformas (que abordarían el mercado de trabajo, junto con una mayor efectividad del gobierno económico y la coordinación de la política fiscal), están encontrados enormes obstáculos para su realización”, señala.

 

Y no se trata sólo de flexibilizar el mercado de trabajo, tal como lo ve Maroto: “Pensemos, ¿quién genera empleo en la Unión Europea? las pequeñas y medianas empresas. ¿Por qué entonces tenemos un marco fiscal que les perjudica y beneficia a las grandes empresas? No sé puede estar poniendo mayor carga fiscal a los rendimientos del trabajo que a los rendimientos del capital. Si perjudicas la creatividad se rompe el equilibrio. Hay un desequilibrio entre las cargas aplicadas al trabajo y las ventajas sociales. ¿Cómo puedo seguir siendo emprendedor cuando tengo tantas cargas sociales por la entrada de nuevos países a la Unión Europea?”, se pregunta. En su opinión, “al pequeño empresario se le está pidiendo un esfuerzo fiscal en nombre de la solidaridad con los nuevos integrantes de la Unión, pero a cambio sólo recibe desventajas, sin darle tiempo a asumir los cambios y sin dejarle tiempo para buscar soluciones creativas”.

 

Este profesor apunta como uno de los principales culpables de la situación al enrarecido clima político en Europa: “Las prisas no son buenas consejeras. Hay que seguir dando pasos, pero primero hay que asentar bien los que ya hemos dado. Pero los políticos están realizando una huída hacia delante, para dejar atrás toda una serie de problemas políticos, como la pugna por la elección de Durao Barroso como presidente de la Unión Europea, de gestión, como el escándalo de Eurostat… Indicios que ponen de manifiesto que se está más preocupado del ambiente político que de las medidas efectivas que se pueden tomar en Europa para fomentar el empleo y la creatividad”.

 

Consejo Europeo

Queda por ver si la comunidad política está dispuesta ahora a escuchar a sus ciudadanos, después del revés sufrido por la Constitución en Francia y Holanda y el brote de euroescepticismo que ha conllevado. La primera oportunidad para tratar de borrar esa imagen de despotismo la tendrán esta semana, con la celebración del Consejo Europeo del día 16 y 17. Toda la comunidad permanecerá muy atenta al mensaje que salga de esta cita.

 

“Yo creo que como en ocasiones anteriores –dice Antonio Fatás-, lo que ocurrirá es que el tiempo pasará, las tensiones se reducirán y el progreso de integración continuará (quizá más despacio, quizá sin una Constitución). La realidad es que no hay alternativas al proceso de integración económica y al euro. No es la primera vez que esto pasa con un tratado de integración económica y no será la última”.

 

El resto de profesores tampoco tiene depositadas grandes esperanzas de cambios sustanciales en esta cita. Juan Antonio Maroto cree que “en el Consejo probablemente se aparcará la situación y se insistirá en el proceso de Constitución. Si hacen esto se equivocarán completamente”. En su opinión, se debería aprovechar la situación “para limpiar la mesa y volver a discutir el modelo de Europa que queremos. Aunque tiremos muchos papeles de los que hay ahora sobre la mesa, al menos la tendremos limpia para poder discutir. Hay que parar y escuchar al ciudadano”, reclama.

 

Mientras tanto, los expertos esperan que poco a poco vuelva la tranquilidad y pase de largo el peligroso debate sobre la moneda única. “Ahora hay que tranquilizarse y no exagerar las cosas. El mundo no se acaba aquí”, dice Steinberg, que recuerda el compromiso firmado entre todos los integrantes de la UEM como el mayor respaldo para el futuro de la moneda única: “Euro is not forever, pero sí es cierto que cuando tienes un compromiso detrás es más difícil romper. Si tienes una pareja y atraviesas una fase de crisis es más probable que la dejes que si estás casado, porque hay un compromiso detrás. Salir del SME tenía costes, pero se podía hacer. Con la UEM es bastante más complicado”, explica.

 

Y Antonio Fatás pone en contexto la situación en la que se han levantado estas dudas sobre la divisa, que invitan a pensar que la situación se normalizará cuando haya una mejoría económica. En su opinión, en Francia, que ha sido la mecha que ha encendido la llama del euroescepticismo tras el referéndum a la Constitución, se ha creado un sentimiento negativo sobre el euro, pero “menos negativo que en Italia o en Alemania. En Francia la opinión pública se ha vuelto mucho más contra el gobierno francés que contra las instituciones europeas”, concluye.

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