El futuro del software de escritorio y el problema de la privacidad

Hace veinte años los ordenadores personales empezaron a revolucionar el modo en que trabajamos y también jugamos. No obstante, en los últimos años Internet ha sido la principal fuente de innovaciones tecnológicas, ofreciéndonos un enorme abanico de posibilidades, desde subastas online hasta acceso a bibliotecas conectadas a la Red. A medida que las aplicaciones basadas en Internet invaden el ámbito del escritorio y crece el número de aparatos inteligentes que realizan funciones informáticas típicas, ¿no empezará a desvanecerse la importancia del software tradicional de escritorio? ¿Cuáles son las implicaciones de adoptar una informática basada en Internet y dejar a un lado la privacidad del escritorio, en especial en lo que respecta a compartir datos personales y financieros y proteger la privacidad individual?

Estas y otras cuestiones fueron planteadas en dos paneles –el primero sobre el futuro del escritorio y el segundo sobre temas relacionados con los individuos online-, durante la reciente conferencia Supernova 2006, co-organizada por Wharton en San Francisco. Ninguno de los participantes ofreció respuestas fáciles, sopesando no sólo los retos tecnológicos sino también los problemas sociales y legales que en teoría podrían surgir durante la próxima década.

Pongamos por caso la en ocasiones desconcertante variedad de potentes aparatos que cualquier individuo utiliza en la actualidad, tanto en casa como en el trabajo: ordenadores de sobremesa, portátiles, agendas personales, teléfonos móviles inteligentes, consolas, reproductores personales de música, cámaras digitales, etc. Cada uno de estos aparatos contiene software especializado propio –básicamente un sistema operativo-, señalaba Lili Cheng, directora del Windows Users Experience en Microsoft. “Hoy en día posiblemente todos pensemos en Microsoft cuando se trata de sistemas operativos para ordenadores personales, pero existen muchos tipos de sistemas operativos; el de tu móvil, el de los video juegos”, explicaba. “La cuestión a resolver en el futuro es cómo fusionarlos, cómo unir todo ese software especializado … para respaldar, mejorar y animar unas funciones habituales al usuario como puedan ser compartir información o combinarla”.

Una fusión “mágica”

El actual “abismo” entre las funciones basadas en Internet y en el escritorio es un tema crucial, añadía Kevin Lynch, arquitecto jefe de software en Adobe Systems. En su opinión, en un futuro se producirá una fusión entre ambas que será “mágica”. Según Lynch, uno de los retos para lograr dicha magia es hacer que las aplicaciones basadas en Internet funcionen como “ciudadanos de primera clase” en el ordenador del usuario, librándolo de algunos problemas de los buscadores, como por ejemplo la dificultad para mover información entre aplicaciones o sitios web. Las aplicaciones creadas basadas en la Red seguirán alojándose en el escritorio, “pero queremos poder ir a cualquier sitio y utilizar cualquier cosa; buscar información en cualquier página y ejecutarla en cualquier otro ordenador. Así pues, necesitamos crear aplicaciones potentes propulsadas por Internet”, decía.

Otro reto es lograr conectar todos los aparatos que utiliza una sola persona, proporcionando a ese individuo acceso y control a su información independientemente del lugar en que se encuentre. “Todos queremos control; y también queremos aprovechar las aplicaciones de Internet. ¿Cómo podemos tener ambas cosas?” se preguntaba Tom Ngo, jefe de tecnologías de NextPage, que desarrolla software empresarial para gestionar y controlar documentos. “Tenemos que encontrar el modo de poder tener información dispersa por varios sitios”. Ngo predice que en el futuro habrá sistemas híbridos combinando lo mejor de la centralización y de la descentralización.

Estos dos enfoques para la informática representan una vieja batalla aún por resolver dentro del sector. En un principio los usuarios de ordenadores trabajaban en un entorno altamente centralizado; utilizaban terminales que estaban unidas a un ordenador principal central. El surgimiento del ordenador personal cambió las cosas, llevando la potencia informática a los escritorios de los usuarios; la descentralización se puso de moda. Con el nacimiento de Internet el péndulo ha vuelto en cierto modo a su posición inicial, ya que los buscadores de Internet son similares a una terminal que muestra los contenidos almacenados en servidores remotos.

La privacidad conduce a la fragmentación

No obstante, en Internet el sistema remoto no tiene por qué ser un servidor central propiedad de la empresa del usuario, sino un conglomerado global de sistemas propiedad de docenas de empresas diferentes. Este cambio en el control aleja el debate de los temas tecnológicos para centrarse en problemas sociales y legales que, en opinión de algunos participantes en la conferencia, son incluso más difíciles de resolver.

“La privacidad no conduce irrevocablemente hacia la fragmentación”, afirmaba Ngo, el cual relataba su propia experiencia trabajando como consultor con diferentes empresas. “Mi mundo estaba fragmentado porque es el único modo que conozco para poder mantener dichas interacciones separadas y privadas”. Como consecuencia de esta preocupación por la privacidad, “siempre querremos tener un entorno rico que además podamos controlar. En otras palabras, siempre querremos software de escritorio”.

¿Qué significa realmente el control de la información personal? En el contexto de la informática basada en Internet, hay tres clases de información individual fundamentales para comprender los problemas de privacidad: datos explícitos como perfiles personales o información financiera; datos implícitos obtenidos a medida que se interactúa con sitios en la Red; e información sobre la reputación e influencia de cada uno, como por ejemplo la visión que tienen los demás sobre tu opinión personal sobre las cámaras digitales o determinado tema político.

“Escandaloso” es cómo John McCrea, vicepresidente de marketing de Plaxo, describe la disposición de muchos consumidores a proporcionar información personal o financiera online. La empresa de McCrea ofrece servicios de agenda “inteligente” a 10 millones de personas que quieren una lista virtual de contactos que pueda ser actualizada automáticamente y esté disponible desde cualquier parte. “Como guardianes de esa información personal, necesitamos que el listón de la privacidad esté muy alto”, explicaba McCrea. “El usuario es el propietario de la información; nosotros simplemente la almacenamos y permitimos que los usuarios la compartan. Pero nos damos cuenta de que la mayoría de la gente no lee la política de privacidad de los sitios web … y dan mucha información, como el número de móvil o su fecha de nacimiento, sin razón aparente”.

Luego están los que tienen buenos motivos para compartir sus datos personales y financieros; al hacerlo se vuelven muy valiosos para los servicios online. “La gente que quiere dinero rápido y tiene dificultades para obtener crédito te proporcionará mucha información”, decía Seth Goldstein, fundador de Root Markets, una herramienta online que permite a los demandantes y oferentes de hipotecas intercambiar datos sobre consumo. A cambio, esa información genera un valor superior. Por ejemplo, un candidato a refinanciación de California que tiene una solvencia aceptable vale en torno a los 150 dólares, y los datos personales de esa persona podrían venderse cuatro veces a cuatro prestamistas cualificados, explicaba Goldstein.

Root Markets y otros comerciales online preocupados por temas de propiedad de esta información explícita o implícita (como la corriente de clicks de ratón de determinado usuario) han creado Attention Trust, una empresa sin ánimo de lucro que defiende la propiedad de esa información para los consumidores. “Creemos que los consumidores deberían tener el derecho a una copia de sus datos de atención, esto es, datos que reflejan tus intereses, actividades y valores”, decía Goldstein “así como capacidad para ver el modo en que la emplean”. Esto abre una ventana en la frecuente “caja negra” de información que existe entre compradores y vendedores en Internet.

“¿A la gente le preocupa la privacidad? ¿Tienen los consumidores una actitud apática? ¿Se obligará a las empresas a competir en base a la protección de la privacidad, o se acabará pasando por alto?” Éstas son las cuestiones clave, decía Goldstein.

En opinión del director de estrategia de Intel, Chris Thomas, existen tanto oportunidades como amenazas: “A medida que creamos nuevos servicios, surgen nuevas oportunidades para crear fronteras nítidas. Si no somos capaces de volver a repetir la protección que nos ha brindado todo un siglo de leyes, entonces algo estamos haciendo mal”.

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"El futuro del software de escritorio y el problema de la privacidad" Universia Knowledge@Wharton, [septiembre 06, 2006].
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